La religión en Alemania: Dios y el dinero

Sankt Emmeram
Iglesia católica de St. Emmeram, Regensburg

En nuestro país y estado cada vez se levantan más voces a favor de una mayor separación de la Iglesia (Católica, en nuestro caso) y el Estado, sobre todo en lo referido a la financiación y la fiscalidad. Y sobre todo en estos tiempos, con el gobierno neonacionalcatólico  que padecemos. Se ponen como ejemplo “Europa” o “el Extranjero”. Pero amigos, no es lo mismo decir Francia, país en el que la separación de poderes y de la Iglesia y el Estado es sagrada, que decir Alemania, donde el Estado es confesional.

Konfessionen in Deutschland.gif
«Konfessionen in Deutschland» por Dufo – Trabajo propio. Disponible bajo la licencia CC BY-SA 3.0 vía Wikimedia Commons.

En Alemania la religión es una parte muy tradicional de la sociedad. Aquí no hay una iglesia estatal y oficial, sino dos, y a diferencia de España, tienen carácter confesional: la Católica Romana y la Evangélica, la iglesia nacional luterana protestante. El número de fieles es muy similar en las dos (cerca de veinticinco millones de inscritos cada una), variando la proporción según el estado (habitualmente con más católicos en el sur y más protestantes en el norte), pero también varía en función de la región o de la ciudad. La Católica la conocéis bien: sigue los dictados del Papa de Roma. La Protestante en realidad son varias iglesias luteranas agrupadas en la Iglesia Evangélica de Alemania. No creen en ciertos sacramentos (Eucaristía, Penitencia), los santos o la virginidad de María. Pero son una religión cristiana y en las cuestiones de ética y rito las diferencias no son grandes. Algo que nos llama la atención: los sacerdotes (pastores) pueden ser mujeres y no están obligados a mantener el celibato, pudiendo casarse y formar una familia.

El papel de las dos iglesias en la reconstrucción democrática de Alemania después de la Guerra Mundial fue muy importante, y su labor benéfica y social en la actualidad es muy apreciada por el alemán medio. Por una parte no extraña ver a obispos en las inauguraciones y actos municipales y civiles, sobre todo en Baviera, donde el catolicismo es un acto de reafirmación nacionalista. Por otra parte, en la vida social está muy mal visto el proselitismo y la intolerancia religiosa: las dos comunidades conviven estrechamente y se respetan. La identidad religiosa del alemán es firme pero no invasiva con el prójimo. Las guerras entre protestantes y católicos quedaron muy atrás y existe un ambiente de tolerancia mutua entre sus feligreses y cierto ecumenismo entre sus autoridades, ya que en buena manera comprendieron que deben caminar unidas en la sociedad alemana moderna. De hecho, casi todas las “conversiones” (cambios de religión) son motivadas por el matrimonio. Así, la influencia de las dos Iglesias, y más la Católica aquí en Baviera, no es despreciable, y no es extraño ver en los periódicos a obispos opinando de lo divino y humano, nunca mejor dicho. Su influencia política tampoco es pequeña en temas como el aborto, sobre todo en la CDU de Merkel y más aún en la católica democracia cristiana bávara de la CSU. Eso explica que la unión homosexual no tenga la categoría de matrimonio (tampoco la unión de hecho, hetero u homosexual), a pesar de que según las encuestas la población alemana sería favorable a ello.

Una de las cosas que más le choca a un emigrante llegado a Alemania es el sistema de financiación. Una forma bonita de describirlo sería que los fieles sufragan los gastos de su respectiva confesión religiosa. Cada alemán paga un imposto eclesiástico (Kirchensteuer) sobre su salario, que va a parar a su Iglesia. Y no es una dádiva simbólica, hablamos de, por ejemplo, en el sueldo de un trabajador normal, de 30 a 60 euros mensuales. Hagan cuentas. Este estatuto de “fiel” a una iglesia es heredado, es como te inscribieron tus padres al nacer.

Lo que veo peor es que este pago del impuesto religioso se utiliza como arma de discriminación. La educación es mayoritariamente pública y gratuíta, pero también está en buena parte en manos de las dos iglesias. Si bien (creo) ya no se le puede negar la matrícula de un niño a una escuela por motivos religiosos, sí que se puede vetar a posibles trabajadores por ejercer conductas que no agraden a las autoridades eclesiástcas: no pagar el susodicho impuesto, estar divorciados, convivir en pareja fuera del matrimonio, homosexualidad, etc. Estos trabajadores son susceptibles de no ser contratados o ser despedidos, y lo mismo rige para otras instituciones no religiosas pero controladas por las iglesias: hospitales, benéficas, sanitarias… instituciones regidas en teoría por obispos pero pertenecientes al sistema público y alimentadas por dinero estatal. Y cargos profesionales sin relación con la religión: enfermeros, profesores, técnicos… no catequistas, lo que sería más coherente.

Esta Pax Religiosa tiene toda la apariencia de quebrar en los tiempos que corren, y cada vez son más las voces discordantes, y no sólo desde la izquierda. Una razón es que las iglesias saben mucho de atrapar impuestos, pero poquito de pagarlos: disfrutan de innumerables exenciones y ventajas fiscales. Recaudan mucho, y si algo distingue al pueblo alemán, es la vigilancia y la exigencia sobre cómo se gastan sus impuestos, que por otra parte, en un estado social como éste, son muy elevados. Y el ejemplo dado por las dos iglesias no es muy edificante, con casos como el del obispo de LimburgoFranz-Peter Tebartz-van Elst. 

Bischof Franz-Peter Tebartz-van Elst.jpg
„Bischof Franz-Peter Tebartz-van Elst“ da “Christliches Medienmagazin” pro – Flickr: Der Limburger Bischof Franz-Peter Tebartz-van Elst. Licenza CC BY 2.0 über Wikimedia Commons.

Resumiendo el escándalo de este pájaro, a parte de su actitud conservadora, clasista y poco conciliadora, era su agrado por llevar un estilo de vida principesco y movido por el despilfarro: viajes en primera clase, hoteles de cinco estrellas, ropas caras… Pero el escándalo principal estalló alrededor de la reforma de la Residencia Episcopal. El presupuesto inicial de la obra se disparó de los 2,5 millones previstos a casi 40, a causa de las continuas e insensatas modificaciones exigidas por Tebarzt, que quería transformar una residencia ya de por sí nada modesta en un palacio versallesco, para la estupefacción y vergüenza de sus propios feligreses. Y el peor pecado a ojos de un creyente y contribuyente germano: mintió en las cuentas. El papado del también alemán Benedicto-Ratzinger era tolerante con estas actitudes (¿les suena Rouco Varela?), pero el argentino Francisco-Bergoglio lo cesó de su cargo, ya que Tebarzt (segundo pecado en Alemania) no parecía muy dispuesto a dimitir ni comprendía muy bien qué se le reprobaba exactamente. El daño mediático y social a la Iglesia Católica en Alemania, en este caso, fue irreparable.

A pesar de las presiones y amenazas de exclusión social (no recibir más ningún sacramento, como el matrimonio eclesiástico, que en este país está separado del matrimonio civil), cada vez más alemanes piden la apostasía: salirse de su religión y dejar de pagar este impuesto. En Alemania es un proceso bastante simple. El apóstata queda exento de este impuesto, pero eso sí, también de la vida religiosa: no podrá disfrutar de ningún sacramento, optar a empleos en manos de la Iglesia…

O crego e os gansos. The priest and the gooses
Escultura satírica en Regensburg de Joseph Michael Neustifter, “La fuente del Predicador y losGansos”, por delante y por detrás. Crítica a la doble moral e hipocresía del clero.

Este es un problema para cualquier recién llegado a Alemania desde nuestro país. Uno de los primeros pasos burocráticos del inmigrante es la Anmeldung, el empadronamiento en el ayuntamiento de turno. El funcionario nos pregunta, de buenas a primeras, cuál es nuestra religión. Siendo españoles, se asume que somos católicos y nos pregunta si estamos bautizados. Si admitimos que sí, ay, ya estamos inscritos como católicos en la máquina burocrática germana y sólo será posible corregir esto apostatando. Ya llegaremos a eso. Hay dos posibilidades, o tres:

  • Decimos la verdad. Somos católicos convencidos y decimos que sí, que estamos bautizados y que sufragaremos con gusto y con nuestros generosos Steuer a Tebarzt y compañía, tal como hacíamos en nuestro país con el ático de RoucoO por el contrario, nuestros padres no nos bautizaron y estamos fuera de esa religión, entonces diremos “no” sin ningún cargo de conciencia.
  • Mentimos como bellacos. Nuestros padres nos bautizaron, pero nuestra conciencia religiosa está entre el ateísmo radical y la religiosidad “no practicante”, ese concepto tan español. Lo que no queremos “practicar” es lo de pagar impuestos extra. Entonces decimos que no estamos bautizados y que no somos católicos (ni, por supuesto, protestantes). Esto, a pesar de ser habitual, es un fraude y las autoridades alemanas amenazan con investigar la filiación religiosa en los países de origen de los inmigrantes y cobrar los atrasos. Una amenaza que no parece muy realizable.
  • Está la tercera: ser “legal” y admitir que estás bautizado, pero a continuación querer imitar a los apóstatas alemanes y querer “borrarte” de tu religión. Ahí viene lo complejo: apostatar de la iglesia católica en España no es tan sencillo y depende en buena medida de la buena voluntad de tu diócesis. Sobre todo, si como ya hemos dicho resides en el extranjero. La mayoría de los procesos de apostasía en España son por parte de residentes en el extranjero que no quieren pagar el impuesto eclesiástico.

Las incongruencias de este proceso:

  • Los funcionarios alemanes no informan plenamente de las consecuencias de inscribirte como feligrés de una religión, y no facilitan de primeras información de como salir legalmente de tu iglesia, si es que así lo deseas.
  • Esta decisión legal de pertenecer a una religión no es adulta ni consciente. Depende de si tus padres decidieron que un sacerdote vertiera agua sobre tu cabeza cuando no tenías edad ni para saber defecar solo. Y veinte o treinta años después, y acaso tras una década sin pisar una iglesia, afecta a tus impuestos sobre tu pequeño salario de inmigrante.
  • Como ya hemos dicho, el no inscrito queda fuera de la vida católica (en ese caso) en Alemania. Pero no de su país, no estás excomulgado. Puedes no pagar Kirchensteuer en Alemania y casarte por la iglesia y bautizar a tus hijos en España, por ejemplo. Todo depende de la comunicación entre las iglesias y los estados de los dos países, que en el caso de España y Alemania, tienen funcionamientos muy distintos. Incluso en Alemania esto está llevado a los tribunalesya que para el demandante la religión, las creencias y la fe son un asunto personal que no debería tener nada que ver con su vida civil y fiscal. No sé cómo concluyó el asunto.
  • No afecta a otras confesiones religiosas, que tienen procedimientos diferentes de financiación. Por ejemplo, la tercera religión de Alemania con más de tres millones de fieles, el Islam, carece de impuesto eclesiástico, en parte por que no existe una congregación única de musulmanes a nivel nacional. Las diferentes congregaciones se financian con donaciones de los fieles, lo cual de primeras parece algo mucho más sensato. Otras religiones, como la judía, también siguen otras vías.

Consecuencias: la actitud abusiva y avariciosa de las dos iglesias cristianas tradicionales, los diversos escándalos (los casos de pederastia y la actitud indulgente y encubridora del Vaticano en los anteriores papados desde luego que no ayudaron), y sobre todo en esta vida moderna, pagar impuestos por una confesión personal que no se profesa muy activamente, han hecho que el número de solicitudes de apostasía (Kirchenaustritt) crezca cada año. El distanciamiento personal de la religión es en nuestro país un asunto personal, porque el Estado financia a la Iglesia debajo de la mesa, lo queramos o no. En Alemania, ser cristiano sale caro, y cuando se debilita la fe el ciudadano se pregunta por qué tiene que seguir pagando. La financiación de las iglesias sigue siendo muy generosa, pero parece que es una polémica que crece con los años y con raigambres más profundas que el simple anticlericalismo. Las iglesias alemanas, menos enrocadas en posiciones tradicionalistas que la Católica española, se verán amenazadas por la irrelevancia social y la pérdida de sus privilegios económicos. Pero… esto va despacio. Y más en una sociedad tan conservadora como la alemana. Pero se producirá.

Vela - Candle

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s