Tres semanas en Argentina, I: la huella gallega

Hubo un tiempo en que contábamos en los blogs, entre otras cosas, todos nuestros viajes. Yo lo he seguido haciendo, ya lo veis: desde las escapadas de fin de semana hasta las vacaciones más largas. Y los que me conocéis sabréis también que me he casado allá por el mes de septiembre y que los dos nos fuimos tres semanas de luna de miel a Argentina. Y no, del viaje más grandioso de mi vida, en kilómetros y en experiencias, aún no he contado nada. Pongámosle remedio a esto.

El viaje se dividió en cuatro etapas: Buenos Aires, los Glaciares de la Patagonia, Iguazú y Corrientes. Siempre me agrada visitar grandes ciudades: Londres, Barcelona, París, Berlín… Pero Buenos Aires es algo más. Es historia de mi familia, son los sobres que le llegaban a mi abuela, con esos rebordes en rojo, blanco y azul y la leyenda “Por Avión”. Porque Buenos Aires se construyó con la inmigración, en buena parte con la de origen gallego, y de esa emigración fue parte mi familia. Allí estuvo una temporada mi abuelo, y en los años dorados de Argentina emigraron dos hermanos de mi madre. Allí siguen, aún con la mente en Galicia a pesar de llevar cinco décadas en el país austral y de tener hijos y nietos argentinos. No puedo describir la sensación de ver de nuevo a esa parte de mi familia en su casa (esta vez el visitante era yo) e incluso conocer a primos y parientes que no había visto antes. Y la suerte de tener un primo, Óscar, que nos hiciese de guía por la caótica y fascinante Buenos Aires (¡¡un trago por ti y por Ale!!). La emoción de ver a la familia de tan lejos junta y de conocer mejor su vida, sus inquietudes y problemas… Lo mismo podría contar mi mujer, que también se reencontró con su familia en Corrientes, al norte del país.

No existe país con más emigrantes gallegos que Argentina. Todo hay que decirlo: fue tal el aluvión migratorio entre comienzos del XX y los años 60 que la inmigración de origen español, mayoritariamente gallego, no era mayoritaria en Argentina, siéndolo la de origen italiano (del sur de la bota, principalmente). Tal como todos los españoles eran “gallegos”, todos los italianos eran “tanos” (napolitanos), cogiendo la parte por el todo. Sin olvidarnos de los inmigrantes armenios, alemanes, judíos europeos (“rusos”), árabes (“turcos”), sin cesar estas llegadas hoy en día, siendo sustituidos por emigrados de los países limítrofes sudamericanos (Bolivia, Paraguay…). Argentina acogía y acoge. Hoy hablaré un poco de esas huellas de la emigración que vi y de la galeguidade en Argentina. Ya habrá más adelante un post más “turístico”.

En #buenosaires, #galicia amósase de moitos xeitos. Por exemplo, nos buses. Perdón, colectivos.

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Sí, hay una Villa Galicia en la Provincia de Buenos Aires. Aquí aclaro una cosa que a mí me costó comprender. Buenos Aires es uno de los mayores conglomerados urbanos del mundo, casi veinte millones de habitantes, casi la mitad de toda la población nacional. Pero Buenos Aires no es una ciudad: son muchas. El Buenos Aires propiamente dicho, la llamada Capital Federal o Ciudad Autónoma de Buenos Aires o simplemente CABA es el germen de la urbe, el centro político y económico. Cuenta con unos tres o cuatro millones de habitantes, con origen en el puerto. Allí acaban los caminos, por así decirlo. Y alrededor está la Provincia de Buenos Aires, que se compone de varios distritos (Avellaneda, Lomas de Zamora, Mar del Plata, La Plata -que no es lo mismo, como pensaba yo-, Quilmes, Lanús, etc.) y que es donde se reparten los quince millones de bonaerenses que no viven en la CABA. Pero todas esas ciudades, y así lo veréis si las recorréis en coche a través del salvaje tráfico, no tienen separación aparente, se continúan las unas con las otras, alternando viviendas con zonas industriales.

La Provincia de Buenos Aires es una de las 23 provincias de la República, que es federal. En cambio, la Capital Federal no pertenece a esa provincia ni a ninguna otra, sino que tiene un estatus propio. Para que os hagáis una idea de las distancias, la Provincia tiene una extensión semejante a Italia. También cabe decir que no es urbana en su totalidad, sino que es en buena parte rural y ganadera: pastos y vacas.

Una visita interesante es el Museo de la Inmigración, porque es el punto de vista de los de allá, de los argentinos que acogieron tantos millares de emigrantes, sin los cuales no se podría explicar la historia del país. Está en el antiguo Hotel de los Emigrantes, que es un edificio originalmente de Aduanas, anexo al puerto, donde se acogía a los recién llegados. Los fichaban, los atendían sanitariamente, ya que algunos venían en condiciones muy precarias, los vacunaban o los ponían en cuarentena dado el caso, proporcionándoles una cama. Allí permanecían uno o varios días hasta que alguien los venía a buscar.

Hotel de los inmigrantes
Camastros para los inmigrantes

Hotel de los inmigrantes

Hoy encontramos allí recuerdos de aquellos tiempos y exposiciones de fotografías, objetos y documentos que nos dan una idea sentimental y sociológica de aquel drama (el que no huía de la guerra o de las dictaduras, lo hacía de la miseria), pero también de la esperanza de una nueva vida. Y entre ellos, por supuesto, gallegos. Hubo un “sueño americano” como el del que habla Hollywood, pero dirigido al hemisferio sur. Galicia se desangró en los puertos de A Coruña y Vigo. Cada una de esas personas es una historia, una novela. Y desde la perspectiva de los argentinos, se cuenta el chiste de que “los hombres descienden del mono, menos los argentinos, que descienden de los barcos”.

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Certificado de “arribo” a Argentina de mi difunto abuelo, impreso precisamente por el Museo de la Inmigración, basado en datos de sus archivos. Consta hasta la fecha y el nombre del barco.
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Foto en el Museo de la Inmigración cedida por el MEGA, del que hablaremos a continuación.

Federación de Asociaciones GallegasUn museo muy recomendable, como también lo es el MEGA: el Museo de la Emigración Gallega. En la calle Chacabuco del porteñísimo barrio de San Telmo se encuentra la Federación de Asociaciones Gallegas de la República Argentina, que junto con el Centro Gallego eran y son los polos de la comunidad gallega en la capital bonaerense. En el caso de la Federación, con un compromiso inquebrantable con la República y sus exiliados.

 

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Sede de la Federación en San Telmo

 

Federación de Asociaciones Gallegas

La Federación sigue siendo un punto de encuentro para la galleguidad, con diferentes actividades culturales, recreativas y musicales (cómo nos gustó ver a los gaiteiros ensayando). Además, acoge al susodicho Museo de la Emigración Gallega, con recuerdos etnográficos de la tierra y de los socios que dejaron su impronta, como Basilio Álvarez, Eduardo Blanco Amor, obras de Luís Seoane o el gran gallego de la foto de aquí abajo, que acabaría sus días en Argentina sin poder volver a su patria. También tiene, la Biblioteca Galega de Bos Aires, bien surtida de libros gallegos, entre ellos, ejem… los míos.

Castelao

A Federación (a primeira á esquerda é Débora Campos) faime entrega do premio por medio do meu representante, meu curmán Óscar. Tardei en irllo buscar, mais catro anos despóis, recollino.
La Federación (la primera a la izquierda es Débora Campos) me hace entrega del premio por medio de mi representante, mi primo Óscar. Tardé en irlo a buscar, pero cuatro años después, ya es mío.

Es necesario mencionar que tengo un contacto especial con la Federación desde que convocaron su Certamen Literario de Narrativa Breve 90º aniversario y premiaron mi relato “Sobre maletas“. Aquello fue en el 2011 y hubo una hermosa ceremonia de premios a la que lógicamente no pude asistir, delegando en mi familia.

 

Cuatro años después recogí mi premio y visité la Federación, el MEGA y la Biblioteca. Aquí la noticia y aquí, el relato “Sobre maletas” (en gallego).

 

Más huellas gallegas:

El Banco Galicia, una de las entidades bancarias más importantes del país y que no niega sus orígenes. Curiosamente, es el único banco que queda de accionariado mayoritariamente argentino. Su logo es la cruz de Santiago.

 

O mítico Café Tortoni non só era frecuentado por Borges, Alfonsini e Carlos Gardel. Aquí unha lembranza a un grande noso, Eduardo Blanco Amor.
El mítico Café Tortoni no sólo era frecuentado por Borges, Alfonsini y Carlos Gardel. Aquí, un recuerdo a uno de nuestros grandes, Eduardo Blanco Amor.

Como ya dije, ya haré otro post más “recreativo” sobre las cosas que vi, maravillosas o curiosas. En el “debe” de esos veloces días: no poder conocer personalmente a personas con las que tengo contacto en la galleguidad argentina, como Débora Campos o Ruy Farías, entre otros. Por muy única que fuese la ocasión para mí, a veces las agendas no coinciden. Otra visita que me perdí fue al histórico Centro Gallego. No pasa nada: tengo el pálpito de que voy a volver.

No se puede explicar la historia argentina reciente sin valorar la inmigración y el aporte de los gallegos, y tampoco se puede explicar la historia gallega del último siglo sin tener en cuenta la sangría (e)migratoria, siendo Argentina el primer país receptor y donde se encuentran más gallegos fuera de nuestras fronteras, y además, ejerciendo como comunidad gallega activa. Sería injusto ignorar ese capital humano. Injusto para ellos, pero también absolutamente negativo y perjudicial para nosotros mismos.

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