19 de Octubre del 2006

Ice cased Adelie penguins after a blizzard at Cape Denison / photograph by Frank Hurley
State Library of New South Wales. Ice cased Adelie penguins after a blizzard at Cape Denison / photograph by Frank Hurley.  Sin restricciones de Copyright, fuente clicando en la imagen na. Yo la llamo “Alegoría del Castiñeira conociendo en persona el invierno bávaro”.

Dije que no iba a escribir en un tiempo, y así fue durante siete meses. Y esta semana, dos posts. Para este segundo hay una razón, por los números de la fecha de hoy: una efeméride personal. Pero seré breve.

El 19.10.2006, hace exactamente una década, llegaba yo a horas bastante tardías al aeropuerto de Munich. Después tomaría una especie de taxi nocturno hasta la ciudad de Passau, frontera de Baviera con Austria, unos 150 km. A primeros de noviembre comenzaría mi curso de alemán en la Volkshochschule, de la cual no sabía ni pronunciar el nombre. Como ya conté en mis aventuras en mi difunto antiguo blog, estaría cinco meses en la pequeña ciudad fronteriza, nueve años en Regensburg y estos últimos siete meses en la capital del Estado, Munich. Cuento con los dedos, miro otra vez el calendario, las manos a la cabeza.

Diez años en Alemania.

No recuerdo muy bien todos los detalles de aquel 19-Oct, pero me acordaré de esa fecha mientras viva, y pienso que cualquier migrante puede contar lo mismo. Recuerdo también que entonces tenía planes, difusos y susceptibles de modificaciones, como mucho para un año. Como era (¿es?) habitual en mí, no tenía ni idea de si iba a durar en este país, si iba a fracasar, triunfar, si me iba a aburrir yo mismo de la tontería.

Claro que por entonces no sabía alemán, ni había comprobado aún que cada año dura menos y es de peor calidad. Y es que una década a este paso no va a durar ni una mañana. Pero los calendarios no mienten y dicen que llevo diez años de emigrante en este país. Zehn Jahre schon!

Lo que no me dicen los calendarios es si debo celebrarlo, lamentarlo, o reunirlo todo en este revoltijo confuso en el estómago y en la memoria. Porque es la cuarta parte de mi vida y no me gusta poner hitos de “antes” y “después”: hice lo que hice, pasó lo que pasó y el tiempo hizo su trabajo, transcurrir.

Lo que nos queda es la memoria, sobre todo de las cosas buenas y de los errores y aciertos, y también el futuro. No sé desde dónde escribiré dentro de otros diez años. Y menos mal que no lo sé. Pero sea lo que sea, que sigáis ahí. Celebrémoslo o no, venga un brindis.

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