TSV 1860: Los Leones de Munich

Ya sé que soy pesado con los posts sobre fútbol, y ya no digamos con los de fútbol alemán. Pero esto, por cercanía, me apetecía escribirlo. A ti leerlo, ya no lo sé.

Hace muchos años, incluso antes de siquiera haber pisado yo Alemania, el amigo Romeiruga estuvo por Munich y me trajo de recuerdo una bufanda futbolera, “del equipo de Munich”. Yo no reconocí los colores celeste y blanco en mi única referencia futbolística de aquella (por entonces) remota ciudad bávara, e inquirí: “¿Del Bayern de Munich?”. Y el respondió: “No. DEL OTRO“. El otro es, y seguirá siéndolo, el TSV 1860 München.

Vereinswappen des TSV 1860 München
Escudo do TSV 1860 de Múnic. Fonte: By Gaspard (de.wikipedia.org) [Public domain], via Wikimedia Commons
Su nombre completo es el Turn- und Sportverein 1860 München, haciendo su número alusión a su fecha fundacional. Más de 170 años de antigüedad, aunque creo que no como club de fútbol en su inicio, si no como asociación de “Turn”, o sea, de gimnasia de la época y otros deportes. Pero nadie lo conoce con ese nombrem sino más bien como los “Sechszger” o “60er” (los “sesenta”) o los “Löwen” (los Leones), como la figura de su escudo. Si sus vecinos del FC Bayern se quedaron con el nombre del Estado de Baviera (Bayern), los Sesentas se apropiaron del león y los colores celeste y blanco, emblema y colores del escudo y bandera bávaros.

Es difícil encontrar un club tan a la sombra de otro, tan sometido a comparaciones y tan condenado a ser derrotado en las mismas. Si Munich fuera Madrid, el Bayern sería el Real y el 1860 no sería el Atlético, sino el Rayo Vallecano o aún menos. Atascado en la segunda Bundesliga, con perennes problemas económicos y sin casa propia, todo producto de la fatalidad, los reveses del fútbol moderno y, también hay que decirlo, de una nefasta gestión en las últimas décadas.

München Große Liebe.jpg
“El gran amor de Munich”. Fuente y derechos

Porque los Leones están heridos y deprimidos, pero lamen sus heridas recordando su historia. Fueron campeones de la Bundesliga en 1966, y tuvieron su época dorada en los años sesenta, en los que además ganaron una Copa de Alemania (tenían otra de 1942) y llegaron a la final de la antigua Recopa. Pero, como si tuviese relación inversamente proporcional, apareció el FC Bayern. Sus vecinos, con un mediocre palmarés hasta 1969 (un campeonato en los años 30), explotaron en los años setenta con aquellos Beckenbauer, Maier, Hoeness y Gerd Müller. Ganaron ligas y Copas de Europa y construyeron inteligentemente el club que son hoy en día: el más poderoso de Alemania, el Rekordmeister, y uno de los primeros del mundo. No caen simpáticos. Tampoco lo pretenden.

(Encima, los vencedores de la Bundesliga en 1966. Equipazo. Fuente clicando en la imagen)

¿Y el 1860? Comenzó en los setenta una montaña rusa con más bajadas que subidas. Sólo cinco años después del campeonato perdieron la categoría, y tras varios ascensos y descensos sin consolidarse en primera, les retiraron la licencia en el 1982 por deudas y chanchullos financieros varios, probando la hiel de la Bayernliga, la división regional. Con este panorama, viendo los aficionados a su querido club pasar de ser el primer club de la ciudad, por encima del Bayern, a ser unos donnadie vagando por campos de tierra, mientras los aborrecidos vecinos edificaban un imperio, lo más difícil era levantarse.

Y lo hicieron. En 1994 regresaban a la Bundesliga, y permanecerían diez años. Y nada mal: participaron dos veces en la Copa de la UEFA y una en la Champions, y vencieron en varios derbis contra los malditos vecinos de la Säbener Strasse. Desde el 2004 penan otra vez por la segunda Bundesliga, y otra vez (siempre es la misma vez) con penurias económicas. En el 2011 se hizo dueño del club un inversor jordano bastante fantasmón y antipático, Hasan Ismaik.

Recapitulando, este modesto equipo muniqués tiene una liga y dos copas, participaciones en las tres copas que había en el continente (¡qué nostalgia de la UEFA y la Recopa!) y jugadores, por mencionar sólo los de las últimas décadas, como Rudi Völler, Hässler, Jeremies, Abedi Pelé, Martin Max (dos veces pichichi defendiendo el escudo del León), los hermanos Bender y hasta Davor Suker vino por aquí en el crepúsculo de su carrera.

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Jens Jeremies, futuro internacional, defendiendo la camiseta de los Leones frente al Bayern. En el 1998 ficharía por los eternos rivales. No fue obstáculo para que en el 2000 los 60er ganaran el derby muniqués… con gol de Jeremies. En propia puerta. El Dios Fútbol tiene sentido del humor.

El FC Bayern es el equipo más seguido de Alemania y una verdadera religión en Baviera. Los apoyos del 1860 fuera de las lindes de Munich son escasos, incluso en Baviera, pero dentro de la ciudad impregnan su huella sus 20000 socios, fieles a sus colores contra toda lógica, hinchando para “El Otro”, a sabiendas de que no van a levantar nunca una Champions y el otro club de la ciudad sí. Sus simpatías se expanden por toda la ciudad, sobre todo donde las antipatías de los “rojos” crecen (el FCB es el equipo oficioso de la CSU, el partido conservador que gobierna Baviera desde el fin de la guerra).

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El avejentado estadio Grünwald. Fotos de Philmensch, Fuente

51Otra cosa que llama la atención es que los Sesenta son casi unos sintecho, un equipo sin casa. Cualquier fanático dirá que su casa es el estadio municipal de Grünwald, en el barrio popular de Giesing. Por desgracia, tuvieron que abandonarlo para jugar primero en el Estadio Olímpico, al no reunir el vetusto Grünwald las condiciones que marcaba la federación alemana para la primera y la segunda Bundesliga. Después el Bayern y el 1860 decidieron construir juntos el imponente Allianz Arena, un estadio Champions que sirve de hogar a ambos equipos. Curiosamente, cambia de color cuando juega cada equipo, rojo con el Bayern, blanco con el 1860.

Muy limpio no debió de ser el proceso cuando procesaron al presidente del 1860, Wildmoser, y a su hijo por sobornos y trampas alrededor de la construcción del estadio. El flamante estadio, por su parte, no sólo no hizo más grande a los Leones, si no que resultó una pesada carga para el futuro de éstos, y en general, una pésima idea. El frío, moderno y enorme Allianz es un escenario ideal para un equipo “Champions” como el Bayern, pero ridículamente sobredimensionado para un modesto club de segunda división como el 1860. Por encima, tras su enésima crisis económica tuvieron que vender su parte a sus socios del FC Bayern, pasando a pagar un alquiler también excesivo y gravoso para las arcas del club. La situación es esta: están pagando para estar donde no queiren, quieren marcharse y el Bayern también quiere que se marchen (Hoeness les ofreció una banda de música de viento para acompañarlos en su salida), pero la solución no parece fácil.

Allianz Arena
El magnífico Allianz Arena. Demasiado magnífico para el 1860

En el 2015, tras una pésima temporada en segunda, tuvieron que jugar la promoción de descenso a la 3ª Bundesliga. A los fans se les dilataron las pupilas: en tercera división sí que podrían jugar en su añorado Grünwald Stadion, ya que las restricciones para el mismo sólo afectaban a la 1ª y 2ª división. Pero vencieron en la promoción al Holstein Kiel y permanecieron en Segunda y en el Allianz. Así son los Leones: incluso ganando, pierden. También lejos del césped: el Ayuntamiento rechazó reformar el estadio Grünwald, imposibilitando la vuelta de los Leones a su casa. Pero Ismaik promete hacerlo antes del 2025. No sé cómo, conociendo la economía del club.

En cuanto a la gestión sentimental, hace falta ya una dosis de realismo y olvidarse de esa absurda rivalidad con el Bayern, en la que sólo se puede salir perdiendo. El Bayern está en otro planeta, no se puede rivalizar con una multinacional deportiva que tiene nosécuantas ligas y copas de Europa y contra el que juegas cero veces al año porque te pudres en segunda desde hace una década. Es más, el club rojo ayudó económicamente en ocasiones al azul en varias y apuradas ocasiones. Es mejor centrarse en el capital social y su presencia en la ciudad, su tradición, historia y futuro, sin mirar continuamente a los vecinos. Su “muniquismo”, sus raíces en la ciudad, frente al “globalismo” de los de rojo. Difícil.

En cuanto a lo social, 1860 y Bayern quieren presumir de tener unas gradas libres de extrema derecha y neonazis. Hay iniciativas como”Löwen Fans gegen Rechts” (Hinchas de los Leones contra la extrema derecha) que buscan por un lado extirpar ese virus en las gradas ultra de todos los equipos del mundo, el neonazismo y el racismo. Por otro, ahondan en la memoria histórica, dolorosa, ya que el 1860 fue muy favorecido por el III Reich, y hay manchas que no se limpian ocultándolas, sino con transparencia. El Bayern sufrió en esos oscuros años todo lo contrario, fue etiquetado como “club judío” y barrido de la vida social y deportiva bávara.

Viendo las formas del tal Ismaik (el Sankt Pauli y otros clubs, árbitros, prensa y la Federación se quejaron por el desprecio y las malas formas del 1860 como club con sus rivales) y su pésima gestión deportiva, no veremos pronto a los jugadores blanquicelestes levantar trofeos, como mucho, sus seguidores levantarán cervezas en los bares y en las desangeladas gradas del Allianz, con bufandas como la que tengo yo. Quizás me anime y vaya a apoyarlos un día en el maldito Allianz, y ver probablemente cómo pierden. Es lo que tiene estar con “el Otro”. Pero si San Lorenzo regresó a Boedo, por qué no va el TSV 1860 München regresar al Grünwald Stadion y a la 1ª Bundesliga?

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Foto de Philmensch, fuente

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