Dachau, ensayo del horror

Dachau es un municipio de la periferia de Múnich, como tantos otros, a primera vista no tiene nada de especial. Es usado por muchos como ciudad dormitorio para ir a trabajar a la urbe, con la que está bien comunicada. Sin embargo, muchas de las mujeres que viven allí y se quedan embarazadas hacen las gestiones para parir en un hospital de cualquier otro ayuntamiento, Freising, Fürstenfeldbrück o uno del mismo Múnich. No quieren que en la cédula de su hijo figure Dachau como lugar de nacimiento, aunque vivan allí sin problemas. En la Alta Baviera, el nombre de Dachau no evoca nada especial; fuera de ella el horror, el asco. Aquí hubo un importante campo de concentración, conocido entonces en toda Alemania. A lo mejor no el más grande ni terrible (eso queda para los de Auschwitz/Oświęcim), pero sí el primero, el pionero del terror nazi. Si hace poco se cumplieron 75 años de la liberación de Auschwitz, harán los mismos el 8 de Mayo del cese del terror en Dachau.

Dachau Memorial Concentration Camp by Fran Castiñeira on 500px.com

La puerta con la famosa leyenda “El trabajo libera”. El portón fue robado y recuperado en Noruega.

Hoy en día el campo es un memorial donde se explica su historia y funcionamiento y se rinde homenaje a las víctimas. Lo visitamos en un gris y frío día de Diciembre del 2018, pocos meses antes de abandonar definitivamente Múnich y Alemania. Verdaderamente, el lugar se te mete dentro de la piel.

Se abrió en 1933, el mismo año en el que Hitler toma el poder. Su evolución horroriza: al inicio fue un centro de trabajo y factorías con trabajadores remunerados, libres. Pasó ser un campo de prisioneros, habitualmente por motivos políticos y religiosos y del mismo Múnich, hasta convertirse en un campo de concentración de enemigos del régimen y personas a las que ellos les negaban la categoría de humanos: comunistas, homosexuales, díscolos y rebeldes, gitanos roma y sinti, y al final, por supuesto, judíos, incluso traídos de otras tierras (los Sudetes checos, Polonia…) según avanzaba el frente del Reich. Incluso los nazis caídos en desgracia, como los de las Tropas de Asalto (las SA) tras la Noche de los Cuchillos Largos del 34, sufrieron los horrores de Dachau. A partir del 41 se instalaron los hornos crematorios, y también una cámara de gas que no consta que fuese utilizada. Se cifra imprecisamente en 30000 los asesinados en Dachau, aunque fueron muchos más los que dejaron allí la vida a causa de sus condiciones insalubres e inhumanas, las enfermedades, la violencia gratuita y el hambre.

En sus barracones se hacinaba un número de personas que excedía seis veces su capacidad teórica, sin ninguna higiene ni rastro de humanidad. Llegaron a juntarse 60000 almas, todas esclavizadas con trabajos forzados, avasalladas por la arbitrariedad y los maltratos de los guardias nazis, que les negaban cualquier tratamiento humano y sin ninguna ley ni esperanza hasta su liberación por los estadounidenses en el 1945. Poco antes una epidemia de tifus se había llevado por delante a buena parte de los prisioneros, que fueron arrojados la fosas comunes: los hornos no tenían bastante carbón para tanto cadáver. Otro dato terrorífico: aquí médicos nazis usaban los reclusos como cobayas para experimentos, como el infame doctor Schilling, que inoculaba malaria a los presos.

Lo que hace históricamente interesante a Dachau no es su maquinaria de terror, nada despreciable pero inferior a Auschwitz, Mauthausen, Therezin y tantos otros campos. Lo es en la medida de que fue el primero: aquí Himmler, jefe de las SS, y su esbirro Eicke diseñaron el campo de concentración perfecto y luego exportaron el macabro modelo por todo el Reich. Los barracones y su disposición, la organización por las SS, los hornos, los experimentos de los médicos nazis con los cautivos, todo fue ensayado con éxito (a ojos nazis) en Dachau. Fue al principio un “campo de concentración piloto”, ya antes de la Solución Final, y las SS extendieron el modelo por todo el dominio nazi.

Fue el segundo campo liberado por los USA, así que fue de los primeros que se mostró al resto del mundo, que ignoraban los horrores que sucedían en los campos nazis. Los prisioneros fueron liberados y sustituidos por cargos y soldados nazis, hasta ser juzgados. El campo se clausuró y décadas después se abrió de nuevo como Campo Memorial Histórico. Fueron reconstruidos dos barracones y conservados los hornos, las vallas, la cámara de gas y se abrió un museo conmemorativo, además de varios monumentos en memoria de las víctimas.

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Barracón reconstruido.

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"Crematorio: Pensad en como moríamos aquí"
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Hornos crematorios
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Aseos de los prisioneros

Bundesarchiv Bild 152-11-12, Dachau, Konzentrationslager, Besuch Himmlers.jpg
De Bundesarchiv, Bild 152-11-12 / CC-BY-SA 3.0, CC BY-SA 3.0 de, Enlace

Heinrich Himmler visita el campo de Dachau en el 1936.

En Dachau malvivieron y murieron presos de unas 30 nacionalidades, entre ellas españoles, republicanos vendidos por el franquismo, y por supuesto gallegos (si bien acabaron más en Mauthausen). Santiago Durán (de Ribadavia) y Eliberto Fernández Cid (Augasantas) oficialmente perdieron la vida en Dachau (fuente, diario Nós). El arousano Ramón Garrido Vidal, antifascista y miembro de la Resistencia, sobrevivió hasta la liberación del campo y contó su experiencia.

Dejo el sobradamente conocido poema (en realidad era parte de un sermón) que recuerda este horror, por buenos motivos: para que dejéis de atribuírselo falsamente a Bertolt Brecht y sí al cura protestante antinazi Martin Niemöller, que fue recluso en Sachsenhausen y Dachau y sobrevivió.

OriginalTraducción
Als die Nazis die Kommunisten holten,
habe ich geschwiegen;
ich war ja kein Kommunist.

Als sie die Sozialdemokraten einsperrten,
habe ich geschwiegen;
ich war ja kein Sozialdemokrat.

Als sie die Gewerkschafter holten,
habe ich nicht protestiert;
ich war ja kein Gewerkschafter.

Als sie die Juden holten,
habe ich nicht protestiert;
ich war ja kein Jude.

Als sie mich holten,
gab es keinen mehr, der protestieren konnte.
Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio,
ya que no era comunista,

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
ya que no era socialdemócrata,

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
ya que no era sindicalista,

Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté,
ya que no era judío,

Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.
Fuente

Las fotos, excepto la indicada (Bundesarchiv-Wikipedia Commons) son de mi autoría (Decembro 2018). Galería