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La desmemoria

Anteayer hubo elecciones en Alemania al Bundestag, el Parlamento nacional que decide quien regirá el gobierno del país en los próximos años, esto es, el canciller. Cancillera, porque no hubo sorpresas y Angela Merkel ostentará el cargo unos cuantos años más en el país en el que resido. Ahí va un pequeño análisis, de un lego en política y de una manera absolutamente subjetiva.

Resumiendo los resultados: como se llevaba diciendo meses, Merkel (la CDU, conservadores) ganó sin apuros, pero no arrasó, es más, nota el desgaste. En parte, también como consecuencia del pinchazo de sus socios conservadores bávaros, la CSU. Esta vez su diletancia “Merkel Sí / Merkel No”, su apoyo o crítica al gobierno federal según pegue el viento, los castigó. Repugnante la deriva de los conservadores bávaros, más preocupados de conseguir el voto xenófobo que de construir algo. Su dominio sobre el estado más rico de Alemania sigue siendo férreo, pero se ven las grietas.

A los socialistas (SPD) sólo les queda el consuelo de que de esta vez fueron con el mejor candidato posible (Martin Schulz, ex-presidente de la Comisión de la UE) y poco más: consiguieron los peores resultados de su historia. Razones: el hundimiento general de la socialdemocracia europea (Francia, PSOE…) y que la SPD había participado en el último gobierno merkeliano (la “Gran Coalición”). Por tanto, sus críticas a la cancillera tuvieron poco recorrido: si hay un problema, los socialistas son percibidos cómo parte de él, no como la solución.

Por atrás, los Verdes se mantienen, la FDP (Liberales, como Ciudadanos pero con más historia) se recupera y los Linke, la izquierda de la izquierda, sigue ahí. Tal y como está el patio, Merkel precisa otra vez de una coalición: o bien con los socialistas o bien con los Verdes y los liberales. Nada nuevo.

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FUENTE: Spiegel. Gana Merkel pero en descenso. Los socialistas prosiguen su caída, los partidos “pequeños” se mantienen e irrumpen los extremistas de la AfD.

Pero la noticia es la irrupción por primera vez de un partido de extrema derecha en el Bundestag, Alternativ für Deutschland (AfD), xenófoba y eurófoba, populista y reaccionaria. Nada menos que un 13% de los votos, la tercera fuerza del parlamento, y la primera de la oposición si los socialistas entran en el gobierno.

¿Qué pasó en Alemaña? Primero, el contexto de las elecciones. El favoritismo de Merkel era indiscutible y las alternativas se diluyeron, el electorado notó el tedio y le faltó a motivación. Y por otra parte hay una parte que está enojada, muy indignada, cansada de que le digan que las cosas vayan bien cuando para ellos no es así. Alemania sigue siendo una de las grandes locomotoras económicas europeas y mundiales. Su superávit exportador es enorme, sus grandes empresas (automoción, químicas, financieras…) dominan el mundo. El paro cayó y hay más demanda de profesionales cualificados en muchos sectores de la que se pode cubrir.

¿Pero, a qué precio? La desigualdad económica se ha disparado, cada vez más gente malvive a pesar de tener un empleo o varios, mientras muchos jubilados no son capaces de seguir pagando con sus pensiones unos alquileres desorbitados, teniendo que buscarse uno de los famosos minijobs. La enseñanza es gratuita, incluyendo la universitaria, y sin embargo sólo acceden a la educación superior los hijos de clase académica y acomodada. Es decir, es muy probable que el hijo de un médico o ingeniero acabe en la universidad, pero si es hijo de un electricista su carrera será una sucesión de zancadillas para que escoja una formación profesional o algo menos cualificado. ¿Y los impuestos? Cada vez más, y más gravosos para los menos favorecidos, y por el contrario menos gasto social (sanidad, infraestructuras, etc.). Y un coste de la vida (energía, combustible, comida, transporte, y por encima de todo y ante todo: la vivienda) al ritmo de los más ricos y del que marquen los especuladores, aplastando a los de abajo. Todos sabéis que un médico o un ingeniero pueden conseguir aquí más de 3000 €/mes para comenzar, pero pocos saben que en la rica Alemania hay sueldos de 500 €/mes o menos por jornada completa, con un precio de la vivienda absolutamente demencial en las grandes ciudades… que es donde hay trabajo. En lo “Macro” el país va de cine, en lo “micro”, la justicia social, va de mal en peor. Alemania se está rompiendo, y Merkel no lo quiere ver.

Por lo tanto esta desigualdad está creando una gran masa de alemanes que sienten que están “perdiendo el tren”, que hay un bienestar y una bonanza que no los incluye, que están pagando una fiesta a la que no están invitados. Gente que trabaja duro (o ya no, pero que trabajó toda su vida) pero que no les vale de nada. O jóvenes que no pueden trabajar, gente que pierde continuamente nivel de vida y está supeditada a ayudas sociales o empleos precarios. Este es el cubo donde pesca la extrema derecha. Donde pescó la AfD lo que consiguieron pescar los abiertamente neonazis de la NPD en la última década. Porque estos son unos skinheads gañanes que siempre se están moviendo en el filo de la ilegalización por apología del nazismo. Los AfD son mucho más inteligentes. Bien, no mucho, son racistas, pero algo más sí. Es decir, estos partidos agrupan la una buena masa de idiotas, pero también la gente empujada por una realidad injusta que encuentra aquí una solución y una esperanza. Erradamente.

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Frauke Petry, la candidata de AfD, no tuvo problema para utilizar la imagen de su propio bebé recién nacido para fines electorales.

No hay país más hostil legalmente contra la extrema derecha que Alemania. Aquí vas al trullo por llevar o poseer una bandera nazi, esvásticas, negar el Holocausto o saludar a lo Sieg Heil, aunque sea de broma. El examen de conciencia fue profundo y doloroso tras la derrota en la 2ªGM, en comparación como por ejemplo con Austria, más cómplice que víctima del nazismo. Los partidos y grupos neonazis son sistemáticamente ilegalizados. Eso vetó su entrada en la vida política, como por ejemplo con el partido extremo NPD, pero no la eclosión del neonazismo, sobre todo en los estados del Este. Hace falta añadir que la desigualdad de la que he hablado antes también es regional: la Reunificación de la RFA con la RDA fue un timo y una decepción, una absorción del Este por parte del Oeste con las reglas de juego de este último, en la que además se desvertebraron las estructuras económicas y sociales del comunismo sin poner nada a cambio. Las industrias cerraron y la juventud quedó a merced de la emigración hacia el rico oeste o de subsistir con la beneficencia. Aquí renace el nazismo, aquí explota la xenofobia en Lichtenhagen en 1992 y aquí, en estos estados, es la AfD la segunda fuerza. En Sajonia, la primera. Curiosamente, los estados donde la inmigración es menor.

Y dale que te pego con la procreación y el racismo. Una mujer embarazada (supongo que no será otra vez la propia Petry) y el eslogan: “Nuevos alemanes? Los haremos nosotros mismos”. Qué sutil.

En este caldo, merkelismo sin vislumbrarse cambios, desigualdad y combate entre la memoria de lo que pasó con el nazismo y la xenofobia, comienza a crecer Alternativ für Deutschland. Fundado hace seis años como partido eurófobo (contrario a la UE y al Euro) y conservador, los acontecimientos lo derivaron hacia un partido xenófobo, radical y contrario al establishment de la democracia alemana, lo que le hace ganar simpatías entre los descontentos.

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Horcas preparadas en la manifestación de Pegida para Siegmar Gabriel (SPD) y Angela Merkel. Adorables, ¿no? Fuente: Die Zeit, foto © Hannibal Hanschke/Reuters

La crisis de los refugiados fue la mecha que hizo explotar el racismo en muchos puntos de Alemaña. No crearlo, ya estaba allí, enlarvado. Acogidos con generosidad en un principio por Merkel (a Roma lo que es de Roma) pero con escasa organización y visión de futuro, les proporcionó a los radicales los enemigos perfectos. No podían ser otra vez los judíos (demasiado pocos en la Bundesrepublik actual) ni los turcos (demasiados, y ya muy integrados): los enemigos eran los refugiados, los munsulmanes, los terroristas. En Dresde nació la Pegida para “defender” (sic) la “Patria” de los “invasores islámicos”, “terroristas” (que vienen huyendo justo de los terroristas, pero a los racistas no les gustan los matices) y los “traidores” de los gobernantes. “Wir sind das Volk”, “Somos el pueblo”, berrean, como diciendo, “Vosotros no, sois traidores”. La AfD fue lista de sobra para absorber ese discurso de la cólera y el odio pero sin arriesgarse a llevar ellos mismos las pancartas en las manifas, que concluyen siempre con cánticos y soflamas nazis. Los de AfD niegan ser neonazis, pero absorben sin complejos movimientos radicales como los “identitarios”, nacionalistas radicales, antisemitas y racistas. Por fuera tienen la imagen de Frauke Petry, su lideresa: radical contra la “vieja política”, ideas pocas pero claras, determinar culpables de las cosas malas y aportar soluciones (inmigrantes fuera, prohibir el islam, volver al marco alemán y poco más). Por dentro: el racismo de siempre y un discurso más sencillo que el mecanismo de una chancleta. Pero funciona.

No importan los hechos ni la realidad, sino la percepción de la gente. La nueva extrema derecha rechaza a la prensa convencional (“Lügenpresse“, prensa mentirosa) e intoxica las redes sociales con noticias falsas (atrocidades cometidas por musulmanes malos malísimos, que son ocultadas por los poderes y la prensa) que proliferan como un cáncer sin ningún control, y son creídas por quien quiere creerlas. La versión germanofacha de las fake news.

No me preocupa intrinsecamente la AfD. Son demasiado idiotas para mantener su propio partido unido (Petry abandona el grupo parlamentario da AfD) y no podrían gobernar con éxito ni una comunidad de vecinos sin llevarla al colapso. Me preocupa más ese sentimiento, esa masa de gente que piensa que todo es culpa de los refugiados y los extranjeros, que tiene nostalgia de una sociedad que nunca existió y que traga con discursos tan simples. Ese desfavorecimiento, esa desigualdad que facilita estos fenómenos que sólo pueden engendrar cosas terribles. Ya lo vivimos, ya lo sabemos. Pensábamos que en Alemania no, que aquí no prendería esa lacra, porque se había hecho un bueno trabajo para tener presente lo acontecido en el pasado. Nos equivocamos.

Los nazis hace 90 años eran un partido con representación inferior a la actual de la AfD. Pero luego vino una crisis económica, y pasó lo que pasó. Recordémoslo.

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Fuck AfD. No nos olvidemos que el 87% de los votantes alemanes rechazaron esa basura. Foto en Flickr de Mike Powell aka Elektrollenlace e licencia.

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El Zoo de Neuperlach

 

En Múnic hay dos parques zoológicos. Uno convencional, en Hellabrunn, con bichos salvajes que ya no son salvajes, metidos en jaulas con cara lánguida y triste. El otro, con animales salvajes, libres y sueltos y sin embargo, quietos para ir a (ad)mirarlos y fotografiarlos. Animales de tinta de spray. El Zoo de Neuperlach.

Se trata de una intervención cultural en el Quiddezentrum, que era un centro comercial de pequeñas tiendas (panadería, quiosco, la caja de ahorros, la biblioteca…) tan antiguo como el propio barrio de Neuperlach, de finales de los años sesenta o comienzos de los setenta, que toma su nombre de la Quiddestrasse, la calle donde está situado.

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El Quiddezentrum en sus buenos tiempos (foto de una foto expuesta en el propio centro)
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Neuperlachianos setenteros fregando sus respectivos Wagen

Lo malo es que los otros centros comerciales del barrio (el gran PEP del que ya habíamos hablado, junto a otro construido años más tarde a poca distancia) le fueron robando la clientela a las tiendas del “Quidde” hasta ir cerrando todas y quedar abandonado. Como manera de reciclarlo para la comunidad, los locales fueron cedidos a artistas para que estableciesen allí sus estudios. Nacía el Kunsttreff Quiddezentrum. No sólo eso, sino que varios artistas decidieron componer un “zoo” en sus paredes en el 2016, haciendo un recorrido-safari por una jungla urbana, imaginativa y original, abierta a quien la quiera visitar.

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El Quiddezentrum hoy. Ha visto tiempos mejores.

En contra, para algunos, la asimilación mainstream de un arte anónimo y contracultural como el graffiti, polémica eterna que vimos hace poco con las Meninas de Canido en Ferrol (que si la comercialización del evento con bancos y marcas de cerveza, que si Banksy viene o no viene…). A favor, que para mí esa comercialización no se da aquí, y aunque a lo mejor no entra esta acción en el terreno del graffiti o la arte urbana, sí que es un buen intento de recuperar artísticamente un espacio urbano, de otra manera en abandono y decadencia, una humanización por medio de la creatividad de un barrio (Neuperlach, que ya describimos) ya por desgracia no todo lo humano y vivible que debería ser. No sé si se consiguió, pero ha valido la pena intentarlo.

Saqué unas cuantas fotos. Feliz paseo por el Zoo!:

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A pesar de todo, y como yo mismo pude comprobar, el estado del Quiddezentrum no es el idóneo y está proyectada su demolición. Supongo que harán otro espantoso bloque de viviendas que no reparará la pérdida (otra más) de un referente cultural del vecindario. Mientras tanto, disfrutemos del safari y del arte.

Enlaces:

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Neuperlach, un barrio

 

Neuperlach es el barrio donde vivo y me apetecía escribir sobre él. Precisamente, porque no lo encontrarás en tu guía de Baviera o de la ciudad de Múnich. Aquí no hay monumentos, aquí no se coronaron emperadores ni reyes ni se erigieron catedrales, ni tan siquiera hubo una revolución popular. Es un barrio, sin más, y para un extraño en la capital bávara, aquí no hay nada que ver ni hay nada por lo que venir. Sin embargo, aquí acabamos tras una ardua busca de vivienda, aquí llevamos más de un año y aquí, causalidades de la vida, va a nacer nuestro hijo. No creo que duremos mucho porque pensamos mudarnos (nuestro futuro y minúsculo compañero de piso tiene la culpa), pero Neuperlach es nuestro presente.

Solpor e arco da vella- Sunset and rainbow

Situémonos. Neuperlach es una gran barriada del sur de Múnich, que en tiempos fue extrarradio, pero al crecer tanto la ciudad en extensión hoy en día se puede considerar casi céntrico. En veintipocos minutos se accede al casco histórico y a todos los puntos importantes de la ciudad. Consta en buena parte de grandes bloques de viviendas que, a diferencia de nuestras ciudades, no conforman manzanas y calles, sino que dejan espacios vacíos entre ellos, formando colonias. Lo bueno es que esos espacios vacíos están ajardinados, abundando las zonas verdes, parques y paseos con árboles. Veo incluso ardillas corriendo por las aceras. Así que el barrio es una curiosa mezcla de monstruos de hormigón y cristal emergiendo entre jardines y avenidas. Para unos coruños como nosotros, nada que objetar: estamos acostumbrados a los edificios y crecimos con un déficit de zonas verdes, que aquí hay en abundancia.

(Inciso: insisto en lo de los bloques de viviendas porque es algo muy normal en nuestra cultura urbana, pero no en la centroeuropa rica. Los alemanes como Helmut detestan los edificios de viviendas, todos ansían vivir en una casita con jardín para los niños y hacer asados, garaje para el BMW y casita para el perro. Si este plan falla, Helmut se conformaría con residir en una casa de viviendas, de dos alturas como máximo y jardín comunal. Las torres de viviendas son para los inmigrantes. Pero no puedes montar una ciudad de 2 millones de habitantes y que todos vivan en una casa individual con jardín. Asúmelo, Helmut).

Hay varias empresas importantes con sede en Neuperlach: Siemens, Allianz, Generali, Wacker… Hay un gran centro comercial, el PEP (no, no es un homenaje a la etapa muniquesa de Guardiola), varios más pequeños, supermercados, una biblioteca municipal bastante mal equipada, un centro cultural público con teatro y actividades, un parque enorme (el Ostpark) y varios más pequeños, incluso un bosque (el de Trudering), una piscina municipal, un centro de acogida de refugiados y su Muro de la Vergüenza, colegios, institutos, etcétera. Entre el hormigón, mucha gente que pulula en los atardeceres y hablan idiomas poco germánicos: turco, árabe, serbio, polaco, italiano, rumano… gallego. Sólo nosotros, pero es algo. Gran parte de mis vecinos tiene origen migratorio. Y contra lo de hacer alternativas locales de ocio y culturales juega el arma de doble hilo de la buena comunicación con el casco histórico de Múnich: a menos de media hora están los teatros, cines y discotecas. Lo que incrementa la sensación de que lo bueno empieza cuando se sale de los límites del vecindario.

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La factoría de la Siemens en Neuperlach. Detrás se ven los Alpes, a pesar de estar a más de un ciento de kilómetros al sur.

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También hay cosas que no hay. Cines, teatros (fuera del centro cultural), iniciativas comunitarias culturales, cafeterías fuera del centro comercial, bares de noche, librerías, pequeño comercio no perteneciente a grandes cadenas, o en resumen, cosas que hacer aparte de trabajar y comprar y consumir en el centro comercial. Tampoco busquéis monumentos o historia: aquí todo tiene cincuenta años como máximo, que es el aniversario que celebró el barrio hace poco.

Como muchos otros barrios de grandes ciudades europeas, Neuperlach se ideó a fines de los 60 de una vez sobre plano para alojar a la creciente población urbana (Entlastungsstadt, ciudad de descarga, le llamaron). Así fueron brotando los inmensos bloques en los años 70 y 80. En Francia les llaman banlieues, en alemán, Vorstädte. Suburbios para dar cobijo a los millares de personas que estaban llegando a la ciudad. Los bloques fueron siendo ocupados por gente trabajadora de origen sobre todo extranjero, sobre todo de Turquía y del Este de Europa. “Pedimos mano de obra, y vinieron personas”, dijo alguien. Yo no estaba aquí y no hablo de lo que no sé, pero el Nuevo Perlach pasó de ser un lugar rural y despoblado a ser bestialmente urbano, e inmediatamente devenir en un “punto social candente”: problemas de integración en las escuelas, delincuencia, drogas… yo no estaba, insisto, pero me suena la historia. Hoy en día Neuperlach es más seguro que muchos vecindarios más “centrales”, pero el estigma permanece, y a pesar de no manifestarse en forma de violencia y delincuencia, los problemas de integración son un hecho.

Solpor nas fiestras - Sunset on windows

Hoy en día el vecino neuperlachés típico tiene origen migratorio, pero de segunda o tercera generación. A diferencia del emigrante gallego en Alemania de los años setenta y ochenta, estos no regresaron a su patria y ahora viven aquí sus hijos y netos, muchos con el pasaporte alemán. Leí en un reportaje que un maestro tenía un aula con quince niños de dieciséis nacionalidades, ya que alguno podía tener dos o más. Esos niños están desgarrados de la patria de sus abuelos, y a pesar de todo no son vistos cómo “verdaderos alemanes”, y un sistema clasista les pondrá, por ejemplo, mil zancadillas para avanzar en sus estudios. La diferencia de chavales que acceden a estudios universitarios en barrios como Neuperlach en comparación con otros “más blancos” es escandalosa. No creo que sea todo culpa suya, o de los padres.

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Volviendo a las generaciones de emigrantes, no leí estudios sobre el hecho, pero dudo que Neuperlach siga siendo un punto de llegada. ¿Por qué? Porque como ya contamos un día, la gran problemática social y económica de Múnich es la vivienda. Hay poca y el precio se dispara de año en año. Neuperlach está cerca del centro urbano, las viviendas son de calidad si ignoramos la estética y el distrito no es una excepción a esta subida de precios, por lo que está siendo abordado, a pesar de su fama de gueto, por habitantes de mayor nivel económico. Como la famosa gentrificación, pero sin necesidad de poner librerías-café y tiendas de muffins: la burbuja inmobiliaria es suficiente para disparar los alquileres. En el exterior, nada cambia, pero en el interior, va a ser duro para los vecinos de antiguo que no tengan la vivienda en propiedad. Nos incluyo en este lote. Nosotros buscamos un apartamento más amplio para la descendencia próxima, y mucho temo que nos va a tocar vivir más lejos de la Marienplatz, y de mi trabajo, lo que me fastidia bastante más.

Gueto, Neuperlach? Ni yo que llevo quince meses aquí, ni los visitantes temporales que conocemos tenemos esa sensación. A Roma lo que es de Roma y fuera estereotipos. Es un barrio muy tranquilo, sin incidentes, relativamente limpio, de gente trabajadora y en general muy abierta y amable, hablando siempre desde mi experiencia personal y subjetiva. Pero los estereotipos pesan, y Neuperlach suena a ese ghetto boy vestido de rapero, que habla un argot urbano, con escasa cultura, piel morena y comportamiento asocial (“Asis“, les llaman, de Asozialen). No son perjuicios locales contra Neuperlach, sino clasismo, criminalización y ridiculización de la clase obrera y, muchas veces, xenofobia y racismo. Daría para una tesis, pero esto no lo es.

Hay cierta costumbre con los carros de compra de los supermercados que me tiene fascinado y que no he visto en otro lugar en Alemania. Este es un lugar muy alemán en su concepción, pero en el fondo, lejos de la perfección germana. Y me gusta. Sencillamente, se llevan el carro por la calle hasta su casa, dejándolos abandonados por ahí.

Uno de nuestros lugares preferidos es, contiguo a Neuperlach (el “Nuevo Perlach”), el vecindario de Perlach o Altperlach (el “Viejo Perlach”). Si definimos a Neuperlach como un inmenso barrio nuevo y construido de la nada, Altperlach es una pequeña villa bávara antiguamente alejada de Múnich pero que posteriormente fue fagocitada por la ciudad, pero no devorada ni digerida. Conserva su carácter rural, algunas casas bávaras de siglos de antigüedad, sus fiestas populares, la iglesia y el riachuelo de Hachinger Bach. En medio de la urbe y a pocos metros de todo lo que describí arriba. Hay esperanza.

 

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Me despido con una celebridad de Neuperlach, un alemán que quiso ser latino y lo petó en la década pasada versioneando el Mambo nº 5 de Pérez Prado: Lou Bega. Si nunca lo bailasteis, o sois muy jóvenes o tenéis horchata en las venas.

Algunhas ligazóns:

Kehlsteinhaus, el Nido del Águila, la cabaña de Hitler

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Kehlsteinhaus, Berchtesgaden (Baviera, Alemania). El “Nido del Águila”

Estuve por la hermosa comarca de Berchtesgaden de vacaciones, en el sureste de Baviera, al pie de los Alpes y a un tiro de piedra de Salzburgo e Austria. Allí hay una visita casi obligada entre el morbo, el interés histórico y la pura visita turística, ya que es un sitio precioso: la Kehlsteinhaus, la cima de una montaña donde Adolf Hitler se hizo una cabaña, el Nido del Águila. El lugar bien merece unas líneas.

Existe la creencia de que esa casa (la de la foto), en la cima de la montaña Kehlstein (1820 m de altura) para trazar sus planes maquiavélicos mientras disfrutaba del aire de montaña durante sus vacaciones. No es exactamente así, aunque tampoco es del todo falso. Vayamos por partes.

Mal ano - Bad year

Las casas-posadas en las cumbres de las montañas nos parecen una idea muy loca y exótica, pero son muy comunes en los Alpes, primero como refugio de pastores y montañeros y después recicladas a la hostelería como restaurantes. Esa casa en concreto ya existía desde el siglo XIX, con diferentes dueños y denominaciones. Durante la dictadura fue adquirida por el Partido Nazi para agasajar con ella al Führer, Adolf Hitler. No sólo eso, sino que se construyó una carretera desde la base, un túnel de 124 m de largo y un lujoso ascensor dorado, para ascender sin esfuerzo a la cúspide salvando otros 124 m de altura en vertical. Una obra ingente y disparatada, diseñada por Martin Bormann y en la que fallecieron 14 obreros.

Hitler convirtió la posada en una “Casa de Té” para recibir a sus visitas diplomáticas. Todas las visitas estaban escenificadas paso a paso: impresionando a los visitantes con la subida, para dar al oscuro túnel, el ascensor dorado y después la casa de la cúspide, con sus impresionantes vistas, desde el lago Königsee hasta el valle de Berchtesgaden. Se lo regalaron por su 50º cumpleaños. No me digáis que no es un detallazo. Sobre todo cuando los que mueren excavando la montaña son otros.

Túnel de Kehlsteinhaus
Túnel hacia el ascensor.
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Hitler recibe a Chamberlain. Von Bundesarchiv, Bild 183-H12478 / Unbekannt / CC-BY-SA 3.0, CC BY-SA 3.0 de, Link

Este recorrido fue hecho por dos primeros ministros de Gran Bretaña, Lloyd GeorgeChamberlain, este último previo a la rúbrica del Tratado de Munich, en el que Checoslovaquia tuvo que cederle los Sudetes al Reich, a cambio de no iniciar una guerra. Como luego se vio, por poco tiempo. También acogió entrevistas con embajadores, incluido el de la España de Franco, el Marqués de Magaz, o también el primer ministro de Austria, para amenazarlo y chantajearlo previamente a la Anexión (Anschluss) de Austria al Reich, con las consecuencias que todos conocemos. Es un lugar clave para entender la historia de Alemania y de Europa en aquellos oscuros tiempos.

Ahora vienen las contradicciones, estad atentos. Alemania está salpicada de “casas de Hitler”, porque cuando era Führer las recibía de regalo de los lameculos de turno: corporaciones locales del Partido, ayuntamientos, etc. (Ejemplo: a Casa Vermella de Passau), inmuebles que en su vida Adolfo visitó pocas veces o ninguna y que tras la derrota fueron demolidos o ocultados por los aliados para evitar el “turismo nazi”. Este no es el caso, dada la magnitud de los hechos históricos que allí ocurrieron. A pesar de todo, Hitler detestaba la casa de Kehlsteinhaus: los rumores decían que padecía de vértigo y que odiaba las alturas, y toda la idea en conjunto le parecía peligrosa, porque era un lugar desprotegido ante posibles bombardeos o rayos (en serio). Sólo subía cuando venían aquellas visitas del extranjero, en total, no más de una docena de veces, y no más de media hora cada una de ellas. Pero también leemos que pasaba muchísimo tiempo en Berchtesgaden (entonces, Obersalzberg) y que ese era su Cuartel General después de la capital Berlín. ¿Cómo se explica esto? La respuesta es sencilla: “ABAJO”.

Efectivamente, Adolfito no paraba mucho en la cima de la montaña, que es un buen lugar para tomar una cerveza mirando el paisaje (un té, en su caso, detestaba el alcohol), pero poco aconsejable para pasar largas temporadas, ya no digamos con mal tiempo. Donde montó su chiringuito fue más abajo. Los nazis adquirieron la posada de Berghof, y toda la comarca circundante de Obersalzberg. Compraron todos los terrenos a sus propietarios, y si no aceptaban, los expropiaban y los mandaban al campo de concentración de Dachau. Una comunidad tradicional entera de pastores y labradores fue expulsada de sus tierras, que se convirtieron en un gigantesco acuartelamiento nazi.

Hitler hizo de Berghof su residencia de verano, y desde allí trazó planes, leyes, batallas y fechorías. Ya iba por Obersalzberg de vacaciones antes de ser Führer, pero a una residencia mucho más modesta. Alrededor del Berghof, un terreno firmemente custodiado por el ejército, cerrado al público, con cuarteles de la SS y la Gestapo, búnkeres y túneles de emergencia para una posible resistencia y huída, aunque, como sabéis, moriría en su búnker de Berlín. Y, por supuesto, la montaña y la casa de Kehlsteinhaus. En Berghof pasaba sus vacaciones, y si ese despojo humano fue feliz en algún sitio, fue en Berghof, un paraje idílico y a la vez firmemente protegido por los suyos. Y en lo político y militar, si sus ministros Göbbels, Himmler y compañía necesitaban algo de su Führer, tenían que emprender un largo viaje al sur del País.

 

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Con Eva Braun en Berghof, 1942. Fuente: Von Bundesarchiv, B 145 Bild-F051673-0059 / CC-BY-SA, CC BY-SA 3.0 de, Link
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Una asidua en Berghof que visitaba con frecuencia a Adolfito era la por entonces famosa actriz Magda Schneider, que tenía casa en Schönau am Königsee, muy cerca. También con su bebé Romy, nacida en el 38. Si, Romy Schneider, la inolvidable actriz de Sissi Emperatriz. Tiene un museo a la orilla del lago Königsee (Romy, no Magda), donde vivió su infancia. Fuente: página, a su vez tomado de los archivos del INA.
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Todo el acuartelamiento de Obersalzberg, incluída la casa Berghof (nº1). Fuente: Dokumentation Obersalzberg
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Postal con Berghof de Hitler, y las casas de Bormann y Göring. Fuente: Dokumentation Obersalzberg

Vídeo familiar de Hitler en Berghof filmado por su compañera Eva Braun. Aquí lo tenéis pasándolo pipa en las montañas, recibiendo visitas en su bucólica posada-gasthof, sin apreciarse que estaba protegido por una fortificación militar inexpugnable. Sin apreciarse tampoco que Europa ardía en guerra y millones de personas morirían en campos de concentración. Pero no aquí.

Siempre se habla del Nido de las Águilas (o del Águila) o Kehlsteinhaus y pocas veces del Berghof, cuando se calcula que en este último lugar Hitler pasó la tercera parte del tiempo de su triste dictadura, unos cuatro años en total. ¿Por qué? Influye el hecho de que Kehlsteinhaus se conservó hasta nuestros días, pero no el Berghof.

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Hitler y su ministro Göring en el Berghof, haciendo cosas de nazis. Atribución: Bundesarchiv, Bild 183-2004-1202-502 / CC-BY-SA 3.0 [CC BY-SA 3.0 de], via Wikimedia Commons
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No tengo ni idea de si esto fue en Obersalzberg, par la imagen siempre me ha hecho mucha gracia. Y estupor. Fuente: By AdrianDrozdek (Own work) [CC BY-SA 4.0 (Link), via Wikimedia Commons
¿Que pasó tras la derrota nazi?

Los aliados bombardearon y tomaron el acuartelamiento de Obersalzberg. Por añadidura los nazis le prendieron fuego en su retirada. La casa de la cumbre, el túnel y el ascensor de Kehlsteinhaus, sin embargo, resultaron intactos.

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De US Army – Stars and Stripes, the official US Army magazine, Gemeinfrei, Link

En los años de la posguerra el recinto fue administrado por el ejército estadounidense, que además lo promocionaba como posibilidad turística entre sus oficiales. En los primeros años cincuenta se retiraron y cedieron la zona al Estado Federal de Baviera. En el traspaso de poderes acordaron la voladura de las casas de Hitler (el Berghof), de Göring y de Bormann. Los restos de los edificios militares nazis que quedaban fueron destruidos y la zona reforestada. Quería evitarse el “turismo nazi”, de simpatizantes de extrema derecha, nostálgicos del III Reich o historiófilos morbosos.

 

Sin embargo, los americanos siempre vieron las posibilidades turísticas de la casa de Kehlsteinhaus y la conservaron, y les gustaba llamarle el Eagle’s Nest, el Nido del Águila (o el Eagles’ Nest, el Nido de las Águilas), un nombre que ganó popularidad en todos los idiomas a pesar de ni ser un topónimo tradicional del lugar ni haberse usado nunca en la época nazi, pero que aumentó la categoría de leyenda de la casa de la cumbre. De hecho, los EEUU tienen una buena parte de responsabilidad en que este lugar sea tan popular en todo el mundo.

Sólo es posible llegar arriba con autobuses que parte de una base donde se edificó un Centro de Documentación en el 1995 para los interesados en la historia, donde se puede entrar en parte de los búnkeres (yo no los visité). Efectivamente, esa base de donde parten los autobuses está donde se hallaba el acuartelamiento nazi, pero hoy no queda nada de éste, ni siquiera las ruinas. Tras el trayecto en bus por la carretera estrecha de montaña que construyera Bormann para su Führer, se entra caminando por el túnel y se sube en el ascensor. Arriba, por fin, la casa de Kehlsteinhaus, o si lo preferís, el Nido de las Águilas. Es sólo un restaurante repleto de turistas, con una minúscula exposición que explica un poco la sórdida historia del lugar en aquellos años. Pero el atractivo de la casa, entonces y ahora, son las impresionantes vistas, 200 km a la redonda, desde el lago Königsee, el monte Watzmann, el macizo Untersberg hasta divisar las montañas de Salzburgo, ya en Austria.

Kehlsteinhaus - Pano

Vista desde Kehlsteinhaus

Evidentemente, el lugar tiene un valor natural intrínseco impresionante, si obviamos su uso en los años treinta y cuarenta. Se puede subir incluso desde la base, pero sólo se lo recomiendo a expertos montañeros con buenas piernas y seis horas disponibles para el ascenso. Incluso olvidando estos datos, uno también se puede interesar en aprender algo más sobre la historia. Pero no se puede obviar cierto dilema moral. Se puede disfrutar de una sabrosa cerveza de trigo en ese entorno espectacular, y defenderse diciendo que la casa ya estaba ahí y que Hitler no hizo las montañas ni el paisaje, que sólo se aprovechó de ellos. Pero dudo que tuviese tantos turistas (incluyéndome a mí: hipocresías, las justas) si no fuera por haber sido de cierto modo “la casa de Hitler”. Pero pocos conocen, o mejor dicho, a pocos les interesa que ese espectacular túnel y ascensor fue construido a costa de trabajo seguramente esclavo y vidas humanas, y que además Hitler aborrecía ese sitio y que vivía más abajo. Y que ese “más abajo” fue invadido por los nazis tan sólo porque a Adolf le gustaba ese sitio antes de ser Führer, y que sus habitantes fueron expulsados de sus casas para siempre para que Adolf y sus nazis estuvieran a gusto. Vale que no fue la barbaridad más grande que cometieron esos malnacidos, ni siquiera estaría en el top diez, pero para Obersalzberg fue una tragedia, no una bendición que les iba a traer turismo décadas más tarde.

Königsee from Kehlsteinhaus
Vista del lago Königsee al lado del monte Watzmann, desde la cima de Kehlsteinhaus.

Las autoridades alemanas son siempre ejemplares en la divulgación crítica de su propia dictadura y en su trabajo con su memoria histórica, ni comparar con el caso de España. Pero, en este caso, no sé si se han dado los pasos adecuados, como derrumbar una casa y dejar la otra porque “es bonita” y “atrae turismo”. Aunque desconozco la solución, que dudo también que sea cerrarla o destruirla. Sobran cumbres y montañas en Berchtesgaden, y esta es la más visitada, por algo será. Sea por su belleza, sea por el horror que esconde. Pero cada uno que tome sus conclusiones. La visita vale la pena, cuando menos.

Atribución de las imágenes: las fotos históricas, la debidamente indicada al pie de las mismas. Las actuales de Kehlsteinhaus son de mi autoría y pulsando en la imageh se puede ver la fuente de las mismas en mi espacio de Flickr.

TSV 1860: Los Leones de Munich

Ya sé que soy pesado con los posts sobre fútbol, y ya no digamos con los de fútbol alemán. Pero esto, por cercanía, me apetecía escribirlo. A ti leerlo, ya no lo sé.

Hace muchos años, incluso antes de siquiera haber pisado yo Alemania, el amigo Romeiruga estuvo por Munich y me trajo de recuerdo una bufanda futbolera, “del equipo de Munich”. Yo no reconocí los colores celeste y blanco en mi única referencia futbolística de aquella (por entonces) remota ciudad bávara, e inquirí: “¿Del Bayern de Munich?”. Y el respondió: “No. DEL OTRO“. El otro es, y seguirá siéndolo, el TSV 1860 München.

Vereinswappen des TSV 1860 München
Escudo do TSV 1860 de Múnic. Fonte: By Gaspard (de.wikipedia.org) [Public domain], via Wikimedia Commons
Su nombre completo es el Turn- und Sportverein 1860 München, haciendo su número alusión a su fecha fundacional. Más de 170 años de antigüedad, aunque creo que no como club de fútbol en su inicio, si no como asociación de “Turn”, o sea, de gimnasia de la época y otros deportes. Pero nadie lo conoce con ese nombrem sino más bien como los “Sechszger” o “60er” (los “sesenta”) o los “Löwen” (los Leones), como la figura de su escudo. Si sus vecinos del FC Bayern se quedaron con el nombre del Estado de Baviera (Bayern), los Sesentas se apropiaron del león y los colores celeste y blanco, emblema y colores del escudo y bandera bávaros.

Es difícil encontrar un club tan a la sombra de otro, tan sometido a comparaciones y tan condenado a ser derrotado en las mismas. Si Munich fuera Madrid, el Bayern sería el Real y el 1860 no sería el Atlético, sino el Rayo Vallecano o aún menos. Atascado en la segunda Bundesliga, con perennes problemas económicos y sin casa propia, todo producto de la fatalidad, los reveses del fútbol moderno y, también hay que decirlo, de una nefasta gestión en las últimas décadas.

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“El gran amor de Munich”. Fuente y derechos

Porque los Leones están heridos y deprimidos, pero lamen sus heridas recordando su historia. Fueron campeones de la Bundesliga en 1966, y tuvieron su época dorada en los años sesenta, en los que además ganaron una Copa de Alemania (tenían otra de 1942) y llegaron a la final de la antigua Recopa. Pero, como si tuviese relación inversamente proporcional, apareció el FC Bayern. Sus vecinos, con un mediocre palmarés hasta 1969 (un campeonato en los años 30), explotaron en los años setenta con aquellos Beckenbauer, Maier, Hoeness y Gerd Müller. Ganaron ligas y Copas de Europa y construyeron inteligentemente el club que son hoy en día: el más poderoso de Alemania, el Rekordmeister, y uno de los primeros del mundo. No caen simpáticos. Tampoco lo pretenden.

(Encima, los vencedores de la Bundesliga en 1966. Equipazo. Fuente clicando en la imagen)

¿Y el 1860? Comenzó en los setenta una montaña rusa con más bajadas que subidas. Sólo cinco años después del campeonato perdieron la categoría, y tras varios ascensos y descensos sin consolidarse en primera, les retiraron la licencia en el 1982 por deudas y chanchullos financieros varios, probando la hiel de la Bayernliga, la división regional. Con este panorama, viendo los aficionados a su querido club pasar de ser el primer club de la ciudad, por encima del Bayern, a ser unos donnadie vagando por campos de tierra, mientras los aborrecidos vecinos edificaban un imperio, lo más difícil era levantarse.

Y lo hicieron. En 1994 regresaban a la Bundesliga, y permanecerían diez años. Y nada mal: participaron dos veces en la Copa de la UEFA y una en la Champions, y vencieron en varios derbis contra los malditos vecinos de la Säbener Strasse. Desde el 2004 penan otra vez por la segunda Bundesliga, y otra vez (siempre es la misma vez) con penurias económicas. En el 2011 se hizo dueño del club un inversor jordano bastante fantasmón y antipático, Hasan Ismaik.

Recapitulando, este modesto equipo muniqués tiene una liga y dos copas, participaciones en las tres copas que había en el continente (¡qué nostalgia de la UEFA y la Recopa!) y jugadores, por mencionar sólo los de las últimas décadas, como Rudi Völler, Hässler, Jeremies, Abedi Pelé, Martin Max (dos veces pichichi defendiendo el escudo del León), los hermanos Bender y hasta Davor Suker vino por aquí en el crepúsculo de su carrera.

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Jens Jeremies, futuro internacional, defendiendo la camiseta de los Leones frente al Bayern. En el 1998 ficharía por los eternos rivales. No fue obstáculo para que en el 2000 los 60er ganaran el derby muniqués… con gol de Jeremies. En propia puerta. El Dios Fútbol tiene sentido del humor.

El FC Bayern es el equipo más seguido de Alemania y una verdadera religión en Baviera. Los apoyos del 1860 fuera de las lindes de Munich son escasos, incluso en Baviera, pero dentro de la ciudad impregnan su huella sus 20000 socios, fieles a sus colores contra toda lógica, hinchando para “El Otro”, a sabiendas de que no van a levantar nunca una Champions y el otro club de la ciudad sí. Sus simpatías se expanden por toda la ciudad, sobre todo donde las antipatías de los “rojos” crecen (el FCB es el equipo oficioso de la CSU, el partido conservador que gobierna Baviera desde el fin de la guerra).

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El avejentado estadio Grünwald. Fotos de Philmensch, Fuente

51Otra cosa que llama la atención es que los Sesenta son casi unos sintecho, un equipo sin casa. Cualquier fanático dirá que su casa es el estadio municipal de Grünwald, en el barrio popular de Giesing. Por desgracia, tuvieron que abandonarlo para jugar primero en el Estadio Olímpico, al no reunir el vetusto Grünwald las condiciones que marcaba la federación alemana para la primera y la segunda Bundesliga. Después el Bayern y el 1860 decidieron construir juntos el imponente Allianz Arena, un estadio Champions que sirve de hogar a ambos equipos. Curiosamente, cambia de color cuando juega cada equipo, rojo con el Bayern, blanco con el 1860.

Muy limpio no debió de ser el proceso cuando procesaron al presidente del 1860, Wildmoser, y a su hijo por sobornos y trampas alrededor de la construcción del estadio. El flamante estadio, por su parte, no sólo no hizo más grande a los Leones, si no que resultó una pesada carga para el futuro de éstos, y en general, una pésima idea. El frío, moderno y enorme Allianz es un escenario ideal para un equipo “Champions” como el Bayern, pero ridículamente sobredimensionado para un modesto club de segunda división como el 1860. Por encima, tras su enésima crisis económica tuvieron que vender su parte a sus socios del FC Bayern, pasando a pagar un alquiler también excesivo y gravoso para las arcas del club. La situación es esta: están pagando para estar donde no queiren, quieren marcharse y el Bayern también quiere que se marchen (Hoeness les ofreció una banda de música de viento para acompañarlos en su salida), pero la solución no parece fácil.

Allianz Arena
El magnífico Allianz Arena. Demasiado magnífico para el 1860

En el 2015, tras una pésima temporada en segunda, tuvieron que jugar la promoción de descenso a la 3ª Bundesliga. A los fans se les dilataron las pupilas: en tercera división sí que podrían jugar en su añorado Grünwald Stadion, ya que las restricciones para el mismo sólo afectaban a la 1ª y 2ª división. Pero vencieron en la promoción al Holstein Kiel y permanecieron en Segunda y en el Allianz. Así son los Leones: incluso ganando, pierden. También lejos del césped: el Ayuntamiento rechazó reformar el estadio Grünwald, imposibilitando la vuelta de los Leones a su casa. Pero Ismaik promete hacerlo antes del 2025. No sé cómo, conociendo la economía del club.

En cuanto a la gestión sentimental, hace falta ya una dosis de realismo y olvidarse de esa absurda rivalidad con el Bayern, en la que sólo se puede salir perdiendo. El Bayern está en otro planeta, no se puede rivalizar con una multinacional deportiva que tiene nosécuantas ligas y copas de Europa y contra el que juegas cero veces al año porque te pudres en segunda desde hace una década. Es más, el club rojo ayudó económicamente en ocasiones al azul en varias y apuradas ocasiones. Es mejor centrarse en el capital social y su presencia en la ciudad, su tradición, historia y futuro, sin mirar continuamente a los vecinos. Su “muniquismo”, sus raíces en la ciudad, frente al “globalismo” de los de rojo. Difícil.

En cuanto a lo social, 1860 y Bayern quieren presumir de tener unas gradas libres de extrema derecha y neonazis. Hay iniciativas como”Löwen Fans gegen Rechts” (Hinchas de los Leones contra la extrema derecha) que buscan por un lado extirpar ese virus en las gradas ultra de todos los equipos del mundo, el neonazismo y el racismo. Por otro, ahondan en la memoria histórica, dolorosa, ya que el 1860 fue muy favorecido por el III Reich, y hay manchas que no se limpian ocultándolas, sino con transparencia. El Bayern sufrió en esos oscuros años todo lo contrario, fue etiquetado como “club judío” y barrido de la vida social y deportiva bávara.

Viendo las formas del tal Ismaik (el Sankt Pauli y otros clubs, árbitros, prensa y la Federación se quejaron por el desprecio y las malas formas del 1860 como club con sus rivales) y su pésima gestión deportiva, no veremos pronto a los jugadores blanquicelestes levantar trofeos, como mucho, sus seguidores levantarán cervezas en los bares y en las desangeladas gradas del Allianz, con bufandas como la que tengo yo. Quizás me anime y vaya a apoyarlos un día en el maldito Allianz, y ver probablemente cómo pierden. Es lo que tiene estar con “el Otro”. Pero si San Lorenzo regresó a Boedo, por qué no va el TSV 1860 München regresar al Grünwald Stadion y a la 1ª Bundesliga?

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Foto de Philmensch, fuente

El Muro de Munich

Ya os había dicho que me gustaría hablar de Neuperlach, mi nuevo barrio en Munich. Lo que me gustaría es hacerlo con temas más agradables, pero la actualidad manda, o eso dicen.

El muro de Neuperlach. El Muro de Munich

Al ser humano le encanta construir muros. Cayó el Muro de Berlín, sigue en pie el de Israel, parece que Trump no va a hacer el de la frontera entre México y EEUU, tal y como prometió. El muro lo construyen siempre unos por miedo a los del otro lado, para contenerlos, controlarlos, limitarlos, esto es mío y aquello es vuestro, quedaos ahí, no paséis. Por eso los chinos construyeron su muralla, para contener a los mongoles. La muralla sigue en pie, pero los fieros mongoles invadieron igualmente la vieja China.

Pero estos días andamos a vueltas con otro muro y una polémica que comenzó como muy local, aquí en el distrito muniqués de Rammersdorf-Perlach, barrio de Neuperlach (el mío) pero que ya escaló a nivel muniqués, nacional e internacional. El trasfondo: la construcción de un hogar para refugiados en Nailastrasse en un descampado entre la calle, un conjunto de viviendas unifamiliares a cierta distancia (dato importante, como veremos) y unas naves industriales y comerciales. Y delante del refugio, un muro.

Todos estáis familiarizados con la política alemana con respecto a los refugiados, sobre todo de la guerra de Siria, llevada a cabo por la canciller Merkel y que hace de Alemania de lejos el país más generoso de Europa en términos de acogida. También sabréis que esa política es muy contestada, y se halla entre el apoyo solidario y el rechazo, incluso violento, sucediéndose ataques a hogares de refugiados por parte de grupos de extrema derecha. Curiosamente, uno de los pocos rasgos de humanidad que ha mostrado la señora Merkel puede causarle un daño electoral fatal, a favor de grupos xenófobos y eurófobos como AfD. Ya hablaremos de esos pollos otro día.

Esta violencia hasta ahora no había afectado al estado de Baviera ni a Munich. A pesar de todo, el político local Guido Buchholz denunció a la opinión pública de un muro que rodea parte del recinto del asilo de refugiaos por medio de un vídeo aéreo tomado con un dron. Y estalló el escándalo. Pasó de ser el muro de Nailastrasse a ser el Muro de Neuperlach, y finalmente el Muro de Munich, para estupefacción y vergüenza de sus habitantes, y la mía, que vivo a pocos minutos.

El muro es feo con ganas. Lo son todos los muros, pero este es de récord. Son guijarros metidos en jaulas y apilados posteriormente. Ni un grafiti se puede hacer. Eso sí, luego se pueden plantar enredaderas y darle un toque verde. Qué bonito.

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El muro de la discordia y al fondo el futuro hogar de refugiados
El hogar de refugiados estará concluído a finales de Noviembre.

Que es, en teoría: Varios de los vecinos (exactamente seis) de la colonia de casas contigua exigieron al Ayuntamiento protección sonora por el eventual ruído. El ruído es una cosa seria en Alemania y la simple denuncia de un solo vecino puede parar cualquier infraestructura. Me vienen a la cabeza casos extremos como el cierre de un parque de juegos infantiles o de varios campos de entrenamiento de fútbol por el teórico ruído que molestaba a un único vecino. No sé qué escándalo sonoro pueden armar esas personas viviendo allí, yo estuve en el lugar y aún hay un trecho hasta las siguientes casas, y en el medio hay un camino, campo y árboles. E insisto, aún no han abierto el hogar, así que es poner el parche antes de la herida. Así que contra toda lógica y tras dos años de litigios administrativos entre los preocupados vecinos y el Ayuntamiento, éste erigió contra toda lógica un “muro de protección sonora“, no muy largo, pero sí muy alto.

Que es lo que parece, en la práctica: Un horror urbanístico que apesta a racismo y a xenofobia, con el agravante de estar patrocinado por los poderes públicos. Parece que el refugio no es bienvenido entre varios de estos vecinos y que, simplemente, no quieren verlo y prefieren ignorar con más efectividad la existencia de esta pobre gente. El refugio no es una cárcel ni un CIE, y el muro no limita la libre entrada y salida del recinto. Pero psicológicamente aísla a los refugiados, y es hipócrita exigirles que se integren y simultáneamente ocultarlos detrás de una pared. El ruído parece un pretexto absurdo. Sería como levantar muros entre los edificios para que no se molesten entre sí.

Buchholz denuncia que este muro tiene cuatro metros de altura, algo más que el de Berlín. La autopista Munich-Salzburgo pasa cerca, y para proteger al vecindario del ruído se levantó otro muro de protección sonora… de sólo tres metros de altura. ¿Una autopista es menos ruidosa que un hogar de refugiados? Parece muy iluso justificar la obra por un problema vecinal de contaminación sonora.

Ya hubo movilizaciones en los dos sentidos. Artistas y gente vinculada a proyectos de acogida exigieron la demolición del muro, la extrema derecha amenazó de muerte a Buchholz, los vecinos insisten en que no comprenden la polémica y que es un muro para protegerlos del ruído, y los cargos del distrito se obstinan en que “no es un muro contra los refugiados”. Pero la mayor parte callan.

Mensajes en globos: “Todos sois bienvenidos”
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Lo que cantaban en Berlín en el 89: “El muro debe caer”

Los ánimos están alterados. Cuando estuvimos allí había varios curiosos como nosotros, y además se paró un coche y salió un hombre a hacer una foto con su móvil. Una señora en bicicleta lo increpó, y como buena alemana “bien pensante” le dijo que no estaba permitido hacer fotos, por lo que interpreté que residía por allí. La discusión subió de tono y el hombre, con su razón, le dijo que ela no era “tan importante” para prohibirle hacer fotos en un vía pública, que sólo iba a sacar una fotografía de “esa vergüenza” y que ese muro se levantó “por culpa de gente” como ella. Sacó la imagen, aún discutieron un rato más y al final él se marchó en su coche.

Ojalá los hogares de refugiados dejen de ser necesarios algún día, ojalá esquiven la muerte tantos en el Mediterráneo para acabar en un asilo con un muro semejante delante de sus ojos. Pero esa “vergüenza” de muro de la discordia debe caer, y pronto. Incluso haciendo un gran esfuerzo para creer la versión de esos vecinos y de su inocua intención (“es todo sólo por el ruído”), tan sólo le da alas al racismo, a la discordia y a la división, dificulta la integración de los de un lado del muro y perpetúa los prejuicios de los del otro. Los puentes son para unir, y los muros para dividir, así fue siempre. Y en este país de muros saben bastante, y también de sus consecuencias.

19 de Octubre del 2006

Ice cased Adelie penguins after a blizzard at Cape Denison / photograph by Frank Hurley
State Library of New South Wales. Ice cased Adelie penguins after a blizzard at Cape Denison / photograph by Frank Hurley.  Sin restricciones de Copyright, fuente clicando en la imagen na. Yo la llamo “Alegoría del Castiñeira conociendo en persona el invierno bávaro”.

Dije que no iba a escribir en un tiempo, y así fue durante siete meses. Y esta semana, dos posts. Para este segundo hay una razón, por los números de la fecha de hoy: una efeméride personal. Pero seré breve.

El 19.10.2006, hace exactamente una década, llegaba yo a horas bastante tardías al aeropuerto de Munich. Después tomaría una especie de taxi nocturno hasta la ciudad de Passau, frontera de Baviera con Austria, unos 150 km. A primeros de noviembre comenzaría mi curso de alemán en la Volkshochschule, de la cual no sabía ni pronunciar el nombre. Como ya conté en mis aventuras en mi difunto antiguo blog, estaría cinco meses en la pequeña ciudad fronteriza, nueve años en Regensburg y estos últimos siete meses en la capital del Estado, Munich. Cuento con los dedos, miro otra vez el calendario, las manos a la cabeza.

Diez años en Alemania.

No recuerdo muy bien todos los detalles de aquel 19-Oct, pero me acordaré de esa fecha mientras viva, y pienso que cualquier migrante puede contar lo mismo. Recuerdo también que entonces tenía planes, difusos y susceptibles de modificaciones, como mucho para un año. Como era (¿es?) habitual en mí, no tenía ni idea de si iba a durar en este país, si iba a fracasar, triunfar, si me iba a aburrir yo mismo de la tontería.

Claro que por entonces no sabía alemán, ni había comprobado aún que cada año dura menos y es de peor calidad. Y es que una década a este paso no va a durar ni una mañana. Pero los calendarios no mienten y dicen que llevo diez años de emigrante en este país. Zehn Jahre schon!

Lo que no me dicen los calendarios es si debo celebrarlo, lamentarlo, o reunirlo todo en este revoltijo confuso en el estómago y en la memoria. Porque es la cuarta parte de mi vida y no me gusta poner hitos de “antes” y “después”: hice lo que hice, pasó lo que pasó y el tiempo hizo su trabajo, transcurrir.

Lo que nos queda es la memoria, sobre todo de las cosas buenas y de los errores y aciertos, y también el futuro. No sé desde dónde escribiré dentro de otros diez años. Y menos mal que no lo sé. Pero sea lo que sea, que sigáis ahí. Celebrémoslo o no, venga un brindis.

Múnich

Past and present #München #Regensburg #meulibro #poderiafalardenubes #libros #Bücher

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Si Regensburg, la ciudad que me acogió nueve años, merecía un artículo en este blog, Múnich, que lo hace desde siete meses, no va a ser menos. Una es pasado, el futuro no tengo ni idea de dónde nos va a llevar. Pero el presente es Múnich. Y no está mal.

Comienzo con una confesión: Múnich, en este años ratisbonenses, no era mi ciudad favorita de Alemania, ni de lejos. He venido mucho y por diferentes motivos, y llegué a conocerla bastante bien. A nivel turístico no me impresionó. Bien el casco viejo (Altstadt), la Marienplatz y el Nuevo Ayuntamiento, la Catedral (Frauenkirche) es bastante fea, eso sí… No la percibí como una ciudad fea, pero tampoco le vi el encanto. Pero esto va a ser un ejemplo de cómo visitar una ciudad es una cosa y vivir en ella, otra muy distinta.

Múnic
La Ciudad Vieja: la catedral Frauenkirche y el Nuevo Ayuntamiento.

Procederé por conceptos. Allá voy.

Xigante - Giant

  • Pero tú que haces ahí. Poco espectacular para ser contado. Nos aburrimos de la ciudad donde vivíamos y de los empleos que teníamos y nos decidimos a hacer este cambio. Conseguí un empleo en un hospital de Múnich y la cosa de precipitó bastante rápido.
  • Las cifras y el dinero: Múnich es la capital de Baviera, uno de los estados de uno de los países más ricos de Europa. Sí, la economía va bien. Grandes industrias (BMW, MAN, Siemens…), gran actividad comercial, la burocracia del estado bávaro, la bolsa, bancos, aseguradoras, turismo… Es la tercera ciudad en tamaño de Alemania después de Berlín y Hamburgo, millón y medio de muniqueses y un gran área de influencia. El paro es bajo y la demanda de trabajadores sigue atrayendo a millares de nuevos habitantes cada año. Yo entre ellos.
  • Vivible (lo verde). Si estoy a gusto aquí, es porque noto en muchos aspectos las ventajas de vivir en una ciudad grande pero no los inconvenientes. Lo primero que me llamó la atención: las hectáreas dedicadas la zonas verdes. Un parque inmenso, el Jardín Inglés (Englischer Garten) a ambas orillas del río Isar, otros tres o cuatro parques muy grandes (Nymphenburg, Ostpark…) y cientos de plazas arboladas, parques pequeños o sencillos parques y alamedas entre viviendas. En nuestra calle hay tantos árboles que se ven ardillas corriendo, siempre con prisas. El urbanismo es amable, huyendo de los rascacielos de viviendas (sí de negocios, pero en sus zonas específicas) y las calles están pensadas para las bicicletas. Para su tamaño, es tranquila y segura. Incluso está salpicada de pequeños lagos para bañarse en verano. No es nuestro añorado mar, pero consuela.
Par - Couple
El Englischer Garten
  • Cosas bonitas. Si nos salimos de la postal de la Ciudad Vieja, hay zonas muy bonitas. El parque y el palacio de Nymphenburg, iglesias como la de los Asam, el Jardín Inglés, multitud de museos como la Nueva y la Vieja Pinacoteca, barrios agradables como Lehel, Au o Schwabing, una gran oferta cultural y gastronómica… Fuera del conglomerado urbano pero no muy lejos comienzan los Alpes, la famoso Ruta Romántica, el castillo de Neuschwanstein (el del Rey Loco)… La oferta cultural y de espectáculos (desde ópera y teatro clásico a conciertos, musicales, festivales de cine y literatura) es de primera línea. Los monumentos están marcados por la época de esplendor político de la capital del Reino de Baviera, que no duró mucho como nación independiente pero que dejó su huella en el urbanismo. 

    O pazo mírase no espello
    Palacio de Nymphenburg
  • Las distancias. Sí, lo de las viviendas relativamente bajas y tanta zona verde tiene un efecto: Múnich es una ciudad muy extensa y las distancias se alargan. A pesar de ser el transporte urbano y el tráfico bastante racional y eficiente, es preciso consumir bastante tiempo al día en transportes públicos, que son caros pero de todos modos una opción más práctica que el coche. A no ser que puedas recorrerlo en bici. Yo necesito tres cuartos de hora para ir al trabajo y otro tanto para volver, y puedo considerarme afortunado.
O Surfeiro e o Can - Surfer and Dog
En el arroyo Eisbach, cerca del Isar, hay surferos que van a tomar las olas. Mejor dicho, la ola, porque sólo hay una. Cosas de doiches.
  • La vivenda. Hay que advertir de que a pesar de que los sueldos son más altos, el nivel de vida es caro. Pero lo peor es la situación inmobiliaria. Los alquileres son desorbitados, ya sea en el centro como en las ciudades dormitorio de los aledaños, aquí está el metro cuadrado más caro de la Alemania. La demanda es muy alta y como sufrimos nosotros mismos, no es suficiente con estar dispuesto a pagar un alquiler abusivo. La busca de piso aquí consiste en una presentación de candidaturas, en la que le tienes que caer en gracia a la agencia o al casero y destacar entre docenas de candidatos. Una tortura, pero una vez que conseguiste tu nido, se acabó el problema. Lo malo es el porcentaje de salario que se dedica al inmueble. En mi opinión, las causas: una mezcla entre una oferta baja, una demanda alta y mucho aprovechado.
  • Los “pijos” y arrogantes muniqueses. Sí, ese es el estereotipo, a lo mejor derivado de cuando las clases sociales altas y la nobleza que despreciaban el resto de los bávaros, eminentemente rural. No es para tanto. El muniqués es un bávaro de ciudad. Igual de apegado a las tradiciones y al dialecto, amante de la misma forma de vestirse con el Trachten (traje típico) cuando toca Oktoberfest. Pero, a la fuerza, su visión del mundo es menos cerrada y más cosmopolita. En lo político es un feudo tradicional socialista, mientras que Baviera es un imperio de la CSU, la democracia cristiana conservadora regionalista bávara (cuánto epíteto!).
Invernía en Hofgarten - Winterness in Hofgarten
Los Jardines de la Corte (Hofgarten), contiguos al Palacio Real (Residenz)
  • Extranjeros. La cuarta parte de los habitantes de la ciudad son extranjeros (inmigrantes sin nacionalidad alemana) y la tercera tienen raíces migratorias, aunque poseyendo el pasaporte doiche. Un buen ejemplo es mi vecindario y la cantidad de lenguas que oigo hablar en el metro: turco, árabe, múltiples lenguas eslavas, griego, italiano, español…
  • Gallegos en Múnich. Los hay! Siii! Hay una colonia llegada en los últimos años de la crisis, profesionales cualificados y escapados del paro en nuestro país. Y hubo otra, llegada en los años sesenta y setenta, en su mayor parte ya retornada. Aquella generación se reunía en centros gallegos, de los que ya queda poco. Los nuevos son más de grupos de feisbuc y guasap. Pero lo que importa es buscar una tarde para reunirse y, como buenos gallegos, comer algo bien hecho. Si acabas de llegar a la ciudad, búscanos en el Feis, somos los “Galegos en Baviera”.
  • PaulanerLa cerveza. Baviera es la nación de la cerveza (con permiso de los checos) y Múnich es su capital. Es una religión, pero no el brebaje en sí, sino el evento social que tiene a su alrededor. Los Biergarten o terrazas de la cerveza con el buen tiempo y en el interior de las hermosas Brauhaus en invierno. Seis grandes marcas patrocinan todo y proliferan cientos de pequeñas fábricas (Brauerei), muchas en producciones pequeñas que sólo sirven en sus instalaciones.
Pureza bávara (da cervexa)
Las seis grandes: Augustiner, Hacker-Pschorr, Hofbrau, Löwenbrau, Paulaner y Spaten.
  • El Wiesn. Todos habéis oído hablar de la Oktoberfest, pero los muniqueses de verdad la conocen con el nombre de Wiesn, por donde se celebra (la Theresienwiese, Wiese=Campo, Wiesn en bávaro). A finales de Septiembre (no sé por que le llaman “Fiesta de Octubre”), lo quieras o no, el corazón de Múnich late con una fiesta que atrae millones de visitantes y que se debate entre la tradición y el desencanto del turismo masivo y alcohólico. Pero la Fest merece un artículo entero y no va a ser este.
  • El fútbol. Por supuesto, hay que hablar del monopolio del FC Bayern de Múnich, el club más grande de Alemania (sería en estos tiempos como el Real Madrid si no existiera el Barça en el otro plato de la balanza, o viceversa, como se prefiera) y una multinacional deportiva que trascIende muchos niveles, con cientos de millares de seguidores. En Baviera, es el único club, vivido con más pasión que la misma selección. Pero no es el único club en Múnich. Tenemos el entrañable TSV 1860 Múnich, el Sechziger (“el 60”) o los leones: un pasado glorioso (fueron campeones) y una masa irredenta de fieles, al que una gestión nefasta en las últimas décadas los llevó a la segunda división, graves problemas económicos y a jugar en un campo ajeno, el inmenso e inadecuado Allianz Arena, compartido con el FC Bayern, soñando con un campo propio y volver a la gloria. Adivinad con cuál me identifico más. Mención especial al Unterhaching, equipo de barrio del sur, perdido hoy en la Regionalliga pero que asombró a todos hace dos décadas llegando a jugar en la máxima categoría nacional.

    Allianz Arena
    El Allianz Arena (renombrado por la compañía de seguros). Un estadio que comparten un equipo de Champions y otro que sufre en segunda.
  • Neuperlach, mi barrio. No, no perdáis el tiempo buscándolo y en vuestra guía turística. Ya os hablaré de su idiosincrasia. Tampoco va a ser éste el artículo.

Pues eso, si veis a mi madre decidle que estoy bien y que como de todo. Estoy muy contento con la mudanza. Múnich, por tiempo indefinido, que no definitivo, será nuestro hogar. Iremos contando, poco a poco.

Adiós, servus, Regensburg

Así es. No está este blog para contar mi vida privada, pero los cuatro que entran aquí tendrán que aguantarlo.

Hace nueve años…¡nueve años! Que rápido rueda la bola del tiempo… En fin, hace nueve años y medio, ya lo había contado alguna vez, llegué a la pequeña ciudad de Passau con un billete de ida, una paga del paro exportada de España para tres meses, una maleta llena de jerseis, algo de dinero ahorrado y una matrícula hecha en la Volkshochschule en un curso de Alemán, nivel A1, Intensivo. Un sueño de encarrilar mi vida, y de paso aprender un idioma.

Cuatro o cinco meses después hice una entrevista de trabajo en Regensburg (Ratisbona, en los idiomas latinos), en una pequeña empresa genética. Sonaba tan raro antes como ahora. Con mi nivel atrofiado de Alemán, la entrevista fue, para mí, una debacle. Cinco alemanes jefazos dirigiéndome preguntas y yo sin entenderlas a la tercera repetición, en ocasiones no distinguía tan siquiera que era una pregunta, yo tan sólo asentía como un chimpancé mientras los jefazos teutones miraban desconcertados. Salí de allí noqueado por la realidad de la emigración y de la inconsistencia de mi proyecto, deprimido de veras.

Por alguna razón o confluencia astral, me llamaron y me contrataron. Supongo que la causa fue la expansión bestial de la empresa, que en el 2007 pasó de tener 80 a más de 200 trabajadores, yo entre ellos. Los comienzos fueron duros, de continuos cambios, de crecimiento, expansiones e innovaciones que no siempre salían bien, y yo en el medio, mejorando con el idioma pero nunca tan rápido como hubiera querido. Fue jodido. Y un reto excitante. Lo echo de menos.

Ponte de Pedra - Stone Bridge - Steinerne Brücke, Regensburg

¿Regensburg? Una ciudad de tamaño mediano, tranquila, provinciana dirían algunos, pero que rezuma historia. Un casco histórico Patrimonio de la Humanidad, incluyendo puente medieval y catedral. El fuerte más septentrional del Imperio Romano (del Danubio para allá, todos bárbaros). Esplendor comercial en la Edad Media, Ciudad Imperial del Kaiser, patria de Juan de Austria. Luego el declive, luego la recuperación tras la II Guerra Mundial, impulsada por la industria: Siemens, Infineon, BMW, Reinhausen… pequeño paraíso para los ingenieros, mecánicos y robots, y buena cerveza. Yo soy más de esto último. No dejéis de visitarla (la ciudad y la cerveza) si estáis por Baviera: de las ciudades más hermosas de la Germanía. Para mí, un lugar para comenzar. O recomenzar.

Primeiro Regensburg, logo o mundoLa empresa fue absorbida por una multinacional, y ésta por otra multinacional más grande, cambió de nombre, de jefazos. Los jefes de verdad se sientan en un despacho en Estados Unidos, nosotros no los conocemos ni ellos saben dónde está Regensburg. Ley de vida, pez grande, pez chico. Yo aprendí, crecí, maduré, hice buenos amigos y compañeros, y como todo el mundo, las he vivido de todos los colores. Fuera de la empresa, la relación que me había traído a Alemania se desintegró, me fui adaptando al país, hoy estoy casado y feliz de estarlo, llenos de planes e ilusiones.

Nueve años después, acabo el 31 de Marzo en la empresa. Ya he acabado, en realidad, estoy de vacaciones. El 31 será el jueves, y ese mismo día cogeré un tren hacia Munich. Allí comenzaré de nuevo, en un nuevo empleo: en el laboratorio de un hospital, vuelta a la clínica, al servicio público, fuera de la empresa privada. Ilusión y miedo, de eso también está hecha la vida. Y agobio por no conseguir una vivienda en la capital bávara, tarea dura y frustrante, pero se solucionará. Estamos seguros.

Aún no dejo Alemania ni regreso a mi tierra, que es lo que me gustaría… pero dejo Ratisbona. Fue una buena amiga, espero que la urbe bávara, Munich, München (me encanta como la llaman los italianos: Monaco di Baviera), Minga en bávaro (léase “Min-a”, con “n” velar) me acoja bien. Perdón. Que nos acoja bien, a los dos. Deséenme suerte y yo les iré contando.

Múnic

Ya sé que había prometido silencio textual, y así seguirá, esto sólo fue una excepción. Regensburg se lo merecía.

Un paso atrás (De por qué dejar de escribir es bueno para escribir)

 

Untitled

 Untitled, de Smithsonian Institution

 

Ya os habréis dado cuenta: no estoy muy activo últimamente en lo que atañe a la escritura. Tanto en este blog como en mis relatos y en otros proyectos. No, no estoy escribiendo en secreto y en un tiempo sacaré un “bombazo”. Ojalá fuese eso, pero no.

No estoy escribiendo. Casi ninguna línea.

Y no pasa nada. En serio. Estoy muy bien, muy ilusionado por muchas cosas.

Yo no lo llamaría “crisis creativa” ni “bloqueo de escritor”. Acaso lo haya sido antes, ahora ya no. Sencillamente, en el último año estuve enfrascado en cambios personales muy grandes, todos positivos, y ahora también estoy metido en otros proyectos y mudanzas que no tienen nada que ver con la literatura. El tiempo es escaso, pero no es ese el problema, y sí la concentración, la dedicación y la energía. Así que salgo de la rueda.

Antes de eso si que hubo algo semejante a una crisis de escritor, lo reconozco. Me replanteé mi rol como autor, me bloqueé con mis textos y planes literarios, tan sólo saqué cosillas que me dejaron insatisfecho, me autoinflingí presión desde la publicación de “Podría hablar de nubes“. Me metí en un callejón sin salida bastante absurdo.

Así que decidí dar un paso atrás. O a un lado, según se mire. Me quité presión. Y soy más feliz. Ni tan siquiera es una decisión, tan sólo constato un hecho espontáneo. Ya no escribía con anterioridad, tan sólo dejé atrás el remordimiento.

¿He dejado de escribir definitivamente? Creo que no. Algún día volveré, estoy seguro, lo llevo dentro. Pero ahora no es el momento. Prefiero concentrarme en lo que estoy viviendo. Prefiero que se dé de una manera natural, no impostada. Y hacer cosas que me realicen y que me exijan, no plagiarme a mí mismo e ir por caminos que tengo más que trillados. Sería injusto con la literatura, que tanto me ha dado. La escritura será excitante, divertida, peligrosa, incierta… o no será. Si el escritor no se divierte ni se emociona, el lector tampoco.

Tampoco es esta una pueril llamada de atención para provocaros un “Oooh, porfa, no nos dejes”, para alimentar mi famélico ego y volver al carril de siempre, diciendo “Bueeeno”. De verdad, no se trata de eso, es algo que siempre he aborrecido. Mi escritura es perfectamente prescindible para la literatura gallega y para la Literatura, en mayúsculas, tan sólo quiero ver si ella es prescindible para mí. Pero queda una poca gente a la que le gusta leer lo que escribo y pensé que se merecían una explicación. Breve, porque hay cosas más importantes de las que preocuparse.

Y con este blog, otro tanto. Contaré cosas que me motiven, si no, seguiré a lo mío. Pido disculpas a los afectados. Aunque no pase nada.