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TSV 1860: Los Leones de Munich

Ya sé que soy pesado con los posts sobre fútbol, y ya no digamos con los de fútbol alemán. Pero esto, por cercanía, me apetecía escribirlo. A ti leerlo, ya no lo sé.

Hace muchos años, incluso antes de siquiera haber pisado yo Alemania, el amigo Romeiruga estuvo por Munich y me trajo de recuerdo una bufanda futbolera, “del equipo de Munich”. Yo no reconocí los colores celeste y blanco en mi única referencia futbolística de aquella (por entonces) remota ciudad bávara, e inquirí: “¿Del Bayern de Munich?”. Y el respondió: “No. DEL OTRO“. El otro es, y seguirá siéndolo, el TSV 1860 München.

Vereinswappen des TSV 1860 München
Escudo do TSV 1860 de Múnic. Fonte: By Gaspard (de.wikipedia.org) [Public domain], via Wikimedia Commons
Su nombre completo es el Turn- und Sportverein 1860 München, haciendo su número alusión a su fecha fundacional. Más de 170 años de antigüedad, aunque creo que no como club de fútbol en su inicio, si no como asociación de “Turn”, o sea, de gimnasia de la época y otros deportes. Pero nadie lo conoce con ese nombrem sino más bien como los “Sechszger” o “60er” (los “sesenta”) o los “Löwen” (los Leones), como la figura de su escudo. Si sus vecinos del FC Bayern se quedaron con el nombre del Estado de Baviera (Bayern), los Sesentas se apropiaron del león y los colores celeste y blanco, emblema y colores del escudo y bandera bávaros.

Es difícil encontrar un club tan a la sombra de otro, tan sometido a comparaciones y tan condenado a ser derrotado en las mismas. Si Munich fuera Madrid, el Bayern sería el Real y el 1860 no sería el Atlético, sino el Rayo Vallecano o aún menos. Atascado en la segunda Bundesliga, con perennes problemas económicos y sin casa propia, todo producto de la fatalidad, los reveses del fútbol moderno y, también hay que decirlo, de una nefasta gestión en las últimas décadas.

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“El gran amor de Munich”. Fuente y derechos

Porque los Leones están heridos y deprimidos, pero lamen sus heridas recordando su historia. Fueron campeones de la Bundesliga en 1966, y tuvieron su época dorada en los años sesenta, en los que además ganaron una Copa de Alemania (tenían otra de 1942) y llegaron a la final de la antigua Recopa. Pero, como si tuviese relación inversamente proporcional, apareció el FC Bayern. Sus vecinos, con un mediocre palmarés hasta 1969 (un campeonato en los años 30), explotaron en los años setenta con aquellos Beckenbauer, Maier, Hoeness y Gerd Müller. Ganaron ligas y Copas de Europa y construyeron inteligentemente el club que son hoy en día: el más poderoso de Alemania, el Rekordmeister, y uno de los primeros del mundo. No caen simpáticos. Tampoco lo pretenden.

https://www.instagram.com/p/BSl44TagGM0/

(Encima, los vencedores de la Bundesliga en 1966. Equipazo. Fuente clicando en la imagen)

¿Y el 1860? Comenzó en los setenta una montaña rusa con más bajadas que subidas. Sólo cinco años después del campeonato perdieron la categoría, y tras varios ascensos y descensos sin consolidarse en primera, les retiraron la licencia en el 1982 por deudas y chanchullos financieros varios, probando la hiel de la Bayernliga, la división regional. Con este panorama, viendo los aficionados a su querido club pasar de ser el primer club de la ciudad, por encima del Bayern, a ser unos donnadie vagando por campos de tierra, mientras los aborrecidos vecinos edificaban un imperio, lo más difícil era levantarse.

Y lo hicieron. En 1994 regresaban a la Bundesliga, y permanecerían diez años. Y nada mal: participaron dos veces en la Copa de la UEFA y una en la Champions, y vencieron en varios derbis contra los malditos vecinos de la Säbener Strasse. Desde el 2004 penan otra vez por la segunda Bundesliga, y otra vez (siempre es la misma vez) con penurias económicas. En el 2011 se hizo dueño del club un inversor jordano bastante fantasmón y antipático, Hasan Ismaik.

Recapitulando, este modesto equipo muniqués tiene una liga y dos copas, participaciones en las tres copas que había en el continente (¡qué nostalgia de la UEFA y la Recopa!) y jugadores, por mencionar sólo los de las últimas décadas, como Rudi Völler, Hässler, Jeremies, Abedi Pelé, Martin Max (dos veces pichichi defendiendo el escudo del León), los hermanos Bender y hasta Davor Suker vino por aquí en el crepúsculo de su carrera.

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Jens Jeremies, futuro internacional, defendiendo la camiseta de los Leones frente al Bayern. En el 1998 ficharía por los eternos rivales. No fue obstáculo para que en el 2000 los 60er ganaran el derby muniqués… con gol de Jeremies. En propia puerta. El Dios Fútbol tiene sentido del humor.

El FC Bayern es el equipo más seguido de Alemania y una verdadera religión en Baviera. Los apoyos del 1860 fuera de las lindes de Munich son escasos, incluso en Baviera, pero dentro de la ciudad impregnan su huella sus 20000 socios, fieles a sus colores contra toda lógica, hinchando para “El Otro”, a sabiendas de que no van a levantar nunca una Champions y el otro club de la ciudad sí. Sus simpatías se expanden por toda la ciudad, sobre todo donde las antipatías de los “rojos” crecen (el FCB es el equipo oficioso de la CSU, el partido conservador que gobierna Baviera desde el fin de la guerra).

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El avejentado estadio Grünwald. Fotos de Philmensch, Fuente

51Otra cosa que llama la atención es que los Sesenta son casi unos sintecho, un equipo sin casa. Cualquier fanático dirá que su casa es el estadio municipal de Grünwald, en el barrio popular de Giesing. Por desgracia, tuvieron que abandonarlo para jugar primero en el Estadio Olímpico, al no reunir el vetusto Grünwald las condiciones que marcaba la federación alemana para la primera y la segunda Bundesliga. Después el Bayern y el 1860 decidieron construir juntos el imponente Allianz Arena, un estadio Champions que sirve de hogar a ambos equipos. Curiosamente, cambia de color cuando juega cada equipo, rojo con el Bayern, azul con el 1860.

Muy limpio no debió de ser el proceso cuando procesaron al presidente del 1860, Wildmoser, y a su hijo por sobornos y trampas alrededor de la construcción del estadio. El flamante estadio, por su parte, no sólo no hizo más grande a los Leones, si no que resultó una pesada carga para el futuro de éstos, y en general, una pésima idea. El frío, moderno y enorme Allianz es un escenario ideal para un equipo “Champions” como el Bayern, pero ridículamente sobredimensionado para un modesto club de segunda división como el 1860. Por encima, tras su enésima crisis económica tuvieron que vender su parte a sus socios del FC Bayern, pasando a pagar un alquiler también excesivo y gravoso para las arcas del club. La situación es esta: están pagando para estar donde no quieren, quieren marcharse y el Bayern también quiere que se marchen (Hoeness les ofreció una banda de música de viento para acompañarlos en su salida), pero la solución no parece fácil.

Allianz Arena
El magnífico Allianz Arena. Demasiado magnífico para el 1860

En el 2015, tras una pésima temporada en segunda, tuvieron que jugar la promoción de descenso a la 3ª Bundesliga. A los fans se les dilataron las pupilas: en tercera división sí que podrían jugar en su añorado Grünwald Stadion, ya que las restricciones para el mismo sólo afectaban a la 1ª y 2ª división. Pero vencieron en la promoción al Holstein Kiel y permanecieron en Segunda y en el Allianz. Así son los Leones: incluso ganando, pierden. También lejos del césped: el Ayuntamiento rechazó reformar el estadio Grünwald, imposibilitando la vuelta de los Leones a su casa. Pero Ismaik promete hacerlo antes del 2025. No sé cómo, conociendo la economía del club.

En cuanto a la gestión sentimental, hace falta ya una dosis de realismo y olvidarse de esa absurda rivalidad con el Bayern, en la que sólo se puede salir perdiendo. El Bayern está en otro planeta, no se puede rivalizar con una multinacional deportiva que tiene nosécuantas ligas y copas de Europa y contra el que juegas cero veces al año porque te pudres en segunda desde hace una década. Es más, el club rojo ayudó económicamente en ocasiones al azul en varias y apuradas ocasiones. Es mejor centrarse en el capital social y su presencia en la ciudad, su tradición, historia y futuro, sin mirar continuamente a los vecinos. Su “muniquismo”, sus raíces en la ciudad, frente al “globalismo” de los de rojo. Difícil.

En cuanto a lo social, 1860 y Bayern quieren presumir de tener unas gradas libres de extrema derecha y neonazis. Hay iniciativas como”Löwen Fans gegen Rechts” (Hinchas de los Leones contra la extrema derecha) que buscan por un lado extirpar ese virus en las gradas ultra de todos los equipos del mundo, el neonazismo y el racismo. Por otro, ahondan en la memoria histórica, dolorosa, ya que el 1860 fue muy favorecido por el III Reich, y hay manchas que no se limpian ocultándolas, sino con transparencia. El Bayern sufrió en esos oscuros años todo lo contrario, fue etiquetado como “club judío” y barrido de la vida social y deportiva bávara.

Viendo las formas del tal Ismaik (el Sankt Pauli y otros clubs, árbitros, prensa y la Federación se quejaron por el desprecio y las malas formas del 1860 como club con sus rivales) y su pésima gestión deportiva, no veremos pronto a los jugadores blanquicelestes levantar trofeos, como mucho, sus seguidores levantarán cervezas en los bares y en las desangeladas gradas del Allianz, con bufandas como la que tengo yo. Quizás me anime y vaya a apoyarlos un día en el maldito Allianz, y ver probablemente cómo pierden. Es lo que tiene estar con “el Otro”. Pero si San Lorenzo regresó a Boedo, por qué no va el TSV 1860 München regresar al Grünwald Stadion y a la 1ª Bundesliga?

NOTA: Tras el descenso deportivo a 3ª, Hasan Ismaik se negó a pagar la licencia de esa división, siendo el club descendido una categoría aún más abajo, a Regional (4ª categoría del fútbol alemán y bávaro). Hoy Ismaik está fuera del club, los 60 lideran la tabla de la Regionalliga y juegan en el añorado Grünwälderstadion de Giesing, ya que éste sí que está autorizado para acoger partidos de esa categoría. Veremos no sólo si ascienden, sino si consiguen reconstruir el club económicamente.

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Foto de Philmensch, fuente

El Muro de Munich

Ya os había dicho que me gustaría hablar de Neuperlach, mi nuevo barrio en Munich. Lo que me gustaría es hacerlo con temas más agradables, pero la actualidad manda, o eso dicen.

El muro de Neuperlach. El Muro de Munich

Al ser humano le encanta construir muros. Cayó el Muro de Berlín, sigue en pie el de Israel, parece que Trump no va a hacer el de la frontera entre México y EEUU, tal y como prometió. El muro lo construyen siempre unos por miedo a los del otro lado, para contenerlos, controlarlos, limitarlos, esto es mío y aquello es vuestro, quedaos ahí, no paséis. Por eso los chinos construyeron su muralla, para contener a los mongoles. La muralla sigue en pie, pero los fieros mongoles invadieron igualmente la vieja China.

Pero estos días andamos a vueltas con otro muro y una polémica que comenzó como muy local, aquí en el distrito muniqués de Rammersdorf-Perlach, barrio de Neuperlach (el mío) pero que ya escaló a nivel muniqués, nacional e internacional. El trasfondo: la construcción de un hogar para refugiados en Nailastrasse en un descampado entre la calle, un conjunto de viviendas unifamiliares a cierta distancia (dato importante, como veremos) y unas naves industriales y comerciales. Y delante del refugio, un muro.

Todos estáis familiarizados con la política alemana con respecto a los refugiados, sobre todo de la guerra de Siria, llevada a cabo por la canciller Merkel y que hace de Alemania de lejos el país más generoso de Europa en términos de acogida. También sabréis que esa política es muy contestada, y se halla entre el apoyo solidario y el rechazo, incluso violento, sucediéndose ataques a hogares de refugiados por parte de grupos de extrema derecha. Curiosamente, uno de los pocos rasgos de humanidad que ha mostrado la señora Merkel puede causarle un daño electoral fatal, a favor de grupos xenófobos y eurófobos como AfD. Ya hablaremos de esos pollos otro día.

Esta violencia hasta ahora no había afectado al estado de Baviera ni a Munich. A pesar de todo, el político local Guido Buchholz denunció a la opinión pública de un muro que rodea parte del recinto del asilo de refugiaos por medio de un vídeo aéreo tomado con un dron. Y estalló el escándalo. Pasó de ser el muro de Nailastrasse a ser el Muro de Neuperlach, y finalmente el Muro de Munich, para estupefacción y vergüenza de sus habitantes, y la mía, que vivo a pocos minutos.

El muro es feo con ganas. Lo son todos los muros, pero este es de récord. Son guijarros metidos en jaulas y apilados posteriormente. Ni un grafiti se puede hacer. Eso sí, luego se pueden plantar enredaderas y darle un toque verde. Qué bonito.

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El muro de la discordia y al fondo el futuro hogar de refugiados
El hogar de refugiados estará concluído a finales de Noviembre.

Que es, en teoría: Varios de los vecinos (exactamente seis) de la colonia de casas contigua exigieron al Ayuntamiento protección sonora por el eventual ruído. El ruído es una cosa seria en Alemania y la simple denuncia de un solo vecino puede parar cualquier infraestructura. Me vienen a la cabeza casos extremos como el cierre de un parque de juegos infantiles o de varios campos de entrenamiento de fútbol por el teórico ruído que molestaba a un único vecino. No sé qué escándalo sonoro pueden armar esas personas viviendo allí, yo estuve en el lugar y aún hay un trecho hasta las siguientes casas, y en el medio hay un camino, campo y árboles. E insisto, aún no han abierto el hogar, así que es poner el parche antes de la herida. Así que contra toda lógica y tras dos años de litigios administrativos entre los preocupados vecinos y el Ayuntamiento, éste erigió contra toda lógica un “muro de protección sonora“, no muy largo, pero sí muy alto.

Que es lo que parece, en la práctica: Un horror urbanístico que apesta a racismo y a xenofobia, con el agravante de estar patrocinado por los poderes públicos. Parece que el refugio no es bienvenido entre varios de estos vecinos y que, simplemente, no quieren verlo y prefieren ignorar con más efectividad la existencia de esta pobre gente. El refugio no es una cárcel ni un CIE, y el muro no limita la libre entrada y salida del recinto. Pero psicológicamente aísla a los refugiados, y es hipócrita exigirles que se integren y simultáneamente ocultarlos detrás de una pared. El ruído parece un pretexto absurdo. Sería como levantar muros entre los edificios para que no se molesten entre sí.

Buchholz denuncia que este muro tiene cuatro metros de altura, algo más que el de Berlín. La autopista Munich-Salzburgo pasa cerca, y para proteger al vecindario del ruído se levantó otro muro de protección sonora… de sólo tres metros de altura. ¿Una autopista es menos ruidosa que un hogar de refugiados? Parece muy iluso justificar la obra por un problema vecinal de contaminación sonora.

Ya hubo movilizaciones en los dos sentidos. Artistas y gente vinculada a proyectos de acogida exigieron la demolición del muro, la extrema derecha amenazó de muerte a Buchholz, los vecinos insisten en que no comprenden la polémica y que es un muro para protegerlos del ruído, y los cargos del distrito se obstinan en que “no es un muro contra los refugiados”. Pero la mayor parte callan.

Mensajes en globos: “Todos sois bienvenidos”
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Lo que cantaban en Berlín en el 89: “El muro debe caer”

Los ánimos están alterados. Cuando estuvimos allí había varios curiosos como nosotros, y además se paró un coche y salió un hombre a hacer una foto con su móvil. Una señora en bicicleta lo increpó, y como buena alemana “bien pensante” le dijo que no estaba permitido hacer fotos, por lo que interpreté que residía por allí. La discusión subió de tono y el hombre, con su razón, le dijo que ela no era “tan importante” para prohibirle hacer fotos en un vía pública, que sólo iba a sacar una fotografía de “esa vergüenza” y que ese muro se levantó “por culpa de gente” como ella. Sacó la imagen, aún discutieron un rato más y al final él se marchó en su coche.

Ojalá los hogares de refugiados dejen de ser necesarios algún día, ojalá esquiven la muerte tantos en el Mediterráneo para acabar en un asilo con un muro semejante delante de sus ojos. Pero esa “vergüenza” de muro de la discordia debe caer, y pronto. Incluso haciendo un gran esfuerzo para creer la versión de esos vecinos y de su inocua intención (“es todo sólo por el ruído”), tan sólo le da alas al racismo, a la discordia y a la división, dificulta la integración de los de un lado del muro y perpetúa los prejuicios de los del otro. Los puentes son para unir, y los muros para dividir, así fue siempre. Y en este país de muros saben bastante, y también de sus consecuencias.

19 de Octubre del 2006

Ice cased Adelie penguins after a blizzard at Cape Denison / photograph by Frank Hurley
State Library of New South Wales. Ice cased Adelie penguins after a blizzard at Cape Denison / photograph by Frank Hurley.  Sin restricciones de Copyright, fuente clicando en la imagen na. Yo la llamo “Alegoría del Castiñeira conociendo en persona el invierno bávaro”.

Dije que no iba a escribir en un tiempo, y así fue durante siete meses. Y esta semana, dos posts. Para este segundo hay una razón, por los números de la fecha de hoy: una efeméride personal. Pero seré breve.

El 19.10.2006, hace exactamente una década, llegaba yo a horas bastante tardías al aeropuerto de Munich. Después tomaría una especie de taxi nocturno hasta la ciudad de Passau, frontera de Baviera con Austria, unos 150 km. A primeros de noviembre comenzaría mi curso de alemán en la Volkshochschule, de la cual no sabía ni pronunciar el nombre. Como ya conté en mis aventuras en mi difunto antiguo blog, estaría cinco meses en la pequeña ciudad fronteriza, nueve años en Regensburg y estos últimos siete meses en la capital del Estado, Munich. Cuento con los dedos, miro otra vez el calendario, las manos a la cabeza.

Diez años en Alemania.

No recuerdo muy bien todos los detalles de aquel 19-Oct, pero me acordaré de esa fecha mientras viva, y pienso que cualquier migrante puede contar lo mismo. Recuerdo también que entonces tenía planes, difusos y susceptibles de modificaciones, como mucho para un año. Como era (¿es?) habitual en mí, no tenía ni idea de si iba a durar en este país, si iba a fracasar, triunfar, si me iba a aburrir yo mismo de la tontería.

Claro que por entonces no sabía alemán, ni había comprobado aún que cada año dura menos y es de peor calidad. Y es que una década a este paso no va a durar ni una mañana. Pero los calendarios no mienten y dicen que llevo diez años de emigrante en este país. Zehn Jahre schon!

Lo que no me dicen los calendarios es si debo celebrarlo, lamentarlo, o reunirlo todo en este revoltijo confuso en el estómago y en la memoria. Porque es la cuarta parte de mi vida y no me gusta poner hitos de “antes” y “después”: hice lo que hice, pasó lo que pasó y el tiempo hizo su trabajo, transcurrir.

Lo que nos queda es la memoria, sobre todo de las cosas buenas y de los errores y aciertos, y también el futuro. No sé desde dónde escribiré dentro de otros diez años. Y menos mal que no lo sé. Pero sea lo que sea, que sigáis ahí. Celebrémoslo o no, venga un brindis.

Múnich

Si Regensburg, la ciudad que me acogió nueve años, merecía un artículo en este blog, Múnich, que lo hace desde siete meses, no va a ser menos. Una es pasado, el futuro no tengo ni idea de dónde nos va a llevar. Pero el presente es Múnich. Y no está mal.

Comienzo con una confesión: Múnich, en este años ratisbonenses, no era mi ciudad favorita de Alemania, ni de lejos. He venido mucho y por diferentes motivos, y llegué a conocerla bastante bien. A nivel turístico no me impresionó. Bien el casco viejo (Altstadt), la Marienplatz y el Nuevo Ayuntamiento, la Catedral (Frauenkirche) es bastante fea, eso sí… No la percibí como una ciudad fea, pero tampoco le vi el encanto. Pero esto va a ser un ejemplo de cómo visitar una ciudad es una cosa y vivir en ella, otra muy distinta.

Múnic
La Ciudad Vieja: la catedral Frauenkirche y el Nuevo Ayuntamiento.

Procederé por conceptos. Allá voy.

Xigante - Giant

  • Pero tú que haces ahí. Poco espectacular para ser contado. Nos aburrimos de la ciudad donde vivíamos y de los empleos que teníamos y nos decidimos a hacer este cambio. Conseguí un empleo en un hospital de Múnich y la cosa de precipitó bastante rápido.
  • Las cifras y el dinero: Múnich es la capital de Baviera, uno de los estados de uno de los países más ricos de Europa. Sí, la economía va bien. Grandes industrias (BMW, MAN, Siemens…), gran actividad comercial, la burocracia del estado bávaro, la bolsa, bancos, aseguradoras, turismo… Es la tercera ciudad en tamaño de Alemania después de Berlín y Hamburgo, millón y medio de muniqueses y un gran área de influencia. El paro es bajo y la demanda de trabajadores sigue atrayendo a millares de nuevos habitantes cada año. Yo entre ellos.
  • Vivible (lo verde). Si estoy a gusto aquí, es porque noto en muchos aspectos las ventajas de vivir en una ciudad grande pero no los inconvenientes. Lo primero que me llamó la atención: las hectáreas dedicadas la zonas verdes. Un parque inmenso, el Jardín Inglés (Englischer Garten) a ambas orillas del río Isar, otros tres o cuatro parques muy grandes (Nymphenburg, Ostpark…) y cientos de plazas arboladas, parques pequeños o sencillos parques y alamedas entre viviendas. En nuestra calle hay tantos árboles que se ven ardillas corriendo, siempre con prisas. El urbanismo es amable, huyendo de los rascacielos de viviendas (sí de negocios, pero en sus zonas específicas) y las calles están pensadas para las bicicletas. Para su tamaño, es tranquila y segura. Incluso está salpicada de pequeños lagos para bañarse en verano. No es nuestro añorado mar, pero consuela.
Par - Couple
El Englischer Garten
  • Cosas bonitas. Si nos salimos de la postal de la Ciudad Vieja, hay zonas muy bonitas. El parque y el palacio de Nymphenburg, iglesias como la de los Asam, el Jardín Inglés, multitud de museos como la Nueva y la Vieja Pinacoteca, barrios agradables como Lehel, Au o Schwabing, una gran oferta cultural y gastronómica… Fuera del conglomerado urbano pero no muy lejos comienzan los Alpes, la famoso Ruta Romántica, el castillo de Neuschwanstein (el del Rey Loco)… La oferta cultural y de espectáculos (desde ópera y teatro clásico a conciertos, musicales, festivales de cine y literatura) es de primera línea. Los monumentos están marcados por la época de esplendor político de la capital del Reino de Baviera, que no duró mucho como nación independiente pero que dejó su huella en el urbanismo. 

    O pazo mírase no espello
    Palacio de Nymphenburg
  • Las distancias. Sí, lo de las viviendas relativamente bajas y tanta zona verde tiene un efecto: Múnich es una ciudad muy extensa y las distancias se alargan. A pesar de ser el transporte urbano y el tráfico bastante racional y eficiente, es preciso consumir bastante tiempo al día en transportes públicos, que son caros pero de todos modos una opción más práctica que el coche. A no ser que puedas recorrerlo en bici. Yo necesito tres cuartos de hora para ir al trabajo y otro tanto para volver, y puedo considerarme afortunado.
O Surfeiro e o Can - Surfer and Dog
En el arroyo Eisbach, cerca del Isar, hay surferos que van a tomar las olas. Mejor dicho, la ola, porque sólo hay una. Cosas de doiches.
  • La vivenda. Hay que advertir de que a pesar de que los sueldos son más altos, el nivel de vida es caro. Pero lo peor es la situación inmobiliaria. Los alquileres son desorbitados, ya sea en el centro como en las ciudades dormitorio de los aledaños, aquí está el metro cuadrado más caro de la Alemania. La demanda es muy alta y como sufrimos nosotros mismos, no es suficiente con estar dispuesto a pagar un alquiler abusivo. La busca de piso aquí consiste en una presentación de candidaturas, en la que le tienes que caer en gracia a la agencia o al casero y destacar entre docenas de candidatos. Una tortura, pero una vez que conseguiste tu nido, se acabó el problema. Lo malo es el porcentaje de salario que se dedica al inmueble. En mi opinión, las causas: una mezcla entre una oferta baja, una demanda alta y mucho aprovechado.
  • Los “pijos” y arrogantes muniqueses. Sí, ese es el estereotipo, a lo mejor derivado de cuando las clases sociales altas y la nobleza que despreciaban el resto de los bávaros, eminentemente rural. No es para tanto. El muniqués es un bávaro de ciudad. Igual de apegado a las tradiciones y al dialecto, amante de la misma forma de vestirse con el Trachten (traje típico) cuando toca Oktoberfest. Pero, a la fuerza, su visión del mundo es menos cerrada y más cosmopolita. En lo político es un feudo tradicional socialista, mientras que Baviera es un imperio de la CSU, la democracia cristiana conservadora regionalista bávara (cuánto epíteto!).
Invernía en Hofgarten - Winterness in Hofgarten
Los Jardines de la Corte (Hofgarten), contiguos al Palacio Real (Residenz)
  • Extranjeros. La cuarta parte de los habitantes de la ciudad son extranjeros (inmigrantes sin nacionalidad alemana) y la tercera tienen raíces migratorias, aunque poseyendo el pasaporte doiche. Un buen ejemplo es mi vecindario y la cantidad de lenguas que oigo hablar en el metro: turco, árabe, múltiples lenguas eslavas, griego, italiano, español…
  • Gallegos en Múnich. Los hay! Siii! Hay una colonia llegada en los últimos años de la crisis, profesionales cualificados y escapados del paro en nuestro país. Y hubo otra, llegada en los años sesenta y setenta, en su mayor parte ya retornada. Aquella generación se reunía en centros gallegos, de los que ya queda poco. Los nuevos son más de grupos de feisbuc y guasap. Pero lo que importa es buscar una tarde para reunirse y, como buenos gallegos, comer algo bien hecho. Si acabas de llegar a la ciudad, búscanos en el Feis, somos los “Galegos en Baviera”.
  • PaulanerLa cerveza. Baviera es la nación de la cerveza (con permiso de los checos) y Múnich es su capital. Es una religión, pero no el brebaje en sí, sino el evento social que tiene a su alrededor. Los Biergarten o terrazas de la cerveza con el buen tiempo y en el interior de las hermosas Brauhaus en invierno. Seis grandes marcas patrocinan todo y proliferan cientos de pequeñas fábricas (Brauerei), muchas en producciones pequeñas que sólo sirven en sus instalaciones.
Pureza bávara (da cervexa)
Las seis grandes: Augustiner, Hacker-Pschorr, Hofbrau, Löwenbrau, Paulaner y Spaten.
  • El Wiesn. Todos habéis oído hablar de la Oktoberfest, pero los muniqueses de verdad la conocen con el nombre de Wiesn, por donde se celebra (la Theresienwiese, Wiese=Campo, Wiesn en bávaro). A finales de Septiembre (no sé por que le llaman “Fiesta de Octubre”), lo quieras o no, el corazón de Múnich late con una fiesta que atrae millones de visitantes y que se debate entre la tradición y el desencanto del turismo masivo y alcohólico. Pero la Fest merece un artículo entero y no va a ser este.
  • El fútbol. Por supuesto, hay que hablar del monopolio del FC Bayern de Múnich, el club más grande de Alemania (sería en estos tiempos como el Real Madrid si no existiera el Barça en el otro plato de la balanza, o viceversa, como se prefiera) y una multinacional deportiva que trascIende muchos niveles, con cientos de millares de seguidores. En Baviera, es el único club, vivido con más pasión que la misma selección. Pero no es el único club en Múnich. Tenemos el entrañable TSV 1860 Múnich, el Sechziger (“el 60”) o los leones: un pasado glorioso (fueron campeones) y una masa irredenta de fieles, al que una gestión nefasta en las últimas décadas los llevó a la segunda división, graves problemas económicos y a jugar en un campo ajeno, el inmenso e inadecuado Allianz Arena, compartido con el FC Bayern, soñando con un campo propio y volver a la gloria. Adivinad con cuál me identifico más. Mención especial al Unterhaching, equipo de barrio del sur, perdido hoy en la Regionalliga pero que asombró a todos hace dos décadas llegando a jugar en la máxima categoría nacional.

    Allianz Arena
    El Allianz Arena (renombrado por la compañía de seguros). Un estadio que comparten un equipo de Champions y otro que sufre en segunda.
  • Neuperlach, mi barrio. No, no perdáis el tiempo buscándolo y en vuestra guía turística. Ya os hablaré de su idiosincrasia. Tampoco va a ser éste el artículo.

Pues eso, si veis a mi madre decidle que estoy bien y que como de todo. Estoy muy contento con la mudanza. Múnich, por tiempo indefinido, que no definitivo, será nuestro hogar. Iremos contando, poco a poco.

Adiós, servus, Regensburg

Así es. No está este blog para contar mi vida privada, pero los cuatro que entran aquí tendrán que aguantarlo.

Hace nueve años…¡nueve años! Que rápido rueda la bola del tiempo… En fin, hace nueve años y medio, ya lo había contado alguna vez, llegué a la pequeña ciudad de Passau con un billete de ida, una paga del paro exportada de España para tres meses, una maleta llena de jerseis, algo de dinero ahorrado y una matrícula hecha en la Volkshochschule en un curso de Alemán, nivel A1, Intensivo. Un sueño de encarrilar mi vida, y de paso aprender un idioma.

Cuatro o cinco meses después hice una entrevista de trabajo en Regensburg (Ratisbona, en los idiomas latinos), en una pequeña empresa genética. Sonaba tan raro antes como ahora. Con mi nivel atrofiado de Alemán, la entrevista fue, para mí, una debacle. Cinco alemanes jefazos dirigiéndome preguntas y yo sin entenderlas a la tercera repetición, en ocasiones no distinguía tan siquiera que era una pregunta, yo tan sólo asentía como un chimpancé mientras los jefazos teutones miraban desconcertados. Salí de allí noqueado por la realidad de la emigración y de la inconsistencia de mi proyecto, deprimido de veras.

Por alguna razón o confluencia astral, me llamaron y me contrataron. Supongo que la causa fue la expansión bestial de la empresa, que en el 2007 pasó de tener 80 a más de 200 trabajadores, yo entre ellos. Los comienzos fueron duros, de continuos cambios, de crecimiento, expansiones e innovaciones que no siempre salían bien, y yo en el medio, mejorando con el idioma pero nunca tan rápido como hubiera querido. Fue jodido. Y un reto excitante. Lo echo de menos.

Ponte de Pedra - Stone Bridge - Steinerne Brücke, Regensburg

¿Regensburg? Una ciudad de tamaño mediano, tranquila, provinciana dirían algunos, pero que rezuma historia. Un casco histórico Patrimonio de la Humanidad, incluyendo puente medieval y catedral. El fuerte más septentrional del Imperio Romano (del Danubio para allá, todos bárbaros). Esplendor comercial en la Edad Media, Ciudad Imperial del Kaiser, patria de Juan de Austria. Luego el declive, luego la recuperación tras la II Guerra Mundial, impulsada por la industria: Siemens, Infineon, BMW, Reinhausen… pequeño paraíso para los ingenieros, mecánicos y robots, y buena cerveza. Yo soy más de esto último. No dejéis de visitarla (la ciudad y la cerveza) si estáis por Baviera: de las ciudades más hermosas de la Germanía. Para mí, un lugar para comenzar. O recomenzar.

Primeiro Regensburg, logo o mundoLa empresa fue absorbida por una multinacional, y ésta por otra multinacional más grande, cambió de nombre, de jefazos. Los jefes de verdad se sientan en un despacho en Estados Unidos, nosotros no los conocemos ni ellos saben dónde está Regensburg. Ley de vida, pez grande, pez chico. Yo aprendí, crecí, maduré, hice buenos amigos y compañeros, y como todo el mundo, las he vivido de todos los colores. Fuera de la empresa, la relación que me había traído a Alemania se desintegró, me fui adaptando al país, hoy estoy casado y feliz de estarlo, llenos de planes e ilusiones.

Nueve años después, acabo el 31 de Marzo en la empresa. Ya he acabado, en realidad, estoy de vacaciones. El 31 será el jueves, y ese mismo día cogeré un tren hacia Munich. Allí comenzaré de nuevo, en un nuevo empleo: en el laboratorio de un hospital, vuelta a la clínica, al servicio público, fuera de la empresa privada. Ilusión y miedo, de eso también está hecha la vida. Y agobio por no conseguir una vivienda en la capital bávara, tarea dura y frustrante, pero se solucionará. Estamos seguros.

Aún no dejo Alemania ni regreso a mi tierra, que es lo que me gustaría… pero dejo Ratisbona. Fue una buena amiga, espero que la urbe bávara, Munich, München (me encanta como la llaman los italianos: Monaco di Baviera), Minga en bávaro (léase “Min-a”, con “n” velar) me acoja bien. Perdón. Que nos acoja bien, a los dos. Deséenme suerte y yo les iré contando.

Múnic

Ya sé que había prometido silencio textual, y así seguirá, esto sólo fue una excepción. Regensburg se lo merecía.

Un paso atrás (De por qué dejar de escribir es bueno para escribir)

 

Untitled

 Untitled, de Smithsonian Institution

 

Ya os habréis dado cuenta: no estoy muy activo últimamente en lo que atañe a la escritura. Tanto en este blog como en mis relatos y en otros proyectos. No, no estoy escribiendo en secreto y en un tiempo sacaré un “bombazo”. Ojalá fuese eso, pero no.

No estoy escribiendo. Casi ninguna línea.

Y no pasa nada. En serio. Estoy muy bien, muy ilusionado por muchas cosas.

Yo no lo llamaría “crisis creativa” ni “bloqueo de escritor”. Acaso lo haya sido antes, ahora ya no. Sencillamente, en el último año estuve enfrascado en cambios personales muy grandes, todos positivos, y ahora también estoy metido en otros proyectos y mudanzas que no tienen nada que ver con la literatura. El tiempo es escaso, pero no es ese el problema, y sí la concentración, la dedicación y la energía. Así que salgo de la rueda.

Antes de eso si que hubo algo semejante a una crisis de escritor, lo reconozco. Me replanteé mi rol como autor, me bloqueé con mis textos y planes literarios, tan sólo saqué cosillas que me dejaron insatisfecho, me autoinflingí presión desde la publicación de “Podría hablar de nubes“. Me metí en un callejón sin salida bastante absurdo.

Así que decidí dar un paso atrás. O a un lado, según se mire. Me quité presión. Y soy más feliz. Ni tan siquiera es una decisión, tan sólo constato un hecho espontáneo. Ya no escribía con anterioridad, tan sólo dejé atrás el remordimiento.

¿He dejado de escribir definitivamente? Creo que no. Algún día volveré, estoy seguro, lo llevo dentro. Pero ahora no es el momento. Prefiero concentrarme en lo que estoy viviendo. Prefiero que se dé de una manera natural, no impostada. Y hacer cosas que me realicen y que me exijan, no plagiarme a mí mismo e ir por caminos que tengo más que trillados. Sería injusto con la literatura, que tanto me ha dado. La escritura será excitante, divertida, peligrosa, incierta… o no será. Si el escritor no se divierte ni se emociona, el lector tampoco.

Tampoco es esta una pueril llamada de atención para provocaros un “Oooh, porfa, no nos dejes”, para alimentar mi famélico ego y volver al carril de siempre, diciendo “Bueeeno”. De verdad, no se trata de eso, es algo que siempre he aborrecido. Mi escritura es perfectamente prescindible para la literatura gallega y para la Literatura, en mayúsculas, tan sólo quiero ver si ella es prescindible para mí. Pero queda una poca gente a la que le gusta leer lo que escribo y pensé que se merecían una explicación. Breve, porque hay cosas más importantes de las que preocuparse.

Y con este blog, otro tanto. Contaré cosas que me motiven, si no, seguiré a lo mío. Pido disculpas a los afectados. Aunque no pase nada.

 

Tres semanas en Argentina, I: la huella gallega

Hubo un tiempo en que contábamos en los blogs, entre otras cosas, todos nuestros viajes. Yo lo he seguido haciendo, ya lo veis: desde las escapadas de fin de semana hasta las vacaciones más largas. Y los que me conocéis sabréis también que me he casado allá por el mes de septiembre y que los dos nos fuimos tres semanas de luna de miel a Argentina. Y no, del viaje más grandioso de mi vida, en kilómetros y en experiencias, aún no he contado nada. Pongámosle remedio a esto.

El viaje se dividió en cuatro etapas: Buenos Aires, los Glaciares de la Patagonia, Iguazú y Corrientes. Siempre me agrada visitar grandes ciudades: Londres, Barcelona, París, Berlín… Pero Buenos Aires es algo más. Es historia de mi familia, son los sobres que le llegaban a mi abuela, con esos rebordes en rojo, blanco y azul y la leyenda “Por Avión”. Porque Buenos Aires se construyó con la inmigración, en buena parte con la de origen gallego, y de esa emigración fue parte mi familia. Allí estuvo una temporada mi abuelo, y en los años dorados de Argentina emigraron dos hermanos de mi madre. Allí siguen, aún con la mente en Galicia a pesar de llevar cinco décadas en el país austral y de tener hijos y nietos argentinos. No puedo describir la sensación de ver de nuevo a esa parte de mi familia en su casa (esta vez el visitante era yo) e incluso conocer a primos y parientes que no había visto antes. Y la suerte de tener un primo, Óscar, que nos hiciese de guía por la caótica y fascinante Buenos Aires (¡¡un trago por ti y por Ale!!). La emoción de ver a la familia de tan lejos junta y de conocer mejor su vida, sus inquietudes y problemas… Lo mismo podría contar mi mujer, que también se reencontró con su familia en Corrientes, al norte del país.

No existe país con más emigrantes gallegos que Argentina. Todo hay que decirlo: fue tal el aluvión migratorio entre comienzos del XX y los años 60 que la inmigración de origen español, mayoritariamente gallego, no era mayoritaria en Argentina, siéndolo la de origen italiano (del sur de la bota, principalmente). Tal como todos los españoles eran “gallegos”, todos los italianos eran “tanos” (napolitanos), cogiendo la parte por el todo. Sin olvidarnos de los inmigrantes armenios, alemanes, judíos europeos (“rusos”), árabes (“turcos”), sin cesar estas llegadas hoy en día, siendo sustituidos por emigrados de los países limítrofes sudamericanos (Bolivia, Paraguay…). Argentina acogía y acoge. Hoy hablaré un poco de esas huellas de la emigración que vi y de la galeguidade en Argentina. Ya habrá más adelante un post más “turístico”.

Sí, hay una Villa Galicia en la Provincia de Buenos Aires. Aquí aclaro una cosa que a mí me costó comprender. Buenos Aires es uno de los mayores conglomerados urbanos del mundo, casi veinte millones de habitantes, casi la mitad de toda la población nacional. Pero Buenos Aires no es una ciudad: son muchas. El Buenos Aires propiamente dicho, la llamada Capital Federal o Ciudad Autónoma de Buenos Aires o simplemente CABA es el germen de la urbe, el centro político y económico. Cuenta con unos tres o cuatro millones de habitantes, con origen en el puerto. Allí acaban los caminos, por así decirlo. Y alrededor está la Provincia de Buenos Aires, que se compone de varios distritos (Avellaneda, Lomas de Zamora, Mar del Plata, La Plata -que no es lo mismo, como pensaba yo-, Quilmes, Lanús, etc.) y que es donde se reparten los quince millones de bonaerenses que no viven en la CABA. Pero todas esas ciudades, y así lo veréis si las recorréis en coche a través del salvaje tráfico, no tienen separación aparente, se continúan las unas con las otras, alternando viviendas con zonas industriales.

La Provincia de Buenos Aires es una de las 23 provincias de la República, que es federal. En cambio, la Capital Federal no pertenece a esa provincia ni a ninguna otra, sino que tiene un estatus propio. Para que os hagáis una idea de las distancias, la Provincia tiene una extensión semejante a Italia. También cabe decir que no es urbana en su totalidad, sino que es en buena parte rural y ganadera: pastos y vacas.

Una visita interesante es el Museo de la Inmigración, porque es el punto de vista de los de allá, de los argentinos que acogieron tantos millares de emigrantes, sin los cuales no se podría explicar la historia del país. Está en el antiguo Hotel de los Emigrantes, que es un edificio originalmente de Aduanas, anexo al puerto, donde se acogía a los recién llegados. Los fichaban, los atendían sanitariamente, ya que algunos venían en condiciones muy precarias, los vacunaban o los ponían en cuarentena dado el caso, proporcionándoles una cama. Allí permanecían uno o varios días hasta que alguien los venía a buscar.

Hotel de los inmigrantes
Camastros para los inmigrantes

Hotel de los inmigrantes

Hoy encontramos allí recuerdos de aquellos tiempos y exposiciones de fotografías, objetos y documentos que nos dan una idea sentimental y sociológica de aquel drama (el que no huía de la guerra o de las dictaduras, lo hacía de la miseria), pero también de la esperanza de una nueva vida. Y entre ellos, por supuesto, gallegos. Hubo un “sueño americano” como el del que habla Hollywood, pero dirigido al hemisferio sur. Galicia se desangró en los puertos de A Coruña y Vigo. Cada una de esas personas es una historia, una novela. Y desde la perspectiva de los argentinos, se cuenta el chiste de que “los hombres descienden del mono, menos los argentinos, que descienden de los barcos”.

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Certificado de “arribo” a Argentina de mi difunto abuelo, impreso precisamente por el Museo de la Inmigración, basado en datos de sus archivos. Consta hasta la fecha y el nombre del barco.
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Foto en el Museo de la Inmigración cedida por el MEGA, del que hablaremos a continuación.

Federación de Asociaciones GallegasUn museo muy recomendable, como también lo es el MEGA: el Museo de la Emigración Gallega. En la calle Chacabuco del porteñísimo barrio de San Telmo se encuentra la Federación de Asociaciones Gallegas de la República Argentina, que junto con el Centro Gallego eran y son los polos de la comunidad gallega en la capital bonaerense. En el caso de la Federación, con un compromiso inquebrantable con la República y sus exiliados.

 

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Sede de la Federación en San Telmo

 

Federación de Asociaciones Gallegas

La Federación sigue siendo un punto de encuentro para la galleguidad, con diferentes actividades culturales, recreativas y musicales (cómo nos gustó ver a los gaiteiros ensayando). Además, acoge al susodicho Museo de la Emigración Gallega, con recuerdos etnográficos de la tierra y de los socios que dejaron su impronta, como Basilio Álvarez, Eduardo Blanco Amor, obras de Luís Seoane o el gran gallego de la foto de aquí abajo, que acabaría sus días en Argentina sin poder volver a su patria. También tiene, la Biblioteca Galega de Bos Aires, bien surtida de libros gallegos, entre ellos, ejem… los míos.

Castelao

A Federación (a primeira á esquerda é Débora Campos) faime entrega do premio por medio do meu representante, meu curmán Óscar. Tardei en irllo buscar, mais catro anos despóis, recollino.
La Federación (la primera a la izquierda es Débora Campos) me hace entrega del premio por medio de mi representante, mi primo Óscar. Tardé en irlo a buscar, pero cuatro años después, ya es mío.

Es necesario mencionar que tengo un contacto especial con la Federación desde que convocaron su Certamen Literario de Narrativa Breve 90º aniversario y premiaron mi relato “Sobre maletas“. Aquello fue en el 2011 y hubo una hermosa ceremonia de premios a la que lógicamente no pude asistir, delegando en mi familia.

 

Cuatro años después recogí mi premio y visité la Federación, el MEGA y la Biblioteca. Aquí la noticia y aquí, el relato “Sobre maletas” (en gallego).

 

Más huellas gallegas:

El Banco Galicia, una de las entidades bancarias más importantes del país y que no niega sus orígenes. Curiosamente, es el único banco que queda de accionariado mayoritariamente argentino. Su logo es la cruz de Santiago.

 

O mítico Café Tortoni non só era frecuentado por Borges, Alfonsini e Carlos Gardel. Aquí unha lembranza a un grande noso, Eduardo Blanco Amor.
El mítico Café Tortoni no sólo era frecuentado por Borges, Alfonsini y Carlos Gardel. Aquí, un recuerdo a uno de nuestros grandes, Eduardo Blanco Amor.

Como ya dije, ya haré otro post más “recreativo” sobre las cosas que vi, maravillosas o curiosas. En el “debe” de esos veloces días: no poder conocer personalmente a personas con las que tengo contacto en la galleguidad argentina, como Débora Campos o Ruy Farías, entre otros. Por muy única que fuese la ocasión para mí, a veces las agendas no coinciden. Otra visita que me perdí fue al histórico Centro Gallego. No pasa nada: tengo el pálpito de que voy a volver.

No se puede explicar la historia argentina reciente sin valorar la inmigración y el aporte de los gallegos, y tampoco se puede explicar la historia gallega del último siglo sin tener en cuenta la sangría (e)migratoria, siendo Argentina el primer país receptor y donde se encuentran más gallegos fuera de nuestras fronteras, y además, ejerciendo como comunidad gallega activa. Sería injusto ignorar ese capital humano. Injusto para ellos, pero también absolutamente negativo y perjudicial para nosotros mismos.

Presentación de Passages

El libro “Passages” que incluye mi pequeño relato “Zurück / Due back” será presentado el 29 de Septiembre en Regensburg. Un pequeño éxito en otro idioma. El origen de todo está en un certamen que celebraba el hermanamiento entre mi ciudad bávara de Regensburg y la escocesa de Aberdeen, participé con un relato originalmente escrito en alemán y salí elegido entre los 10 ganadores de Regensburg. Los 20 relatos (10 de Alemania y 10 de Escocia) fueron publicados en el volumen “Passages” (Ed. Vulpes) en los dos idiomas, inglés y alemán.

Curiosamente, fui invitado a la presentación “escocesa” en Aberdeen y pasé allí tres días inolvidables, pero no me será posible acudir a la “alemana” a menos de cinco minutos de donde vivo, por estar esos días en Argentina. Pero por si estáis en Baviera esos días (que nunca se sabe), la entrada es libre, habrá música y mi relato será leído por otra de las ganadoras, Lena Dirnberger. El 29 de Septiembre a las 19:15 en la Biblioteca Municipal de Regensburg (Thon-Dittmer-Palais, Haidplatz 8).

Enlace (alemán): https://www.regensburg.de/veranstaltungen/detail/138426

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Anillos y pasajes de avión

Colgado por ti - Hanging for you

Mis más allegados ya lo sabréis, el resto quizáis lo hayáis oído por ahí. En este blog no suelo hablar de mi vida privada, pero cuando la cosa es tan “gorda” no hay manera de ocultarlo, ni ganas, es más, me apetece gritarlo a los cuatro puntos cardinales. Pero me contendré.

Ahora mismo estoy metido en un avión rumbo a Argentina, donde pasaré tres semanas entre Buenos Aires, Corrientes, Iguazú y otros sitios que ni siquiera planeamos todavía. A mi lado viaja la mujer de mi vida, mi amor, pero mejor no publico su nombre para que no me estrangule en medio de avión, y de todas formas, algunos ya lo sabréis. En su dedo anular y en el mío lucen dos anillos. Nos casamos el día 19, dos días antes de que salga publicado esto, y fue maravilloso. Es decir, estoy escribiendo esto quince días antes de la boda y no sé como va a salir, pero ¿por qué no iba a salir bien? Acaso algunas menudencias salieron (saldrán, escribo desde el pasado) torcidas o no acorde con lo previsto, pero allí estaba ella, allí estaba yo y casi todos los que queremos y apreciamos. ¿Qué más se quiere?

Volveré a comienzos de Octubre a Alemania e iré contando esta maravillosa aventura, donde también conoceré de cerca la realidad actual y pasada de la emigración gallega en la “quinta provincia”. Pero aún queda.

¡Nos vemos!

En la tele

En los informativos de V Televisión y de la mano de Santiago Garrido y Global Galicia llevan todos los lunes a un destacado personaje de la emigración gallega. Pero se ve que para la próxima semana no había ningún personaje destacado disponible y seré yo quien aparezca vía “escaip”, ese gran amigo de los emigrantes. Hablaremos de migración, literatura, “morriña” y letras y de lo que vaya surgiendo y de lo que me permitan los nervios. Nos vemos allí.

El lunes 31 de Agosto en V Televisión, a las 22 horas aproximadamente. 
Televisión de outono - Autumn TV

Añadido:

No salió de todo mal! Podéis verlo en este enlace, a partir del 5:40