La desmemoria

Anteayer hubo elecciones en Alemania al Bundestag, el Parlamento nacional que decide quien regirá el gobierno del país en los próximos años, esto es, el canciller. Cancillera, porque no hubo sorpresas y Angela Merkel ostentará el cargo unos cuantos años más en el país en el que resido. Ahí va un pequeño análisis, de un lego en política y de una manera absolutamente subjetiva.

Resumiendo los resultados: como se llevaba diciendo meses, Merkel (la CDU, conservadores) ganó sin apuros, pero no arrasó, es más, nota el desgaste. En parte, también como consecuencia del pinchazo de sus socios conservadores bávaros, la CSU. Esta vez su diletancia “Merkel Sí / Merkel No”, su apoyo o crítica al gobierno federal según pegue el viento, los castigó. Repugnante la deriva de los conservadores bávaros, más preocupados de conseguir el voto xenófobo que de construir algo. Su dominio sobre el estado más rico de Alemania sigue siendo férreo, pero se ven las grietas.

A los socialistas (SPD) sólo les queda el consuelo de que de esta vez fueron con el mejor candidato posible (Martin Schulz, ex-presidente de la Comisión de la UE) y poco más: consiguieron los peores resultados de su historia. Razones: el hundimiento general de la socialdemocracia europea (Francia, PSOE…) y que la SPD había participado en el último gobierno merkeliano (la “Gran Coalición”). Por tanto, sus críticas a la cancillera tuvieron poco recorrido: si hay un problema, los socialistas son percibidos cómo parte de él, no como la solución.

Por atrás, los Verdes se mantienen, la FDP (Liberales, como Ciudadanos pero con más historia) se recupera y los Linke, la izquierda de la izquierda, sigue ahí. Tal y como está el patio, Merkel precisa otra vez de una coalición: o bien con los socialistas o bien con los Verdes y los liberales. Nada nuevo.

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FUENTE: Spiegel. Gana Merkel pero en descenso. Los socialistas prosiguen su caída, los partidos “pequeños” se mantienen e irrumpen los extremistas de la AfD.

Pero la noticia es la irrupción por primera vez de un partido de extrema derecha en el Bundestag, Alternativ für Deutschland (AfD), xenófoba y eurófoba, populista y reaccionaria. Nada menos que un 13% de los votos, la tercera fuerza del parlamento, y la primera de la oposición si los socialistas entran en el gobierno.

¿Qué pasó en Alemaña? Primero, el contexto de las elecciones. El favoritismo de Merkel era indiscutible y las alternativas se diluyeron, el electorado notó el tedio y le faltó a motivación. Y por otra parte hay una parte que está enojada, muy indignada, cansada de que le digan que las cosas vayan bien cuando para ellos no es así. Alemania sigue siendo una de las grandes locomotoras económicas europeas y mundiales. Su superávit exportador es enorme, sus grandes empresas (automoción, químicas, financieras…) dominan el mundo. El paro cayó y hay más demanda de profesionales cualificados en muchos sectores de la que se pode cubrir.

¿Pero, a qué precio? La desigualdad económica se ha disparado, cada vez más gente malvive a pesar de tener un empleo o varios, mientras muchos jubilados no son capaces de seguir pagando con sus pensiones unos alquileres desorbitados, teniendo que buscarse uno de los famosos minijobs. La enseñanza es gratuita, incluyendo la universitaria, y sin embargo sólo acceden a la educación superior los hijos de clase académica y acomodada. Es decir, es muy probable que el hijo de un médico o ingeniero acabe en la universidad, pero si es hijo de un electricista su carrera será una sucesión de zancadillas para que escoja una formación profesional o algo menos cualificado. ¿Y los impuestos? Cada vez más, y más gravosos para los menos favorecidos, y por el contrario menos gasto social (sanidad, infraestructuras, etc.). Y un coste de la vida (energía, combustible, comida, transporte, y por encima de todo y ante todo: la vivienda) al ritmo de los más ricos y del que marquen los especuladores, aplastando a los de abajo. Todos sabéis que un médico o un ingeniero pueden conseguir aquí más de 3000 €/mes para comenzar, pero pocos saben que en la rica Alemania hay sueldos de 500 €/mes o menos por jornada completa, con un precio de la vivienda absolutamente demencial en las grandes ciudades… que es donde hay trabajo. En lo “Macro” el país va de cine, en lo “micro”, la justicia social, va de mal en peor. Alemania se está rompiendo, y Merkel no lo quiere ver.

Por lo tanto esta desigualdad está creando una gran masa de alemanes que sienten que están “perdiendo el tren”, que hay un bienestar y una bonanza que no los incluye, que están pagando una fiesta a la que no están invitados. Gente que trabaja duro (o ya no, pero que trabajó toda su vida) pero que no les vale de nada. O jóvenes que no pueden trabajar, gente que pierde continuamente nivel de vida y está supeditada a ayudas sociales o empleos precarios. Este es el cubo donde pesca la extrema derecha. Donde pescó la AfD lo que consiguieron pescar los abiertamente neonazis de la NPD en la última década. Porque estos son unos skinheads gañanes que siempre se están moviendo en el filo de la ilegalización por apología del nazismo. Los AfD son mucho más inteligentes. Bien, no mucho, son racistas, pero algo más sí. Es decir, estos partidos agrupan la una buena masa de idiotas, pero también la gente empujada por una realidad injusta que encuentra aquí una solución y una esperanza. Erradamente.

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Frauke Petry, la candidata de AfD, no tuvo problema para utilizar la imagen de su propio bebé recién nacido para fines electorales.

No hay país más hostil legalmente contra la extrema derecha que Alemania. Aquí vas al trullo por llevar o poseer una bandera nazi, esvásticas, negar el Holocausto o saludar a lo Sieg Heil, aunque sea de broma. El examen de conciencia fue profundo y doloroso tras la derrota en la 2ªGM, en comparación como por ejemplo con Austria, más cómplice que víctima del nazismo. Los partidos y grupos neonazis son sistemáticamente ilegalizados. Eso vetó su entrada en la vida política, como por ejemplo con el partido extremo NPD, pero no la eclosión del neonazismo, sobre todo en los estados del Este. Hace falta añadir que la desigualdad de la que he hablado antes también es regional: la Reunificación de la RFA con la RDA fue un timo y una decepción, una absorción del Este por parte del Oeste con las reglas de juego de este último, en la que además se desvertebraron las estructuras económicas y sociales del comunismo sin poner nada a cambio. Las industrias cerraron y la juventud quedó a merced de la emigración hacia el rico oeste o de subsistir con la beneficencia. Aquí renace el nazismo, aquí explota la xenofobia en Lichtenhagen en 1992 y aquí, en estos estados, es la AfD la segunda fuerza. En Sajonia, la primera. Curiosamente, los estados donde la inmigración es menor.

Y dale que te pego con la procreación y el racismo. Una mujer embarazada (supongo que no será otra vez la propia Petry) y el eslogan: “Nuevos alemanes? Los haremos nosotros mismos”. Qué sutil.

En este caldo, merkelismo sin vislumbrarse cambios, desigualdad y combate entre la memoria de lo que pasó con el nazismo y la xenofobia, comienza a crecer Alternativ für Deutschland. Fundado hace seis años como partido eurófobo (contrario a la UE y al Euro) y conservador, los acontecimientos lo derivaron hacia un partido xenófobo, radical y contrario al establishment de la democracia alemana, lo que le hace ganar simpatías entre los descontentos.

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Horcas preparadas en la manifestación de Pegida para Siegmar Gabriel (SPD) y Angela Merkel. Adorables, ¿no? Fuente: Die Zeit, foto © Hannibal Hanschke/Reuters

La crisis de los refugiados fue la mecha que hizo explotar el racismo en muchos puntos de Alemaña. No crearlo, ya estaba allí, enlarvado. Acogidos con generosidad en un principio por Merkel (a Roma lo que es de Roma) pero con escasa organización y visión de futuro, les proporcionó a los radicales los enemigos perfectos. No podían ser otra vez los judíos (demasiado pocos en la Bundesrepublik actual) ni los turcos (demasiados, y ya muy integrados): los enemigos eran los refugiados, los munsulmanes, los terroristas. En Dresde nació la Pegida para “defender” (sic) la “Patria” de los “invasores islámicos”, “terroristas” (que vienen huyendo justo de los terroristas, pero a los racistas no les gustan los matices) y los “traidores” de los gobernantes. “Wir sind das Volk”, “Somos el pueblo”, berrean, como diciendo, “Vosotros no, sois traidores”. La AfD fue lista de sobra para absorber ese discurso de la cólera y el odio pero sin arriesgarse a llevar ellos mismos las pancartas en las manifas, que concluyen siempre con cánticos y soflamas nazis. Los de AfD niegan ser neonazis, pero absorben sin complejos movimientos radicales como los “identitarios”, nacionalistas radicales, antisemitas y racistas. Por fuera tienen la imagen de Frauke Petry, su lideresa: radical contra la “vieja política”, ideas pocas pero claras, determinar culpables de las cosas malas y aportar soluciones (inmigrantes fuera, prohibir el islam, volver al marco alemán y poco más). Por dentro: el racismo de siempre y un discurso más sencillo que el mecanismo de una chancleta. Pero funciona.

No importan los hechos ni la realidad, sino la percepción de la gente. La nueva extrema derecha rechaza a la prensa convencional (“Lügenpresse“, prensa mentirosa) e intoxica las redes sociales con noticias falsas (atrocidades cometidas por musulmanes malos malísimos, que son ocultadas por los poderes y la prensa) que proliferan como un cáncer sin ningún control, y son creídas por quien quiere creerlas. La versión germanofacha de las fake news.

No me preocupa intrinsecamente la AfD. Son demasiado idiotas para mantener su propio partido unido (Petry abandona el grupo parlamentario da AfD) y no podrían gobernar con éxito ni una comunidad de vecinos sin llevarla al colapso. Me preocupa más ese sentimiento, esa masa de gente que piensa que todo es culpa de los refugiados y los extranjeros, que tiene nostalgia de una sociedad que nunca existió y que traga con discursos tan simples. Ese desfavorecimiento, esa desigualdad que facilita estos fenómenos que sólo pueden engendrar cosas terribles. Ya lo vivimos, ya lo sabemos. Pensábamos que en Alemania no, que aquí no prendería esa lacra, porque se había hecho un bueno trabajo para tener presente lo acontecido en el pasado. Nos equivocamos.

Los nazis hace 90 años eran un partido con representación inferior a la actual de la AfD. Pero luego vino una crisis económica, y pasó lo que pasó. Recordémoslo.

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Fuck AfD. No nos olvidemos que el 87% de los votantes alemanes rechazaron esa basura. Foto en Flickr de Mike Powell aka Elektrollenlace e licencia.

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El Muro de Munich

Ya os había dicho que me gustaría hablar de Neuperlach, mi nuevo barrio en Munich. Lo que me gustaría es hacerlo con temas más agradables, pero la actualidad manda, o eso dicen.

El muro de Neuperlach. El Muro de Munich

Al ser humano le encanta construir muros. Cayó el Muro de Berlín, sigue en pie el de Israel, parece que Trump no va a hacer el de la frontera entre México y EEUU, tal y como prometió. El muro lo construyen siempre unos por miedo a los del otro lado, para contenerlos, controlarlos, limitarlos, esto es mío y aquello es vuestro, quedaos ahí, no paséis. Por eso los chinos construyeron su muralla, para contener a los mongoles. La muralla sigue en pie, pero los fieros mongoles invadieron igualmente la vieja China.

Pero estos días andamos a vueltas con otro muro y una polémica que comenzó como muy local, aquí en el distrito muniqués de Rammersdorf-Perlach, barrio de Neuperlach (el mío) pero que ya escaló a nivel muniqués, nacional e internacional. El trasfondo: la construcción de un hogar para refugiados en Nailastrasse en un descampado entre la calle, un conjunto de viviendas unifamiliares a cierta distancia (dato importante, como veremos) y unas naves industriales y comerciales. Y delante del refugio, un muro.

Todos estáis familiarizados con la política alemana con respecto a los refugiados, sobre todo de la guerra de Siria, llevada a cabo por la canciller Merkel y que hace de Alemania de lejos el país más generoso de Europa en términos de acogida. También sabréis que esa política es muy contestada, y se halla entre el apoyo solidario y el rechazo, incluso violento, sucediéndose ataques a hogares de refugiados por parte de grupos de extrema derecha. Curiosamente, uno de los pocos rasgos de humanidad que ha mostrado la señora Merkel puede causarle un daño electoral fatal, a favor de grupos xenófobos y eurófobos como AfD. Ya hablaremos de esos pollos otro día.

Esta violencia hasta ahora no había afectado al estado de Baviera ni a Munich. A pesar de todo, el político local Guido Buchholz denunció a la opinión pública de un muro que rodea parte del recinto del asilo de refugiaos por medio de un vídeo aéreo tomado con un dron. Y estalló el escándalo. Pasó de ser el muro de Nailastrasse a ser el Muro de Neuperlach, y finalmente el Muro de Munich, para estupefacción y vergüenza de sus habitantes, y la mía, que vivo a pocos minutos.

El muro es feo con ganas. Lo son todos los muros, pero este es de récord. Son guijarros metidos en jaulas y apilados posteriormente. Ni un grafiti se puede hacer. Eso sí, luego se pueden plantar enredaderas y darle un toque verde. Qué bonito.

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El muro de la discordia y al fondo el futuro hogar de refugiados
El hogar de refugiados estará concluído a finales de Noviembre.

Que es, en teoría: Varios de los vecinos (exactamente seis) de la colonia de casas contigua exigieron al Ayuntamiento protección sonora por el eventual ruído. El ruído es una cosa seria en Alemania y la simple denuncia de un solo vecino puede parar cualquier infraestructura. Me vienen a la cabeza casos extremos como el cierre de un parque de juegos infantiles o de varios campos de entrenamiento de fútbol por el teórico ruído que molestaba a un único vecino. No sé qué escándalo sonoro pueden armar esas personas viviendo allí, yo estuve en el lugar y aún hay un trecho hasta las siguientes casas, y en el medio hay un camino, campo y árboles. E insisto, aún no han abierto el hogar, así que es poner el parche antes de la herida. Así que contra toda lógica y tras dos años de litigios administrativos entre los preocupados vecinos y el Ayuntamiento, éste erigió contra toda lógica un “muro de protección sonora“, no muy largo, pero sí muy alto.

Que es lo que parece, en la práctica: Un horror urbanístico que apesta a racismo y a xenofobia, con el agravante de estar patrocinado por los poderes públicos. Parece que el refugio no es bienvenido entre varios de estos vecinos y que, simplemente, no quieren verlo y prefieren ignorar con más efectividad la existencia de esta pobre gente. El refugio no es una cárcel ni un CIE, y el muro no limita la libre entrada y salida del recinto. Pero psicológicamente aísla a los refugiados, y es hipócrita exigirles que se integren y simultáneamente ocultarlos detrás de una pared. El ruído parece un pretexto absurdo. Sería como levantar muros entre los edificios para que no se molesten entre sí.

Buchholz denuncia que este muro tiene cuatro metros de altura, algo más que el de Berlín. La autopista Munich-Salzburgo pasa cerca, y para proteger al vecindario del ruído se levantó otro muro de protección sonora… de sólo tres metros de altura. ¿Una autopista es menos ruidosa que un hogar de refugiados? Parece muy iluso justificar la obra por un problema vecinal de contaminación sonora.

Ya hubo movilizaciones en los dos sentidos. Artistas y gente vinculada a proyectos de acogida exigieron la demolición del muro, la extrema derecha amenazó de muerte a Buchholz, los vecinos insisten en que no comprenden la polémica y que es un muro para protegerlos del ruído, y los cargos del distrito se obstinan en que “no es un muro contra los refugiados”. Pero la mayor parte callan.

Mensajes en globos: “Todos sois bienvenidos”
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Lo que cantaban en Berlín en el 89: “El muro debe caer”

Los ánimos están alterados. Cuando estuvimos allí había varios curiosos como nosotros, y además se paró un coche y salió un hombre a hacer una foto con su móvil. Una señora en bicicleta lo increpó, y como buena alemana “bien pensante” le dijo que no estaba permitido hacer fotos, por lo que interpreté que residía por allí. La discusión subió de tono y el hombre, con su razón, le dijo que ela no era “tan importante” para prohibirle hacer fotos en un vía pública, que sólo iba a sacar una fotografía de “esa vergüenza” y que ese muro se levantó “por culpa de gente” como ella. Sacó la imagen, aún discutieron un rato más y al final él se marchó en su coche.

Ojalá los hogares de refugiados dejen de ser necesarios algún día, ojalá esquiven la muerte tantos en el Mediterráneo para acabar en un asilo con un muro semejante delante de sus ojos. Pero esa “vergüenza” de muro de la discordia debe caer, y pronto. Incluso haciendo un gran esfuerzo para creer la versión de esos vecinos y de su inocua intención (“es todo sólo por el ruído”), tan sólo le da alas al racismo, a la discordia y a la división, dificulta la integración de los de un lado del muro y perpetúa los prejuicios de los del otro. Los puentes son para unir, y los muros para dividir, así fue siempre. Y en este país de muros saben bastante, y también de sus consecuencias.