Las cosas extranjeras

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Si entráis en mi casa sin conocer mucho nuestra historia no vais a encontrar a primera vista nada anormal o fuera de lo ordinario. Si comenzáis a husmear con detalle por los armarios y por nuestras cosas (lo cual sería de bastante mala educación, pero bueno, sois mis invitados) descubriréis cosas que vienen de “allá”, de Alemania. Mejor dicho, de Alemania venimos nosotros, las cosas las hemos traído. Las cosas son extranjeras, pero no lo eran cuando las compramos: los extranjeros éramos nosotros.

No me pararé, para no aburrir, en los muebles, decoración y demás cosas más o menos permanentes. Me refiero a las cosas de consumo, fungibles, que aún tenemos dos meses después de abandonar aquel país. Comida (no fresca, claro, pasaron dos meses), productos de higiene, de limpieza y cosas por el estilo. Todas viven un proceso continuo que se vive en todas las casas: esos productos se acaban, desechamos el envase a la basura y compramos otro producto equivalente en el súper del barrio. Sustituimos un producto etiquetado en alemán por otro, más familiar (para ti, visitante fisgón) con etiquetado en español. Porque es muy raro comprar algo etiquetado en lengua gallega, pero esa es otra historia.

En nuestras reservas ya no hay definitivamente Milch, Butter, Käse o Zahnpasta, y a cambio ya tenemos leche, mantequilla, queso o pasta de dientes. Podemos encontrar Senf, Duschgel y Thunfisch, pero ya conviven con sus hermanos españoles mostaza, gel de ducha y atún. Llegará un día en el que todos estos fungibles germánicos se acaben y que sólo encontremos cosas compradas aquí, nada exóticas. Entonces tendremos que recurrir a otros indicios, como detalles en la decoración o al pequeño montón de libros que trajimos de allá para que descubráis lenguas extrañas e intuir que los dueños de la casa han estado alguna vez en las Germanias.

Esto se pasará, supongo, acaso cuando estos envases en alemán vayan cayendo a la basura. Se pasará lo de comparar, lo de seguir sintiéndome “inmigrante” o “extranjero” o “ajeno”, como si tuviese algo raro y temiese que me lo descubran. Se pasará. Somos retornados, y la emigración fue una parte larga e intensa de nuestra historia y es imposible de obviar o ocultar, pero será un detalle en una familia funcional y típica “de aquí”, de hecho ya lo estamos siendo sin ser conscientes de ello. La nueva rutina desde que llegamos me da vértigo cuando lo reflexiono “desde fuera”, con la cabeza aún “allá”, como la nueva casa, trabajo, guardería del pequeño, etc., pero precisamente la rutina es la que va tiñendo todo de normalidad, el Señor Tiempo es el que acaba de poner todo en su sitio. Y a nosotros nos puso aquí de vuelta. Queda mucho por caminar, pero ese paso ya está dado, ya fue.

Volvemos a la misma tierra de la que salimos, pero ya no es la misma, el tiempo ha pasado, a la gente que dejamos le han pasado cosas. Ya lo sabíamos. Y no importa, importa el ahora. Pienso en nuestro hijo: nació allá, pero eso será sólo una anécdota, crecerá aquí sin recordar nada de aquel país, será un niño de aquí, luego un chico, un muchacho, un hombre de aquí. Lo sé porque viví lo mismo. La vida afuera marcó a fuego a sus padres, pero no a él.

En fin. Estamos contentos de haber vuelto. El último envase alemán acabará en la basura y a nosotros sólo nos importará el aquí y el ahora, aunque la memoria perdure. Por nosotros.

Y por vosotros, qué demonios. Os echábamos de menos. Y ya no queremos echar de menos, no queremos más morriña. Nunca más.

La Logia de los Mariscales y cómo evitarla

Hoy hablaremos de un lugar de Múnic que no me gusta mucho, quiero decir, estéticamente, aunque para gustos, etcétera. La encontramos en el límite de la Ciudad Vieja (Altstadt) con la zona universitaria, concretamente en la plaza del Odeón (Odeonsplatz), muy transitada. La plaza está abierta a la Ludwigstrasse hacia el norte, si miramos de frente tendremos a la derecha una parte del inmenso palacio real bávaro,  la Residenz, y a la izquierda la hermosa Iglesia de los Teatinos. Girémonos en dirección al centro de la ciudad, volviendo la espalda a la Ludwigstrasse. Ahí está. La Feldherrnhalle o Logia de los Mariscales.

Odeonsplatz, Neve - Snow
La Feldherrnhalle y a su derecha la iglesia de los Teatinos (Foto mía)

Es una especie de pórtico de tres arcos con las estatuas de dos mariscales de campo bávaros, dos leones y otra estatua central, alegoría de Baviera. Es una imitación de la famosa Loggia dei Lanzi  de Florencia y fue erigida por el rey bávaro Luís I en la época dorada de la arquitectura muniquesa, en 1844, cuando Baviera era un reino independiente y Múnich su próspera capital. El monarca intentó “cerrar” así la poco armoniosa Odeonsplatz, y quizás la dejó peor que antes. Luís I construyó buena parte de lo que es hoy el Múnich monumental y también cosas bastante locas como el Walhalla de cerca de Regensburg, del que hablé hace mucho, o la Sala de la Liberación  de Kelheim. Pero nada comparado a las extravaganzas de su nieto Luís II “el Rey Loco”, el perpetrador del castillo de Neuschwanstein y otras insensateces, pero no nos desviemos de la historia.

León e héroe - Lion and hero
La Feldherrnhalle de noche (foto mía)

La historia que quería contar parte de dos turistas, a mi parecer de la India o de Oriente Medio, que me pidieron en inglés que les sacara una foto delante del monumento en cuestión, allí en la Odeonsplatz. Cuando les devolví a la cámara uno me preguntó, sonriendo y en tono confidencial, si aquella cosa la había hecho Hitler. Yo les contesté que no, que era más antigua, y callé la verdad: si la hubiese hecho Hitler hoy no iban a quedar de ella ni los cimientos.

Pero pensándolo bien y averiguando un poco, la pregunta del turista oriental no carecía de todo de sentido: este fue un lugar emblemático del nazismo. Tampoco el título de este artículo: si andáis por Múnic no tendréis ningún motivo para evitar este lugar y dar un rodeo, pero en aquellos tristes años sí que lo había.

Resumiendo la historia, Adolf Hitler comenzó su carrera política (por llamarle de alguna manera) en Múnich. El 9 de Noviembre de 1923 se levantó en su famoso “Putsch” o el “Golpe de estado de la Cervecería”, ya que fue en la famosa cervecería Bürgerbräukeller donde soflamó a sus fieles y se levantó contra la República de Weimar. No había llegado su hora y la revuelta fracasó a los pies de los leones de la Feldherrnhalle. La policía detuvo la marcha de los fascistas en la Odeonsplatz, muriendo trece de ellos y cuatro agentes. El golpe fue abortado y Hitler, detenido. Fue juzgado con una condena benévola, y toda esta historia no hizo más que incrementar su popularidad y la de su movimiento, unido a la crisis y declive de la República.

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Monumento a los trece nazis caídos en el Putsch en la Odeonsplatz. Bundesarchiv, Bild 146-1978-004-12A / Hoffmann, Heinrich / CC-BY-SA 3.0 [CC BY-SA 3.0 de], via Wikimedia Commons
Cada nueve de Noviembre tenía lugar un homenaje la esos “héroes”, presidido por el Führer en persona. En dos de estas ocasiones estuvieron cerca de matarlo en sendos atentados, pero salió ileso. El primero, en el homenaje en la Logia del 9 de Noviembre del 1938, le intentó disparar el suízo Maurice Bavaud, sin éxito: no se puso a tiro. En la víspera del mismo acto del año siguiente, el 8 de Noviembre de 1939, explotaba una bomba en la Burgerbräukeller, la misma cervecería donde se había iniciado el fallido Putsch. Allí se había organizado un mitin nazi donde hablaría Adolf Hitler, y durante las semanas anteriores el sistemático y paciente Georg Elser había introducido una bomba de relojería, pieza a pieza, montándola en los bajos del local. La terrible detonación se llevó la vida de muchos nazis por delante, pero sorpresivamente Hitler había acortado su discurso y ya había abandonado el local cuando explotó la bomba, salvando su vida. No salvaron la suya ni Bavaud ni Elser, arrestados y ejecutados.

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11 de Noviembre de 1939. Hitler rinde tributo en la Feldherrnhalle a los muertos del atentado de la Bürgerbräukeller, tres días antes. Bundesarchiv, Bild 183-E12359 / CC-BY-SA [CC BY-SA 3.0 de], via Wikimedia Commons
A parte de los actos de los nueve de Noviembre, la Logia de los Mariscales de Odeonsplatz era un lugar de culto diario y permanente de los nazis, custodiado por las SS. Para disgusto de los muniqueses de buena fe, cualquiera que pasara por delante del pórtico estaba obligado a hacer el saludo nazi, como reverencia a los caídos, bajo amenaza de acabar en el cercano campo de concentración de Dachau. Algo muy engorroso, ya que la plaza era un importante lugar de paso.

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Situación da Viscardigasse/Dückebergergasse, detrás del Palacio Preysing (la Feldherrnhalle estaría delante). Imagen de Google Maps.

Así que los muniqueses que no querían tener que escoger entre el saludo nazi o visitar Dachau, comenzaron a evitar la Feldherrnhalle y la plaza de Odeón, dando un rodeo por una calle trasera, estrecha y discreta, la Viscardigasse. Esta callejuela fue conocida popularmente como la Drückebergergasse, término de difícil traducción: calle de la deserción (del nazismo, se entiende), del escabullirse, del rodeo, del “escaqueo”. Ignoro si los nazis eran tan idiotas para no enterarse de que el tráfico entero peatonal de la gran plaza del Odeón se estaba desplazando a una pequeña calleja, o acaso no quisieron enterarse.

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Homenaje a los cuatro policías fallecidos en el Putsch. By Michael Lucan, München (Own work) [GFDL or CC BY 3.0], via Wikimedia Commons
Tras la derrota del nazismo y la restauración de la zona histórica, los símbolos y monumentos nazis fueron eliminados y la Logia de los Mariscales retornó a su imagen original, la que habían ideado los arquitectos de los tiempos del rey Luís I un siglo antes. Además, una placa rememora los sangrientos enfrentamientos del día del Putsch, pero de manera inversa a lo que querría Hitler: figuran los nombres de los cuatro policías que murieron enfrentándose a los nazis. A pesar de todo, el lugar también es emblemático para neonazis en la actualidad, y el lugar sufrió varios asaltos por grupos de indeseables, sobre todo los 9 de Noviembre. Espero que no evitemos su visión yendo por la calle de atrás, y enfrentemos el problema en la propia plaza. Es nuestra, ya no les pertenece.

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Uno de los leones de la Feldherrnhalle vigila la iglesia de los Teatinos

La desmemoria

Anteayer hubo elecciones en Alemania al Bundestag, el Parlamento nacional que decide quien regirá el gobierno del país en los próximos años, esto es, el canciller. Cancillera, porque no hubo sorpresas y Angela Merkel ostentará el cargo unos cuantos años más en el país en el que resido. Ahí va un pequeño análisis, de un lego en política y de una manera absolutamente subjetiva.

Resumiendo los resultados: como se llevaba diciendo meses, Merkel (la CDU, conservadores) ganó sin apuros, pero no arrasó, es más, nota el desgaste. En parte, también como consecuencia del pinchazo de sus socios conservadores bávaros, la CSU. Esta vez su diletancia “Merkel Sí / Merkel No”, su apoyo o crítica al gobierno federal según pegue el viento, los castigó. Repugnante la deriva de los conservadores bávaros, más preocupados de conseguir el voto xenófobo que de construir algo. Su dominio sobre el estado más rico de Alemania sigue siendo férreo, pero se ven las grietas.

A los socialistas (SPD) sólo les queda el consuelo de que de esta vez fueron con el mejor candidato posible (Martin Schulz, ex-presidente de la Comisión de la UE) y poco más: consiguieron los peores resultados de su historia. Razones: el hundimiento general de la socialdemocracia europea (Francia, PSOE…) y que la SPD había participado en el último gobierno merkeliano (la “Gran Coalición”). Por tanto, sus críticas a la cancillera tuvieron poco recorrido: si hay un problema, los socialistas son percibidos cómo parte de él, no como la solución.

Por atrás, los Verdes se mantienen, la FDP (Liberales, como Ciudadanos pero con más historia) se recupera y los Linke, la izquierda de la izquierda, sigue ahí. Tal y como está el patio, Merkel precisa otra vez de una coalición: o bien con los socialistas o bien con los Verdes y los liberales. Nada nuevo.

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FUENTE: Spiegel. Gana Merkel pero en descenso. Los socialistas prosiguen su caída, los partidos “pequeños” se mantienen e irrumpen los extremistas de la AfD.

Pero la noticia es la irrupción por primera vez de un partido de extrema derecha en el Bundestag, Alternativ für Deutschland (AfD), xenófoba y eurófoba, populista y reaccionaria. Nada menos que un 13% de los votos, la tercera fuerza del parlamento, y la primera de la oposición si los socialistas entran en el gobierno.

¿Qué pasó en Alemaña? Primero, el contexto de las elecciones. El favoritismo de Merkel era indiscutible y las alternativas se diluyeron, el electorado notó el tedio y le faltó a motivación. Y por otra parte hay una parte que está enojada, muy indignada, cansada de que le digan que las cosas vayan bien cuando para ellos no es así. Alemania sigue siendo una de las grandes locomotoras económicas europeas y mundiales. Su superávit exportador es enorme, sus grandes empresas (automoción, químicas, financieras…) dominan el mundo. El paro cayó y hay más demanda de profesionales cualificados en muchos sectores de la que se pode cubrir.

¿Pero, a qué precio? La desigualdad económica se ha disparado, cada vez más gente malvive a pesar de tener un empleo o varios, mientras muchos jubilados no son capaces de seguir pagando con sus pensiones unos alquileres desorbitados, teniendo que buscarse uno de los famosos minijobs. La enseñanza es gratuita, incluyendo la universitaria, y sin embargo sólo acceden a la educación superior los hijos de clase académica y acomodada. Es decir, es muy probable que el hijo de un médico o ingeniero acabe en la universidad, pero si es hijo de un electricista su carrera será una sucesión de zancadillas para que escoja una formación profesional o algo menos cualificado. ¿Y los impuestos? Cada vez más, y más gravosos para los menos favorecidos, y por el contrario menos gasto social (sanidad, infraestructuras, etc.). Y un coste de la vida (energía, combustible, comida, transporte, y por encima de todo y ante todo: la vivienda) al ritmo de los más ricos y del que marquen los especuladores, aplastando a los de abajo. Todos sabéis que un médico o un ingeniero pueden conseguir aquí más de 3000 €/mes para comenzar, pero pocos saben que en la rica Alemania hay sueldos de 500 €/mes o menos por jornada completa, con un precio de la vivienda absolutamente demencial en las grandes ciudades… que es donde hay trabajo. En lo “Macro” el país va de cine, en lo “micro”, la justicia social, va de mal en peor. Alemania se está rompiendo, y Merkel no lo quiere ver.

Por lo tanto esta desigualdad está creando una gran masa de alemanes que sienten que están “perdiendo el tren”, que hay un bienestar y una bonanza que no los incluye, que están pagando una fiesta a la que no están invitados. Gente que trabaja duro (o ya no, pero que trabajó toda su vida) pero que no les vale de nada. O jóvenes que no pueden trabajar, gente que pierde continuamente nivel de vida y está supeditada a ayudas sociales o empleos precarios. Este es el cubo donde pesca la extrema derecha. Donde pescó la AfD lo que consiguieron pescar los abiertamente neonazis de la NPD en la última década. Porque estos son unos skinheads gañanes que siempre se están moviendo en el filo de la ilegalización por apología del nazismo. Los AfD son mucho más inteligentes. Bien, no mucho, son racistas, pero algo más sí. Es decir, estos partidos agrupan la una buena masa de idiotas, pero también la gente empujada por una realidad injusta que encuentra aquí una solución y una esperanza. Erradamente.

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Frauke Petry, la candidata de AfD, no tuvo problema para utilizar la imagen de su propio bebé recién nacido para fines electorales.

No hay país más hostil legalmente contra la extrema derecha que Alemania. Aquí vas al trullo por llevar o poseer una bandera nazi, esvásticas, negar el Holocausto o saludar a lo Sieg Heil, aunque sea de broma. El examen de conciencia fue profundo y doloroso tras la derrota en la 2ªGM, en comparación como por ejemplo con Austria, más cómplice que víctima del nazismo. Los partidos y grupos neonazis son sistemáticamente ilegalizados. Eso vetó su entrada en la vida política, como por ejemplo con el partido extremo NPD, pero no la eclosión del neonazismo, sobre todo en los estados del Este. Hace falta añadir que la desigualdad de la que he hablado antes también es regional: la Reunificación de la RFA con la RDA fue un timo y una decepción, una absorción del Este por parte del Oeste con las reglas de juego de este último, en la que además se desvertebraron las estructuras económicas y sociales del comunismo sin poner nada a cambio. Las industrias cerraron y la juventud quedó a merced de la emigración hacia el rico oeste o de subsistir con la beneficencia. Aquí renace el nazismo, aquí explota la xenofobia en Lichtenhagen en 1992 y aquí, en estos estados, es la AfD la segunda fuerza. En Sajonia, la primera. Curiosamente, los estados donde la inmigración es menor.

Y dale que te pego con la procreación y el racismo. Una mujer embarazada (supongo que no será otra vez la propia Petry) y el eslogan: “Nuevos alemanes? Los haremos nosotros mismos”. Qué sutil.

En este caldo, merkelismo sin vislumbrarse cambios, desigualdad y combate entre la memoria de lo que pasó con el nazismo y la xenofobia, comienza a crecer Alternativ für Deutschland. Fundado hace seis años como partido eurófobo (contrario a la UE y al Euro) y conservador, los acontecimientos lo derivaron hacia un partido xenófobo, radical y contrario al establishment de la democracia alemana, lo que le hace ganar simpatías entre los descontentos.

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Horcas preparadas en la manifestación de Pegida para Siegmar Gabriel (SPD) y Angela Merkel. Adorables, ¿no? Fuente: Die Zeit, foto © Hannibal Hanschke/Reuters

La crisis de los refugiados fue la mecha que hizo explotar el racismo en muchos puntos de Alemaña. No crearlo, ya estaba allí, enlarvado. Acogidos con generosidad en un principio por Merkel (a Roma lo que es de Roma) pero con escasa organización y visión de futuro, les proporcionó a los radicales los enemigos perfectos. No podían ser otra vez los judíos (demasiado pocos en la Bundesrepublik actual) ni los turcos (demasiados, y ya muy integrados): los enemigos eran los refugiados, los munsulmanes, los terroristas. En Dresde nació la Pegida para “defender” (sic) la “Patria” de los “invasores islámicos”, “terroristas” (que vienen huyendo justo de los terroristas, pero a los racistas no les gustan los matices) y los “traidores” de los gobernantes. “Wir sind das Volk”, “Somos el pueblo”, berrean, como diciendo, “Vosotros no, sois traidores”. La AfD fue lista de sobra para absorber ese discurso de la cólera y el odio pero sin arriesgarse a llevar ellos mismos las pancartas en las manifas, que concluyen siempre con cánticos y soflamas nazis. Los de AfD niegan ser neonazis, pero absorben sin complejos movimientos radicales como los “identitarios”, nacionalistas radicales, antisemitas y racistas. Por fuera tienen la imagen de Frauke Petry, su lideresa: radical contra la “vieja política”, ideas pocas pero claras, determinar culpables de las cosas malas y aportar soluciones (inmigrantes fuera, prohibir el islam, volver al marco alemán y poco más). Por dentro: el racismo de siempre y un discurso más sencillo que el mecanismo de una chancleta. Pero funciona.

No importan los hechos ni la realidad, sino la percepción de la gente. La nueva extrema derecha rechaza a la prensa convencional (“Lügenpresse“, prensa mentirosa) e intoxica las redes sociales con noticias falsas (atrocidades cometidas por musulmanes malos malísimos, que son ocultadas por los poderes y la prensa) que proliferan como un cáncer sin ningún control, y son creídas por quien quiere creerlas. La versión germanofacha de las fake news.

No me preocupa intrinsecamente la AfD. Son demasiado idiotas para mantener su propio partido unido (Petry abandona el grupo parlamentario da AfD) y no podrían gobernar con éxito ni una comunidad de vecinos sin llevarla al colapso. Me preocupa más ese sentimiento, esa masa de gente que piensa que todo es culpa de los refugiados y los extranjeros, que tiene nostalgia de una sociedad que nunca existió y que traga con discursos tan simples. Ese desfavorecimiento, esa desigualdad que facilita estos fenómenos que sólo pueden engendrar cosas terribles. Ya lo vivimos, ya lo sabemos. Pensábamos que en Alemania no, que aquí no prendería esa lacra, porque se había hecho un bueno trabajo para tener presente lo acontecido en el pasado. Nos equivocamos.

Los nazis hace 90 años eran un partido con representación inferior a la actual de la AfD. Pero luego vino una crisis económica, y pasó lo que pasó. Recordémoslo.

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Fuck AfD. No nos olvidemos que el 87% de los votantes alemanes rechazaron esa basura. Foto en Flickr de Mike Powell aka Elektrollenlace e licencia.

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Neuperlach, un barrio

 

Neuperlach es el barrio donde vivo y me apetecía escribir sobre él. Precisamente, porque no lo encontrarás en tu guía de Baviera o de la ciudad de Múnich. Aquí no hay monumentos, aquí no se coronaron emperadores ni reyes ni se erigieron catedrales, ni tan siquiera hubo una revolución popular. Es un barrio, sin más, y para un extraño en la capital bávara, aquí no hay nada que ver ni hay nada por lo que venir. Sin embargo, aquí acabamos tras una ardua busca de vivienda, aquí llevamos más de un año y aquí, causalidades de la vida, va a nacer nuestro hijo. No creo que duremos mucho porque pensamos mudarnos (nuestro futuro y minúsculo compañero de piso tiene la culpa), pero Neuperlach es nuestro presente.

Solpor e arco da vella- Sunset and rainbow

Situémonos. Neuperlach es una gran barriada del sur de Múnich, que en tiempos fue extrarradio, pero al crecer tanto la ciudad en extensión hoy en día se puede considerar casi céntrico. En veintipocos minutos se accede al casco histórico y a todos los puntos importantes de la ciudad. Consta en buena parte de grandes bloques de viviendas que, a diferencia de nuestras ciudades, no conforman manzanas y calles, sino que dejan espacios vacíos entre ellos, formando colonias. Lo bueno es que esos espacios vacíos están ajardinados, abundando las zonas verdes, parques y paseos con árboles. Veo incluso ardillas corriendo por las aceras. Así que el barrio es una curiosa mezcla de monstruos de hormigón y cristal emergiendo entre jardines y avenidas. Para unos coruños como nosotros, nada que objetar: estamos acostumbrados a los edificios y crecimos con un déficit de zonas verdes, que aquí hay en abundancia.

(Inciso: insisto en lo de los bloques de viviendas porque es algo muy normal en nuestra cultura urbana, pero no en la centroeuropa rica. Los alemanes como Helmut detestan los edificios de viviendas, todos ansían vivir en una casita con jardín para los niños y hacer asados, garaje para el BMW y casita para el perro. Si este plan falla, Helmut se conformaría con residir en una casa de viviendas, de dos alturas como máximo y jardín comunal. Las torres de viviendas son para los inmigrantes. Pero no puedes montar una ciudad de 2 millones de habitantes y que todos vivan en una casa individual con jardín. Asúmelo, Helmut).

Hay varias empresas importantes con sede en Neuperlach: Siemens, Allianz, Generali, Wacker… Hay un gran centro comercial, el PEP (no, no es un homenaje a la etapa muniquesa de Guardiola), varios más pequeños, supermercados, una biblioteca municipal bastante mal equipada, un centro cultural público con teatro y actividades, un parque enorme (el Ostpark) y varios más pequeños, incluso un bosque (el de Trudering), una piscina municipal, un centro de acogida de refugiados y su Muro de la Vergüenza, colegios, institutos, etcétera. Entre el hormigón, mucha gente que pulula en los atardeceres y hablan idiomas poco germánicos: turco, árabe, serbio, polaco, italiano, rumano… gallego. Sólo nosotros, pero es algo. Gran parte de mis vecinos tiene origen migratorio. Y contra lo de hacer alternativas locales de ocio y culturales juega el arma de doble hilo de la buena comunicación con el casco histórico de Múnich: a menos de media hora están los teatros, cines y discotecas. Lo que incrementa la sensación de que lo bueno empieza cuando se sale de los límites del vecindario.

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La factoría de la Siemens en Neuperlach. Detrás se ven los Alpes, a pesar de estar a más de un ciento de kilómetros al sur.

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También hay cosas que no hay. Cines, teatros (fuera del centro cultural), iniciativas comunitarias culturales, cafeterías fuera del centro comercial, bares de noche, librerías, pequeño comercio no perteneciente a grandes cadenas, o en resumen, cosas que hacer aparte de trabajar y comprar y consumir en el centro comercial. Tampoco busquéis monumentos o historia: aquí todo tiene cincuenta años como máximo, que es el aniversario que celebró el barrio hace poco.

Como muchos otros barrios de grandes ciudades europeas, Neuperlach se ideó a fines de los 60 de una vez sobre plano para alojar a la creciente población urbana (Entlastungsstadt, ciudad de descarga, le llamaron). Así fueron brotando los inmensos bloques en los años 70 y 80. En Francia les llaman banlieues, en alemán, Vorstädte. Suburbios para dar cobijo a los millares de personas que estaban llegando a la ciudad. Los bloques fueron siendo ocupados por gente trabajadora de origen sobre todo extranjero, sobre todo de Turquía y del Este de Europa. “Pedimos mano de obra, y vinieron personas”, dijo alguien. Yo no estaba aquí y no hablo de lo que no sé, pero el Nuevo Perlach pasó de ser un lugar rural y despoblado a ser bestialmente urbano, e inmediatamente devenir en un “punto social candente”: problemas de integración en las escuelas, delincuencia, drogas… yo no estaba, insisto, pero me suena la historia. Hoy en día Neuperlach es más seguro que muchos vecindarios más “centrales”, pero el estigma permanece, y a pesar de no manifestarse en forma de violencia y delincuencia, los problemas de integración son un hecho.

Solpor nas fiestras - Sunset on windows

Hoy en día el vecino neuperlachés típico tiene origen migratorio, pero de segunda o tercera generación. A diferencia del emigrante gallego en Alemania de los años setenta y ochenta, estos no regresaron a su patria y ahora viven aquí sus hijos y netos, muchos con el pasaporte alemán. Leí en un reportaje que un maestro tenía un aula con quince niños de dieciséis nacionalidades, ya que alguno podía tener dos o más. Esos niños están desgarrados de la patria de sus abuelos, y a pesar de todo no son vistos cómo “verdaderos alemanes”, y un sistema clasista les pondrá, por ejemplo, mil zancadillas para avanzar en sus estudios. La diferencia de chavales que acceden a estudios universitarios en barrios como Neuperlach en comparación con otros “más blancos” es escandalosa. No creo que sea todo culpa suya, o de los padres.

Volviendo a las generaciones de emigrantes, no leí estudios sobre el hecho, pero dudo que Neuperlach siga siendo un punto de llegada. ¿Por qué? Porque como ya contamos un día, la gran problemática social y económica de Múnich es la vivienda. Hay poca y el precio se dispara de año en año. Neuperlach está cerca del centro urbano, las viviendas son de calidad si ignoramos la estética y el distrito no es una excepción a esta subida de precios, por lo que está siendo abordado, a pesar de su fama de gueto, por habitantes de mayor nivel económico. Como la famosa gentrificación, pero sin necesidad de poner librerías-café y tiendas de muffins: la burbuja inmobiliaria es suficiente para disparar los alquileres. En el exterior, nada cambia, pero en el interior, va a ser duro para los vecinos de antiguo que no tengan la vivienda en propiedad. Nos incluyo en este lote. Nosotros buscamos un apartamento más amplio para la descendencia próxima, y mucho temo que nos va a tocar vivir más lejos de la Marienplatz, y de mi trabajo, lo que me fastidia bastante más.

Gueto, Neuperlach? Ni yo que llevo quince meses aquí, ni los visitantes temporales que conocemos tenemos esa sensación. A Roma lo que es de Roma y fuera estereotipos. Es un barrio muy tranquilo, sin incidentes, relativamente limpio, de gente trabajadora y en general muy abierta y amable, hablando siempre desde mi experiencia personal y subjetiva. Pero los estereotipos pesan, y Neuperlach suena a ese ghetto boy vestido de rapero, que habla un argot urbano, con escasa cultura, piel morena y comportamiento asocial (“Asis“, les llaman, de Asozialen). No son perjuicios locales contra Neuperlach, sino clasismo, criminalización y ridiculización de la clase obrera y, muchas veces, xenofobia y racismo. Daría para una tesis, pero esto no lo es.

Hay cierta costumbre con los carros de compra de los supermercados que me tiene fascinado y que no he visto en otro lugar en Alemania. Este es un lugar muy alemán en su concepción, pero en el fondo, lejos de la perfección germana. Y me gusta. Sencillamente, se llevan el carro por la calle hasta su casa, dejándolos abandonados por ahí.

Uno de nuestros lugares preferidos es, contiguo a Neuperlach (el “Nuevo Perlach”), el vecindario de Perlach o Altperlach (el “Viejo Perlach”). Si definimos a Neuperlach como un inmenso barrio nuevo y construido de la nada, Altperlach es una pequeña villa bávara antiguamente alejada de Múnich pero que posteriormente fue fagocitada por la ciudad, pero no devorada ni digerida. Conserva su carácter rural, algunas casas bávaras de siglos de antigüedad, sus fiestas populares, la iglesia y el riachuelo de Hachinger Bach. En medio de la urbe y a pocos metros de todo lo que describí arriba. Hay esperanza.

 

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Me despido con una celebridad de Neuperlach, un alemán que quiso ser latino y lo petó en la década pasada versioneando el Mambo nº 5 de Pérez Prado: Lou Bega. Si nunca lo bailasteis, o sois muy jóvenes o tenéis horchata en las venas.

Algunhas ligazóns:

Kehlsteinhaus, el Nido del Águila, la cabaña de Hitler

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Kehlsteinhaus, Berchtesgaden (Baviera, Alemania). El “Nido del Águila”

Estuve por la hermosa comarca de Berchtesgaden de vacaciones, en el sureste de Baviera, al pie de los Alpes y a un tiro de piedra de Salzburgo e Austria. Allí hay una visita casi obligada entre el morbo, el interés histórico y la pura visita turística, ya que es un sitio precioso: la Kehlsteinhaus, la cima de una montaña donde Adolf Hitler se hizo una cabaña, el Nido del Águila. El lugar bien merece unas líneas.

Existe la creencia de que esa casa (la de la foto), en la cima de la montaña Kehlstein (1820 m de altura) para trazar sus planes maquiavélicos mientras disfrutaba del aire de montaña durante sus vacaciones. No es exactamente así, aunque tampoco es del todo falso. Vayamos por partes.

Mal ano - Bad year

Las casas-posadas en las cumbres de las montañas nos parecen una idea muy loca y exótica, pero son muy comunes en los Alpes, primero como refugio de pastores y montañeros y después recicladas a la hostelería como restaurantes. Esa casa en concreto ya existía desde el siglo XIX, con diferentes dueños y denominaciones. Durante la dictadura fue adquirida por el Partido Nazi para agasajar con ella al Führer, Adolf Hitler. No sólo eso, sino que se construyó una carretera desde la base, un túnel de 124 m de largo y un lujoso ascensor dorado, para ascender sin esfuerzo a la cúspide salvando otros 124 m de altura en vertical. Una obra ingente y disparatada, diseñada por Martin Bormann y en la que fallecieron 14 obreros.

Hitler convirtió la posada en una “Casa de Té” para recibir a sus visitas diplomáticas. Todas las visitas estaban escenificadas paso a paso: impresionando a los visitantes con la subida, para dar al oscuro túnel, el ascensor dorado y después la casa de la cúspide, con sus impresionantes vistas, desde el lago Königsee hasta el valle de Berchtesgaden. Se lo regalaron por su 50º cumpleaños. No me digáis que no es un detallazo. Sobre todo cuando los que mueren excavando la montaña son otros.

Túnel de Kehlsteinhaus
Túnel hacia el ascensor.
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Hitler recibe a Chamberlain. Von Bundesarchiv, Bild 183-H12478 / Unbekannt / CC-BY-SA 3.0, CC BY-SA 3.0 de, Link

Este recorrido fue hecho por dos primeros ministros de Gran Bretaña, Lloyd GeorgeChamberlain, este último previo a la rúbrica del Tratado de Munich, en el que Checoslovaquia tuvo que cederle los Sudetes al Reich, a cambio de no iniciar una guerra. Como luego se vio, por poco tiempo. También acogió entrevistas con embajadores, incluido el de la España de Franco, el Marqués de Magaz, o también el primer ministro de Austria, para amenazarlo y chantajearlo previamente a la Anexión (Anschluss) de Austria al Reich, con las consecuencias que todos conocemos. Es un lugar clave para entender la historia de Alemania y de Europa en aquellos oscuros tiempos.

Ahora vienen las contradicciones, estad atentos. Alemania está salpicada de “casas de Hitler”, porque cuando era Führer las recibía de regalo de los lameculos de turno: corporaciones locales del Partido, ayuntamientos, etc. (Ejemplo: a Casa Vermella de Passau), inmuebles que en su vida Adolfo visitó pocas veces o ninguna y que tras la derrota fueron demolidos o ocultados por los aliados para evitar el “turismo nazi”. Este no es el caso, dada la magnitud de los hechos históricos que allí ocurrieron. A pesar de todo, Hitler detestaba la casa de Kehlsteinhaus: los rumores decían que padecía de vértigo y que odiaba las alturas, y toda la idea en conjunto le parecía peligrosa, porque era un lugar desprotegido ante posibles bombardeos o rayos (en serio). Sólo subía cuando venían aquellas visitas del extranjero, en total, no más de una docena de veces, y no más de media hora cada una de ellas. Pero también leemos que pasaba muchísimo tiempo en Berchtesgaden (entonces, Obersalzberg) y que ese era su Cuartel General después de la capital Berlín. ¿Cómo se explica esto? La respuesta es sencilla: “ABAJO”.

Efectivamente, Adolfito no paraba mucho en la cima de la montaña, que es un buen lugar para tomar una cerveza mirando el paisaje (un té, en su caso, detestaba el alcohol), pero poco aconsejable para pasar largas temporadas, ya no digamos con mal tiempo. Donde montó su chiringuito fue más abajo. Los nazis adquirieron la posada de Berghof, y toda la comarca circundante de Obersalzberg. Compraron todos los terrenos a sus propietarios, y si no aceptaban, los expropiaban y los mandaban al campo de concentración de Dachau. Una comunidad tradicional entera de pastores y labradores fue expulsada de sus tierras, que se convirtieron en un gigantesco acuartelamiento nazi.

Hitler hizo de Berghof su residencia de verano, y desde allí trazó planes, leyes, batallas y fechorías. Ya iba por Obersalzberg de vacaciones antes de ser Führer, pero a una residencia mucho más modesta. Alrededor del Berghof, un terreno firmemente custodiado por el ejército, cerrado al público, con cuarteles de la SS y la Gestapo, búnkeres y túneles de emergencia para una posible resistencia y huída, aunque, como sabéis, moriría en su búnker de Berlín. Y, por supuesto, la montaña y la casa de Kehlsteinhaus. En Berghof pasaba sus vacaciones, y si ese despojo humano fue feliz en algún sitio, fue en Berghof, un paraje idílico y a la vez firmemente protegido por los suyos. Y en lo político y militar, si sus ministros Göbbels, Himmler y compañía necesitaban algo de su Führer, tenían que emprender un largo viaje al sur del País.

 

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Con Eva Braun en Berghof, 1942. Fuente: Von Bundesarchiv, B 145 Bild-F051673-0059 / CC-BY-SA, CC BY-SA 3.0 de, Link
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Una asidua en Berghof que visitaba con frecuencia a Adolfito era la por entonces famosa actriz Magda Schneider, que tenía casa en Schönau am Königsee, muy cerca. También con su bebé Romy, nacida en el 38. Si, Romy Schneider, la inolvidable actriz de Sissi Emperatriz. Tiene un museo a la orilla del lago Königsee (Romy, no Magda), donde vivió su infancia. Fuente: página, a su vez tomado de los archivos del INA.
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Todo el acuartelamiento de Obersalzberg, incluída la casa Berghof (nº1). Fuente: Dokumentation Obersalzberg
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Postal con Berghof de Hitler, y las casas de Bormann y Göring. Fuente: Dokumentation Obersalzberg

Vídeo familiar de Hitler en Berghof filmado por su compañera Eva Braun. Aquí lo tenéis pasándolo pipa en las montañas, recibiendo visitas en su bucólica posada-gasthof, sin apreciarse que estaba protegido por una fortificación militar inexpugnable. Sin apreciarse tampoco que Europa ardía en guerra y millones de personas morirían en campos de concentración. Pero no aquí.

Siempre se habla del Nido de las Águilas (o del Águila) o Kehlsteinhaus y pocas veces del Berghof, cuando se calcula que en este último lugar Hitler pasó la tercera parte del tiempo de su triste dictadura, unos cuatro años en total. ¿Por qué? Influye el hecho de que Kehlsteinhaus se conservó hasta nuestros días, pero no el Berghof.

Bundesarchiv Bild 183-2004-1202-502, Obersalzberg, Hermann Göring, Adolf Hitler
Hitler y su ministro Göring en el Berghof, haciendo cosas de nazis. Atribución: Bundesarchiv, Bild 183-2004-1202-502 / CC-BY-SA 3.0 [CC BY-SA 3.0 de], via Wikimedia Commons
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No tengo ni idea de si esto fue en Obersalzberg, par la imagen siempre me ha hecho mucha gracia. Y estupor. Fuente: By AdrianDrozdek (Own work) [CC BY-SA 4.0 (Link), via Wikimedia Commons
¿Que pasó tras la derrota nazi?

Los aliados bombardearon y tomaron el acuartelamiento de Obersalzberg. Por añadidura los nazis le prendieron fuego en su retirada. La casa de la cumbre, el túnel y el ascensor de Kehlsteinhaus, sin embargo, resultaron intactos.

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De US Army – Stars and Stripes, the official US Army magazine, Gemeinfrei, Link

En los años de la posguerra el recinto fue administrado por el ejército estadounidense, que además lo promocionaba como posibilidad turística entre sus oficiales. En los primeros años cincuenta se retiraron y cedieron la zona al Estado Federal de Baviera. En el traspaso de poderes acordaron la voladura de las casas de Hitler (el Berghof), de Göring y de Bormann. Los restos de los edificios militares nazis que quedaban fueron destruidos y la zona reforestada. Quería evitarse el “turismo nazi”, de simpatizantes de extrema derecha, nostálgicos del III Reich o historiófilos morbosos.

 

Sin embargo, los americanos siempre vieron las posibilidades turísticas de la casa de Kehlsteinhaus y la conservaron, y les gustaba llamarle el Eagle’s Nest, el Nido del Águila (o el Eagles’ Nest, el Nido de las Águilas), un nombre que ganó popularidad en todos los idiomas a pesar de ni ser un topónimo tradicional del lugar ni haberse usado nunca en la época nazi, pero que aumentó la categoría de leyenda de la casa de la cumbre. De hecho, los EEUU tienen una buena parte de responsabilidad en que este lugar sea tan popular en todo el mundo.

Sólo es posible llegar arriba con autobuses que parte de una base donde se edificó un Centro de Documentación en el 1995 para los interesados en la historia, donde se puede entrar en parte de los búnkeres (yo no los visité). Efectivamente, esa base de donde parten los autobuses está donde se hallaba el acuartelamiento nazi, pero hoy no queda nada de éste, ni siquiera las ruinas. Tras el trayecto en bus por la carretera estrecha de montaña que construyera Bormann para su Führer, se entra caminando por el túnel y se sube en el ascensor. Arriba, por fin, la casa de Kehlsteinhaus, o si lo preferís, el Nido de las Águilas. Es sólo un restaurante repleto de turistas, con una minúscula exposición que explica un poco la sórdida historia del lugar en aquellos años. Pero el atractivo de la casa, entonces y ahora, son las impresionantes vistas, 200 km a la redonda, desde el lago Königsee, el monte Watzmann, el macizo Untersberg hasta divisar las montañas de Salzburgo, ya en Austria.

Kehlsteinhaus - Pano

Vista desde Kehlsteinhaus

Evidentemente, el lugar tiene un valor natural intrínseco impresionante, si obviamos su uso en los años treinta y cuarenta. Se puede subir incluso desde la base, pero sólo se lo recomiendo a expertos montañeros con buenas piernas y seis horas disponibles para el ascenso. Incluso olvidando estos datos, uno también se puede interesar en aprender algo más sobre la historia. Pero no se puede obviar cierto dilema moral. Se puede disfrutar de una sabrosa cerveza de trigo en ese entorno espectacular, y defenderse diciendo que la casa ya estaba ahí y que Hitler no hizo las montañas ni el paisaje, que sólo se aprovechó de ellos. Pero dudo que tuviese tantos turistas (incluyéndome a mí: hipocresías, las justas) si no fuera por haber sido de cierto modo “la casa de Hitler”. Pero pocos conocen, o mejor dicho, a pocos les interesa que ese espectacular túnel y ascensor fue construido a costa de trabajo seguramente esclavo y vidas humanas, y que además Hitler aborrecía ese sitio y que vivía más abajo. Y que ese “más abajo” fue invadido por los nazis tan sólo porque a Adolf le gustaba ese sitio antes de ser Führer, y que sus habitantes fueron expulsados de sus casas para siempre para que Adolf y sus nazis estuvieran a gusto. Vale que no fue la barbaridad más grande que cometieron esos malnacidos, ni siquiera estaría en el top diez, pero para Obersalzberg fue una tragedia, no una bendición que les iba a traer turismo décadas más tarde.

Königsee from Kehlsteinhaus
Vista del lago Königsee al lado del monte Watzmann, desde la cima de Kehlsteinhaus.

Las autoridades alemanas son siempre ejemplares en la divulgación crítica de su propia dictadura y en su trabajo con su memoria histórica, ni comparar con el caso de España. Pero, en este caso, no sé si se han dado los pasos adecuados, como derrumbar una casa y dejar la otra porque “es bonita” y “atrae turismo”. Aunque desconozco la solución, que dudo también que sea cerrarla o destruirla. Sobran cumbres y montañas en Berchtesgaden, y esta es la más visitada, por algo será. Sea por su belleza, sea por el horror que esconde. Pero cada uno que tome sus conclusiones. La visita vale la pena, cuando menos.

Atribución de las imágenes: las fotos históricas, la debidamente indicada al pie de las mismas. Las actuales de Kehlsteinhaus son de mi autoría y pulsando en la imageh se puede ver la fuente de las mismas en mi espacio de Flickr.

19 de Octubre del 2006

Ice cased Adelie penguins after a blizzard at Cape Denison / photograph by Frank Hurley
State Library of New South Wales. Ice cased Adelie penguins after a blizzard at Cape Denison / photograph by Frank Hurley.  Sin restricciones de Copyright, fuente clicando en la imagen na. Yo la llamo “Alegoría del Castiñeira conociendo en persona el invierno bávaro”.

Dije que no iba a escribir en un tiempo, y así fue durante siete meses. Y esta semana, dos posts. Para este segundo hay una razón, por los números de la fecha de hoy: una efeméride personal. Pero seré breve.

El 19.10.2006, hace exactamente una década, llegaba yo a horas bastante tardías al aeropuerto de Munich. Después tomaría una especie de taxi nocturno hasta la ciudad de Passau, frontera de Baviera con Austria, unos 150 km. A primeros de noviembre comenzaría mi curso de alemán en la Volkshochschule, de la cual no sabía ni pronunciar el nombre. Como ya conté en mis aventuras en mi difunto antiguo blog, estaría cinco meses en la pequeña ciudad fronteriza, nueve años en Regensburg y estos últimos siete meses en la capital del Estado, Munich. Cuento con los dedos, miro otra vez el calendario, las manos a la cabeza.

Diez años en Alemania.

No recuerdo muy bien todos los detalles de aquel 19-Oct, pero me acordaré de esa fecha mientras viva, y pienso que cualquier migrante puede contar lo mismo. Recuerdo también que entonces tenía planes, difusos y susceptibles de modificaciones, como mucho para un año. Como era (¿es?) habitual en mí, no tenía ni idea de si iba a durar en este país, si iba a fracasar, triunfar, si me iba a aburrir yo mismo de la tontería.

Claro que por entonces no sabía alemán, ni había comprobado aún que cada año dura menos y es de peor calidad. Y es que una década a este paso no va a durar ni una mañana. Pero los calendarios no mienten y dicen que llevo diez años de emigrante en este país. Zehn Jahre schon!

Lo que no me dicen los calendarios es si debo celebrarlo, lamentarlo, o reunirlo todo en este revoltijo confuso en el estómago y en la memoria. Porque es la cuarta parte de mi vida y no me gusta poner hitos de “antes” y “después”: hice lo que hice, pasó lo que pasó y el tiempo hizo su trabajo, transcurrir.

Lo que nos queda es la memoria, sobre todo de las cosas buenas y de los errores y aciertos, y también el futuro. No sé desde dónde escribiré dentro de otros diez años. Y menos mal que no lo sé. Pero sea lo que sea, que sigáis ahí. Celebrémoslo o no, venga un brindis.

Múnich

Si Regensburg, la ciudad que me acogió nueve años, merecía un artículo en este blog, Múnich, que lo hace desde siete meses, no va a ser menos. Una es pasado, el futuro no tengo ni idea de dónde nos va a llevar. Pero el presente es Múnich. Y no está mal.

Comienzo con una confesión: Múnich, en este años ratisbonenses, no era mi ciudad favorita de Alemania, ni de lejos. He venido mucho y por diferentes motivos, y llegué a conocerla bastante bien. A nivel turístico no me impresionó. Bien el casco viejo (Altstadt), la Marienplatz y el Nuevo Ayuntamiento, la Catedral (Frauenkirche) es bastante fea, eso sí… No la percibí como una ciudad fea, pero tampoco le vi el encanto. Pero esto va a ser un ejemplo de cómo visitar una ciudad es una cosa y vivir en ella, otra muy distinta.

Múnic
La Ciudad Vieja: la catedral Frauenkirche y el Nuevo Ayuntamiento.

Procederé por conceptos. Allá voy.

Xigante - Giant

  • Pero tú que haces ahí. Poco espectacular para ser contado. Nos aburrimos de la ciudad donde vivíamos y de los empleos que teníamos y nos decidimos a hacer este cambio. Conseguí un empleo en un hospital de Múnich y la cosa de precipitó bastante rápido.
  • Las cifras y el dinero: Múnich es la capital de Baviera, uno de los estados de uno de los países más ricos de Europa. Sí, la economía va bien. Grandes industrias (BMW, MAN, Siemens…), gran actividad comercial, la burocracia del estado bávaro, la bolsa, bancos, aseguradoras, turismo… Es la tercera ciudad en tamaño de Alemania después de Berlín y Hamburgo, millón y medio de muniqueses y un gran área de influencia. El paro es bajo y la demanda de trabajadores sigue atrayendo a millares de nuevos habitantes cada año. Yo entre ellos.
  • Vivible (lo verde). Si estoy a gusto aquí, es porque noto en muchos aspectos las ventajas de vivir en una ciudad grande pero no los inconvenientes. Lo primero que me llamó la atención: las hectáreas dedicadas la zonas verdes. Un parque inmenso, el Jardín Inglés (Englischer Garten) a ambas orillas del río Isar, otros tres o cuatro parques muy grandes (Nymphenburg, Ostpark…) y cientos de plazas arboladas, parques pequeños o sencillos parques y alamedas entre viviendas. En nuestra calle hay tantos árboles que se ven ardillas corriendo, siempre con prisas. El urbanismo es amable, huyendo de los rascacielos de viviendas (sí de negocios, pero en sus zonas específicas) y las calles están pensadas para las bicicletas. Para su tamaño, es tranquila y segura. Incluso está salpicada de pequeños lagos para bañarse en verano. No es nuestro añorado mar, pero consuela.
Par - Couple
El Englischer Garten
  • Cosas bonitas. Si nos salimos de la postal de la Ciudad Vieja, hay zonas muy bonitas. El parque y el palacio de Nymphenburg, iglesias como la de los Asam, el Jardín Inglés, multitud de museos como la Nueva y la Vieja Pinacoteca, barrios agradables como Lehel, Au o Schwabing, una gran oferta cultural y gastronómica… Fuera del conglomerado urbano pero no muy lejos comienzan los Alpes, la famoso Ruta Romántica, el castillo de Neuschwanstein (el del Rey Loco)… La oferta cultural y de espectáculos (desde ópera y teatro clásico a conciertos, musicales, festivales de cine y literatura) es de primera línea. Los monumentos están marcados por la época de esplendor político de la capital del Reino de Baviera, que no duró mucho como nación independiente pero que dejó su huella en el urbanismo. 

    O pazo mírase no espello
    Palacio de Nymphenburg
  • Las distancias. Sí, lo de las viviendas relativamente bajas y tanta zona verde tiene un efecto: Múnich es una ciudad muy extensa y las distancias se alargan. A pesar de ser el transporte urbano y el tráfico bastante racional y eficiente, es preciso consumir bastante tiempo al día en transportes públicos, que son caros pero de todos modos una opción más práctica que el coche. A no ser que puedas recorrerlo en bici. Yo necesito tres cuartos de hora para ir al trabajo y otro tanto para volver, y puedo considerarme afortunado.
O Surfeiro e o Can - Surfer and Dog
En el arroyo Eisbach, cerca del Isar, hay surferos que van a tomar las olas. Mejor dicho, la ola, porque sólo hay una. Cosas de doiches.
  • La vivenda. Hay que advertir de que a pesar de que los sueldos son más altos, el nivel de vida es caro. Pero lo peor es la situación inmobiliaria. Los alquileres son desorbitados, ya sea en el centro como en las ciudades dormitorio de los aledaños, aquí está el metro cuadrado más caro de la Alemania. La demanda es muy alta y como sufrimos nosotros mismos, no es suficiente con estar dispuesto a pagar un alquiler abusivo. La busca de piso aquí consiste en una presentación de candidaturas, en la que le tienes que caer en gracia a la agencia o al casero y destacar entre docenas de candidatos. Una tortura, pero una vez que conseguiste tu nido, se acabó el problema. Lo malo es el porcentaje de salario que se dedica al inmueble. En mi opinión, las causas: una mezcla entre una oferta baja, una demanda alta y mucho aprovechado.
  • Los “pijos” y arrogantes muniqueses. Sí, ese es el estereotipo, a lo mejor derivado de cuando las clases sociales altas y la nobleza que despreciaban el resto de los bávaros, eminentemente rural. No es para tanto. El muniqués es un bávaro de ciudad. Igual de apegado a las tradiciones y al dialecto, amante de la misma forma de vestirse con el Trachten (traje típico) cuando toca Oktoberfest. Pero, a la fuerza, su visión del mundo es menos cerrada y más cosmopolita. En lo político es un feudo tradicional socialista, mientras que Baviera es un imperio de la CSU, la democracia cristiana conservadora regionalista bávara (cuánto epíteto!).
Invernía en Hofgarten - Winterness in Hofgarten
Los Jardines de la Corte (Hofgarten), contiguos al Palacio Real (Residenz)
  • Extranjeros. La cuarta parte de los habitantes de la ciudad son extranjeros (inmigrantes sin nacionalidad alemana) y la tercera tienen raíces migratorias, aunque poseyendo el pasaporte doiche. Un buen ejemplo es mi vecindario y la cantidad de lenguas que oigo hablar en el metro: turco, árabe, múltiples lenguas eslavas, griego, italiano, español…
  • Gallegos en Múnich. Los hay! Siii! Hay una colonia llegada en los últimos años de la crisis, profesionales cualificados y escapados del paro en nuestro país. Y hubo otra, llegada en los años sesenta y setenta, en su mayor parte ya retornada. Aquella generación se reunía en centros gallegos, de los que ya queda poco. Los nuevos son más de grupos de feisbuc y guasap. Pero lo que importa es buscar una tarde para reunirse y, como buenos gallegos, comer algo bien hecho. Si acabas de llegar a la ciudad, búscanos en el Feis, somos los “Galegos en Baviera”.
  • PaulanerLa cerveza. Baviera es la nación de la cerveza (con permiso de los checos) y Múnich es su capital. Es una religión, pero no el brebaje en sí, sino el evento social que tiene a su alrededor. Los Biergarten o terrazas de la cerveza con el buen tiempo y en el interior de las hermosas Brauhaus en invierno. Seis grandes marcas patrocinan todo y proliferan cientos de pequeñas fábricas (Brauerei), muchas en producciones pequeñas que sólo sirven en sus instalaciones.
Pureza bávara (da cervexa)
Las seis grandes: Augustiner, Hacker-Pschorr, Hofbrau, Löwenbrau, Paulaner y Spaten.
  • El Wiesn. Todos habéis oído hablar de la Oktoberfest, pero los muniqueses de verdad la conocen con el nombre de Wiesn, por donde se celebra (la Theresienwiese, Wiese=Campo, Wiesn en bávaro). A finales de Septiembre (no sé por que le llaman “Fiesta de Octubre”), lo quieras o no, el corazón de Múnich late con una fiesta que atrae millones de visitantes y que se debate entre la tradición y el desencanto del turismo masivo y alcohólico. Pero la Fest merece un artículo entero y no va a ser este.
  • El fútbol. Por supuesto, hay que hablar del monopolio del FC Bayern de Múnich, el club más grande de Alemania (sería en estos tiempos como el Real Madrid si no existiera el Barça en el otro plato de la balanza, o viceversa, como se prefiera) y una multinacional deportiva que trascIende muchos niveles, con cientos de millares de seguidores. En Baviera, es el único club, vivido con más pasión que la misma selección. Pero no es el único club en Múnich. Tenemos el entrañable TSV 1860 Múnich, el Sechziger (“el 60”) o los leones: un pasado glorioso (fueron campeones) y una masa irredenta de fieles, al que una gestión nefasta en las últimas décadas los llevó a la segunda división, graves problemas económicos y a jugar en un campo ajeno, el inmenso e inadecuado Allianz Arena, compartido con el FC Bayern, soñando con un campo propio y volver a la gloria. Adivinad con cuál me identifico más. Mención especial al Unterhaching, equipo de barrio del sur, perdido hoy en la Regionalliga pero que asombró a todos hace dos décadas llegando a jugar en la máxima categoría nacional.

    Allianz Arena
    El Allianz Arena (renombrado por la compañía de seguros). Un estadio que comparten un equipo de Champions y otro que sufre en segunda.
  • Neuperlach, mi barrio. No, no perdáis el tiempo buscándolo y en vuestra guía turística. Ya os hablaré de su idiosincrasia. Tampoco va a ser éste el artículo.

Pues eso, si veis a mi madre decidle que estoy bien y que como de todo. Estoy muy contento con la mudanza. Múnich, por tiempo indefinido, que no definitivo, será nuestro hogar. Iremos contando, poco a poco.

Adiós, servus, Regensburg

Así es. No está este blog para contar mi vida privada, pero los cuatro que entran aquí tendrán que aguantarlo.

Hace nueve años…¡nueve años! Que rápido rueda la bola del tiempo… En fin, hace nueve años y medio, ya lo había contado alguna vez, llegué a la pequeña ciudad de Passau con un billete de ida, una paga del paro exportada de España para tres meses, una maleta llena de jerseis, algo de dinero ahorrado y una matrícula hecha en la Volkshochschule en un curso de Alemán, nivel A1, Intensivo. Un sueño de encarrilar mi vida, y de paso aprender un idioma.

Cuatro o cinco meses después hice una entrevista de trabajo en Regensburg (Ratisbona, en los idiomas latinos), en una pequeña empresa genética. Sonaba tan raro antes como ahora. Con mi nivel atrofiado de Alemán, la entrevista fue, para mí, una debacle. Cinco alemanes jefazos dirigiéndome preguntas y yo sin entenderlas a la tercera repetición, en ocasiones no distinguía tan siquiera que era una pregunta, yo tan sólo asentía como un chimpancé mientras los jefazos teutones miraban desconcertados. Salí de allí noqueado por la realidad de la emigración y de la inconsistencia de mi proyecto, deprimido de veras.

Por alguna razón o confluencia astral, me llamaron y me contrataron. Supongo que la causa fue la expansión bestial de la empresa, que en el 2007 pasó de tener 80 a más de 200 trabajadores, yo entre ellos. Los comienzos fueron duros, de continuos cambios, de crecimiento, expansiones e innovaciones que no siempre salían bien, y yo en el medio, mejorando con el idioma pero nunca tan rápido como hubiera querido. Fue jodido. Y un reto excitante. Lo echo de menos.

Ponte de Pedra - Stone Bridge - Steinerne Brücke, Regensburg

¿Regensburg? Una ciudad de tamaño mediano, tranquila, provinciana dirían algunos, pero que rezuma historia. Un casco histórico Patrimonio de la Humanidad, incluyendo puente medieval y catedral. El fuerte más septentrional del Imperio Romano (del Danubio para allá, todos bárbaros). Esplendor comercial en la Edad Media, Ciudad Imperial del Kaiser, patria de Juan de Austria. Luego el declive, luego la recuperación tras la II Guerra Mundial, impulsada por la industria: Siemens, Infineon, BMW, Reinhausen… pequeño paraíso para los ingenieros, mecánicos y robots, y buena cerveza. Yo soy más de esto último. No dejéis de visitarla (la ciudad y la cerveza) si estáis por Baviera: de las ciudades más hermosas de la Germanía. Para mí, un lugar para comenzar. O recomenzar.

Primeiro Regensburg, logo o mundoLa empresa fue absorbida por una multinacional, y ésta por otra multinacional más grande, cambió de nombre, de jefazos. Los jefes de verdad se sientan en un despacho en Estados Unidos, nosotros no los conocemos ni ellos saben dónde está Regensburg. Ley de vida, pez grande, pez chico. Yo aprendí, crecí, maduré, hice buenos amigos y compañeros, y como todo el mundo, las he vivido de todos los colores. Fuera de la empresa, la relación que me había traído a Alemania se desintegró, me fui adaptando al país, hoy estoy casado y feliz de estarlo, llenos de planes e ilusiones.

Nueve años después, acabo el 31 de Marzo en la empresa. Ya he acabado, en realidad, estoy de vacaciones. El 31 será el jueves, y ese mismo día cogeré un tren hacia Munich. Allí comenzaré de nuevo, en un nuevo empleo: en el laboratorio de un hospital, vuelta a la clínica, al servicio público, fuera de la empresa privada. Ilusión y miedo, de eso también está hecha la vida. Y agobio por no conseguir una vivienda en la capital bávara, tarea dura y frustrante, pero se solucionará. Estamos seguros.

Aún no dejo Alemania ni regreso a mi tierra, que es lo que me gustaría… pero dejo Ratisbona. Fue una buena amiga, espero que la urbe bávara, Munich, München (me encanta como la llaman los italianos: Monaco di Baviera), Minga en bávaro (léase “Min-a”, con “n” velar) me acoja bien. Perdón. Que nos acoja bien, a los dos. Deséenme suerte y yo les iré contando.

Múnic

Ya sé que había prometido silencio textual, y así seguirá, esto sólo fue una excepción. Regensburg se lo merecía.

La religión en Alemania: Dios y el dinero

Sankt Emmeram
Iglesia católica de St. Emmeram, Regensburg

En nuestro país y estado cada vez se levantan más voces a favor de una mayor separación de la Iglesia (Católica, en nuestro caso) y el Estado, sobre todo en lo referido a la financiación y la fiscalidad. Y sobre todo en estos tiempos, con el gobierno neonacionalcatólico  que padecemos. Se ponen como ejemplo “Europa” o “el Extranjero”. Pero amigos, no es lo mismo decir Francia, país en el que la separación de poderes y de la Iglesia y el Estado es sagrada, que decir Alemania, donde el Estado es confesional.

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«Konfessionen in Deutschland» por Dufo – Trabajo propio. Disponible bajo la licencia CC BY-SA 3.0 vía Wikimedia Commons.

En Alemania la religión es una parte muy tradicional de la sociedad. Aquí no hay una iglesia estatal y oficial, sino dos, y a diferencia de España, tienen carácter confesional: la Católica Romana y la Evangélica, la iglesia nacional luterana protestante. El número de fieles es muy similar en las dos (cerca de veinticinco millones de inscritos cada una), variando la proporción según el estado (habitualmente con más católicos en el sur y más protestantes en el norte), pero también varía en función de la región o de la ciudad. La Católica la conocéis bien: sigue los dictados del Papa de Roma. La Protestante en realidad son varias iglesias luteranas agrupadas en la Iglesia Evangélica de Alemania. No creen en ciertos sacramentos (Eucaristía, Penitencia), los santos o la virginidad de María. Pero son una religión cristiana y en las cuestiones de ética y rito las diferencias no son grandes. Algo que nos llama la atención: los sacerdotes (pastores) pueden ser mujeres y no están obligados a mantener el celibato, pudiendo casarse y formar una familia.

El papel de las dos iglesias en la reconstrucción democrática de Alemania después de la Guerra Mundial fue muy importante, y su labor benéfica y social en la actualidad es muy apreciada por el alemán medio. Por una parte no extraña ver a obispos en las inauguraciones y actos municipales y civiles, sobre todo en Baviera, donde el catolicismo es un acto de reafirmación nacionalista. Por otra parte, en la vida social está muy mal visto el proselitismo y la intolerancia religiosa: las dos comunidades conviven estrechamente y se respetan. La identidad religiosa del alemán es firme pero no invasiva con el prójimo. Las guerras entre protestantes y católicos quedaron muy atrás y existe un ambiente de tolerancia mutua entre sus feligreses y cierto ecumenismo entre sus autoridades, ya que en buena manera comprendieron que deben caminar unidas en la sociedad alemana moderna. De hecho, casi todas las “conversiones” (cambios de religión) son motivadas por el matrimonio. Así, la influencia de las dos Iglesias, y más la Católica aquí en Baviera, no es despreciable, y no es extraño ver en los periódicos a obispos opinando de lo divino y humano, nunca mejor dicho. Su influencia política tampoco es pequeña en temas como el aborto, sobre todo en la CDU de Merkel y más aún en la católica democracia cristiana bávara de la CSU. Eso explica que la unión homosexual no tenga la categoría de matrimonio (tampoco la unión de hecho, hetero u homosexual), a pesar de que según las encuestas la población alemana sería favorable a ello.

(NOTA: Posteriormente a la publicación de este artículo, en el 2017, se aprobó en Alemania la unión en matrimonio entre personas del mismo sexo)

Una de las cosas que más le choca a un emigrante llegado a Alemania es el sistema de financiación. Una forma bonita de describirlo sería que los fieles sufragan los gastos de su respectiva confesión religiosa. Cada alemán paga un impuesto eclesiástico (Kirchensteuer) sobre su salario, que va a parar a su Iglesia. Y no es una dádiva simbólica, hablamos de, por ejemplo, en el sueldo de un trabajador normal, de 30 a 60 euros mensuales. Hagan cuentas. Este estatuto de “fiel” a una iglesia es heredado, es como te inscribieron tus padres al nacer.

Lo que veo peor es que este pago del impuesto religioso se utiliza como arma de discriminación. La educación es mayoritariamente pública y gratuíta, pero también está en buena parte en manos de las dos iglesias. Si bien (creo) ya no se le puede negar la matrícula de un niño a una escuela por motivos religiosos, sí que se puede vetar a posibles trabajadores por ejercer conductas que no agraden a las autoridades eclesiástcas: no pagar el susodicho impuesto, estar divorciados, convivir en pareja fuera del matrimonio, homosexualidad, etc. Estos trabajadores son susceptibles de no ser contratados o ser despedidos, y lo mismo rige para otras instituciones no religiosas pero controladas por las iglesias: hospitales, benéficas, sanitarias… instituciones regidas en teoría por obispos pero pertenecientes al sistema público y alimentadas por dinero estatal. Y cargos profesionales sin relación con la religión: enfermeros, profesores, técnicos… no catequistas, lo que sería más coherente.

Esta Pax Religiosa tiene toda la apariencia de quebrar en los tiempos que corren, y cada vez son más las voces discordantes, y no sólo desde la izquierda. Una razón es que las iglesias saben mucho de atrapar impuestos, pero poquito de pagarlos: disfrutan de innumerables exenciones y ventajas fiscales. Recaudan mucho, y si algo distingue al pueblo alemán, es la vigilancia y la exigencia sobre cómo se gastan sus impuestos, que por otra parte, en un estado social como éste, son muy elevados. Y el ejemplo dado por las dos iglesias no es muy edificante, con casos como el del obispo de LimburgoFranz-Peter Tebartz-van Elst. 

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„Bischof Franz-Peter Tebartz-van Elst“ da “Christliches Medienmagazin” pro – Flickr: Der Limburger Bischof Franz-Peter Tebartz-van Elst. Licencia CC BY 2.0 über Wikimedia Commons.

Resumiendo el escándalo de este pájaro, a parte de su actitud conservadora, clasista y poco conciliadora, era su agrado por llevar un estilo de vida principesco y movido por el despilfarro: viajes en primera clase, hoteles de cinco estrellas, ropas caras… Pero el escándalo principal estalló alrededor de la reforma de la Residencia Episcopal. El presupuesto inicial de la obra se disparó de los 2,5 millones previstos a casi 40, a causa de las continuas e insensatas modificaciones exigidas por Tebarzt, que quería transformar una residencia ya de por sí nada modesta en un palacio versallesco, para la estupefacción y vergüenza de sus propios feligreses. Y el peor pecado a ojos de un creyente y contribuyente germano: mintió en las cuentas. El papado del también alemán Benedicto-Ratzinger era tolerante con estas actitudes (¿les suena Rouco Varela?), pero el argentino Francisco-Bergoglio lo cesó de su cargo, ya que Tebarzt (segundo pecado en Alemania) no parecía muy dispuesto a dimitir ni comprendía muy bien qué se le reprobaba exactamente. El daño mediático y social a la Iglesia Católica en Alemania, en este caso, fue irreparable.

A pesar de las presiones y amenazas de exclusión social (no recibir más ningún sacramento, como el matrimonio eclesiástico, que en este país está separado del matrimonio civil), cada vez más alemanes piden la apostasía: salirse de su religión y dejar de pagar este impuesto. En Alemania es un proceso bastante simple. El apóstata queda exento de este impuesto, pero eso sí, también de la vida religiosa: no podrá disfrutar de ningún sacramento, optar a empleos en manos de la Iglesia…

O crego e os gansos. The priest and the gooses
Escultura satírica en Regensburg de Joseph Michael Neustifter, “La fuente del Predicador y los Gansos”, por delante y por detrás. Crítica a la doble moral e hipocresía del clero.

Este es un problema para cualquier recién llegado a Alemania desde nuestro país. Uno de los primeros pasos burocráticos del inmigrante es la Anmeldung, el empadronamiento en el ayuntamiento de turno. El funcionario nos pregunta, de buenas a primeras, cuál es nuestra religión. Siendo españoles, se asume que somos católicos y nos pregunta si estamos bautizados. Si admitimos que sí, ay, ya estamos inscritos como católicos en la máquina burocrática germana y sólo será posible corregir esto apostatando. Ya llegaremos a eso. Hay dos posibilidades, o tres:

  • Decimos la verdad. Somos católicos convencidos y decimos que sí, que estamos bautizados y que sufragaremos con gusto y con nuestros generosos Steuer a Tebarzt y compañía, tal como hacíamos en nuestro país con el ático de RoucoO por el contrario, nuestros padres no nos bautizaron y estamos fuera de esa religión, entonces diremos “no” sin ningún cargo de conciencia.
  • Mentimos como bellacos. Nuestros padres nos bautizaron, pero nuestra conciencia religiosa está entre el ateísmo radical y la religiosidad “no practicante”, ese concepto tan español. Lo que no queremos “practicar” es lo de pagar impuestos extra. Entonces decimos que no estamos bautizados y que no somos católicos (ni, por supuesto, protestantes). Esto, a pesar de ser habitual, es un fraude y las autoridades alemanas amenazan con investigar la filiación religiosa en los países de origen de los inmigrantes y cobrar los atrasos. Una amenaza que no parece muy realizable.
  • Está la tercera: ser “legal” y admitir que estás bautizado, pero a continuación querer imitar a los apóstatas alemanes y querer “borrarte” de tu religión. Ahí viene lo complejo: apostatar de la iglesia católica en España no es tan sencillo y depende en buena medida de la buena voluntad de tu diócesis. Sobre todo, si como ya hemos dicho resides en el extranjero. La mayoría de los procesos de apostasía en España son por parte de residentes en el extranjero que no quieren pagar el impuesto eclesiástico.

Las incongruencias de este proceso:

  • Los funcionarios alemanes no informan plenamente de las consecuencias de inscribirte como feligrés de una religión, y no facilitan de primeras información de como salir legalmente de tu iglesia, si es que así lo deseas.
  • Esta decisión legal de pertenecer a una religión no es adulta ni consciente. Depende de si tus padres decidieron que un sacerdote vertiera agua sobre tu cabeza cuando no tenías edad ni para saber defecar solo. Y veinte o treinta años después, y acaso tras una década sin pisar una iglesia, afecta a tus impuestos sobre tu pequeño salario de inmigrante.
  • Como ya hemos dicho, el no inscrito queda fuera de la vida católica (en ese caso) en Alemania. Pero no de su país, no estás excomulgado. Puedes no pagar Kirchensteuer en Alemania y casarte por la iglesia y bautizar a tus hijos en España, por ejemplo. Todo depende de la comunicación entre las iglesias y los estados de los dos países, que en el caso de España y Alemania, tienen funcionamientos muy distintos. Incluso en Alemania esto está llevado a los tribunalesya que para el demandante la religión, las creencias y la fe son un asunto personal que no debería tener nada que ver con su vida civil y fiscal. No sé cómo concluyó el asunto.
  • No afecta a otras confesiones religiosas, que tienen procedimientos diferentes de financiación. Por ejemplo, la tercera religión de Alemania con más de tres millones de fieles, el Islam, carece de impuesto eclesiástico, en parte por que no existe una congregación única de musulmanes a nivel nacional. Las diferentes congregaciones se financian con donaciones de los fieles, lo cual de primeras parece algo mucho más sensato. Otras religiones, como la judía, también siguen otras vías.

Consecuencias: la actitud abusiva y avariciosa de las dos iglesias cristianas tradicionales, los diversos escándalos (los casos de pederastia y la actitud indulgente y encubridora del Vaticano en los anteriores papados desde luego que no ayudaron), y sobre todo en esta vida moderna, pagar impuestos por una confesión personal que no se profesa muy activamente, han hecho que el número de solicitudes de apostasía (Kirchenaustritt) crezca cada año. El distanciamiento personal de la religión es en nuestro país un asunto personal, porque el Estado financia a la Iglesia debajo de la mesa, lo queramos o no. En Alemania, ser cristiano sale caro, y cuando se debilita la fe el ciudadano se pregunta por qué tiene que seguir pagando. La financiación de las iglesias sigue siendo muy generosa, pero parece que es una polémica que crece con los años y con raigambres más profundas que el simple anticlericalismo. Las iglesias alemanas, menos enrocadas en posiciones tradicionalistas que la Católica española, se verán amenazadas por la irrelevancia social y la pérdida de sus privilegios económicos. Pero… esto va despacio. Y más en una sociedad tan conservadora como la alemana. Pero se producirá.

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