La Logia de los Mariscales y cómo evitarla

Hoy hablaremos de un lugar de Múnic que no me gusta mucho, quiero decir, estéticamente, aunque para gustos, etcétera. La encontramos en el límite de la Ciudad Vieja (Altstadt) con la zona universitaria, concretamente en la plaza del Odeón (Odeonsplatz), muy transitada. La plaza está abierta a la Ludwigstrasse hacia el norte, si miramos de frente tendremos a la derecha una parte del inmenso palacio real bávaro,  la Residenz, y a la izquierda la hermosa Iglesia de los Teatinos. Girémonos en dirección al centro de la ciudad, volviendo la espalda a la Ludwigstrasse. Ahí está. La Feldherrnhalle o Logia de los Mariscales.

Odeonsplatz, Neve - Snow
La Feldherrnhalle y a su derecha la iglesia de los Teatinos (Foto mía)

Es una especie de pórtico de tres arcos con las estatuas de dos mariscales de campo bávaros, dos leones y otra estatua central, alegoría de Baviera. Es una imitación de la famosa Loggia dei Lanzi  de Florencia y fue erigida por el rey bávaro Luís I en la época dorada de la arquitectura muniquesa, en 1844, cuando Baviera era un reino independiente y Múnich su próspera capital. El monarca intentó “cerrar” así la poco armoniosa Odeonsplatz, y quizás la dejó peor que antes. Luís I construyó buena parte de lo que es hoy el Múnich monumental y también cosas bastante locas como el Walhalla de cerca de Regensburg, del que hablé hace mucho, o la Sala de la Liberación  de Kelheim. Pero nada comparado a las extravaganzas de su nieto Luís II “el Rey Loco”, el perpetrador del castillo de Neuschwanstein y otras insensateces, pero no nos desviemos de la historia.

León e héroe - Lion and hero
La Feldherrnhalle de noche (foto mía)

La historia que quería contar parte de dos turistas, a mi parecer de la India o de Oriente Medio, que me pidieron en inglés que les sacara una foto delante del monumento en cuestión, allí en la Odeonsplatz. Cuando les devolví a la cámara uno me preguntó, sonriendo y en tono confidencial, si aquella cosa la había hecho Hitler. Yo les contesté que no, que era más antigua, y callé la verdad: si la hubiese hecho Hitler hoy no iban a quedar de ella ni los cimientos.

Pero pensándolo bien y averiguando un poco, la pregunta del turista oriental no carecía de todo de sentido: este fue un lugar emblemático del nazismo. Tampoco el título de este artículo: si andáis por Múnic no tendréis ningún motivo para evitar este lugar y dar un rodeo, pero en aquellos tristes años sí que lo había.

Resumiendo la historia, Adolf Hitler comenzó su carrera política (por llamarle de alguna manera) en Múnich. El 9 de Noviembre de 1923 se levantó en su famoso “Putsch” o el “Golpe de estado de la Cervecería”, ya que fue en la famosa cervecería Bürgerbräukeller donde soflamó a sus fieles y se levantó contra la República de Weimar. No había llegado su hora y la revuelta fracasó a los pies de los leones de la Feldherrnhalle. La policía detuvo la marcha de los fascistas en la Odeonsplatz, muriendo trece de ellos y cuatro agentes. El golpe fue abortado y Hitler, detenido. Fue juzgado con una condena benévola, y toda esta historia no hizo más que incrementar su popularidad y la de su movimiento, unido a la crisis y declive de la República.

Bundesarchiv Bild 183-S11292, München, Ehrenmal in der Feldherrenhalle
Monumento a los trece nazis caídos en el Putsch en la Odeonsplatz. Bundesarchiv, Bild 146-1978-004-12A / Hoffmann, Heinrich / CC-BY-SA 3.0 [CC BY-SA 3.0 de], via Wikimedia Commons
Cada nueve de Noviembre tenía lugar un homenaje la esos “héroes”, presidido por el Führer en persona. En dos de estas ocasiones estuvieron cerca de matarlo en sendos atentados, pero salió ileso. El primero, en el homenaje en la Logia del 9 de Noviembre del 1938, le intentó disparar el suízo Maurice Bavaud, sin éxito: no se puso a tiro. En la víspera del mismo acto del año siguiente, el 8 de Noviembre de 1939, explotaba una bomba en la Burgerbräukeller, la misma cervecería donde se había iniciado el fallido Putsch. Allí se había organizado un mitin nazi donde hablaría Adolf Hitler, y durante las semanas anteriores el sistemático y paciente Georg Elser había introducido una bomba de relojería, pieza a pieza, montándola en los bajos del local. La terrible detonación se llevó la vida de muchos nazis por delante, pero sorpresivamente Hitler había acortado su discurso y ya había abandonado el local cuando explotó la bomba, salvando su vida. No salvaron la suya ni Bavaud ni Elser, arrestados y ejecutados.

Bundesarchiv Bild 183-E12359, München, Adolf Hitler vor Feldherrenhalle
11 de Noviembre de 1939. Hitler rinde tributo en la Feldherrnhalle a los muertos del atentado de la Bürgerbräukeller, tres días antes. Bundesarchiv, Bild 183-E12359 / CC-BY-SA [CC BY-SA 3.0 de], via Wikimedia Commons
A parte de los actos de los nueve de Noviembre, la Logia de los Mariscales de Odeonsplatz era un lugar de culto diario y permanente de los nazis, custodiado por las SS. Para disgusto de los muniqueses de buena fe, cualquiera que pasara por delante del pórtico estaba obligado a hacer el saludo nazi, como reverencia a los caídos, bajo amenaza de acabar en el cercano campo de concentración de Dachau. Algo muy engorroso, ya que la plaza era un importante lugar de paso.

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Situación da Viscardigasse/Dückebergergasse, detrás del Palacio Preysing (la Feldherrnhalle estaría delante). Imagen de Google Maps.

Así que los muniqueses que no querían tener que escoger entre el saludo nazi o visitar Dachau, comenzaron a evitar la Feldherrnhalle y la plaza de Odeón, dando un rodeo por una calle trasera, estrecha y discreta, la Viscardigasse. Esta callejuela fue conocida popularmente como la Drückebergergasse, término de difícil traducción: calle de la deserción (del nazismo, se entiende), del escabullirse, del rodeo, del “escaqueo”. Ignoro si los nazis eran tan idiotas para no enterarse de que el tráfico entero peatonal de la gran plaza del Odeón se estaba desplazando a una pequeña calleja, o acaso no quisieron enterarse.

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Homenaje a los cuatro policías fallecidos en el Putsch. By Michael Lucan, München (Own work) [GFDL or CC BY 3.0], via Wikimedia Commons
Tras la derrota del nazismo y la restauración de la zona histórica, los símbolos y monumentos nazis fueron eliminados y la Logia de los Mariscales retornó a su imagen original, la que habían ideado los arquitectos de los tiempos del rey Luís I un siglo antes. Además, una placa rememora los sangrientos enfrentamientos del día del Putsch, pero de manera inversa a lo que querría Hitler: figuran los nombres de los cuatro policías que murieron enfrentándose a los nazis. A pesar de todo, el lugar también es emblemático para neonazis en la actualidad, y el lugar sufrió varios asaltos por grupos de indeseables, sobre todo los 9 de Noviembre. Espero que no evitemos su visión yendo por la calle de atrás, y enfrentemos el problema en la propia plaza. Es nuestra, ya no les pertenece.

Theatinerkirche
Uno de los leones de la Feldherrnhalle vigila la iglesia de los Teatinos

TSV 1860: Los Leones de Munich

Ya sé que soy pesado con los posts sobre fútbol, y ya no digamos con los de fútbol alemán. Pero esto, por cercanía, me apetecía escribirlo. A ti leerlo, ya no lo sé.

Hace muchos años, incluso antes de siquiera haber pisado yo Alemania, el amigo Romeiruga estuvo por Munich y me trajo de recuerdo una bufanda futbolera, “del equipo de Munich”. Yo no reconocí los colores celeste y blanco en mi única referencia futbolística de aquella (por entonces) remota ciudad bávara, e inquirí: “¿Del Bayern de Munich?”. Y el respondió: “No. DEL OTRO“. El otro es, y seguirá siéndolo, el TSV 1860 München.

Vereinswappen des TSV 1860 München
Escudo do TSV 1860 de Múnic. Fonte: By Gaspard (de.wikipedia.org) [Public domain], via Wikimedia Commons
Su nombre completo es el Turn- und Sportverein 1860 München, haciendo su número alusión a su fecha fundacional. Más de 170 años de antigüedad, aunque creo que no como club de fútbol en su inicio, si no como asociación de “Turn”, o sea, de gimnasia de la época y otros deportes. Pero nadie lo conoce con ese nombrem sino más bien como los “Sechszger” o “60er” (los “sesenta”) o los “Löwen” (los Leones), como la figura de su escudo. Si sus vecinos del FC Bayern se quedaron con el nombre del Estado de Baviera (Bayern), los Sesentas se apropiaron del león y los colores celeste y blanco, emblema y colores del escudo y bandera bávaros.

Es difícil encontrar un club tan a la sombra de otro, tan sometido a comparaciones y tan condenado a ser derrotado en las mismas. Si Munich fuera Madrid, el Bayern sería el Real y el 1860 no sería el Atlético, sino el Rayo Vallecano o aún menos. Atascado en la segunda Bundesliga, con perennes problemas económicos y sin casa propia, todo producto de la fatalidad, los reveses del fútbol moderno y, también hay que decirlo, de una nefasta gestión en las últimas décadas.

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“El gran amor de Munich”. Fuente y derechos

Porque los Leones están heridos y deprimidos, pero lamen sus heridas recordando su historia. Fueron campeones de la Bundesliga en 1966, y tuvieron su época dorada en los años sesenta, en los que además ganaron una Copa de Alemania (tenían otra de 1942) y llegaron a la final de la antigua Recopa. Pero, como si tuviese relación inversamente proporcional, apareció el FC Bayern. Sus vecinos, con un mediocre palmarés hasta 1969 (un campeonato en los años 30), explotaron en los años setenta con aquellos Beckenbauer, Maier, Hoeness y Gerd Müller. Ganaron ligas y Copas de Europa y construyeron inteligentemente el club que son hoy en día: el más poderoso de Alemania, el Rekordmeister, y uno de los primeros del mundo. No caen simpáticos. Tampoco lo pretenden.

(Encima, los vencedores de la Bundesliga en 1966. Equipazo. Fuente clicando en la imagen)

¿Y el 1860? Comenzó en los setenta una montaña rusa con más bajadas que subidas. Sólo cinco años después del campeonato perdieron la categoría, y tras varios ascensos y descensos sin consolidarse en primera, les retiraron la licencia en el 1982 por deudas y chanchullos financieros varios, probando la hiel de la Bayernliga, la división regional. Con este panorama, viendo los aficionados a su querido club pasar de ser el primer club de la ciudad, por encima del Bayern, a ser unos donnadie vagando por campos de tierra, mientras los aborrecidos vecinos edificaban un imperio, lo más difícil era levantarse.

Y lo hicieron. En 1994 regresaban a la Bundesliga, y permanecerían diez años. Y nada mal: participaron dos veces en la Copa de la UEFA y una en la Champions, y vencieron en varios derbis contra los malditos vecinos de la Säbener Strasse. Desde el 2004 penan otra vez por la segunda Bundesliga, y otra vez (siempre es la misma vez) con penurias económicas. En el 2011 se hizo dueño del club un inversor jordano bastante fantasmón y antipático, Hasan Ismaik.

Recapitulando, este modesto equipo muniqués tiene una liga y dos copas, participaciones en las tres copas que había en el continente (¡qué nostalgia de la UEFA y la Recopa!) y jugadores, por mencionar sólo los de las últimas décadas, como Rudi Völler, Hässler, Jeremies, Abedi Pelé, Martin Max (dos veces pichichi defendiendo el escudo del León), los hermanos Bender y hasta Davor Suker vino por aquí en el crepúsculo de su carrera.

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Jens Jeremies, futuro internacional, defendiendo la camiseta de los Leones frente al Bayern. En el 1998 ficharía por los eternos rivales. No fue obstáculo para que en el 2000 los 60er ganaran el derby muniqués… con gol de Jeremies. En propia puerta. El Dios Fútbol tiene sentido del humor.

El FC Bayern es el equipo más seguido de Alemania y una verdadera religión en Baviera. Los apoyos del 1860 fuera de las lindes de Munich son escasos, incluso en Baviera, pero dentro de la ciudad impregnan su huella sus 20000 socios, fieles a sus colores contra toda lógica, hinchando para “El Otro”, a sabiendas de que no van a levantar nunca una Champions y el otro club de la ciudad sí. Sus simpatías se expanden por toda la ciudad, sobre todo donde las antipatías de los “rojos” crecen (el FCB es el equipo oficioso de la CSU, el partido conservador que gobierna Baviera desde el fin de la guerra).

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El avejentado estadio Grünwald. Fotos de Philmensch, Fuente

51Otra cosa que llama la atención es que los Sesenta son casi unos sintecho, un equipo sin casa. Cualquier fanático dirá que su casa es el estadio municipal de Grünwald, en el barrio popular de Giesing. Por desgracia, tuvieron que abandonarlo para jugar primero en el Estadio Olímpico, al no reunir el vetusto Grünwald las condiciones que marcaba la federación alemana para la primera y la segunda Bundesliga. Después el Bayern y el 1860 decidieron construir juntos el imponente Allianz Arena, un estadio Champions que sirve de hogar a ambos equipos. Curiosamente, cambia de color cuando juega cada equipo, rojo con el Bayern, azul con el 1860.

Muy limpio no debió de ser el proceso cuando procesaron al presidente del 1860, Wildmoser, y a su hijo por sobornos y trampas alrededor de la construcción del estadio. El flamante estadio, por su parte, no sólo no hizo más grande a los Leones, si no que resultó una pesada carga para el futuro de éstos, y en general, una pésima idea. El frío, moderno y enorme Allianz es un escenario ideal para un equipo “Champions” como el Bayern, pero ridículamente sobredimensionado para un modesto club de segunda división como el 1860. Por encima, tras su enésima crisis económica tuvieron que vender su parte a sus socios del FC Bayern, pasando a pagar un alquiler también excesivo y gravoso para las arcas del club. La situación es esta: están pagando para estar donde no quieren, quieren marcharse y el Bayern también quiere que se marchen (Hoeness les ofreció una banda de música de viento para acompañarlos en su salida), pero la solución no parece fácil.

Allianz Arena
El magnífico Allianz Arena. Demasiado magnífico para el 1860

En el 2015, tras una pésima temporada en segunda, tuvieron que jugar la promoción de descenso a la 3ª Bundesliga. A los fans se les dilataron las pupilas: en tercera división sí que podrían jugar en su añorado Grünwald Stadion, ya que las restricciones para el mismo sólo afectaban a la 1ª y 2ª división. Pero vencieron en la promoción al Holstein Kiel y permanecieron en Segunda y en el Allianz. Así son los Leones: incluso ganando, pierden. También lejos del césped: el Ayuntamiento rechazó reformar el estadio Grünwald, imposibilitando la vuelta de los Leones a su casa. Pero Ismaik promete hacerlo antes del 2025. No sé cómo, conociendo la economía del club.

En cuanto a la gestión sentimental, hace falta ya una dosis de realismo y olvidarse de esa absurda rivalidad con el Bayern, en la que sólo se puede salir perdiendo. El Bayern está en otro planeta, no se puede rivalizar con una multinacional deportiva que tiene nosécuantas ligas y copas de Europa y contra el que juegas cero veces al año porque te pudres en segunda desde hace una década. Es más, el club rojo ayudó económicamente en ocasiones al azul en varias y apuradas ocasiones. Es mejor centrarse en el capital social y su presencia en la ciudad, su tradición, historia y futuro, sin mirar continuamente a los vecinos. Su “muniquismo”, sus raíces en la ciudad, frente al “globalismo” de los de rojo. Difícil.

En cuanto a lo social, 1860 y Bayern quieren presumir de tener unas gradas libres de extrema derecha y neonazis. Hay iniciativas como”Löwen Fans gegen Rechts” (Hinchas de los Leones contra la extrema derecha) que buscan por un lado extirpar ese virus en las gradas ultra de todos los equipos del mundo, el neonazismo y el racismo. Por otro, ahondan en la memoria histórica, dolorosa, ya que el 1860 fue muy favorecido por el III Reich, y hay manchas que no se limpian ocultándolas, sino con transparencia. El Bayern sufrió en esos oscuros años todo lo contrario, fue etiquetado como “club judío” y barrido de la vida social y deportiva bávara.

Viendo las formas del tal Ismaik (el Sankt Pauli y otros clubs, árbitros, prensa y la Federación se quejaron por el desprecio y las malas formas del 1860 como club con sus rivales) y su pésima gestión deportiva, no veremos pronto a los jugadores blanquicelestes levantar trofeos, como mucho, sus seguidores levantarán cervezas en los bares y en las desangeladas gradas del Allianz, con bufandas como la que tengo yo. Quizás me anime y vaya a apoyarlos un día en el maldito Allianz, y ver probablemente cómo pierden. Es lo que tiene estar con “el Otro”. Pero si San Lorenzo regresó a Boedo, por qué no va el TSV 1860 München regresar al Grünwald Stadion y a la 1ª Bundesliga?

NOTA: Tras el descenso deportivo a 3ª, Hasan Ismaik se negó a pagar la licencia de esa división, siendo el club descendido una categoría aún más abajo, a Regional (4ª categoría del fútbol alemán y bávaro). Hoy Ismaik está fuera del club, los 60 lideran la tabla de la Regionalliga y juegan en el añorado Grünwälderstadion de Giesing, ya que éste sí que está autorizado para acoger partidos de esa categoría. Veremos no sólo si ascienden, sino si consiguen reconstruir el club económicamente.

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Foto de Philmensch, fuente

Múnich

Si Regensburg, la ciudad que me acogió nueve años, merecía un artículo en este blog, Múnich, que lo hace desde siete meses, no va a ser menos. Una es pasado, el futuro no tengo ni idea de dónde nos va a llevar. Pero el presente es Múnich. Y no está mal.

Comienzo con una confesión: Múnich, en este años ratisbonenses, no era mi ciudad favorita de Alemania, ni de lejos. He venido mucho y por diferentes motivos, y llegué a conocerla bastante bien. A nivel turístico no me impresionó. Bien el casco viejo (Altstadt), la Marienplatz y el Nuevo Ayuntamiento, la Catedral (Frauenkirche) es bastante fea, eso sí… No la percibí como una ciudad fea, pero tampoco le vi el encanto. Pero esto va a ser un ejemplo de cómo visitar una ciudad es una cosa y vivir en ella, otra muy distinta.

Múnic
La Ciudad Vieja: la catedral Frauenkirche y el Nuevo Ayuntamiento.

Procederé por conceptos. Allá voy.

Xigante - Giant

  • Pero tú que haces ahí. Poco espectacular para ser contado. Nos aburrimos de la ciudad donde vivíamos y de los empleos que teníamos y nos decidimos a hacer este cambio. Conseguí un empleo en un hospital de Múnich y la cosa de precipitó bastante rápido.
  • Las cifras y el dinero: Múnich es la capital de Baviera, uno de los estados de uno de los países más ricos de Europa. Sí, la economía va bien. Grandes industrias (BMW, MAN, Siemens…), gran actividad comercial, la burocracia del estado bávaro, la bolsa, bancos, aseguradoras, turismo… Es la tercera ciudad en tamaño de Alemania después de Berlín y Hamburgo, millón y medio de muniqueses y un gran área de influencia. El paro es bajo y la demanda de trabajadores sigue atrayendo a millares de nuevos habitantes cada año. Yo entre ellos.
  • Vivible (lo verde). Si estoy a gusto aquí, es porque noto en muchos aspectos las ventajas de vivir en una ciudad grande pero no los inconvenientes. Lo primero que me llamó la atención: las hectáreas dedicadas la zonas verdes. Un parque inmenso, el Jardín Inglés (Englischer Garten) a ambas orillas del río Isar, otros tres o cuatro parques muy grandes (Nymphenburg, Ostpark…) y cientos de plazas arboladas, parques pequeños o sencillos parques y alamedas entre viviendas. En nuestra calle hay tantos árboles que se ven ardillas corriendo, siempre con prisas. El urbanismo es amable, huyendo de los rascacielos de viviendas (sí de negocios, pero en sus zonas específicas) y las calles están pensadas para las bicicletas. Para su tamaño, es tranquila y segura. Incluso está salpicada de pequeños lagos para bañarse en verano. No es nuestro añorado mar, pero consuela.
Par - Couple
El Englischer Garten
  • Cosas bonitas. Si nos salimos de la postal de la Ciudad Vieja, hay zonas muy bonitas. El parque y el palacio de Nymphenburg, iglesias como la de los Asam, el Jardín Inglés, multitud de museos como la Nueva y la Vieja Pinacoteca, barrios agradables como Lehel, Au o Schwabing, una gran oferta cultural y gastronómica… Fuera del conglomerado urbano pero no muy lejos comienzan los Alpes, la famoso Ruta Romántica, el castillo de Neuschwanstein (el del Rey Loco)… La oferta cultural y de espectáculos (desde ópera y teatro clásico a conciertos, musicales, festivales de cine y literatura) es de primera línea. Los monumentos están marcados por la época de esplendor político de la capital del Reino de Baviera, que no duró mucho como nación independiente pero que dejó su huella en el urbanismo. 

    O pazo mírase no espello
    Palacio de Nymphenburg
  • Las distancias. Sí, lo de las viviendas relativamente bajas y tanta zona verde tiene un efecto: Múnich es una ciudad muy extensa y las distancias se alargan. A pesar de ser el transporte urbano y el tráfico bastante racional y eficiente, es preciso consumir bastante tiempo al día en transportes públicos, que son caros pero de todos modos una opción más práctica que el coche. A no ser que puedas recorrerlo en bici. Yo necesito tres cuartos de hora para ir al trabajo y otro tanto para volver, y puedo considerarme afortunado.
O Surfeiro e o Can - Surfer and Dog
En el arroyo Eisbach, cerca del Isar, hay surferos que van a tomar las olas. Mejor dicho, la ola, porque sólo hay una. Cosas de doiches.
  • La vivenda. Hay que advertir de que a pesar de que los sueldos son más altos, el nivel de vida es caro. Pero lo peor es la situación inmobiliaria. Los alquileres son desorbitados, ya sea en el centro como en las ciudades dormitorio de los aledaños, aquí está el metro cuadrado más caro de la Alemania. La demanda es muy alta y como sufrimos nosotros mismos, no es suficiente con estar dispuesto a pagar un alquiler abusivo. La busca de piso aquí consiste en una presentación de candidaturas, en la que le tienes que caer en gracia a la agencia o al casero y destacar entre docenas de candidatos. Una tortura, pero una vez que conseguiste tu nido, se acabó el problema. Lo malo es el porcentaje de salario que se dedica al inmueble. En mi opinión, las causas: una mezcla entre una oferta baja, una demanda alta y mucho aprovechado.
  • Los “pijos” y arrogantes muniqueses. Sí, ese es el estereotipo, a lo mejor derivado de cuando las clases sociales altas y la nobleza que despreciaban el resto de los bávaros, eminentemente rural. No es para tanto. El muniqués es un bávaro de ciudad. Igual de apegado a las tradiciones y al dialecto, amante de la misma forma de vestirse con el Trachten (traje típico) cuando toca Oktoberfest. Pero, a la fuerza, su visión del mundo es menos cerrada y más cosmopolita. En lo político es un feudo tradicional socialista, mientras que Baviera es un imperio de la CSU, la democracia cristiana conservadora regionalista bávara (cuánto epíteto!).
Invernía en Hofgarten - Winterness in Hofgarten
Los Jardines de la Corte (Hofgarten), contiguos al Palacio Real (Residenz)
  • Extranjeros. La cuarta parte de los habitantes de la ciudad son extranjeros (inmigrantes sin nacionalidad alemana) y la tercera tienen raíces migratorias, aunque poseyendo el pasaporte doiche. Un buen ejemplo es mi vecindario y la cantidad de lenguas que oigo hablar en el metro: turco, árabe, múltiples lenguas eslavas, griego, italiano, español…
  • Gallegos en Múnich. Los hay! Siii! Hay una colonia llegada en los últimos años de la crisis, profesionales cualificados y escapados del paro en nuestro país. Y hubo otra, llegada en los años sesenta y setenta, en su mayor parte ya retornada. Aquella generación se reunía en centros gallegos, de los que ya queda poco. Los nuevos son más de grupos de feisbuc y guasap. Pero lo que importa es buscar una tarde para reunirse y, como buenos gallegos, comer algo bien hecho. Si acabas de llegar a la ciudad, búscanos en el Feis, somos los “Galegos en Baviera”.
  • PaulanerLa cerveza. Baviera es la nación de la cerveza (con permiso de los checos) y Múnich es su capital. Es una religión, pero no el brebaje en sí, sino el evento social que tiene a su alrededor. Los Biergarten o terrazas de la cerveza con el buen tiempo y en el interior de las hermosas Brauhaus en invierno. Seis grandes marcas patrocinan todo y proliferan cientos de pequeñas fábricas (Brauerei), muchas en producciones pequeñas que sólo sirven en sus instalaciones.
Pureza bávara (da cervexa)
Las seis grandes: Augustiner, Hacker-Pschorr, Hofbrau, Löwenbrau, Paulaner y Spaten.
  • El Wiesn. Todos habéis oído hablar de la Oktoberfest, pero los muniqueses de verdad la conocen con el nombre de Wiesn, por donde se celebra (la Theresienwiese, Wiese=Campo, Wiesn en bávaro). A finales de Septiembre (no sé por que le llaman “Fiesta de Octubre”), lo quieras o no, el corazón de Múnich late con una fiesta que atrae millones de visitantes y que se debate entre la tradición y el desencanto del turismo masivo y alcohólico. Pero la Fest merece un artículo entero y no va a ser este.
  • El fútbol. Por supuesto, hay que hablar del monopolio del FC Bayern de Múnich, el club más grande de Alemania (sería en estos tiempos como el Real Madrid si no existiera el Barça en el otro plato de la balanza, o viceversa, como se prefiera) y una multinacional deportiva que trascIende muchos niveles, con cientos de millares de seguidores. En Baviera, es el único club, vivido con más pasión que la misma selección. Pero no es el único club en Múnich. Tenemos el entrañable TSV 1860 Múnich, el Sechziger (“el 60”) o los leones: un pasado glorioso (fueron campeones) y una masa irredenta de fieles, al que una gestión nefasta en las últimas décadas los llevó a la segunda división, graves problemas económicos y a jugar en un campo ajeno, el inmenso e inadecuado Allianz Arena, compartido con el FC Bayern, soñando con un campo propio y volver a la gloria. Adivinad con cuál me identifico más. Mención especial al Unterhaching, equipo de barrio del sur, perdido hoy en la Regionalliga pero que asombró a todos hace dos décadas llegando a jugar en la máxima categoría nacional.

    Allianz Arena
    El Allianz Arena (renombrado por la compañía de seguros). Un estadio que comparten un equipo de Champions y otro que sufre en segunda.
  • Neuperlach, mi barrio. No, no perdáis el tiempo buscándolo y en vuestra guía turística. Ya os hablaré de su idiosincrasia. Tampoco va a ser éste el artículo.

Pues eso, si veis a mi madre decidle que estoy bien y que como de todo. Estoy muy contento con la mudanza. Múnich, por tiempo indefinido, que no definitivo, será nuestro hogar. Iremos contando, poco a poco.