Los regresos

El año 1978 está en boca de todos estos días, por motivo del aniversario de la Constitución y el debate sobre qué demonios hacemos con ella. En la historia de mi familia es, en cambio, el año del Regreso. O “regreso”, en modestas minúsculas. El regreso a Galicia.

En julio del 78 mi familia retornó a Galicia desde Suíza, donde habíamos nacido yo y mi hermana. Ella tenía ocho años por aquel entonces, yo era un bebé de catorce meses. Mis padres habían pasado juntos una docena de largos años en el cantón del Jura, francófono y segregado por las malas del cantón germanoparlante de Berna. Antes de casarse mi padre ya vivía allí desde un par de años antes, y mi madre otro tanto en Londres. Somos hijos de emigrantes de larga duración, en aquella Europa rica y hambrienta de mano de obra. Como evidencia en mi DNI figura un lugar exótico de nacimiento: “Delémont (Berna)“. Los jurassiens aún no se habían separado de los berneses y quedó así en el registro.

Lo curioso de toda la historia es que diga “regresamos”, en primera persona del plural. Yo nunca había residido en Galicia y sólo había viajado allí en una vez anterior, aun más de pequeñito. En sentido estricto no “volví” sino que “me mudé” a Galicia. Pero “regresamos” de alguna manera para donde pertenecíamos, no sólo mis padres, sino los cuatro.

Mis padres tomaron en su vida dos decisiones muy difíciles. La primera, abandonar su tierra y familia para progresar, la épica mil veces mal contada del migrante. La segunda, más discreta pero para mí más heroica: abandonar el sitio donde se habían integrado, habían aprendido el idioma y después de mucho trabajo, donde tenían una buena seguridad para su familia, para volver a su país, incierto, inestable y que ya no era el país que habían dejado atrás. Las dos decisiones pudieron salir muy torcidas, pero fueron bien, con sus dificultades

Hace poco más de doce años tomé la primera decisión y vine a Alemania. Las circunstancias del 2006 en adelante tienen poco que ver con las de cuatro décadas atrás para mis padres: hay Skype, telefonía decente y dos vuelos al año de ida y vuelta. El choque cultural para el emigrante de los 70 era enorme, para los de estas épocas, por fortuna, mucho menos. Las otras luchas, el idioma, la xenofobia declarada o la latente, la nostalgia y la soledad, siguen ahí.

Ya os oleréis la conclusión de toda esta arqueología sentimental. Tomé, tomamos, la segunda gran decisión: regresamos. En breves meses, comenzado el 2019, nos instalaremos en Galicia.

Aquí tenemos seguridad y allí muchas incógnitas, pero aun así, sin embargo, a pesar de todo. El miedo es grande, pero menos que la ilusión. No queremos negarle a nuestro niño el crecer en contacto con sus abuelos, su familia, lengua y cultura. En su DNI figurará como lugar de nacimiento “Múnich (Alemania)“, pero será una anécdota, el punto de comienzo de una historia para contar con jirones de la memoria de otros, porque él guardará tantos recuerdos de Baviera cómo yo de Suíza: ninguno.

Por cierto, mis padres fueron dos a Suíza y doce años después volvieron cuatro. Yo vine solo y doce años después volveremos tres. Mi niño tendrá una edad semejante a la mía cuando “regresé” por primera vez de la Suíza. Y él dirá en un futuro: “En el 2019 regresamos a Galicia”. O yo que sé lo que dirá. Sólo sé que ahora esta larga aventura en Baviera se acaba. Comienza otra. Mi segundo regreso, pero este es real.

Nos vemos ahí.

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Cierta familia de gallegos en Suíza, probando con el disparador automático de una cámara analógica. Corría el 77. Son el de verde

 

La Logia de los Mariscales y cómo evitarla

Hoy hablaremos de un lugar de Múnic que no me gusta mucho, quiero decir, estéticamente, aunque para gustos, etcétera. La encontramos en el límite de la Ciudad Vieja (Altstadt) con la zona universitaria, concretamente en la plaza del Odeón (Odeonsplatz), muy transitada. La plaza está abierta a la Ludwigstrasse hacia el norte, si miramos de frente tendremos a la derecha una parte del inmenso palacio real bávaro,  la Residenz, y a la izquierda la hermosa Iglesia de los Teatinos. Girémonos en dirección al centro de la ciudad, volviendo la espalda a la Ludwigstrasse. Ahí está. La Feldherrnhalle o Logia de los Mariscales.

Odeonsplatz, Neve - Snow
La Feldherrnhalle y a su derecha la iglesia de los Teatinos (Foto mía)

Es una especie de pórtico de tres arcos con las estatuas de dos mariscales de campo bávaros, dos leones y otra estatua central, alegoría de Baviera. Es una imitación de la famosa Loggia dei Lanzi  de Florencia y fue erigida por el rey bávaro Luís I en la época dorada de la arquitectura muniquesa, en 1844, cuando Baviera era un reino independiente y Múnich su próspera capital. El monarca intentó “cerrar” así la poco armoniosa Odeonsplatz, y quizás la dejó peor que antes. Luís I construyó buena parte de lo que es hoy el Múnich monumental y también cosas bastante locas como el Walhalla de cerca de Regensburg, del que hablé hace mucho, o la Sala de la Liberación  de Kelheim. Pero nada comparado a las extravaganzas de su nieto Luís II “el Rey Loco”, el perpetrador del castillo de Neuschwanstein y otras insensateces, pero no nos desviemos de la historia.

León e héroe - Lion and hero
La Feldherrnhalle de noche (foto mía)

La historia que quería contar parte de dos turistas, a mi parecer de la India o de Oriente Medio, que me pidieron en inglés que les sacara una foto delante del monumento en cuestión, allí en la Odeonsplatz. Cuando les devolví a la cámara uno me preguntó, sonriendo y en tono confidencial, si aquella cosa la había hecho Hitler. Yo les contesté que no, que era más antigua, y callé la verdad: si la hubiese hecho Hitler hoy no iban a quedar de ella ni los cimientos.

Pero pensándolo bien y averiguando un poco, la pregunta del turista oriental no carecía de todo de sentido: este fue un lugar emblemático del nazismo. Tampoco el título de este artículo: si andáis por Múnic no tendréis ningún motivo para evitar este lugar y dar un rodeo, pero en aquellos tristes años sí que lo había.

Resumiendo la historia, Adolf Hitler comenzó su carrera política (por llamarle de alguna manera) en Múnich. El 9 de Noviembre de 1923 se levantó en su famoso “Putsch” o el “Golpe de estado de la Cervecería”, ya que fue en la famosa cervecería Bürgerbräukeller donde soflamó a sus fieles y se levantó contra la República de Weimar. No había llegado su hora y la revuelta fracasó a los pies de los leones de la Feldherrnhalle. La policía detuvo la marcha de los fascistas en la Odeonsplatz, muriendo trece de ellos y cuatro agentes. El golpe fue abortado y Hitler, detenido. Fue juzgado con una condena benévola, y toda esta historia no hizo más que incrementar su popularidad y la de su movimiento, unido a la crisis y declive de la República.

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Monumento a los trece nazis caídos en el Putsch en la Odeonsplatz. Bundesarchiv, Bild 146-1978-004-12A / Hoffmann, Heinrich / CC-BY-SA 3.0 [CC BY-SA 3.0 de], via Wikimedia Commons
Cada nueve de Noviembre tenía lugar un homenaje la esos “héroes”, presidido por el Führer en persona. En dos de estas ocasiones estuvieron cerca de matarlo en sendos atentados, pero salió ileso. El primero, en el homenaje en la Logia del 9 de Noviembre del 1938, le intentó disparar el suízo Maurice Bavaud, sin éxito: no se puso a tiro. En la víspera del mismo acto del año siguiente, el 8 de Noviembre de 1939, explotaba una bomba en la Burgerbräukeller, la misma cervecería donde se había iniciado el fallido Putsch. Allí se había organizado un mitin nazi donde hablaría Adolf Hitler, y durante las semanas anteriores el sistemático y paciente Georg Elser había introducido una bomba de relojería, pieza a pieza, montándola en los bajos del local. La terrible detonación se llevó la vida de muchos nazis por delante, pero sorpresivamente Hitler había acortado su discurso y ya había abandonado el local cuando explotó la bomba, salvando su vida. No salvaron la suya ni Bavaud ni Elser, arrestados y ejecutados.

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11 de Noviembre de 1939. Hitler rinde tributo en la Feldherrnhalle a los muertos del atentado de la Bürgerbräukeller, tres días antes. Bundesarchiv, Bild 183-E12359 / CC-BY-SA [CC BY-SA 3.0 de], via Wikimedia Commons
A parte de los actos de los nueve de Noviembre, la Logia de los Mariscales de Odeonsplatz era un lugar de culto diario y permanente de los nazis, custodiado por las SS. Para disgusto de los muniqueses de buena fe, cualquiera que pasara por delante del pórtico estaba obligado a hacer el saludo nazi, como reverencia a los caídos, bajo amenaza de acabar en el cercano campo de concentración de Dachau. Algo muy engorroso, ya que la plaza era un importante lugar de paso.

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Situación da Viscardigasse/Dückebergergasse, detrás del Palacio Preysing (la Feldherrnhalle estaría delante). Imagen de Google Maps.

Así que los muniqueses que no querían tener que escoger entre el saludo nazi o visitar Dachau, comenzaron a evitar la Feldherrnhalle y la plaza de Odeón, dando un rodeo por una calle trasera, estrecha y discreta, la Viscardigasse. Esta callejuela fue conocida popularmente como la Drückebergergasse, término de difícil traducción: calle de la deserción (del nazismo, se entiende), del escabullirse, del rodeo, del “escaqueo”. Ignoro si los nazis eran tan idiotas para no enterarse de que el tráfico entero peatonal de la gran plaza del Odeón se estaba desplazando a una pequeña calleja, o acaso no quisieron enterarse.

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Homenaje a los cuatro policías fallecidos en el Putsch. By Michael Lucan, München (Own work) [GFDL or CC BY 3.0], via Wikimedia Commons
Tras la derrota del nazismo y la restauración de la zona histórica, los símbolos y monumentos nazis fueron eliminados y la Logia de los Mariscales retornó a su imagen original, la que habían ideado los arquitectos de los tiempos del rey Luís I un siglo antes. Además, una placa rememora los sangrientos enfrentamientos del día del Putsch, pero de manera inversa a lo que querría Hitler: figuran los nombres de los cuatro policías que murieron enfrentándose a los nazis. A pesar de todo, el lugar también es emblemático para neonazis en la actualidad, y el lugar sufrió varios asaltos por grupos de indeseables, sobre todo los 9 de Noviembre. Espero que no evitemos su visión yendo por la calle de atrás, y enfrentemos el problema en la propia plaza. Es nuestra, ya no les pertenece.

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Uno de los leones de la Feldherrnhalle vigila la iglesia de los Teatinos

La desmemoria

Anteayer hubo elecciones en Alemania al Bundestag, el Parlamento nacional que decide quien regirá el gobierno del país en los próximos años, esto es, el canciller. Cancillera, porque no hubo sorpresas y Angela Merkel ostentará el cargo unos cuantos años más en el país en el que resido. Ahí va un pequeño análisis, de un lego en política y de una manera absolutamente subjetiva.

Resumiendo los resultados: como se llevaba diciendo meses, Merkel (la CDU, conservadores) ganó sin apuros, pero no arrasó, es más, nota el desgaste. En parte, también como consecuencia del pinchazo de sus socios conservadores bávaros, la CSU. Esta vez su diletancia “Merkel Sí / Merkel No”, su apoyo o crítica al gobierno federal según pegue el viento, los castigó. Repugnante la deriva de los conservadores bávaros, más preocupados de conseguir el voto xenófobo que de construir algo. Su dominio sobre el estado más rico de Alemania sigue siendo férreo, pero se ven las grietas.

A los socialistas (SPD) sólo les queda el consuelo de que de esta vez fueron con el mejor candidato posible (Martin Schulz, ex-presidente de la Comisión de la UE) y poco más: consiguieron los peores resultados de su historia. Razones: el hundimiento general de la socialdemocracia europea (Francia, PSOE…) y que la SPD había participado en el último gobierno merkeliano (la “Gran Coalición”). Por tanto, sus críticas a la cancillera tuvieron poco recorrido: si hay un problema, los socialistas son percibidos cómo parte de él, no como la solución.

Por atrás, los Verdes se mantienen, la FDP (Liberales, como Ciudadanos pero con más historia) se recupera y los Linke, la izquierda de la izquierda, sigue ahí. Tal y como está el patio, Merkel precisa otra vez de una coalición: o bien con los socialistas o bien con los Verdes y los liberales. Nada nuevo.

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FUENTE: Spiegel. Gana Merkel pero en descenso. Los socialistas prosiguen su caída, los partidos “pequeños” se mantienen e irrumpen los extremistas de la AfD.

Pero la noticia es la irrupción por primera vez de un partido de extrema derecha en el Bundestag, Alternativ für Deutschland (AfD), xenófoba y eurófoba, populista y reaccionaria. Nada menos que un 13% de los votos, la tercera fuerza del parlamento, y la primera de la oposición si los socialistas entran en el gobierno.

¿Qué pasó en Alemaña? Primero, el contexto de las elecciones. El favoritismo de Merkel era indiscutible y las alternativas se diluyeron, el electorado notó el tedio y le faltó a motivación. Y por otra parte hay una parte que está enojada, muy indignada, cansada de que le digan que las cosas vayan bien cuando para ellos no es así. Alemania sigue siendo una de las grandes locomotoras económicas europeas y mundiales. Su superávit exportador es enorme, sus grandes empresas (automoción, químicas, financieras…) dominan el mundo. El paro cayó y hay más demanda de profesionales cualificados en muchos sectores de la que se pode cubrir.

¿Pero, a qué precio? La desigualdad económica se ha disparado, cada vez más gente malvive a pesar de tener un empleo o varios, mientras muchos jubilados no son capaces de seguir pagando con sus pensiones unos alquileres desorbitados, teniendo que buscarse uno de los famosos minijobs. La enseñanza es gratuita, incluyendo la universitaria, y sin embargo sólo acceden a la educación superior los hijos de clase académica y acomodada. Es decir, es muy probable que el hijo de un médico o ingeniero acabe en la universidad, pero si es hijo de un electricista su carrera será una sucesión de zancadillas para que escoja una formación profesional o algo menos cualificado. ¿Y los impuestos? Cada vez más, y más gravosos para los menos favorecidos, y por el contrario menos gasto social (sanidad, infraestructuras, etc.). Y un coste de la vida (energía, combustible, comida, transporte, y por encima de todo y ante todo: la vivienda) al ritmo de los más ricos y del que marquen los especuladores, aplastando a los de abajo. Todos sabéis que un médico o un ingeniero pueden conseguir aquí más de 3000 €/mes para comenzar, pero pocos saben que en la rica Alemania hay sueldos de 500 €/mes o menos por jornada completa, con un precio de la vivienda absolutamente demencial en las grandes ciudades… que es donde hay trabajo. En lo “Macro” el país va de cine, en lo “micro”, la justicia social, va de mal en peor. Alemania se está rompiendo, y Merkel no lo quiere ver.

Por lo tanto esta desigualdad está creando una gran masa de alemanes que sienten que están “perdiendo el tren”, que hay un bienestar y una bonanza que no los incluye, que están pagando una fiesta a la que no están invitados. Gente que trabaja duro (o ya no, pero que trabajó toda su vida) pero que no les vale de nada. O jóvenes que no pueden trabajar, gente que pierde continuamente nivel de vida y está supeditada a ayudas sociales o empleos precarios. Este es el cubo donde pesca la extrema derecha. Donde pescó la AfD lo que consiguieron pescar los abiertamente neonazis de la NPD en la última década. Porque estos son unos skinheads gañanes que siempre se están moviendo en el filo de la ilegalización por apología del nazismo. Los AfD son mucho más inteligentes. Bien, no mucho, son racistas, pero algo más sí. Es decir, estos partidos agrupan la una buena masa de idiotas, pero también la gente empujada por una realidad injusta que encuentra aquí una solución y una esperanza. Erradamente.

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Frauke Petry, la candidata de AfD, no tuvo problema para utilizar la imagen de su propio bebé recién nacido para fines electorales.

No hay país más hostil legalmente contra la extrema derecha que Alemania. Aquí vas al trullo por llevar o poseer una bandera nazi, esvásticas, negar el Holocausto o saludar a lo Sieg Heil, aunque sea de broma. El examen de conciencia fue profundo y doloroso tras la derrota en la 2ªGM, en comparación como por ejemplo con Austria, más cómplice que víctima del nazismo. Los partidos y grupos neonazis son sistemáticamente ilegalizados. Eso vetó su entrada en la vida política, como por ejemplo con el partido extremo NPD, pero no la eclosión del neonazismo, sobre todo en los estados del Este. Hace falta añadir que la desigualdad de la que he hablado antes también es regional: la Reunificación de la RFA con la RDA fue un timo y una decepción, una absorción del Este por parte del Oeste con las reglas de juego de este último, en la que además se desvertebraron las estructuras económicas y sociales del comunismo sin poner nada a cambio. Las industrias cerraron y la juventud quedó a merced de la emigración hacia el rico oeste o de subsistir con la beneficencia. Aquí renace el nazismo, aquí explota la xenofobia en Lichtenhagen en 1992 y aquí, en estos estados, es la AfD la segunda fuerza. En Sajonia, la primera. Curiosamente, los estados donde la inmigración es menor.

Y dale que te pego con la procreación y el racismo. Una mujer embarazada (supongo que no será otra vez la propia Petry) y el eslogan: “Nuevos alemanes? Los haremos nosotros mismos”. Qué sutil.

En este caldo, merkelismo sin vislumbrarse cambios, desigualdad y combate entre la memoria de lo que pasó con el nazismo y la xenofobia, comienza a crecer Alternativ für Deutschland. Fundado hace seis años como partido eurófobo (contrario a la UE y al Euro) y conservador, los acontecimientos lo derivaron hacia un partido xenófobo, radical y contrario al establishment de la democracia alemana, lo que le hace ganar simpatías entre los descontentos.

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Horcas preparadas en la manifestación de Pegida para Siegmar Gabriel (SPD) y Angela Merkel. Adorables, ¿no? Fuente: Die Zeit, foto © Hannibal Hanschke/Reuters

La crisis de los refugiados fue la mecha que hizo explotar el racismo en muchos puntos de Alemaña. No crearlo, ya estaba allí, enlarvado. Acogidos con generosidad en un principio por Merkel (a Roma lo que es de Roma) pero con escasa organización y visión de futuro, les proporcionó a los radicales los enemigos perfectos. No podían ser otra vez los judíos (demasiado pocos en la Bundesrepublik actual) ni los turcos (demasiados, y ya muy integrados): los enemigos eran los refugiados, los munsulmanes, los terroristas. En Dresde nació la Pegida para “defender” (sic) la “Patria” de los “invasores islámicos”, “terroristas” (que vienen huyendo justo de los terroristas, pero a los racistas no les gustan los matices) y los “traidores” de los gobernantes. “Wir sind das Volk”, “Somos el pueblo”, berrean, como diciendo, “Vosotros no, sois traidores”. La AfD fue lista de sobra para absorber ese discurso de la cólera y el odio pero sin arriesgarse a llevar ellos mismos las pancartas en las manifas, que concluyen siempre con cánticos y soflamas nazis. Los de AfD niegan ser neonazis, pero absorben sin complejos movimientos radicales como los “identitarios”, nacionalistas radicales, antisemitas y racistas. Por fuera tienen la imagen de Frauke Petry, su lideresa: radical contra la “vieja política”, ideas pocas pero claras, determinar culpables de las cosas malas y aportar soluciones (inmigrantes fuera, prohibir el islam, volver al marco alemán y poco más). Por dentro: el racismo de siempre y un discurso más sencillo que el mecanismo de una chancleta. Pero funciona.

No importan los hechos ni la realidad, sino la percepción de la gente. La nueva extrema derecha rechaza a la prensa convencional (“Lügenpresse“, prensa mentirosa) e intoxica las redes sociales con noticias falsas (atrocidades cometidas por musulmanes malos malísimos, que son ocultadas por los poderes y la prensa) que proliferan como un cáncer sin ningún control, y son creídas por quien quiere creerlas. La versión germanofacha de las fake news.

No me preocupa intrinsecamente la AfD. Son demasiado idiotas para mantener su propio partido unido (Petry abandona el grupo parlamentario da AfD) y no podrían gobernar con éxito ni una comunidad de vecinos sin llevarla al colapso. Me preocupa más ese sentimiento, esa masa de gente que piensa que todo es culpa de los refugiados y los extranjeros, que tiene nostalgia de una sociedad que nunca existió y que traga con discursos tan simples. Ese desfavorecimiento, esa desigualdad que facilita estos fenómenos que sólo pueden engendrar cosas terribles. Ya lo vivimos, ya lo sabemos. Pensábamos que en Alemania no, que aquí no prendería esa lacra, porque se había hecho un bueno trabajo para tener presente lo acontecido en el pasado. Nos equivocamos.

Los nazis hace 90 años eran un partido con representación inferior a la actual de la AfD. Pero luego vino una crisis económica, y pasó lo que pasó. Recordémoslo.

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Fuck AfD. No nos olvidemos que el 87% de los votantes alemanes rechazaron esa basura. Foto en Flickr de Mike Powell aka Elektrollenlace e licencia.

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Kehlsteinhaus, el Nido del Águila, la cabaña de Hitler

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Kehlsteinhaus, Berchtesgaden (Baviera, Alemania). El “Nido del Águila”

Estuve por la hermosa comarca de Berchtesgaden de vacaciones, en el sureste de Baviera, al pie de los Alpes y a un tiro de piedra de Salzburgo e Austria. Allí hay una visita casi obligada entre el morbo, el interés histórico y la pura visita turística, ya que es un sitio precioso: la Kehlsteinhaus, la cima de una montaña donde Adolf Hitler se hizo una cabaña, el Nido del Águila. El lugar bien merece unas líneas.

Existe la creencia de que esa casa (la de la foto), en la cima de la montaña Kehlstein (1820 m de altura) para trazar sus planes maquiavélicos mientras disfrutaba del aire de montaña durante sus vacaciones. No es exactamente así, aunque tampoco es del todo falso. Vayamos por partes.

Mal ano - Bad year

Las casas-posadas en las cumbres de las montañas nos parecen una idea muy loca y exótica, pero son muy comunes en los Alpes, primero como refugio de pastores y montañeros y después recicladas a la hostelería como restaurantes. Esa casa en concreto ya existía desde el siglo XIX, con diferentes dueños y denominaciones. Durante la dictadura fue adquirida por el Partido Nazi para agasajar con ella al Führer, Adolf Hitler. No sólo eso, sino que se construyó una carretera desde la base, un túnel de 124 m de largo y un lujoso ascensor dorado, para ascender sin esfuerzo a la cúspide salvando otros 124 m de altura en vertical. Una obra ingente y disparatada, diseñada por Martin Bormann y en la que fallecieron 14 obreros.

Hitler convirtió la posada en una “Casa de Té” para recibir a sus visitas diplomáticas. Todas las visitas estaban escenificadas paso a paso: impresionando a los visitantes con la subida, para dar al oscuro túnel, el ascensor dorado y después la casa de la cúspide, con sus impresionantes vistas, desde el lago Königsee hasta el valle de Berchtesgaden. Se lo regalaron por su 50º cumpleaños. No me digáis que no es un detallazo. Sobre todo cuando los que mueren excavando la montaña son otros.

Túnel de Kehlsteinhaus
Túnel hacia el ascensor.
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Hitler recibe a Chamberlain. Von Bundesarchiv, Bild 183-H12478 / Unbekannt / CC-BY-SA 3.0, CC BY-SA 3.0 de, Link

Este recorrido fue hecho por dos primeros ministros de Gran Bretaña, Lloyd GeorgeChamberlain, este último previo a la rúbrica del Tratado de Munich, en el que Checoslovaquia tuvo que cederle los Sudetes al Reich, a cambio de no iniciar una guerra. Como luego se vio, por poco tiempo. También acogió entrevistas con embajadores, incluido el de la España de Franco, el Marqués de Magaz, o también el primer ministro de Austria, para amenazarlo y chantajearlo previamente a la Anexión (Anschluss) de Austria al Reich, con las consecuencias que todos conocemos. Es un lugar clave para entender la historia de Alemania y de Europa en aquellos oscuros tiempos.

Ahora vienen las contradicciones, estad atentos. Alemania está salpicada de “casas de Hitler”, porque cuando era Führer las recibía de regalo de los lameculos de turno: corporaciones locales del Partido, ayuntamientos, etc. (Ejemplo: a Casa Vermella de Passau), inmuebles que en su vida Adolfo visitó pocas veces o ninguna y que tras la derrota fueron demolidos o ocultados por los aliados para evitar el “turismo nazi”. Este no es el caso, dada la magnitud de los hechos históricos que allí ocurrieron. A pesar de todo, Hitler detestaba la casa de Kehlsteinhaus: los rumores decían que padecía de vértigo y que odiaba las alturas, y toda la idea en conjunto le parecía peligrosa, porque era un lugar desprotegido ante posibles bombardeos o rayos (en serio). Sólo subía cuando venían aquellas visitas del extranjero, en total, no más de una docena de veces, y no más de media hora cada una de ellas. Pero también leemos que pasaba muchísimo tiempo en Berchtesgaden (entonces, Obersalzberg) y que ese era su Cuartel General después de la capital Berlín. ¿Cómo se explica esto? La respuesta es sencilla: “ABAJO”.

Efectivamente, Adolfito no paraba mucho en la cima de la montaña, que es un buen lugar para tomar una cerveza mirando el paisaje (un té, en su caso, detestaba el alcohol), pero poco aconsejable para pasar largas temporadas, ya no digamos con mal tiempo. Donde montó su chiringuito fue más abajo. Los nazis adquirieron la posada de Berghof, y toda la comarca circundante de Obersalzberg. Compraron todos los terrenos a sus propietarios, y si no aceptaban, los expropiaban y los mandaban al campo de concentración de Dachau. Una comunidad tradicional entera de pastores y labradores fue expulsada de sus tierras, que se convirtieron en un gigantesco acuartelamiento nazi.

Hitler hizo de Berghof su residencia de verano, y desde allí trazó planes, leyes, batallas y fechorías. Ya iba por Obersalzberg de vacaciones antes de ser Führer, pero a una residencia mucho más modesta. Alrededor del Berghof, un terreno firmemente custodiado por el ejército, cerrado al público, con cuarteles de la SS y la Gestapo, búnkeres y túneles de emergencia para una posible resistencia y huída, aunque, como sabéis, moriría en su búnker de Berlín. Y, por supuesto, la montaña y la casa de Kehlsteinhaus. En Berghof pasaba sus vacaciones, y si ese despojo humano fue feliz en algún sitio, fue en Berghof, un paraje idílico y a la vez firmemente protegido por los suyos. Y en lo político y militar, si sus ministros Göbbels, Himmler y compañía necesitaban algo de su Führer, tenían que emprender un largo viaje al sur del País.

 

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Con Eva Braun en Berghof, 1942. Fuente: Von Bundesarchiv, B 145 Bild-F051673-0059 / CC-BY-SA, CC BY-SA 3.0 de, Link
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Una asidua en Berghof que visitaba con frecuencia a Adolfito era la por entonces famosa actriz Magda Schneider, que tenía casa en Schönau am Königsee, muy cerca. También con su bebé Romy, nacida en el 38. Si, Romy Schneider, la inolvidable actriz de Sissi Emperatriz. Tiene un museo a la orilla del lago Königsee (Romy, no Magda), donde vivió su infancia. Fuente: página, a su vez tomado de los archivos del INA.
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Todo el acuartelamiento de Obersalzberg, incluída la casa Berghof (nº1). Fuente: Dokumentation Obersalzberg
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Postal con Berghof de Hitler, y las casas de Bormann y Göring. Fuente: Dokumentation Obersalzberg

Vídeo familiar de Hitler en Berghof filmado por su compañera Eva Braun. Aquí lo tenéis pasándolo pipa en las montañas, recibiendo visitas en su bucólica posada-gasthof, sin apreciarse que estaba protegido por una fortificación militar inexpugnable. Sin apreciarse tampoco que Europa ardía en guerra y millones de personas morirían en campos de concentración. Pero no aquí.

Siempre se habla del Nido de las Águilas (o del Águila) o Kehlsteinhaus y pocas veces del Berghof, cuando se calcula que en este último lugar Hitler pasó la tercera parte del tiempo de su triste dictadura, unos cuatro años en total. ¿Por qué? Influye el hecho de que Kehlsteinhaus se conservó hasta nuestros días, pero no el Berghof.

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Hitler y su ministro Göring en el Berghof, haciendo cosas de nazis. Atribución: Bundesarchiv, Bild 183-2004-1202-502 / CC-BY-SA 3.0 [CC BY-SA 3.0 de], via Wikimedia Commons
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No tengo ni idea de si esto fue en Obersalzberg, par la imagen siempre me ha hecho mucha gracia. Y estupor. Fuente: By AdrianDrozdek (Own work) [CC BY-SA 4.0 (Link), via Wikimedia Commons
¿Que pasó tras la derrota nazi?

Los aliados bombardearon y tomaron el acuartelamiento de Obersalzberg. Por añadidura los nazis le prendieron fuego en su retirada. La casa de la cumbre, el túnel y el ascensor de Kehlsteinhaus, sin embargo, resultaron intactos.

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De US Army – Stars and Stripes, the official US Army magazine, Gemeinfrei, Link

En los años de la posguerra el recinto fue administrado por el ejército estadounidense, que además lo promocionaba como posibilidad turística entre sus oficiales. En los primeros años cincuenta se retiraron y cedieron la zona al Estado Federal de Baviera. En el traspaso de poderes acordaron la voladura de las casas de Hitler (el Berghof), de Göring y de Bormann. Los restos de los edificios militares nazis que quedaban fueron destruidos y la zona reforestada. Quería evitarse el “turismo nazi”, de simpatizantes de extrema derecha, nostálgicos del III Reich o historiófilos morbosos.

 

Sin embargo, los americanos siempre vieron las posibilidades turísticas de la casa de Kehlsteinhaus y la conservaron, y les gustaba llamarle el Eagle’s Nest, el Nido del Águila (o el Eagles’ Nest, el Nido de las Águilas), un nombre que ganó popularidad en todos los idiomas a pesar de ni ser un topónimo tradicional del lugar ni haberse usado nunca en la época nazi, pero que aumentó la categoría de leyenda de la casa de la cumbre. De hecho, los EEUU tienen una buena parte de responsabilidad en que este lugar sea tan popular en todo el mundo.

Sólo es posible llegar arriba con autobuses que parte de una base donde se edificó un Centro de Documentación en el 1995 para los interesados en la historia, donde se puede entrar en parte de los búnkeres (yo no los visité). Efectivamente, esa base de donde parten los autobuses está donde se hallaba el acuartelamiento nazi, pero hoy no queda nada de éste, ni siquiera las ruinas. Tras el trayecto en bus por la carretera estrecha de montaña que construyera Bormann para su Führer, se entra caminando por el túnel y se sube en el ascensor. Arriba, por fin, la casa de Kehlsteinhaus, o si lo preferís, el Nido de las Águilas. Es sólo un restaurante repleto de turistas, con una minúscula exposición que explica un poco la sórdida historia del lugar en aquellos años. Pero el atractivo de la casa, entonces y ahora, son las impresionantes vistas, 200 km a la redonda, desde el lago Königsee, el monte Watzmann, el macizo Untersberg hasta divisar las montañas de Salzburgo, ya en Austria.

Kehlsteinhaus - Pano

Vista desde Kehlsteinhaus

Evidentemente, el lugar tiene un valor natural intrínseco impresionante, si obviamos su uso en los años treinta y cuarenta. Se puede subir incluso desde la base, pero sólo se lo recomiendo a expertos montañeros con buenas piernas y seis horas disponibles para el ascenso. Incluso olvidando estos datos, uno también se puede interesar en aprender algo más sobre la historia. Pero no se puede obviar cierto dilema moral. Se puede disfrutar de una sabrosa cerveza de trigo en ese entorno espectacular, y defenderse diciendo que la casa ya estaba ahí y que Hitler no hizo las montañas ni el paisaje, que sólo se aprovechó de ellos. Pero dudo que tuviese tantos turistas (incluyéndome a mí: hipocresías, las justas) si no fuera por haber sido de cierto modo “la casa de Hitler”. Pero pocos conocen, o mejor dicho, a pocos les interesa que ese espectacular túnel y ascensor fue construido a costa de trabajo seguramente esclavo y vidas humanas, y que además Hitler aborrecía ese sitio y que vivía más abajo. Y que ese “más abajo” fue invadido por los nazis tan sólo porque a Adolf le gustaba ese sitio antes de ser Führer, y que sus habitantes fueron expulsados de sus casas para siempre para que Adolf y sus nazis estuvieran a gusto. Vale que no fue la barbaridad más grande que cometieron esos malnacidos, ni siquiera estaría en el top diez, pero para Obersalzberg fue una tragedia, no una bendición que les iba a traer turismo décadas más tarde.

Königsee from Kehlsteinhaus
Vista del lago Königsee al lado del monte Watzmann, desde la cima de Kehlsteinhaus.

Las autoridades alemanas son siempre ejemplares en la divulgación crítica de su propia dictadura y en su trabajo con su memoria histórica, ni comparar con el caso de España. Pero, en este caso, no sé si se han dado los pasos adecuados, como derrumbar una casa y dejar la otra porque “es bonita” y “atrae turismo”. Aunque desconozco la solución, que dudo también que sea cerrarla o destruirla. Sobran cumbres y montañas en Berchtesgaden, y esta es la más visitada, por algo será. Sea por su belleza, sea por el horror que esconde. Pero cada uno que tome sus conclusiones. La visita vale la pena, cuando menos.

Atribución de las imágenes: las fotos históricas, la debidamente indicada al pie de las mismas. Las actuales de Kehlsteinhaus son de mi autoría y pulsando en la imageh se puede ver la fuente de las mismas en mi espacio de Flickr.

TSV 1860: Los Leones de Munich

Ya sé que soy pesado con los posts sobre fútbol, y ya no digamos con los de fútbol alemán. Pero esto, por cercanía, me apetecía escribirlo. A ti leerlo, ya no lo sé.

Hace muchos años, incluso antes de siquiera haber pisado yo Alemania, el amigo Romeiruga estuvo por Munich y me trajo de recuerdo una bufanda futbolera, “del equipo de Munich”. Yo no reconocí los colores celeste y blanco en mi única referencia futbolística de aquella (por entonces) remota ciudad bávara, e inquirí: “¿Del Bayern de Munich?”. Y el respondió: “No. DEL OTRO“. El otro es, y seguirá siéndolo, el TSV 1860 München.

Vereinswappen des TSV 1860 München
Escudo do TSV 1860 de Múnic. Fonte: By Gaspard (de.wikipedia.org) [Public domain], via Wikimedia Commons
Su nombre completo es el Turn- und Sportverein 1860 München, haciendo su número alusión a su fecha fundacional. Más de 170 años de antigüedad, aunque creo que no como club de fútbol en su inicio, si no como asociación de “Turn”, o sea, de gimnasia de la época y otros deportes. Pero nadie lo conoce con ese nombrem sino más bien como los “Sechszger” o “60er” (los “sesenta”) o los “Löwen” (los Leones), como la figura de su escudo. Si sus vecinos del FC Bayern se quedaron con el nombre del Estado de Baviera (Bayern), los Sesentas se apropiaron del león y los colores celeste y blanco, emblema y colores del escudo y bandera bávaros.

Es difícil encontrar un club tan a la sombra de otro, tan sometido a comparaciones y tan condenado a ser derrotado en las mismas. Si Munich fuera Madrid, el Bayern sería el Real y el 1860 no sería el Atlético, sino el Rayo Vallecano o aún menos. Atascado en la segunda Bundesliga, con perennes problemas económicos y sin casa propia, todo producto de la fatalidad, los reveses del fútbol moderno y, también hay que decirlo, de una nefasta gestión en las últimas décadas.

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“El gran amor de Munich”. Fuente y derechos

Porque los Leones están heridos y deprimidos, pero lamen sus heridas recordando su historia. Fueron campeones de la Bundesliga en 1966, y tuvieron su época dorada en los años sesenta, en los que además ganaron una Copa de Alemania (tenían otra de 1942) y llegaron a la final de la antigua Recopa. Pero, como si tuviese relación inversamente proporcional, apareció el FC Bayern. Sus vecinos, con un mediocre palmarés hasta 1969 (un campeonato en los años 30), explotaron en los años setenta con aquellos Beckenbauer, Maier, Hoeness y Gerd Müller. Ganaron ligas y Copas de Europa y construyeron inteligentemente el club que son hoy en día: el más poderoso de Alemania, el Rekordmeister, y uno de los primeros del mundo. No caen simpáticos. Tampoco lo pretenden.

(Encima, los vencedores de la Bundesliga en 1966. Equipazo. Fuente clicando en la imagen)

¿Y el 1860? Comenzó en los setenta una montaña rusa con más bajadas que subidas. Sólo cinco años después del campeonato perdieron la categoría, y tras varios ascensos y descensos sin consolidarse en primera, les retiraron la licencia en el 1982 por deudas y chanchullos financieros varios, probando la hiel de la Bayernliga, la división regional. Con este panorama, viendo los aficionados a su querido club pasar de ser el primer club de la ciudad, por encima del Bayern, a ser unos donnadie vagando por campos de tierra, mientras los aborrecidos vecinos edificaban un imperio, lo más difícil era levantarse.

Y lo hicieron. En 1994 regresaban a la Bundesliga, y permanecerían diez años. Y nada mal: participaron dos veces en la Copa de la UEFA y una en la Champions, y vencieron en varios derbis contra los malditos vecinos de la Säbener Strasse. Desde el 2004 penan otra vez por la segunda Bundesliga, y otra vez (siempre es la misma vez) con penurias económicas. En el 2011 se hizo dueño del club un inversor jordano bastante fantasmón y antipático, Hasan Ismaik.

Recapitulando, este modesto equipo muniqués tiene una liga y dos copas, participaciones en las tres copas que había en el continente (¡qué nostalgia de la UEFA y la Recopa!) y jugadores, por mencionar sólo los de las últimas décadas, como Rudi Völler, Hässler, Jeremies, Abedi Pelé, Martin Max (dos veces pichichi defendiendo el escudo del León), los hermanos Bender y hasta Davor Suker vino por aquí en el crepúsculo de su carrera.

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Jens Jeremies, futuro internacional, defendiendo la camiseta de los Leones frente al Bayern. En el 1998 ficharía por los eternos rivales. No fue obstáculo para que en el 2000 los 60er ganaran el derby muniqués… con gol de Jeremies. En propia puerta. El Dios Fútbol tiene sentido del humor.

El FC Bayern es el equipo más seguido de Alemania y una verdadera religión en Baviera. Los apoyos del 1860 fuera de las lindes de Munich son escasos, incluso en Baviera, pero dentro de la ciudad impregnan su huella sus 20000 socios, fieles a sus colores contra toda lógica, hinchando para “El Otro”, a sabiendas de que no van a levantar nunca una Champions y el otro club de la ciudad sí. Sus simpatías se expanden por toda la ciudad, sobre todo donde las antipatías de los “rojos” crecen (el FCB es el equipo oficioso de la CSU, el partido conservador que gobierna Baviera desde el fin de la guerra).

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El avejentado estadio Grünwald. Fotos de Philmensch, Fuente

51Otra cosa que llama la atención es que los Sesenta son casi unos sintecho, un equipo sin casa. Cualquier fanático dirá que su casa es el estadio municipal de Grünwald, en el barrio popular de Giesing. Por desgracia, tuvieron que abandonarlo para jugar primero en el Estadio Olímpico, al no reunir el vetusto Grünwald las condiciones que marcaba la federación alemana para la primera y la segunda Bundesliga. Después el Bayern y el 1860 decidieron construir juntos el imponente Allianz Arena, un estadio Champions que sirve de hogar a ambos equipos. Curiosamente, cambia de color cuando juega cada equipo, rojo con el Bayern, azul con el 1860.

Muy limpio no debió de ser el proceso cuando procesaron al presidente del 1860, Wildmoser, y a su hijo por sobornos y trampas alrededor de la construcción del estadio. El flamante estadio, por su parte, no sólo no hizo más grande a los Leones, si no que resultó una pesada carga para el futuro de éstos, y en general, una pésima idea. El frío, moderno y enorme Allianz es un escenario ideal para un equipo “Champions” como el Bayern, pero ridículamente sobredimensionado para un modesto club de segunda división como el 1860. Por encima, tras su enésima crisis económica tuvieron que vender su parte a sus socios del FC Bayern, pasando a pagar un alquiler también excesivo y gravoso para las arcas del club. La situación es esta: están pagando para estar donde no quieren, quieren marcharse y el Bayern también quiere que se marchen (Hoeness les ofreció una banda de música de viento para acompañarlos en su salida), pero la solución no parece fácil.

Allianz Arena
El magnífico Allianz Arena. Demasiado magnífico para el 1860

En el 2015, tras una pésima temporada en segunda, tuvieron que jugar la promoción de descenso a la 3ª Bundesliga. A los fans se les dilataron las pupilas: en tercera división sí que podrían jugar en su añorado Grünwald Stadion, ya que las restricciones para el mismo sólo afectaban a la 1ª y 2ª división. Pero vencieron en la promoción al Holstein Kiel y permanecieron en Segunda y en el Allianz. Así son los Leones: incluso ganando, pierden. También lejos del césped: el Ayuntamiento rechazó reformar el estadio Grünwald, imposibilitando la vuelta de los Leones a su casa. Pero Ismaik promete hacerlo antes del 2025. No sé cómo, conociendo la economía del club.

En cuanto a la gestión sentimental, hace falta ya una dosis de realismo y olvidarse de esa absurda rivalidad con el Bayern, en la que sólo se puede salir perdiendo. El Bayern está en otro planeta, no se puede rivalizar con una multinacional deportiva que tiene nosécuantas ligas y copas de Europa y contra el que juegas cero veces al año porque te pudres en segunda desde hace una década. Es más, el club rojo ayudó económicamente en ocasiones al azul en varias y apuradas ocasiones. Es mejor centrarse en el capital social y su presencia en la ciudad, su tradición, historia y futuro, sin mirar continuamente a los vecinos. Su “muniquismo”, sus raíces en la ciudad, frente al “globalismo” de los de rojo. Difícil.

En cuanto a lo social, 1860 y Bayern quieren presumir de tener unas gradas libres de extrema derecha y neonazis. Hay iniciativas como”Löwen Fans gegen Rechts” (Hinchas de los Leones contra la extrema derecha) que buscan por un lado extirpar ese virus en las gradas ultra de todos los equipos del mundo, el neonazismo y el racismo. Por otro, ahondan en la memoria histórica, dolorosa, ya que el 1860 fue muy favorecido por el III Reich, y hay manchas que no se limpian ocultándolas, sino con transparencia. El Bayern sufrió en esos oscuros años todo lo contrario, fue etiquetado como “club judío” y barrido de la vida social y deportiva bávara.

Viendo las formas del tal Ismaik (el Sankt Pauli y otros clubs, árbitros, prensa y la Federación se quejaron por el desprecio y las malas formas del 1860 como club con sus rivales) y su pésima gestión deportiva, no veremos pronto a los jugadores blanquicelestes levantar trofeos, como mucho, sus seguidores levantarán cervezas en los bares y en las desangeladas gradas del Allianz, con bufandas como la que tengo yo. Quizás me anime y vaya a apoyarlos un día en el maldito Allianz, y ver probablemente cómo pierden. Es lo que tiene estar con “el Otro”. Pero si San Lorenzo regresó a Boedo, por qué no va el TSV 1860 München regresar al Grünwald Stadion y a la 1ª Bundesliga?

NOTA: Tras el descenso deportivo a 3ª, Hasan Ismaik se negó a pagar la licencia de esa división, siendo el club descendido una categoría aún más abajo, a Regional (4ª categoría del fútbol alemán y bávaro). Hoy Ismaik está fuera del club, los 60 lideran la tabla de la Regionalliga y juegan en el añorado Grünwälderstadion de Giesing, ya que éste sí que está autorizado para acoger partidos de esa categoría. Veremos no sólo si ascienden, sino si consiguen reconstruir el club económicamente.

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Foto de Philmensch, fuente