La Logia de los Mariscales y cómo evitarla

Hoy hablaremos de un lugar de Múnic que no me gusta mucho, quiero decir, estéticamente, aunque para gustos, etcétera. La encontramos en el límite de la Ciudad Vieja (Altstadt) con la zona universitaria, concretamente en la plaza del Odeón (Odeonsplatz), muy transitada. La plaza está abierta a la Ludwigstrasse hacia el norte, si miramos de frente tendremos a la derecha una parte del inmenso palacio real bávaro,  la Residenz, y a la izquierda la hermosa Iglesia de los Teatinos. Girémonos en dirección al centro de la ciudad, volviendo la espalda a la Ludwigstrasse. Ahí está. La Feldherrnhalle o Logia de los Mariscales.

Odeonsplatz, Neve - Snow
La Feldherrnhalle y a su derecha la iglesia de los Teatinos (Foto mía)

Es una especie de pórtico de tres arcos con las estatuas de dos mariscales de campo bávaros, dos leones y otra estatua central, alegoría de Baviera. Es una imitación de la famosa Loggia dei Lanzi  de Florencia y fue erigida por el rey bávaro Luís I en la época dorada de la arquitectura muniquesa, en 1844, cuando Baviera era un reino independiente y Múnich su próspera capital. El monarca intentó “cerrar” así la poco armoniosa Odeonsplatz, y quizás la dejó peor que antes. Luís I construyó buena parte de lo que es hoy el Múnich monumental y también cosas bastante locas como el Walhalla de cerca de Regensburg, del que hablé hace mucho, o la Sala de la Liberación  de Kelheim. Pero nada comparado a las extravaganzas de su nieto Luís II “el Rey Loco”, el perpetrador del castillo de Neuschwanstein y otras insensateces, pero no nos desviemos de la historia.

León e héroe - Lion and hero
La Feldherrnhalle de noche (foto mía)

La historia que quería contar parte de dos turistas, a mi parecer de la India o de Oriente Medio, que me pidieron en inglés que les sacara una foto delante del monumento en cuestión, allí en la Odeonsplatz. Cuando les devolví a la cámara uno me preguntó, sonriendo y en tono confidencial, si aquella cosa la había hecho Hitler. Yo les contesté que no, que era más antigua, y callé la verdad: si la hubiese hecho Hitler hoy no iban a quedar de ella ni los cimientos.

Pero pensándolo bien y averiguando un poco, la pregunta del turista oriental no carecía de todo de sentido: este fue un lugar emblemático del nazismo. Tampoco el título de este artículo: si andáis por Múnic no tendréis ningún motivo para evitar este lugar y dar un rodeo, pero en aquellos tristes años sí que lo había.

Resumiendo la historia, Adolf Hitler comenzó su carrera política (por llamarle de alguna manera) en Múnich. El 9 de Noviembre de 1923 se levantó en su famoso “Putsch” o el “Golpe de estado de la Cervecería”, ya que fue en la famosa cervecería Bürgerbräukeller donde soflamó a sus fieles y se levantó contra la República de Weimar. No había llegado su hora y la revuelta fracasó a los pies de los leones de la Feldherrnhalle. La policía detuvo la marcha de los fascistas en la Odeonsplatz, muriendo trece de ellos y cuatro agentes. El golpe fue abortado y Hitler, detenido. Fue juzgado con una condena benévola, y toda esta historia no hizo más que incrementar su popularidad y la de su movimiento, unido a la crisis y declive de la República.

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Monumento a los trece nazis caídos en el Putsch en la Odeonsplatz. Bundesarchiv, Bild 146-1978-004-12A / Hoffmann, Heinrich / CC-BY-SA 3.0 [CC BY-SA 3.0 de], via Wikimedia Commons
Cada nueve de Noviembre tenía lugar un homenaje la esos “héroes”, presidido por el Führer en persona. En dos de estas ocasiones estuvieron cerca de matarlo en sendos atentados, pero salió ileso. El primero, en el homenaje en la Logia del 9 de Noviembre del 1938, le intentó disparar el suízo Maurice Bavaud, sin éxito: no se puso a tiro. En la víspera del mismo acto del año siguiente, el 8 de Noviembre de 1939, explotaba una bomba en la Burgerbräukeller, la misma cervecería donde se había iniciado el fallido Putsch. Allí se había organizado un mitin nazi donde hablaría Adolf Hitler, y durante las semanas anteriores el sistemático y paciente Georg Elser había introducido una bomba de relojería, pieza a pieza, montándola en los bajos del local. La terrible detonación se llevó la vida de muchos nazis por delante, pero sorpresivamente Hitler había acortado su discurso y ya había abandonado el local cuando explotó la bomba, salvando su vida. No salvaron la suya ni Bavaud ni Elser, arrestados y ejecutados.

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11 de Noviembre de 1939. Hitler rinde tributo en la Feldherrnhalle a los muertos del atentado de la Bürgerbräukeller, tres días antes. Bundesarchiv, Bild 183-E12359 / CC-BY-SA [CC BY-SA 3.0 de], via Wikimedia Commons
A parte de los actos de los nueve de Noviembre, la Logia de los Mariscales de Odeonsplatz era un lugar de culto diario y permanente de los nazis, custodiado por las SS. Para disgusto de los muniqueses de buena fe, cualquiera que pasara por delante del pórtico estaba obligado a hacer el saludo nazi, como reverencia a los caídos, bajo amenaza de acabar en el cercano campo de concentración de Dachau. Algo muy engorroso, ya que la plaza era un importante lugar de paso.

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Situación da Viscardigasse/Dückebergergasse, detrás del Palacio Preysing (la Feldherrnhalle estaría delante). Imagen de Google Maps.

Así que los muniqueses que no querían tener que escoger entre el saludo nazi o visitar Dachau, comenzaron a evitar la Feldherrnhalle y la plaza de Odeón, dando un rodeo por una calle trasera, estrecha y discreta, la Viscardigasse. Esta callejuela fue conocida popularmente como la Drückebergergasse, término de difícil traducción: calle de la deserción (del nazismo, se entiende), del escabullirse, del rodeo, del “escaqueo”. Ignoro si los nazis eran tan idiotas para no enterarse de que el tráfico entero peatonal de la gran plaza del Odeón se estaba desplazando a una pequeña calleja, o acaso no quisieron enterarse.

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Homenaje a los cuatro policías fallecidos en el Putsch. By Michael Lucan, München (Own work) [GFDL or CC BY 3.0], via Wikimedia Commons
Tras la derrota del nazismo y la restauración de la zona histórica, los símbolos y monumentos nazis fueron eliminados y la Logia de los Mariscales retornó a su imagen original, la que habían ideado los arquitectos de los tiempos del rey Luís I un siglo antes. Además, una placa rememora los sangrientos enfrentamientos del día del Putsch, pero de manera inversa a lo que querría Hitler: figuran los nombres de los cuatro policías que murieron enfrentándose a los nazis. A pesar de todo, el lugar también es emblemático para neonazis en la actualidad, y el lugar sufrió varios asaltos por grupos de indeseables, sobre todo los 9 de Noviembre. Espero que no evitemos su visión yendo por la calle de atrás, y enfrentemos el problema en la propia plaza. Es nuestra, ya no les pertenece.

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Uno de los leones de la Feldherrnhalle vigila la iglesia de los Teatinos

El Zoo de Neuperlach

 

En Múnic hay dos parques zoológicos. Uno convencional, en Hellabrunn, con bichos salvajes que ya no son salvajes, metidos en jaulas con cara lánguida y triste. El otro, con animales salvajes, libres y sueltos y sin embargo, quietos para ir a (ad)mirarlos y fotografiarlos. Animales de tinta de spray. El Zoo de Neuperlach.

Se trata de una intervención cultural en el Quiddezentrum, que era un centro comercial de pequeñas tiendas (panadería, quiosco, la caja de ahorros, la biblioteca…) tan antiguo como el propio barrio de Neuperlach, de finales de los años sesenta o comienzos de los setenta, que toma su nombre de la Quiddestrasse, la calle donde está situado.

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El Quiddezentrum en sus buenos tiempos (foto de una foto expuesta en el propio centro)
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Neuperlachianos setenteros fregando sus respectivos Wagen

Lo malo es que los otros centros comerciales del barrio (el gran PEP del que ya habíamos hablado, junto a otro construido años más tarde a poca distancia) le fueron robando la clientela a las tiendas del “Quidde” hasta ir cerrando todas y quedar abandonado. Como manera de reciclarlo para la comunidad, los locales fueron cedidos a artistas para que estableciesen allí sus estudios. Nacía el Kunsttreff Quiddezentrum. No sólo eso, sino que varios artistas decidieron componer un “zoo” en sus paredes en el 2016, haciendo un recorrido-safari por una jungla urbana, imaginativa y original, abierta a quien la quiera visitar.

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El Quiddezentrum hoy. Ha visto tiempos mejores.

En contra, para algunos, la asimilación mainstream de un arte anónimo y contracultural como el graffiti, polémica eterna que vimos hace poco con las Meninas de Canido en Ferrol (que si la comercialización del evento con bancos y marcas de cerveza, que si Banksy viene o no viene…). A favor, que para mí esa comercialización no se da aquí, y aunque a lo mejor no entra esta acción en el terreno del graffiti o la arte urbana, sí que es un buen intento de recuperar artísticamente un espacio urbano, de otra manera en abandono y decadencia, una humanización por medio de la creatividad de un barrio (Neuperlach, que ya describimos) ya por desgracia no todo lo humano y vivible que debería ser. No sé si se consiguió, pero ha valido la pena intentarlo.

Saqué unas cuantas fotos. Feliz paseo por el Zoo!:

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A pesar de todo, y como yo mismo pude comprobar, el estado del Quiddezentrum no es el idóneo y está proyectada su demolición. Supongo que harán otro espantoso bloque de viviendas que no reparará la pérdida (otra más) de un referente cultural del vecindario. Mientras tanto, disfrutemos del safari y del arte.

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Neuperlach, un barrio

 

Neuperlach es el barrio donde vivo y me apetecía escribir sobre él. Precisamente, porque no lo encontrarás en tu guía de Baviera o de la ciudad de Múnich. Aquí no hay monumentos, aquí no se coronaron emperadores ni reyes ni se erigieron catedrales, ni tan siquiera hubo una revolución popular. Es un barrio, sin más, y para un extraño en la capital bávara, aquí no hay nada que ver ni hay nada por lo que venir. Sin embargo, aquí acabamos tras una ardua busca de vivienda, aquí llevamos más de un año y aquí, causalidades de la vida, va a nacer nuestro hijo. No creo que duremos mucho porque pensamos mudarnos (nuestro futuro y minúsculo compañero de piso tiene la culpa), pero Neuperlach es nuestro presente.

Solpor e arco da vella- Sunset and rainbow

Situémonos. Neuperlach es una gran barriada del sur de Múnich, que en tiempos fue extrarradio, pero al crecer tanto la ciudad en extensión hoy en día se puede considerar casi céntrico. En veintipocos minutos se accede al casco histórico y a todos los puntos importantes de la ciudad. Consta en buena parte de grandes bloques de viviendas que, a diferencia de nuestras ciudades, no conforman manzanas y calles, sino que dejan espacios vacíos entre ellos, formando colonias. Lo bueno es que esos espacios vacíos están ajardinados, abundando las zonas verdes, parques y paseos con árboles. Veo incluso ardillas corriendo por las aceras. Así que el barrio es una curiosa mezcla de monstruos de hormigón y cristal emergiendo entre jardines y avenidas. Para unos coruños como nosotros, nada que objetar: estamos acostumbrados a los edificios y crecimos con un déficit de zonas verdes, que aquí hay en abundancia.

(Inciso: insisto en lo de los bloques de viviendas porque es algo muy normal en nuestra cultura urbana, pero no en la centroeuropa rica. Los alemanes como Helmut detestan los edificios de viviendas, todos ansían vivir en una casita con jardín para los niños y hacer asados, garaje para el BMW y casita para el perro. Si este plan falla, Helmut se conformaría con residir en una casa de viviendas, de dos alturas como máximo y jardín comunal. Las torres de viviendas son para los inmigrantes. Pero no puedes montar una ciudad de 2 millones de habitantes y que todos vivan en una casa individual con jardín. Asúmelo, Helmut).

Hay varias empresas importantes con sede en Neuperlach: Siemens, Allianz, Generali, Wacker… Hay un gran centro comercial, el PEP (no, no es un homenaje a la etapa muniquesa de Guardiola), varios más pequeños, supermercados, una biblioteca municipal bastante mal equipada, un centro cultural público con teatro y actividades, un parque enorme (el Ostpark) y varios más pequeños, incluso un bosque (el de Trudering), una piscina municipal, un centro de acogida de refugiados y su Muro de la Vergüenza, colegios, institutos, etcétera. Entre el hormigón, mucha gente que pulula en los atardeceres y hablan idiomas poco germánicos: turco, árabe, serbio, polaco, italiano, rumano… gallego. Sólo nosotros, pero es algo. Gran parte de mis vecinos tiene origen migratorio. Y contra lo de hacer alternativas locales de ocio y culturales juega el arma de doble hilo de la buena comunicación con el casco histórico de Múnich: a menos de media hora están los teatros, cines y discotecas. Lo que incrementa la sensación de que lo bueno empieza cuando se sale de los límites del vecindario.

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La factoría de la Siemens en Neuperlach. Detrás se ven los Alpes, a pesar de estar a más de un ciento de kilómetros al sur.

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También hay cosas que no hay. Cines, teatros (fuera del centro cultural), iniciativas comunitarias culturales, cafeterías fuera del centro comercial, bares de noche, librerías, pequeño comercio no perteneciente a grandes cadenas, o en resumen, cosas que hacer aparte de trabajar y comprar y consumir en el centro comercial. Tampoco busquéis monumentos o historia: aquí todo tiene cincuenta años como máximo, que es el aniversario que celebró el barrio hace poco.

Como muchos otros barrios de grandes ciudades europeas, Neuperlach se ideó a fines de los 60 de una vez sobre plano para alojar a la creciente población urbana (Entlastungsstadt, ciudad de descarga, le llamaron). Así fueron brotando los inmensos bloques en los años 70 y 80. En Francia les llaman banlieues, en alemán, Vorstädte. Suburbios para dar cobijo a los millares de personas que estaban llegando a la ciudad. Los bloques fueron siendo ocupados por gente trabajadora de origen sobre todo extranjero, sobre todo de Turquía y del Este de Europa. “Pedimos mano de obra, y vinieron personas”, dijo alguien. Yo no estaba aquí y no hablo de lo que no sé, pero el Nuevo Perlach pasó de ser un lugar rural y despoblado a ser bestialmente urbano, e inmediatamente devenir en un “punto social candente”: problemas de integración en las escuelas, delincuencia, drogas… yo no estaba, insisto, pero me suena la historia. Hoy en día Neuperlach es más seguro que muchos vecindarios más “centrales”, pero el estigma permanece, y a pesar de no manifestarse en forma de violencia y delincuencia, los problemas de integración son un hecho.

Solpor nas fiestras - Sunset on windows

Hoy en día el vecino neuperlachés típico tiene origen migratorio, pero de segunda o tercera generación. A diferencia del emigrante gallego en Alemania de los años setenta y ochenta, estos no regresaron a su patria y ahora viven aquí sus hijos y netos, muchos con el pasaporte alemán. Leí en un reportaje que un maestro tenía un aula con quince niños de dieciséis nacionalidades, ya que alguno podía tener dos o más. Esos niños están desgarrados de la patria de sus abuelos, y a pesar de todo no son vistos cómo “verdaderos alemanes”, y un sistema clasista les pondrá, por ejemplo, mil zancadillas para avanzar en sus estudios. La diferencia de chavales que acceden a estudios universitarios en barrios como Neuperlach en comparación con otros “más blancos” es escandalosa. No creo que sea todo culpa suya, o de los padres.

Volviendo a las generaciones de emigrantes, no leí estudios sobre el hecho, pero dudo que Neuperlach siga siendo un punto de llegada. ¿Por qué? Porque como ya contamos un día, la gran problemática social y económica de Múnich es la vivienda. Hay poca y el precio se dispara de año en año. Neuperlach está cerca del centro urbano, las viviendas son de calidad si ignoramos la estética y el distrito no es una excepción a esta subida de precios, por lo que está siendo abordado, a pesar de su fama de gueto, por habitantes de mayor nivel económico. Como la famosa gentrificación, pero sin necesidad de poner librerías-café y tiendas de muffins: la burbuja inmobiliaria es suficiente para disparar los alquileres. En el exterior, nada cambia, pero en el interior, va a ser duro para los vecinos de antiguo que no tengan la vivienda en propiedad. Nos incluyo en este lote. Nosotros buscamos un apartamento más amplio para la descendencia próxima, y mucho temo que nos va a tocar vivir más lejos de la Marienplatz, y de mi trabajo, lo que me fastidia bastante más.

Gueto, Neuperlach? Ni yo que llevo quince meses aquí, ni los visitantes temporales que conocemos tenemos esa sensación. A Roma lo que es de Roma y fuera estereotipos. Es un barrio muy tranquilo, sin incidentes, relativamente limpio, de gente trabajadora y en general muy abierta y amable, hablando siempre desde mi experiencia personal y subjetiva. Pero los estereotipos pesan, y Neuperlach suena a ese ghetto boy vestido de rapero, que habla un argot urbano, con escasa cultura, piel morena y comportamiento asocial (“Asis“, les llaman, de Asozialen). No son perjuicios locales contra Neuperlach, sino clasismo, criminalización y ridiculización de la clase obrera y, muchas veces, xenofobia y racismo. Daría para una tesis, pero esto no lo es.

Hay cierta costumbre con los carros de compra de los supermercados que me tiene fascinado y que no he visto en otro lugar en Alemania. Este es un lugar muy alemán en su concepción, pero en el fondo, lejos de la perfección germana. Y me gusta. Sencillamente, se llevan el carro por la calle hasta su casa, dejándolos abandonados por ahí.

Uno de nuestros lugares preferidos es, contiguo a Neuperlach (el “Nuevo Perlach”), el vecindario de Perlach o Altperlach (el “Viejo Perlach”). Si definimos a Neuperlach como un inmenso barrio nuevo y construido de la nada, Altperlach es una pequeña villa bávara antiguamente alejada de Múnich pero que posteriormente fue fagocitada por la ciudad, pero no devorada ni digerida. Conserva su carácter rural, algunas casas bávaras de siglos de antigüedad, sus fiestas populares, la iglesia y el riachuelo de Hachinger Bach. En medio de la urbe y a pocos metros de todo lo que describí arriba. Hay esperanza.

 

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Me despido con una celebridad de Neuperlach, un alemán que quiso ser latino y lo petó en la década pasada versioneando el Mambo nº 5 de Pérez Prado: Lou Bega. Si nunca lo bailasteis, o sois muy jóvenes o tenéis horchata en las venas.

Algunhas ligazóns:

TSV 1860: Los Leones de Munich

Ya sé que soy pesado con los posts sobre fútbol, y ya no digamos con los de fútbol alemán. Pero esto, por cercanía, me apetecía escribirlo. A ti leerlo, ya no lo sé.

Hace muchos años, incluso antes de siquiera haber pisado yo Alemania, el amigo Romeiruga estuvo por Munich y me trajo de recuerdo una bufanda futbolera, “del equipo de Munich”. Yo no reconocí los colores celeste y blanco en mi única referencia futbolística de aquella (por entonces) remota ciudad bávara, e inquirí: “¿Del Bayern de Munich?”. Y el respondió: “No. DEL OTRO“. El otro es, y seguirá siéndolo, el TSV 1860 München.

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Escudo do TSV 1860 de Múnic. Fonte: By Gaspard (de.wikipedia.org) [Public domain], via Wikimedia Commons
Su nombre completo es el Turn- und Sportverein 1860 München, haciendo su número alusión a su fecha fundacional. Más de 170 años de antigüedad, aunque creo que no como club de fútbol en su inicio, si no como asociación de “Turn”, o sea, de gimnasia de la época y otros deportes. Pero nadie lo conoce con ese nombrem sino más bien como los “Sechszger” o “60er” (los “sesenta”) o los “Löwen” (los Leones), como la figura de su escudo. Si sus vecinos del FC Bayern se quedaron con el nombre del Estado de Baviera (Bayern), los Sesentas se apropiaron del león y los colores celeste y blanco, emblema y colores del escudo y bandera bávaros.

Es difícil encontrar un club tan a la sombra de otro, tan sometido a comparaciones y tan condenado a ser derrotado en las mismas. Si Munich fuera Madrid, el Bayern sería el Real y el 1860 no sería el Atlético, sino el Rayo Vallecano o aún menos. Atascado en la segunda Bundesliga, con perennes problemas económicos y sin casa propia, todo producto de la fatalidad, los reveses del fútbol moderno y, también hay que decirlo, de una nefasta gestión en las últimas décadas.

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“El gran amor de Munich”. Fuente y derechos

Porque los Leones están heridos y deprimidos, pero lamen sus heridas recordando su historia. Fueron campeones de la Bundesliga en 1966, y tuvieron su época dorada en los años sesenta, en los que además ganaron una Copa de Alemania (tenían otra de 1942) y llegaron a la final de la antigua Recopa. Pero, como si tuviese relación inversamente proporcional, apareció el FC Bayern. Sus vecinos, con un mediocre palmarés hasta 1969 (un campeonato en los años 30), explotaron en los años setenta con aquellos Beckenbauer, Maier, Hoeness y Gerd Müller. Ganaron ligas y Copas de Europa y construyeron inteligentemente el club que son hoy en día: el más poderoso de Alemania, el Rekordmeister, y uno de los primeros del mundo. No caen simpáticos. Tampoco lo pretenden.

(Encima, los vencedores de la Bundesliga en 1966. Equipazo. Fuente clicando en la imagen)

¿Y el 1860? Comenzó en los setenta una montaña rusa con más bajadas que subidas. Sólo cinco años después del campeonato perdieron la categoría, y tras varios ascensos y descensos sin consolidarse en primera, les retiraron la licencia en el 1982 por deudas y chanchullos financieros varios, probando la hiel de la Bayernliga, la división regional. Con este panorama, viendo los aficionados a su querido club pasar de ser el primer club de la ciudad, por encima del Bayern, a ser unos donnadie vagando por campos de tierra, mientras los aborrecidos vecinos edificaban un imperio, lo más difícil era levantarse.

Y lo hicieron. En 1994 regresaban a la Bundesliga, y permanecerían diez años. Y nada mal: participaron dos veces en la Copa de la UEFA y una en la Champions, y vencieron en varios derbis contra los malditos vecinos de la Säbener Strasse. Desde el 2004 penan otra vez por la segunda Bundesliga, y otra vez (siempre es la misma vez) con penurias económicas. En el 2011 se hizo dueño del club un inversor jordano bastante fantasmón y antipático, Hasan Ismaik.

Recapitulando, este modesto equipo muniqués tiene una liga y dos copas, participaciones en las tres copas que había en el continente (¡qué nostalgia de la UEFA y la Recopa!) y jugadores, por mencionar sólo los de las últimas décadas, como Rudi Völler, Hässler, Jeremies, Abedi Pelé, Martin Max (dos veces pichichi defendiendo el escudo del León), los hermanos Bender y hasta Davor Suker vino por aquí en el crepúsculo de su carrera.

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Jens Jeremies, futuro internacional, defendiendo la camiseta de los Leones frente al Bayern. En el 1998 ficharía por los eternos rivales. No fue obstáculo para que en el 2000 los 60er ganaran el derby muniqués… con gol de Jeremies. En propia puerta. El Dios Fútbol tiene sentido del humor.

El FC Bayern es el equipo más seguido de Alemania y una verdadera religión en Baviera. Los apoyos del 1860 fuera de las lindes de Munich son escasos, incluso en Baviera, pero dentro de la ciudad impregnan su huella sus 20000 socios, fieles a sus colores contra toda lógica, hinchando para “El Otro”, a sabiendas de que no van a levantar nunca una Champions y el otro club de la ciudad sí. Sus simpatías se expanden por toda la ciudad, sobre todo donde las antipatías de los “rojos” crecen (el FCB es el equipo oficioso de la CSU, el partido conservador que gobierna Baviera desde el fin de la guerra).

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El avejentado estadio Grünwald. Fotos de Philmensch, Fuente

51Otra cosa que llama la atención es que los Sesenta son casi unos sintecho, un equipo sin casa. Cualquier fanático dirá que su casa es el estadio municipal de Grünwald, en el barrio popular de Giesing. Por desgracia, tuvieron que abandonarlo para jugar primero en el Estadio Olímpico, al no reunir el vetusto Grünwald las condiciones que marcaba la federación alemana para la primera y la segunda Bundesliga. Después el Bayern y el 1860 decidieron construir juntos el imponente Allianz Arena, un estadio Champions que sirve de hogar a ambos equipos. Curiosamente, cambia de color cuando juega cada equipo, rojo con el Bayern, azul con el 1860.

Muy limpio no debió de ser el proceso cuando procesaron al presidente del 1860, Wildmoser, y a su hijo por sobornos y trampas alrededor de la construcción del estadio. El flamante estadio, por su parte, no sólo no hizo más grande a los Leones, si no que resultó una pesada carga para el futuro de éstos, y en general, una pésima idea. El frío, moderno y enorme Allianz es un escenario ideal para un equipo “Champions” como el Bayern, pero ridículamente sobredimensionado para un modesto club de segunda división como el 1860. Por encima, tras su enésima crisis económica tuvieron que vender su parte a sus socios del FC Bayern, pasando a pagar un alquiler también excesivo y gravoso para las arcas del club. La situación es esta: están pagando para estar donde no quieren, quieren marcharse y el Bayern también quiere que se marchen (Hoeness les ofreció una banda de música de viento para acompañarlos en su salida), pero la solución no parece fácil.

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El magnífico Allianz Arena. Demasiado magnífico para el 1860

En el 2015, tras una pésima temporada en segunda, tuvieron que jugar la promoción de descenso a la 3ª Bundesliga. A los fans se les dilataron las pupilas: en tercera división sí que podrían jugar en su añorado Grünwald Stadion, ya que las restricciones para el mismo sólo afectaban a la 1ª y 2ª división. Pero vencieron en la promoción al Holstein Kiel y permanecieron en Segunda y en el Allianz. Así son los Leones: incluso ganando, pierden. También lejos del césped: el Ayuntamiento rechazó reformar el estadio Grünwald, imposibilitando la vuelta de los Leones a su casa. Pero Ismaik promete hacerlo antes del 2025. No sé cómo, conociendo la economía del club.

En cuanto a la gestión sentimental, hace falta ya una dosis de realismo y olvidarse de esa absurda rivalidad con el Bayern, en la que sólo se puede salir perdiendo. El Bayern está en otro planeta, no se puede rivalizar con una multinacional deportiva que tiene nosécuantas ligas y copas de Europa y contra el que juegas cero veces al año porque te pudres en segunda desde hace una década. Es más, el club rojo ayudó económicamente en ocasiones al azul en varias y apuradas ocasiones. Es mejor centrarse en el capital social y su presencia en la ciudad, su tradición, historia y futuro, sin mirar continuamente a los vecinos. Su “muniquismo”, sus raíces en la ciudad, frente al “globalismo” de los de rojo. Difícil.

En cuanto a lo social, 1860 y Bayern quieren presumir de tener unas gradas libres de extrema derecha y neonazis. Hay iniciativas como”Löwen Fans gegen Rechts” (Hinchas de los Leones contra la extrema derecha) que buscan por un lado extirpar ese virus en las gradas ultra de todos los equipos del mundo, el neonazismo y el racismo. Por otro, ahondan en la memoria histórica, dolorosa, ya que el 1860 fue muy favorecido por el III Reich, y hay manchas que no se limpian ocultándolas, sino con transparencia. El Bayern sufrió en esos oscuros años todo lo contrario, fue etiquetado como “club judío” y barrido de la vida social y deportiva bávara.

Viendo las formas del tal Ismaik (el Sankt Pauli y otros clubs, árbitros, prensa y la Federación se quejaron por el desprecio y las malas formas del 1860 como club con sus rivales) y su pésima gestión deportiva, no veremos pronto a los jugadores blanquicelestes levantar trofeos, como mucho, sus seguidores levantarán cervezas en los bares y en las desangeladas gradas del Allianz, con bufandas como la que tengo yo. Quizás me anime y vaya a apoyarlos un día en el maldito Allianz, y ver probablemente cómo pierden. Es lo que tiene estar con “el Otro”. Pero si San Lorenzo regresó a Boedo, por qué no va el TSV 1860 München regresar al Grünwald Stadion y a la 1ª Bundesliga?

NOTA: Tras el descenso deportivo a 3ª, Hasan Ismaik se negó a pagar la licencia de esa división, siendo el club descendido una categoría aún más abajo, a Regional (4ª categoría del fútbol alemán y bávaro). Hoy Ismaik está fuera del club, los 60 lideran la tabla de la Regionalliga y juegan en el añorado Grünwälderstadion de Giesing, ya que éste sí que está autorizado para acoger partidos de esa categoría. Veremos no sólo si ascienden, sino si consiguen reconstruir el club económicamente.

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Foto de Philmensch, fuente

El Muro de Munich

Ya os había dicho que me gustaría hablar de Neuperlach, mi nuevo barrio en Munich. Lo que me gustaría es hacerlo con temas más agradables, pero la actualidad manda, o eso dicen.

El muro de Neuperlach. El Muro de Munich

Al ser humano le encanta construir muros. Cayó el Muro de Berlín, sigue en pie el de Israel, parece que Trump no va a hacer el de la frontera entre México y EEUU, tal y como prometió. El muro lo construyen siempre unos por miedo a los del otro lado, para contenerlos, controlarlos, limitarlos, esto es mío y aquello es vuestro, quedaos ahí, no paséis. Por eso los chinos construyeron su muralla, para contener a los mongoles. La muralla sigue en pie, pero los fieros mongoles invadieron igualmente la vieja China.

Pero estos días andamos a vueltas con otro muro y una polémica que comenzó como muy local, aquí en el distrito muniqués de Rammersdorf-Perlach, barrio de Neuperlach (el mío) pero que ya escaló a nivel muniqués, nacional e internacional. El trasfondo: la construcción de un hogar para refugiados en Nailastrasse en un descampado entre la calle, un conjunto de viviendas unifamiliares a cierta distancia (dato importante, como veremos) y unas naves industriales y comerciales. Y delante del refugio, un muro.

Todos estáis familiarizados con la política alemana con respecto a los refugiados, sobre todo de la guerra de Siria, llevada a cabo por la canciller Merkel y que hace de Alemania de lejos el país más generoso de Europa en términos de acogida. También sabréis que esa política es muy contestada, y se halla entre el apoyo solidario y el rechazo, incluso violento, sucediéndose ataques a hogares de refugiados por parte de grupos de extrema derecha. Curiosamente, uno de los pocos rasgos de humanidad que ha mostrado la señora Merkel puede causarle un daño electoral fatal, a favor de grupos xenófobos y eurófobos como AfD. Ya hablaremos de esos pollos otro día.

Esta violencia hasta ahora no había afectado al estado de Baviera ni a Munich. A pesar de todo, el político local Guido Buchholz denunció a la opinión pública de un muro que rodea parte del recinto del asilo de refugiaos por medio de un vídeo aéreo tomado con un dron. Y estalló el escándalo. Pasó de ser el muro de Nailastrasse a ser el Muro de Neuperlach, y finalmente el Muro de Munich, para estupefacción y vergüenza de sus habitantes, y la mía, que vivo a pocos minutos.

El muro es feo con ganas. Lo son todos los muros, pero este es de récord. Son guijarros metidos en jaulas y apilados posteriormente. Ni un grafiti se puede hacer. Eso sí, luego se pueden plantar enredaderas y darle un toque verde. Qué bonito.

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El muro de la discordia y al fondo el futuro hogar de refugiados
El hogar de refugiados estará concluído a finales de Noviembre.

Que es, en teoría: Varios de los vecinos (exactamente seis) de la colonia de casas contigua exigieron al Ayuntamiento protección sonora por el eventual ruído. El ruído es una cosa seria en Alemania y la simple denuncia de un solo vecino puede parar cualquier infraestructura. Me vienen a la cabeza casos extremos como el cierre de un parque de juegos infantiles o de varios campos de entrenamiento de fútbol por el teórico ruído que molestaba a un único vecino. No sé qué escándalo sonoro pueden armar esas personas viviendo allí, yo estuve en el lugar y aún hay un trecho hasta las siguientes casas, y en el medio hay un camino, campo y árboles. E insisto, aún no han abierto el hogar, así que es poner el parche antes de la herida. Así que contra toda lógica y tras dos años de litigios administrativos entre los preocupados vecinos y el Ayuntamiento, éste erigió contra toda lógica un “muro de protección sonora“, no muy largo, pero sí muy alto.

Que es lo que parece, en la práctica: Un horror urbanístico que apesta a racismo y a xenofobia, con el agravante de estar patrocinado por los poderes públicos. Parece que el refugio no es bienvenido entre varios de estos vecinos y que, simplemente, no quieren verlo y prefieren ignorar con más efectividad la existencia de esta pobre gente. El refugio no es una cárcel ni un CIE, y el muro no limita la libre entrada y salida del recinto. Pero psicológicamente aísla a los refugiados, y es hipócrita exigirles que se integren y simultáneamente ocultarlos detrás de una pared. El ruído parece un pretexto absurdo. Sería como levantar muros entre los edificios para que no se molesten entre sí.

Buchholz denuncia que este muro tiene cuatro metros de altura, algo más que el de Berlín. La autopista Munich-Salzburgo pasa cerca, y para proteger al vecindario del ruído se levantó otro muro de protección sonora… de sólo tres metros de altura. ¿Una autopista es menos ruidosa que un hogar de refugiados? Parece muy iluso justificar la obra por un problema vecinal de contaminación sonora.

Ya hubo movilizaciones en los dos sentidos. Artistas y gente vinculada a proyectos de acogida exigieron la demolición del muro, la extrema derecha amenazó de muerte a Buchholz, los vecinos insisten en que no comprenden la polémica y que es un muro para protegerlos del ruído, y los cargos del distrito se obstinan en que “no es un muro contra los refugiados”. Pero la mayor parte callan.

Mensajes en globos: “Todos sois bienvenidos”
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Lo que cantaban en Berlín en el 89: “El muro debe caer”

Los ánimos están alterados. Cuando estuvimos allí había varios curiosos como nosotros, y además se paró un coche y salió un hombre a hacer una foto con su móvil. Una señora en bicicleta lo increpó, y como buena alemana “bien pensante” le dijo que no estaba permitido hacer fotos, por lo que interpreté que residía por allí. La discusión subió de tono y el hombre, con su razón, le dijo que ela no era “tan importante” para prohibirle hacer fotos en un vía pública, que sólo iba a sacar una fotografía de “esa vergüenza” y que ese muro se levantó “por culpa de gente” como ella. Sacó la imagen, aún discutieron un rato más y al final él se marchó en su coche.

Ojalá los hogares de refugiados dejen de ser necesarios algún día, ojalá esquiven la muerte tantos en el Mediterráneo para acabar en un asilo con un muro semejante delante de sus ojos. Pero esa “vergüenza” de muro de la discordia debe caer, y pronto. Incluso haciendo un gran esfuerzo para creer la versión de esos vecinos y de su inocua intención (“es todo sólo por el ruído”), tan sólo le da alas al racismo, a la discordia y a la división, dificulta la integración de los de un lado del muro y perpetúa los prejuicios de los del otro. Los puentes son para unir, y los muros para dividir, así fue siempre. Y en este país de muros saben bastante, y también de sus consecuencias.

Múnich

Si Regensburg, la ciudad que me acogió nueve años, merecía un artículo en este blog, Múnich, que lo hace desde siete meses, no va a ser menos. Una es pasado, el futuro no tengo ni idea de dónde nos va a llevar. Pero el presente es Múnich. Y no está mal.

Comienzo con una confesión: Múnich, en este años ratisbonenses, no era mi ciudad favorita de Alemania, ni de lejos. He venido mucho y por diferentes motivos, y llegué a conocerla bastante bien. A nivel turístico no me impresionó. Bien el casco viejo (Altstadt), la Marienplatz y el Nuevo Ayuntamiento, la Catedral (Frauenkirche) es bastante fea, eso sí… No la percibí como una ciudad fea, pero tampoco le vi el encanto. Pero esto va a ser un ejemplo de cómo visitar una ciudad es una cosa y vivir en ella, otra muy distinta.

Múnic
La Ciudad Vieja: la catedral Frauenkirche y el Nuevo Ayuntamiento.

Procederé por conceptos. Allá voy.

Xigante - Giant

  • Pero tú que haces ahí. Poco espectacular para ser contado. Nos aburrimos de la ciudad donde vivíamos y de los empleos que teníamos y nos decidimos a hacer este cambio. Conseguí un empleo en un hospital de Múnich y la cosa de precipitó bastante rápido.
  • Las cifras y el dinero: Múnich es la capital de Baviera, uno de los estados de uno de los países más ricos de Europa. Sí, la economía va bien. Grandes industrias (BMW, MAN, Siemens…), gran actividad comercial, la burocracia del estado bávaro, la bolsa, bancos, aseguradoras, turismo… Es la tercera ciudad en tamaño de Alemania después de Berlín y Hamburgo, millón y medio de muniqueses y un gran área de influencia. El paro es bajo y la demanda de trabajadores sigue atrayendo a millares de nuevos habitantes cada año. Yo entre ellos.
  • Vivible (lo verde). Si estoy a gusto aquí, es porque noto en muchos aspectos las ventajas de vivir en una ciudad grande pero no los inconvenientes. Lo primero que me llamó la atención: las hectáreas dedicadas la zonas verdes. Un parque inmenso, el Jardín Inglés (Englischer Garten) a ambas orillas del río Isar, otros tres o cuatro parques muy grandes (Nymphenburg, Ostpark…) y cientos de plazas arboladas, parques pequeños o sencillos parques y alamedas entre viviendas. En nuestra calle hay tantos árboles que se ven ardillas corriendo, siempre con prisas. El urbanismo es amable, huyendo de los rascacielos de viviendas (sí de negocios, pero en sus zonas específicas) y las calles están pensadas para las bicicletas. Para su tamaño, es tranquila y segura. Incluso está salpicada de pequeños lagos para bañarse en verano. No es nuestro añorado mar, pero consuela.
Par - Couple
El Englischer Garten
  • Cosas bonitas. Si nos salimos de la postal de la Ciudad Vieja, hay zonas muy bonitas. El parque y el palacio de Nymphenburg, iglesias como la de los Asam, el Jardín Inglés, multitud de museos como la Nueva y la Vieja Pinacoteca, barrios agradables como Lehel, Au o Schwabing, una gran oferta cultural y gastronómica… Fuera del conglomerado urbano pero no muy lejos comienzan los Alpes, la famoso Ruta Romántica, el castillo de Neuschwanstein (el del Rey Loco)… La oferta cultural y de espectáculos (desde ópera y teatro clásico a conciertos, musicales, festivales de cine y literatura) es de primera línea. Los monumentos están marcados por la época de esplendor político de la capital del Reino de Baviera, que no duró mucho como nación independiente pero que dejó su huella en el urbanismo. 

    O pazo mírase no espello
    Palacio de Nymphenburg
  • Las distancias. Sí, lo de las viviendas relativamente bajas y tanta zona verde tiene un efecto: Múnich es una ciudad muy extensa y las distancias se alargan. A pesar de ser el transporte urbano y el tráfico bastante racional y eficiente, es preciso consumir bastante tiempo al día en transportes públicos, que son caros pero de todos modos una opción más práctica que el coche. A no ser que puedas recorrerlo en bici. Yo necesito tres cuartos de hora para ir al trabajo y otro tanto para volver, y puedo considerarme afortunado.
O Surfeiro e o Can - Surfer and Dog
En el arroyo Eisbach, cerca del Isar, hay surferos que van a tomar las olas. Mejor dicho, la ola, porque sólo hay una. Cosas de doiches.
  • La vivenda. Hay que advertir de que a pesar de que los sueldos son más altos, el nivel de vida es caro. Pero lo peor es la situación inmobiliaria. Los alquileres son desorbitados, ya sea en el centro como en las ciudades dormitorio de los aledaños, aquí está el metro cuadrado más caro de la Alemania. La demanda es muy alta y como sufrimos nosotros mismos, no es suficiente con estar dispuesto a pagar un alquiler abusivo. La busca de piso aquí consiste en una presentación de candidaturas, en la que le tienes que caer en gracia a la agencia o al casero y destacar entre docenas de candidatos. Una tortura, pero una vez que conseguiste tu nido, se acabó el problema. Lo malo es el porcentaje de salario que se dedica al inmueble. En mi opinión, las causas: una mezcla entre una oferta baja, una demanda alta y mucho aprovechado.
  • Los “pijos” y arrogantes muniqueses. Sí, ese es el estereotipo, a lo mejor derivado de cuando las clases sociales altas y la nobleza que despreciaban el resto de los bávaros, eminentemente rural. No es para tanto. El muniqués es un bávaro de ciudad. Igual de apegado a las tradiciones y al dialecto, amante de la misma forma de vestirse con el Trachten (traje típico) cuando toca Oktoberfest. Pero, a la fuerza, su visión del mundo es menos cerrada y más cosmopolita. En lo político es un feudo tradicional socialista, mientras que Baviera es un imperio de la CSU, la democracia cristiana conservadora regionalista bávara (cuánto epíteto!).
Invernía en Hofgarten - Winterness in Hofgarten
Los Jardines de la Corte (Hofgarten), contiguos al Palacio Real (Residenz)
  • Extranjeros. La cuarta parte de los habitantes de la ciudad son extranjeros (inmigrantes sin nacionalidad alemana) y la tercera tienen raíces migratorias, aunque poseyendo el pasaporte doiche. Un buen ejemplo es mi vecindario y la cantidad de lenguas que oigo hablar en el metro: turco, árabe, múltiples lenguas eslavas, griego, italiano, español…
  • Gallegos en Múnich. Los hay! Siii! Hay una colonia llegada en los últimos años de la crisis, profesionales cualificados y escapados del paro en nuestro país. Y hubo otra, llegada en los años sesenta y setenta, en su mayor parte ya retornada. Aquella generación se reunía en centros gallegos, de los que ya queda poco. Los nuevos son más de grupos de feisbuc y guasap. Pero lo que importa es buscar una tarde para reunirse y, como buenos gallegos, comer algo bien hecho. Si acabas de llegar a la ciudad, búscanos en el Feis, somos los “Galegos en Baviera”.
  • PaulanerLa cerveza. Baviera es la nación de la cerveza (con permiso de los checos) y Múnich es su capital. Es una religión, pero no el brebaje en sí, sino el evento social que tiene a su alrededor. Los Biergarten o terrazas de la cerveza con el buen tiempo y en el interior de las hermosas Brauhaus en invierno. Seis grandes marcas patrocinan todo y proliferan cientos de pequeñas fábricas (Brauerei), muchas en producciones pequeñas que sólo sirven en sus instalaciones.
Pureza bávara (da cervexa)
Las seis grandes: Augustiner, Hacker-Pschorr, Hofbrau, Löwenbrau, Paulaner y Spaten.
  • El Wiesn. Todos habéis oído hablar de la Oktoberfest, pero los muniqueses de verdad la conocen con el nombre de Wiesn, por donde se celebra (la Theresienwiese, Wiese=Campo, Wiesn en bávaro). A finales de Septiembre (no sé por que le llaman “Fiesta de Octubre”), lo quieras o no, el corazón de Múnich late con una fiesta que atrae millones de visitantes y que se debate entre la tradición y el desencanto del turismo masivo y alcohólico. Pero la Fest merece un artículo entero y no va a ser este.
  • El fútbol. Por supuesto, hay que hablar del monopolio del FC Bayern de Múnich, el club más grande de Alemania (sería en estos tiempos como el Real Madrid si no existiera el Barça en el otro plato de la balanza, o viceversa, como se prefiera) y una multinacional deportiva que trascIende muchos niveles, con cientos de millares de seguidores. En Baviera, es el único club, vivido con más pasión que la misma selección. Pero no es el único club en Múnich. Tenemos el entrañable TSV 1860 Múnich, el Sechziger (“el 60”) o los leones: un pasado glorioso (fueron campeones) y una masa irredenta de fieles, al que una gestión nefasta en las últimas décadas los llevó a la segunda división, graves problemas económicos y a jugar en un campo ajeno, el inmenso e inadecuado Allianz Arena, compartido con el FC Bayern, soñando con un campo propio y volver a la gloria. Adivinad con cuál me identifico más. Mención especial al Unterhaching, equipo de barrio del sur, perdido hoy en la Regionalliga pero que asombró a todos hace dos décadas llegando a jugar en la máxima categoría nacional.

    Allianz Arena
    El Allianz Arena (renombrado por la compañía de seguros). Un estadio que comparten un equipo de Champions y otro que sufre en segunda.
  • Neuperlach, mi barrio. No, no perdáis el tiempo buscándolo y en vuestra guía turística. Ya os hablaré de su idiosincrasia. Tampoco va a ser éste el artículo.

Pues eso, si veis a mi madre decidle que estoy bien y que como de todo. Estoy muy contento con la mudanza. Múnich, por tiempo indefinido, que no definitivo, será nuestro hogar. Iremos contando, poco a poco.

Adiós, servus, Regensburg

Así es. No está este blog para contar mi vida privada, pero los cuatro que entran aquí tendrán que aguantarlo.

Hace nueve años…¡nueve años! Que rápido rueda la bola del tiempo… En fin, hace nueve años y medio, ya lo había contado alguna vez, llegué a la pequeña ciudad de Passau con un billete de ida, una paga del paro exportada de España para tres meses, una maleta llena de jerseis, algo de dinero ahorrado y una matrícula hecha en la Volkshochschule en un curso de Alemán, nivel A1, Intensivo. Un sueño de encarrilar mi vida, y de paso aprender un idioma.

Cuatro o cinco meses después hice una entrevista de trabajo en Regensburg (Ratisbona, en los idiomas latinos), en una pequeña empresa genética. Sonaba tan raro antes como ahora. Con mi nivel atrofiado de Alemán, la entrevista fue, para mí, una debacle. Cinco alemanes jefazos dirigiéndome preguntas y yo sin entenderlas a la tercera repetición, en ocasiones no distinguía tan siquiera que era una pregunta, yo tan sólo asentía como un chimpancé mientras los jefazos teutones miraban desconcertados. Salí de allí noqueado por la realidad de la emigración y de la inconsistencia de mi proyecto, deprimido de veras.

Por alguna razón o confluencia astral, me llamaron y me contrataron. Supongo que la causa fue la expansión bestial de la empresa, que en el 2007 pasó de tener 80 a más de 200 trabajadores, yo entre ellos. Los comienzos fueron duros, de continuos cambios, de crecimiento, expansiones e innovaciones que no siempre salían bien, y yo en el medio, mejorando con el idioma pero nunca tan rápido como hubiera querido. Fue jodido. Y un reto excitante. Lo echo de menos.

Ponte de Pedra - Stone Bridge - Steinerne Brücke, Regensburg

¿Regensburg? Una ciudad de tamaño mediano, tranquila, provinciana dirían algunos, pero que rezuma historia. Un casco histórico Patrimonio de la Humanidad, incluyendo puente medieval y catedral. El fuerte más septentrional del Imperio Romano (del Danubio para allá, todos bárbaros). Esplendor comercial en la Edad Media, Ciudad Imperial del Kaiser, patria de Juan de Austria. Luego el declive, luego la recuperación tras la II Guerra Mundial, impulsada por la industria: Siemens, Infineon, BMW, Reinhausen… pequeño paraíso para los ingenieros, mecánicos y robots, y buena cerveza. Yo soy más de esto último. No dejéis de visitarla (la ciudad y la cerveza) si estáis por Baviera: de las ciudades más hermosas de la Germanía. Para mí, un lugar para comenzar. O recomenzar.

Primeiro Regensburg, logo o mundoLa empresa fue absorbida por una multinacional, y ésta por otra multinacional más grande, cambió de nombre, de jefazos. Los jefes de verdad se sientan en un despacho en Estados Unidos, nosotros no los conocemos ni ellos saben dónde está Regensburg. Ley de vida, pez grande, pez chico. Yo aprendí, crecí, maduré, hice buenos amigos y compañeros, y como todo el mundo, las he vivido de todos los colores. Fuera de la empresa, la relación que me había traído a Alemania se desintegró, me fui adaptando al país, hoy estoy casado y feliz de estarlo, llenos de planes e ilusiones.

Nueve años después, acabo el 31 de Marzo en la empresa. Ya he acabado, en realidad, estoy de vacaciones. El 31 será el jueves, y ese mismo día cogeré un tren hacia Munich. Allí comenzaré de nuevo, en un nuevo empleo: en el laboratorio de un hospital, vuelta a la clínica, al servicio público, fuera de la empresa privada. Ilusión y miedo, de eso también está hecha la vida. Y agobio por no conseguir una vivienda en la capital bávara, tarea dura y frustrante, pero se solucionará. Estamos seguros.

Aún no dejo Alemania ni regreso a mi tierra, que es lo que me gustaría… pero dejo Ratisbona. Fue una buena amiga, espero que la urbe bávara, Munich, München (me encanta como la llaman los italianos: Monaco di Baviera), Minga en bávaro (léase “Min-a”, con “n” velar) me acoja bien. Perdón. Que nos acoja bien, a los dos. Deséenme suerte y yo les iré contando.

Múnic

Ya sé que había prometido silencio textual, y así seguirá, esto sólo fue una excepción. Regensburg se lo merecía.