Dachau, ensayo del horror

Dachau es un municipio de la periferia de Múnich, como tantos otros, a primera vista no tiene nada de especial. Es usado por muchos como ciudad dormitorio para ir a trabajar a la urbe, con la que está bien comunicada. Sin embargo, muchas de las mujeres que viven allí y se quedan embarazadas hacen las gestiones para parir en un hospital de cualquier otro ayuntamiento, Freising, Fürstenfeldbrück o uno del mismo Múnich. No quieren que en la cédula de su hijo figure Dachau como lugar de nacimiento, aunque vivan allí sin problemas. En la Alta Baviera, el nombre de Dachau no evoca nada especial; fuera de ella el horror, el asco. Aquí hubo un importante campo de concentración, conocido entonces en toda Alemania. A lo mejor no el más grande ni terrible (eso queda para los de Auschwitz/Oświęcim), pero sí el primero, el pionero del terror nazi. Si hace poco se cumplieron 75 años de la liberación de Auschwitz, harán los mismos el 8 de Mayo del cese del terror en Dachau.

Dachau Memorial Concentration Camp by Fran Castiñeira on 500px.com

La puerta con la famosa leyenda “El trabajo libera”. El portón fue robado y recuperado en Noruega.

Hoy en día el campo es un memorial donde se explica su historia y funcionamiento y se rinde homenaje a las víctimas. Lo visitamos en un gris y frío día de Diciembre del 2018, pocos meses antes de abandonar definitivamente Múnich y Alemania. Verdaderamente, el lugar se te mete dentro de la piel.

Se abrió en 1933, el mismo año en el que Hitler toma el poder. Su evolución horroriza: al inicio fue un centro de trabajo y factorías con trabajadores remunerados, libres. Pasó ser un campo de prisioneros, habitualmente por motivos políticos y religiosos y del mismo Múnich, hasta convertirse en un campo de concentración de enemigos del régimen y personas a las que ellos les negaban la categoría de humanos: comunistas, homosexuales, díscolos y rebeldes, gitanos roma y sinti, y al final, por supuesto, judíos, incluso traídos de otras tierras (los Sudetes checos, Polonia…) según avanzaba el frente del Reich. Incluso los nazis caídos en desgracia, como los de las Tropas de Asalto (las SA) tras la Noche de los Cuchillos Largos del 34, sufrieron los horrores de Dachau. A partir del 41 se instalaron los hornos crematorios, y también una cámara de gas que no consta que fuese utilizada. Se cifra imprecisamente en 30000 los asesinados en Dachau, aunque fueron muchos más los que dejaron allí la vida a causa de sus condiciones insalubres e inhumanas, las enfermedades, la violencia gratuita y el hambre.

En sus barracones se hacinaba un número de personas que excedía seis veces su capacidad teórica, sin ninguna higiene ni rastro de humanidad. Llegaron a juntarse 60000 almas, todas esclavizadas con trabajos forzados, avasalladas por la arbitrariedad y los maltratos de los guardias nazis, que les negaban cualquier tratamiento humano y sin ninguna ley ni esperanza hasta su liberación por los estadounidenses en el 1945. Poco antes una epidemia de tifus se había llevado por delante a buena parte de los prisioneros, que fueron arrojados la fosas comunes: los hornos no tenían bastante carbón para tanto cadáver. Otro dato terrorífico: aquí médicos nazis usaban los reclusos como cobayas para experimentos, como el infame doctor Schilling, que inoculaba malaria a los presos.

Lo que hace históricamente interesante a Dachau no es su maquinaria de terror, nada despreciable pero inferior a Auschwitz, Mauthausen, Therezin y tantos otros campos. Lo es en la medida de que fue el primero: aquí Himmler, jefe de las SS, y su esbirro Eicke diseñaron el campo de concentración perfecto y luego exportaron el macabro modelo por todo el Reich. Los barracones y su disposición, la organización por las SS, los hornos, los experimentos de los médicos nazis con los cautivos, todo fue ensayado con éxito (a ojos nazis) en Dachau. Fue al principio un “campo de concentración piloto”, ya antes de la Solución Final, y las SS extendieron el modelo por todo el dominio nazi.

Fue el segundo campo liberado por los USA, así que fue de los primeros que se mostró al resto del mundo, que ignoraban los horrores que sucedían en los campos nazis. Los prisioneros fueron liberados y sustituidos por cargos y soldados nazis, hasta ser juzgados. El campo se clausuró y décadas después se abrió de nuevo como Campo Memorial Histórico. Fueron reconstruidos dos barracones y conservados los hornos, las vallas, la cámara de gas y se abrió un museo conmemorativo, además de varios monumentos en memoria de las víctimas.

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Barracón reconstruido.

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"Crematorio: Pensad en como moríamos aquí"
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Hornos crematorios
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Aseos de los prisioneros

Bundesarchiv Bild 152-11-12, Dachau, Konzentrationslager, Besuch Himmlers.jpg
De Bundesarchiv, Bild 152-11-12 / CC-BY-SA 3.0, CC BY-SA 3.0 de, Enlace

Heinrich Himmler visita el campo de Dachau en el 1936.

En Dachau malvivieron y murieron presos de unas 30 nacionalidades, entre ellas españoles, republicanos vendidos por el franquismo, y por supuesto gallegos (si bien acabaron más en Mauthausen). Santiago Durán (de Ribadavia) y Eliberto Fernández Cid (Augasantas) oficialmente perdieron la vida en Dachau (fuente, diario Nós). El arousano Ramón Garrido Vidal, antifascista y miembro de la Resistencia, sobrevivió hasta la liberación del campo y contó su experiencia.

Dejo el sobradamente conocido poema (en realidad era parte de un sermón) que recuerda este horror, por buenos motivos: para que dejéis de atribuírselo falsamente a Bertolt Brecht y sí al cura protestante antinazi Martin Niemöller, que fue recluso en Sachsenhausen y Dachau y sobrevivió.

OriginalTraducción
Als die Nazis die Kommunisten holten,
habe ich geschwiegen;
ich war ja kein Kommunist.

Als sie die Sozialdemokraten einsperrten,
habe ich geschwiegen;
ich war ja kein Sozialdemokrat.

Als sie die Gewerkschafter holten,
habe ich nicht protestiert;
ich war ja kein Gewerkschafter.

Als sie die Juden holten,
habe ich nicht protestiert;
ich war ja kein Jude.

Als sie mich holten,
gab es keinen mehr, der protestieren konnte.
Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio,
ya que no era comunista,

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
ya que no era socialdemócrata,

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
ya que no era sindicalista,

Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté,
ya que no era judío,

Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.
Fuente

Las fotos, excepto la indicada (Bundesarchiv-Wikipedia Commons) son de mi autoría (Decembro 2018). Galería

El Tirol del Sur

Pragser Wildsee / Laco di Braies

Hace cosa de un mes estuvimos por segunda vez en la región italiana del Tirol del Sur. Curiosamente el año pasado fuimos dos (concretamente a Ritten – Renon) y este año fuimos tres, junto con el Samuraiciño, reciente socio del club de la humanidad, esta vez a la ciudad de Brixen. Hermosa tierra, que junta lo mejor de Italia con lo mejor del mundo germánico. Encajada entre los Alpes y los Dolomitas, tiene paisajes hermosísimos y buenas pistas de esquí, para quien le guste, que aquí son muchos.

Trentino-South Tyrol in Italy
Situación de la región Trentino-Alto Adige/Südtirol en Italia. By Kmusser and TUBS [GFDL or CC BY-SA 3.0], from Wikimedia Commons
También me llamó su historia y su situación idiomática. Forma parte de la región autónoma de Alto Adige-Trentino, que tiene dos provincias: en el sur el Trentino, de capital Trento, y en el norte el Alto Adige-Südtirol, de capital Bozen-Bolzano. Son dos provincias muy diferentes, cultural y lingüisticamente, el Trentino habla italiano en su totalidad, pero el Alto Adige, el Tirol del Sur, habla en su mayor parte alemán.

(Inciso innecesario: de postadolescente me regalaron el exitoso libro Donde el corazón te lleve, de Susanna Tamaro. Por lo visto, de todos los libros puedes tirar algo bueno, incluso de los más malos. La novela era de lo peor, pero aprendí de ella qué había un trozo de Italia que hablaba alemán, para mi sorpresa).

El Tirol es una región histórica que perteneció de siempre al Imperio Austrohúngaro, salvo pequeñas interrupciones. Tras la Primera Guerra Mundial la parte sur del Tirol fue invadida por el estado italiano, quedando el Tirol desgarrado entre dos estados, Austria e Italia, al norte y al sur del paso alpino de Brenner. En el Tirol del Sur la cultura y lengua alemana se situó en inferioridad diglósica frente a la italiana. Fijaos que es sólo desde hace un siglo, un período corto en términos de historia europea. Pero en cien años pasan muchas cosas.

Tras la ocupación italiana, se procedió a la “italianización” de la región, en lo administrativo, educativo, toponímico e incluso en lo demográfico, favoreciéndose el establecimiento de italianos de otras regiones. Se italianizaron todos los nombres de lugares en base a un libro de Ettore Tolomei, nacionalista italiano, el Prontuario dei nomi locali dell’Alto Adige. Con esta guía, escrita antes de la invasión (para que veamos que tenían las ideas claras de lo que iban a hacer) sustituyeron todos los nombres germánicos de lugares por su respectivo italianismo inventado, a veces basándose en el antiguo topónimo latino (Sterzing – Vipiteno), la mayoría de las veces de una manera burda, añadiendo una vocal al final (Meran – Merano, Bozen – Bolzano, Bruneck – Brunico), traduciendo más o menos al tuntún (Oberbozen – Soprabolzano, Klausen – Chiusa) o inventando cualquier cosa (Brixen – Bressanone, Klobenstein – Collalbo). Y comenzando polo propio nombre de la región, de Tirol del Sur (Südtirol) a Alto Adige, un nombre meramente geográfico (el Adige es un río) y que ignora deliberadamente la identidad histórica de la región. Estos neotopónimos chapuceros, inventados por Tolomei con poco rigor científico, son hoy cooficiales con los auténticos y tradicionales.

La represión se recrudeció durante el fascismo. Aparte de los lugares, el alemán se desterró de los periódicos, los oficios, la administración y los tribunales, incluso tradujeron los apellidos de la gente. Los surtiroleses fundaron las Katakombenschulen, las Escuelas de las Catacumbas, escuelas subterráneas clandestinas donde podían enseñarles a los niños su lengua madre, el alemán.

Kaitakombenschule 1927
Niños aprenden alemán clandestinamente en una Escuela de las Catacumbas en una granja surtirolesa en 1927 [Public domain or Public domain], via Wikimedia Commons
Luego ascendió el nazismo en Alemaña, anexionándose Austria (y por tanto el Tirol del Norte) al III Reich. Es curioso que Hitler estuviera loco por invadir (“recuperar”) regiones más o menos germanas como la Alsacia francesa y los Sudetes checoslovacos, y en cambio no le fuese tan urgente el Tirol del Sur. ¿Por qué? Porque la Italia de Mussolini era una amiga. Adolf y Benito llegaron la un acuerdo en 1939: el Tirol del Sur (Alto Adige) sería respetado por el Reich y permanecería en Italia. A cambio, se ofreció la Opción. Los surtiroleses de habla alemana o ladina tenían que escoger entre dos alternativas: dejar su tierra hacia el Norte, adquirir la nacionalidad alemana y comenzar un futuro incierto en los dominios nazis (normalmente en lo que era la Austria anexionada al Reich), o bien permanecer en su hogar en el Tirol del Sur, pero con la nacionalidad italiana, renunciando a sus derechos lingüísticos, con su lengua proscrita y amenazados por Mussolini de ser deportados a Sicilia o a la Abisinia. Poca suerte estar disputados entre dos fascistas sanguinarios. Millares marcharon cara el norte, los Optanten, los que aceptaron esa opción ofrecida por el III Reich. El resto fueron los llamados Dableibern, “los que se quedaron” a condición de italianizarse. Los primeros fueron vistos cómo nazis, los segundos, como traidores a su tierra. Una elección muy difícil. Adquirir una de las dos nacionalidades, además, conlevaba la absoluta renuncia a la otra.

Trentino-South Tyrol Provinces
Región del Trentino-Alto Adige. Trentino al sur (habla italiana) y Alto Adige-Südtirol al norte (habla mayoritariamente alemana). By Rarelibra [GFDL, CC-BY-SA-3.0 or CC BY 2.5], from Wikimedia Commons
Esta migración y esta “Opción” no duraron mucho. La II Guerra Mundial estalló, y el régimen fascista de Mussolini fue derribado, invadiendo Hitler el Tirol del Sur en 1943. Recibidos por muchos cómo “fuerzas de liberación” (hay que entender que la represión fascista italiana fue durísima), los nazis fueron a lo suyo, a hacer cosas de nazis: exterminar a la minoría judía, aplastar a quien los contradecía, saquear y organizarse estratégicamente para objetivos mayores.

Tras el final de la II Guerra Mundial se acordó que el Tirol del Sur permaneciese en la República Italiana, pero la condición de que se respetaran los derechos de las tres comunidades lingüísticas (alemana, italiana y ladina) por igual. Se creó la nueva región autónoma de el Alto Adige-Trentino, con amplias competencias. Esto no impidió que surgiese un terrorismo (el BAS) que defendía la anexión de la provincia a Austria. El movimiento reunificador abandonó hace tiempo la lucha armada, pero hoy su sector más radical está animado por Viena, donde cogobierna la extrema derecha austríaca. A pesar de todo, el partido dominante es el Popular del Sur del Tirol, regionalista y conservador.

La provincia vive una innegable paz entre las dos grandes comunidades culturales y es puesta de ejemplo de convivencia lingüística en el exterior. Además, la economía le sonríe y se cuenta entre las regiones más ricas de Italia.

En la provincia autónoma del Tirol del Sur hablan alemán sobre los dos tercios de su medio millón de habitantes, un claro retroceso desde la ocupación italiana, pero el objetivo fascista de borrarlo del mapa quedó lejos de cumplirse. Pensad en el gallego, como aguantó cinco siglos de represión. El alemán tirolés no lleva ni 100 años de diglosia.

La enseñanza está separada por lenguas, con inmersión lingüïstica en la natural del niño (alemán, italiano o ladino, donde se habla esta última), cursándose obligatoriamente también la otra. Como resultado de esto la población es bilingüe, independientemente de su lengua habitual. Los surtiroleses cuentan con un 70% de hablantes de alemán, un 25% de italiano (casi todos en las ciudades, sobre todo en Bozen) y un 5% de ladino, en las pequeñas zonas de Gröden y Gadertal, donde la enseñanza es trilingüe. El ladino es una rama del retorrománico (pariente del que es oficial en Suíza en el cantón de Graubunden-Grisones), un dialecto muy conservador del latín. Es hablado por unos 20000 habitantes.

Toda la cartelería está en alemán e italiano y así también los documentos administrativos, turísticos, etc. Cabe decir que otra diferencia en la coexistencia lingüística de aquí con el catalán, euskera, etc., es que el alemán es una gran lengua de estado y de cultura, la primera de Europa en número de hablantes, y que Austria y Alemania hacen valer su influencia para que no sea reprimida a este lado de la frontera. Por eso nos convencieron a los gallegos que nuestra lengua no tenía naaaada que ver con el portugués. Porque solo y aislado se defiende uno peor. Pero ese debate, para otro día.

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Como ya apunté, la región es hermosísima. Ciudades medievales, paisajes alpinos, paraíso de esquiadores, alpinistas, senderistas y cicloturistas, estupendas pizzas, café, pasta y vino, pero también embutidos (el Tiroler Speck, un jamón del país, es su tesoro), cerveza y carne. Buena parte de los visitantes vienen de Alemania y Austria, por lo que casi están como en la casa: habla alemana, cultura parecida, paisaje de montaña, pero ojo, con más horas de sol.

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Meran (Merano), una hermosa ciudad de balnearios al pie de las montañas. Sissi pasaba muchas temporadas aquí.

Laubengasse / Via dei Portici
La Laubengasse (Calle de los Pórticos), el corazón de Bozen (Bolzano), la capital de la provincia. El Tirol más urbano, pero tampoco demasiado. Nada tiene que envidiarle a Innsbruck (la capital do Tirol austríaco). Cabe decir que es donde oí hablar menos alemán y más italiano.

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Sankta Magdalena, en el valle del Villnöss (val di Funes)

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La montaña es como el mar. en fotos es muy bonita, pero hay que estar alí. Y que conste que yo soy de mar, pero los paisajes son impresionantes.

#Klausen / #Chiusa, unha xoia agachada do #südtirol #altoadige #tirol
Otro pequeno secreto: la pequeña y medieval Klausen (Chiusa).

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Un sitio en el que no he estado y que parece bastante flipante: en la frontera con Suíza hicieron un lago-embalse artificial, el Reschensee, y para ello hundiaron la villa de Graun. Pero la torre de las campanas de su iglesia sobresale entre la aguas. Foto da Galería de Flickr de Reisender1701. Attribution-NoDerivs 2.0 Generic (CC BY-ND 2.0)r

Los Kastelruther Spatzen (los Gorriones de Kastelruth, Tirol del Sur) son uno de los grupos más vendidos de lengua alemana. Hacen una mezcla comercial de música tradicional y Schlager, música ligera para oídos poco exigentes. Sin entrar en valores musicales (no son los Zeppelin, y si entendéis los textos, sabríais que tampoco son Dylan), la canción Tränen der Dolomiten (Las lágrimas de los Dolomitas) recuerda las crueles batallas en las montañas entre austríacos e italianos en la I Guerra Mundial, que acabaron con la sumisión del Tirol del Sur a Italia. Y si le quitáis el sonido, veréis una buena colección de paisajes de los Dolomitas.

Otro grupo surtirolés que canta en alemán, Frei.Wild, es de los grupos de rock con más éxito en la germanía. No los voy a poner aquí. La razón menos importante es que están ligados a movimientos identitarios y de extrema derecha. La más importante es… que son malísimos. Mejor nos quedamos con los “Gorriones”:

 

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La Logia de los Mariscales y cómo evitarla

Hoy hablaremos de un lugar de Múnic que no me gusta mucho, quiero decir, estéticamente, aunque para gustos, etcétera. La encontramos en el límite de la Ciudad Vieja (Altstadt) con la zona universitaria, concretamente en la plaza del Odeón (Odeonsplatz), muy transitada. La plaza está abierta a la Ludwigstrasse hacia el norte, si miramos de frente tendremos a la derecha una parte del inmenso palacio real bávaro,  la Residenz, y a la izquierda la hermosa Iglesia de los Teatinos. Girémonos en dirección al centro de la ciudad, volviendo la espalda a la Ludwigstrasse. Ahí está. La Feldherrnhalle o Logia de los Mariscales.

Odeonsplatz, Neve - Snow
La Feldherrnhalle y a su derecha la iglesia de los Teatinos (Foto mía)

Es una especie de pórtico de tres arcos con las estatuas de dos mariscales de campo bávaros, dos leones y otra estatua central, alegoría de Baviera. Es una imitación de la famosa Loggia dei Lanzi  de Florencia y fue erigida por el rey bávaro Luís I en la época dorada de la arquitectura muniquesa, en 1844, cuando Baviera era un reino independiente y Múnich su próspera capital. El monarca intentó “cerrar” así la poco armoniosa Odeonsplatz, y quizás la dejó peor que antes. Luís I construyó buena parte de lo que es hoy el Múnich monumental y también cosas bastante locas como el Walhalla de cerca de Regensburg, del que hablé hace mucho, o la Sala de la Liberación  de Kelheim. Pero nada comparado a las extravaganzas de su nieto Luís II “el Rey Loco”, el perpetrador del castillo de Neuschwanstein y otras insensateces, pero no nos desviemos de la historia.

León e héroe - Lion and hero
La Feldherrnhalle de noche (foto mía)

La historia que quería contar parte de dos turistas, a mi parecer de la India o de Oriente Medio, que me pidieron en inglés que les sacara una foto delante del monumento en cuestión, allí en la Odeonsplatz. Cuando les devolví a la cámara uno me preguntó, sonriendo y en tono confidencial, si aquella cosa la había hecho Hitler. Yo les contesté que no, que era más antigua, y callé la verdad: si la hubiese hecho Hitler hoy no iban a quedar de ella ni los cimientos.

Pero pensándolo bien y averiguando un poco, la pregunta del turista oriental no carecía de todo de sentido: este fue un lugar emblemático del nazismo. Tampoco el título de este artículo: si andáis por Múnic no tendréis ningún motivo para evitar este lugar y dar un rodeo, pero en aquellos tristes años sí que lo había.

Resumiendo la historia, Adolf Hitler comenzó su carrera política (por llamarle de alguna manera) en Múnich. El 9 de Noviembre de 1923 se levantó en su famoso “Putsch” o el “Golpe de estado de la Cervecería”, ya que fue en la famosa cervecería Bürgerbräukeller donde soflamó a sus fieles y se levantó contra la República de Weimar. No había llegado su hora y la revuelta fracasó a los pies de los leones de la Feldherrnhalle. La policía detuvo la marcha de los fascistas en la Odeonsplatz, muriendo trece de ellos y cuatro agentes. El golpe fue abortado y Hitler, detenido. Fue juzgado con una condena benévola, y toda esta historia no hizo más que incrementar su popularidad y la de su movimiento, unido a la crisis y declive de la República.

Bundesarchiv Bild 183-S11292, München, Ehrenmal in der Feldherrenhalle
Monumento a los trece nazis caídos en el Putsch en la Odeonsplatz. Bundesarchiv, Bild 146-1978-004-12A / Hoffmann, Heinrich / CC-BY-SA 3.0 [CC BY-SA 3.0 de], via Wikimedia Commons
Cada nueve de Noviembre tenía lugar un homenaje la esos “héroes”, presidido por el Führer en persona. En dos de estas ocasiones estuvieron cerca de matarlo en sendos atentados, pero salió ileso. El primero, en el homenaje en la Logia del 9 de Noviembre del 1938, le intentó disparar el suízo Maurice Bavaud, sin éxito: no se puso a tiro. En la víspera del mismo acto del año siguiente, el 8 de Noviembre de 1939, explotaba una bomba en la Burgerbräukeller, la misma cervecería donde se había iniciado el fallido Putsch. Allí se había organizado un mitin nazi donde hablaría Adolf Hitler, y durante las semanas anteriores el sistemático y paciente Georg Elser había introducido una bomba de relojería, pieza a pieza, montándola en los bajos del local. La terrible detonación se llevó la vida de muchos nazis por delante, pero sorpresivamente Hitler había acortado su discurso y ya había abandonado el local cuando explotó la bomba, salvando su vida. No salvaron la suya ni Bavaud ni Elser, arrestados y ejecutados.

Bundesarchiv Bild 183-E12359, München, Adolf Hitler vor Feldherrenhalle
11 de Noviembre de 1939. Hitler rinde tributo en la Feldherrnhalle a los muertos del atentado de la Bürgerbräukeller, tres días antes. Bundesarchiv, Bild 183-E12359 / CC-BY-SA [CC BY-SA 3.0 de], via Wikimedia Commons
A parte de los actos de los nueve de Noviembre, la Logia de los Mariscales de Odeonsplatz era un lugar de culto diario y permanente de los nazis, custodiado por las SS. Para disgusto de los muniqueses de buena fe, cualquiera que pasara por delante del pórtico estaba obligado a hacer el saludo nazi, como reverencia a los caídos, bajo amenaza de acabar en el cercano campo de concentración de Dachau. Algo muy engorroso, ya que la plaza era un importante lugar de paso.

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Situación da Viscardigasse/Dückebergergasse, detrás del Palacio Preysing (la Feldherrnhalle estaría delante). Imagen de Google Maps.

Así que los muniqueses que no querían tener que escoger entre el saludo nazi o visitar Dachau, comenzaron a evitar la Feldherrnhalle y la plaza de Odeón, dando un rodeo por una calle trasera, estrecha y discreta, la Viscardigasse. Esta callejuela fue conocida popularmente como la Drückebergergasse, término de difícil traducción: calle de la deserción (del nazismo, se entiende), del escabullirse, del rodeo, del “escaqueo”. Ignoro si los nazis eran tan idiotas para no enterarse de que el tráfico entero peatonal de la gran plaza del Odeón se estaba desplazando a una pequeña calleja, o acaso no quisieron enterarse.

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Homenaje a los cuatro policías fallecidos en el Putsch. By Michael Lucan, München (Own work) [GFDL or CC BY 3.0], via Wikimedia Commons
Tras la derrota del nazismo y la restauración de la zona histórica, los símbolos y monumentos nazis fueron eliminados y la Logia de los Mariscales retornó a su imagen original, la que habían ideado los arquitectos de los tiempos del rey Luís I un siglo antes. Además, una placa rememora los sangrientos enfrentamientos del día del Putsch, pero de manera inversa a lo que querría Hitler: figuran los nombres de los cuatro policías que murieron enfrentándose a los nazis. A pesar de todo, el lugar también es emblemático para neonazis en la actualidad, y el lugar sufrió varios asaltos por grupos de indeseables, sobre todo los 9 de Noviembre. Espero que no evitemos su visión yendo por la calle de atrás, y enfrentemos el problema en la propia plaza. Es nuestra, ya no les pertenece.

Theatinerkirche
Uno de los leones de la Feldherrnhalle vigila la iglesia de los Teatinos