El Zoo de Neuperlach

 

En Múnic hay dos parques zoológicos. Uno convencional, en Hellabrunn, con bichos salvajes que ya no son salvajes, metidos en jaulas con cara lánguida y triste. El otro, con animales salvajes, libres y sueltos y sin embargo, quietos para ir a (ad)mirarlos y fotografiarlos. Animales de tinta de spray. El Zoo de Neuperlach.

Se trata de una intervención cultural en el Quiddezentrum, que era un centro comercial de pequeñas tiendas (panadería, quiosco, la caja de ahorros, la biblioteca…) tan antiguo como el propio barrio de Neuperlach, de finales de los años sesenta o comienzos de los setenta, que toma su nombre de la Quiddestrasse, la calle donde está situado.

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El Quiddezentrum en sus buenos tiempos (foto de una foto expuesta en el propio centro)
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Neuperlachianos setenteros fregando sus respectivos Wagen

Lo malo es que los otros centros comerciales del barrio (el gran PEP del que ya habíamos hablado, junto a otro construido años más tarde a poca distancia) le fueron robando la clientela a las tiendas del “Quidde” hasta ir cerrando todas y quedar abandonado. Como manera de reciclarlo para la comunidad, los locales fueron cedidos a artistas para que estableciesen allí sus estudios. Nacía el Kunsttreff Quiddezentrum. No sólo eso, sino que varios artistas decidieron componer un “zoo” en sus paredes en el 2016, haciendo un recorrido-safari por una jungla urbana, imaginativa y original, abierta a quien la quiera visitar.

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El Quiddezentrum hoy. Ha visto tiempos mejores.

En contra, para algunos, la asimilación mainstream de un arte anónimo y contracultural como el graffiti, polémica eterna que vimos hace poco con las Meninas de Canido en Ferrol (que si la comercialización del evento con bancos y marcas de cerveza, que si Banksy viene o no viene…). A favor, que para mí esa comercialización no se da aquí, y aunque a lo mejor no entra esta acción en el terreno del graffiti o la arte urbana, sí que es un buen intento de recuperar artísticamente un espacio urbano, de otra manera en abandono y decadencia, una humanización por medio de la creatividad de un barrio (Neuperlach, que ya describimos) ya por desgracia no todo lo humano y vivible que debería ser. No sé si se consiguió, pero ha valido la pena intentarlo.

Saqué unas cuantas fotos. Feliz paseo por el Zoo!:

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A pesar de todo, y como yo mismo pude comprobar, el estado del Quiddezentrum no es el idóneo y está proyectada su demolición. Supongo que harán otro espantoso bloque de viviendas que no reparará la pérdida (otra más) de un referente cultural del vecindario. Mientras tanto, disfrutemos del safari y del arte.

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Neuperlach, un barrio

 

Neuperlach es el barrio donde vivo y me apetecía escribir sobre él. Precisamente, porque no lo encontrarás en tu guía de Baviera o de la ciudad de Múnich. Aquí no hay monumentos, aquí no se coronaron emperadores ni reyes ni se erigieron catedrales, ni tan siquiera hubo una revolución popular. Es un barrio, sin más, y para un extraño en la capital bávara, aquí no hay nada que ver ni hay nada por lo que venir. Sin embargo, aquí acabamos tras una ardua busca de vivienda, aquí llevamos más de un año y aquí, causalidades de la vida, va a nacer nuestro hijo. No creo que duremos mucho porque pensamos mudarnos (nuestro futuro y minúsculo compañero de piso tiene la culpa), pero Neuperlach es nuestro presente.

Solpor e arco da vella- Sunset and rainbow

Situémonos. Neuperlach es una gran barriada del sur de Múnich, que en tiempos fue extrarradio, pero al crecer tanto la ciudad en extensión hoy en día se puede considerar casi céntrico. En veintipocos minutos se accede al casco histórico y a todos los puntos importantes de la ciudad. Consta en buena parte de grandes bloques de viviendas que, a diferencia de nuestras ciudades, no conforman manzanas y calles, sino que dejan espacios vacíos entre ellos, formando colonias. Lo bueno es que esos espacios vacíos están ajardinados, abundando las zonas verdes, parques y paseos con árboles. Veo incluso ardillas corriendo por las aceras. Así que el barrio es una curiosa mezcla de monstruos de hormigón y cristal emergiendo entre jardines y avenidas. Para unos coruños como nosotros, nada que objetar: estamos acostumbrados a los edificios y crecimos con un déficit de zonas verdes, que aquí hay en abundancia.

(Inciso: insisto en lo de los bloques de viviendas porque es algo muy normal en nuestra cultura urbana, pero no en la centroeuropa rica. Los alemanes como Helmut detestan los edificios de viviendas, todos ansían vivir en una casita con jardín para los niños y hacer asados, garaje para el BMW y casita para el perro. Si este plan falla, Helmut se conformaría con residir en una casa de viviendas, de dos alturas como máximo y jardín comunal. Las torres de viviendas son para los inmigrantes. Pero no puedes montar una ciudad de 2 millones de habitantes y que todos vivan en una casa individual con jardín. Asúmelo, Helmut).

Hay varias empresas importantes con sede en Neuperlach: Siemens, Allianz, Generali, Wacker… Hay un gran centro comercial, el PEP (no, no es un homenaje a la etapa muniquesa de Guardiola), varios más pequeños, supermercados, una biblioteca municipal bastante mal equipada, un centro cultural público con teatro y actividades, un parque enorme (el Ostpark) y varios más pequeños, incluso un bosque (el de Trudering), una piscina municipal, un centro de acogida de refugiados y su Muro de la Vergüenza, colegios, institutos, etcétera. Entre el hormigón, mucha gente que pulula en los atardeceres y hablan idiomas poco germánicos: turco, árabe, serbio, polaco, italiano, rumano… gallego. Sólo nosotros, pero es algo. Gran parte de mis vecinos tiene origen migratorio. Y contra lo de hacer alternativas locales de ocio y culturales juega el arma de doble hilo de la buena comunicación con el casco histórico de Múnich: a menos de media hora están los teatros, cines y discotecas. Lo que incrementa la sensación de que lo bueno empieza cuando se sale de los límites del vecindario.

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La factoría de la Siemens en Neuperlach. Detrás se ven los Alpes, a pesar de estar a más de un ciento de kilómetros al sur.

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También hay cosas que no hay. Cines, teatros (fuera del centro cultural), iniciativas comunitarias culturales, cafeterías fuera del centro comercial, bares de noche, librerías, pequeño comercio no perteneciente a grandes cadenas, o en resumen, cosas que hacer aparte de trabajar y comprar y consumir en el centro comercial. Tampoco busquéis monumentos o historia: aquí todo tiene cincuenta años como máximo, que es el aniversario que celebró el barrio hace poco.

Como muchos otros barrios de grandes ciudades europeas, Neuperlach se ideó a fines de los 60 de una vez sobre plano para alojar a la creciente población urbana (Entlastungsstadt, ciudad de descarga, le llamaron). Así fueron brotando los inmensos bloques en los años 70 y 80. En Francia les llaman banlieues, en alemán, Vorstädte. Suburbios para dar cobijo a los millares de personas que estaban llegando a la ciudad. Los bloques fueron siendo ocupados por gente trabajadora de origen sobre todo extranjero, sobre todo de Turquía y del Este de Europa. “Pedimos mano de obra, y vinieron personas”, dijo alguien. Yo no estaba aquí y no hablo de lo que no sé, pero el Nuevo Perlach pasó de ser un lugar rural y despoblado a ser bestialmente urbano, e inmediatamente devenir en un “punto social candente”: problemas de integración en las escuelas, delincuencia, drogas… yo no estaba, insisto, pero me suena la historia. Hoy en día Neuperlach es más seguro que muchos vecindarios más “centrales”, pero el estigma permanece, y a pesar de no manifestarse en forma de violencia y delincuencia, los problemas de integración son un hecho.

Solpor nas fiestras - Sunset on windows

Hoy en día el vecino neuperlachés típico tiene origen migratorio, pero de segunda o tercera generación. A diferencia del emigrante gallego en Alemania de los años setenta y ochenta, estos no regresaron a su patria y ahora viven aquí sus hijos y netos, muchos con el pasaporte alemán. Leí en un reportaje que un maestro tenía un aula con quince niños de dieciséis nacionalidades, ya que alguno podía tener dos o más. Esos niños están desgarrados de la patria de sus abuelos, y a pesar de todo no son vistos cómo “verdaderos alemanes”, y un sistema clasista les pondrá, por ejemplo, mil zancadillas para avanzar en sus estudios. La diferencia de chavales que acceden a estudios universitarios en barrios como Neuperlach en comparación con otros “más blancos” es escandalosa. No creo que sea todo culpa suya, o de los padres.

Volviendo a las generaciones de emigrantes, no leí estudios sobre el hecho, pero dudo que Neuperlach siga siendo un punto de llegada. ¿Por qué? Porque como ya contamos un día, la gran problemática social y económica de Múnich es la vivienda. Hay poca y el precio se dispara de año en año. Neuperlach está cerca del centro urbano, las viviendas son de calidad si ignoramos la estética y el distrito no es una excepción a esta subida de precios, por lo que está siendo abordado, a pesar de su fama de gueto, por habitantes de mayor nivel económico. Como la famosa gentrificación, pero sin necesidad de poner librerías-café y tiendas de muffins: la burbuja inmobiliaria es suficiente para disparar los alquileres. En el exterior, nada cambia, pero en el interior, va a ser duro para los vecinos de antiguo que no tengan la vivienda en propiedad. Nos incluyo en este lote. Nosotros buscamos un apartamento más amplio para la descendencia próxima, y mucho temo que nos va a tocar vivir más lejos de la Marienplatz, y de mi trabajo, lo que me fastidia bastante más.

Gueto, Neuperlach? Ni yo que llevo quince meses aquí, ni los visitantes temporales que conocemos tenemos esa sensación. A Roma lo que es de Roma y fuera estereotipos. Es un barrio muy tranquilo, sin incidentes, relativamente limpio, de gente trabajadora y en general muy abierta y amable, hablando siempre desde mi experiencia personal y subjetiva. Pero los estereotipos pesan, y Neuperlach suena a ese ghetto boy vestido de rapero, que habla un argot urbano, con escasa cultura, piel morena y comportamiento asocial (“Asis“, les llaman, de Asozialen). No son perjuicios locales contra Neuperlach, sino clasismo, criminalización y ridiculización de la clase obrera y, muchas veces, xenofobia y racismo. Daría para una tesis, pero esto no lo es.

Hay cierta costumbre con los carros de compra de los supermercados que me tiene fascinado y que no he visto en otro lugar en Alemania. Este es un lugar muy alemán en su concepción, pero en el fondo, lejos de la perfección germana. Y me gusta. Sencillamente, se llevan el carro por la calle hasta su casa, dejándolos abandonados por ahí.

Uno de nuestros lugares preferidos es, contiguo a Neuperlach (el “Nuevo Perlach”), el vecindario de Perlach o Altperlach (el “Viejo Perlach”). Si definimos a Neuperlach como un inmenso barrio nuevo y construido de la nada, Altperlach es una pequeña villa bávara antiguamente alejada de Múnich pero que posteriormente fue fagocitada por la ciudad, pero no devorada ni digerida. Conserva su carácter rural, algunas casas bávaras de siglos de antigüedad, sus fiestas populares, la iglesia y el riachuelo de Hachinger Bach. En medio de la urbe y a pocos metros de todo lo que describí arriba. Hay esperanza.

 

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Me despido con una celebridad de Neuperlach, un alemán que quiso ser latino y lo petó en la década pasada versioneando el Mambo nº 5 de Pérez Prado: Lou Bega. Si nunca lo bailasteis, o sois muy jóvenes o tenéis horchata en las venas.

Algunhas ligazóns:

El Muro de Munich

Ya os había dicho que me gustaría hablar de Neuperlach, mi nuevo barrio en Munich. Lo que me gustaría es hacerlo con temas más agradables, pero la actualidad manda, o eso dicen.

El muro de Neuperlach. El Muro de Munich

Al ser humano le encanta construir muros. Cayó el Muro de Berlín, sigue en pie el de Israel, parece que Trump no va a hacer el de la frontera entre México y EEUU, tal y como prometió. El muro lo construyen siempre unos por miedo a los del otro lado, para contenerlos, controlarlos, limitarlos, esto es mío y aquello es vuestro, quedaos ahí, no paséis. Por eso los chinos construyeron su muralla, para contener a los mongoles. La muralla sigue en pie, pero los fieros mongoles invadieron igualmente la vieja China.

Pero estos días andamos a vueltas con otro muro y una polémica que comenzó como muy local, aquí en el distrito muniqués de Rammersdorf-Perlach, barrio de Neuperlach (el mío) pero que ya escaló a nivel muniqués, nacional e internacional. El trasfondo: la construcción de un hogar para refugiados en Nailastrasse en un descampado entre la calle, un conjunto de viviendas unifamiliares a cierta distancia (dato importante, como veremos) y unas naves industriales y comerciales. Y delante del refugio, un muro.

Todos estáis familiarizados con la política alemana con respecto a los refugiados, sobre todo de la guerra de Siria, llevada a cabo por la canciller Merkel y que hace de Alemania de lejos el país más generoso de Europa en términos de acogida. También sabréis que esa política es muy contestada, y se halla entre el apoyo solidario y el rechazo, incluso violento, sucediéndose ataques a hogares de refugiados por parte de grupos de extrema derecha. Curiosamente, uno de los pocos rasgos de humanidad que ha mostrado la señora Merkel puede causarle un daño electoral fatal, a favor de grupos xenófobos y eurófobos como AfD. Ya hablaremos de esos pollos otro día.

Esta violencia hasta ahora no había afectado al estado de Baviera ni a Munich. A pesar de todo, el político local Guido Buchholz denunció a la opinión pública de un muro que rodea parte del recinto del asilo de refugiaos por medio de un vídeo aéreo tomado con un dron. Y estalló el escándalo. Pasó de ser el muro de Nailastrasse a ser el Muro de Neuperlach, y finalmente el Muro de Munich, para estupefacción y vergüenza de sus habitantes, y la mía, que vivo a pocos minutos.

El muro es feo con ganas. Lo son todos los muros, pero este es de récord. Son guijarros metidos en jaulas y apilados posteriormente. Ni un grafiti se puede hacer. Eso sí, luego se pueden plantar enredaderas y darle un toque verde. Qué bonito.

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El muro de la discordia y al fondo el futuro hogar de refugiados
El hogar de refugiados estará concluído a finales de Noviembre.

Que es, en teoría: Varios de los vecinos (exactamente seis) de la colonia de casas contigua exigieron al Ayuntamiento protección sonora por el eventual ruído. El ruído es una cosa seria en Alemania y la simple denuncia de un solo vecino puede parar cualquier infraestructura. Me vienen a la cabeza casos extremos como el cierre de un parque de juegos infantiles o de varios campos de entrenamiento de fútbol por el teórico ruído que molestaba a un único vecino. No sé qué escándalo sonoro pueden armar esas personas viviendo allí, yo estuve en el lugar y aún hay un trecho hasta las siguientes casas, y en el medio hay un camino, campo y árboles. E insisto, aún no han abierto el hogar, así que es poner el parche antes de la herida. Así que contra toda lógica y tras dos años de litigios administrativos entre los preocupados vecinos y el Ayuntamiento, éste erigió contra toda lógica un “muro de protección sonora“, no muy largo, pero sí muy alto.

Que es lo que parece, en la práctica: Un horror urbanístico que apesta a racismo y a xenofobia, con el agravante de estar patrocinado por los poderes públicos. Parece que el refugio no es bienvenido entre varios de estos vecinos y que, simplemente, no quieren verlo y prefieren ignorar con más efectividad la existencia de esta pobre gente. El refugio no es una cárcel ni un CIE, y el muro no limita la libre entrada y salida del recinto. Pero psicológicamente aísla a los refugiados, y es hipócrita exigirles que se integren y simultáneamente ocultarlos detrás de una pared. El ruído parece un pretexto absurdo. Sería como levantar muros entre los edificios para que no se molesten entre sí.

Buchholz denuncia que este muro tiene cuatro metros de altura, algo más que el de Berlín. La autopista Munich-Salzburgo pasa cerca, y para proteger al vecindario del ruído se levantó otro muro de protección sonora… de sólo tres metros de altura. ¿Una autopista es menos ruidosa que un hogar de refugiados? Parece muy iluso justificar la obra por un problema vecinal de contaminación sonora.

Ya hubo movilizaciones en los dos sentidos. Artistas y gente vinculada a proyectos de acogida exigieron la demolición del muro, la extrema derecha amenazó de muerte a Buchholz, los vecinos insisten en que no comprenden la polémica y que es un muro para protegerlos del ruído, y los cargos del distrito se obstinan en que “no es un muro contra los refugiados”. Pero la mayor parte callan.

Mensajes en globos: “Todos sois bienvenidos”
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Lo que cantaban en Berlín en el 89: “El muro debe caer”

Los ánimos están alterados. Cuando estuvimos allí había varios curiosos como nosotros, y además se paró un coche y salió un hombre a hacer una foto con su móvil. Una señora en bicicleta lo increpó, y como buena alemana “bien pensante” le dijo que no estaba permitido hacer fotos, por lo que interpreté que residía por allí. La discusión subió de tono y el hombre, con su razón, le dijo que ela no era “tan importante” para prohibirle hacer fotos en un vía pública, que sólo iba a sacar una fotografía de “esa vergüenza” y que ese muro se levantó “por culpa de gente” como ella. Sacó la imagen, aún discutieron un rato más y al final él se marchó en su coche.

Ojalá los hogares de refugiados dejen de ser necesarios algún día, ojalá esquiven la muerte tantos en el Mediterráneo para acabar en un asilo con un muro semejante delante de sus ojos. Pero esa “vergüenza” de muro de la discordia debe caer, y pronto. Incluso haciendo un gran esfuerzo para creer la versión de esos vecinos y de su inocua intención (“es todo sólo por el ruído”), tan sólo le da alas al racismo, a la discordia y a la división, dificulta la integración de los de un lado del muro y perpetúa los prejuicios de los del otro. Los puentes son para unir, y los muros para dividir, así fue siempre. Y en este país de muros saben bastante, y también de sus consecuencias.